El uso de la caña de azúcar (saccharum officinarum) en el levante, ordeño y engorde intensivos de rumiantes en el trópico

Publicado el: 7/12/2017
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Introducción

La gran discusión, que no ha terminado aún en los países tropicales, tiene que ver con los recursos alimenticios aptos para la población mundial actual de rumiantes domésticos (vacunos, búfalos, ovejas y cabras, de los que existen 4 mil millones -millardos de cabezas) y para algunos monogástricos (aves y cerdos, 20 millardos de animales), especialmente cuando se quiere intensificar su producción para alimentar a una población humana creciente, que según FAO, 2015 podría crecer hasta 10 millardos de habitantes en el año 2050, y demandaría un 60% más alimentos y para competir con los países de clima templado que disponen de una alta cantidad y calidad de granos de cereales y oleaginosas y de subproductos de su agroindustria.

Desde hace cerca de 50 años (1970) el Investigador Thomas R. Preston le abrió el camino a la tesis, que ya se volvió escuela, de utilizar la caña de azúcar con resultados óptimos, puesto que posee un alto potencial y sabemos cultivarla en el trópico, complementada con el follaje de leguminosas u otras plantas tropicales nativas y de otros recursos nutritivos ricos en proteínas y vitaminas.

 

Engorde tradicional en pastoreo

En las regiones cálidas del trópico americano, el sistema tradicional de engorde se realiza con base en el pastoreo en potreros de gramíneas mejoradas, que permiten alcanzar una ganancia no mayor de 500 gramos/animal/día. Este sistema se adapta bien a las explotaciones extensivas con mínimo uso de insumos y de mano de obra y al ganado Cebú comercial cuyo potencial de crecimiento no exige una mejor alimentación.

Al aumentar el potencial del ganado Cebú comercial, por su cruzamiento con razas europeas especializadas e incrementarse el valor de la tierra, se crea la necesidad de aumentar la capacidad de carga, mejorar la calidad, disminuir el costo de la dieta y aumentar la rentabilidad durante las fases del ordeño y del engorde.

 

Engorde intensivo

En los países de clima templado la intensificación del ordeño y del engorde de rumiantes se ha realizado con base en el uso de granos y tortas de cereales y oleaginosas. En el trópico esta tecnología no es factible de utilizar debido al alto costo de los granos y al bajo precio relativo de la leche y de la carne.

El forraje tropical que ofrece las mejores perspectivas para el ordeño y engorde intensivos, es la caña de azúcar, debido a:

  • Su alta eficiencia en la producción de biomasa (En el Valle del Cauca, en Colombia se están produciendo actualmente más de 200 toneladas de forraje verde/ha/año entre tallo y cogollo.
  • Su fácil fraccionamiento en jugo, bagazo y cogollo, siendo el jugo un alimento con potencial energético similar a los granos de cereales.
  • El forraje fresco residual (bagazo más cogollo) es comparable con el obtenido de las gramíneas utilizadas para el corte (maralfalfa, elefante, king grass, imperial, etc.) y para el pastoreo (estrellas, braquiarias, guineas, setarias, etc.) pero de mayor productividad, más fácil manejo y mayor estabilidad en su calidad forrajera.

Una de las formas de utilización de la caña de azúcar consiste en fraccionarla en jugo y bagazo, exigiendo que el engorde intensivo basado en el jugo sea acompañado por el empleo del forraje residual en animales de menor exigencia nutricional (Ejemplo: hembras de reemplazo en fase de levante o vacas de desecho en engorde).

El fraccionamiento de la caña de azúcar mediante un trapiche sencillo (50% de extracción) produce dos veces más forraje (bagazo más cogollo) que jugo. Esto permite alimentar el doble de animales con el forraje, comparado con el jugo, lo que encaja perfectamente en un sistema intensivo de producción bovina o bufalina, en el cual el macho se finaliza con 15 a 18 meses de edad, pero las hembras de reemplazo requieren de 30 a 36 meses para tener su primer parto.

Suponiendo un rendimiento en tallo de caña de azúcar de 100 toneladas/ha/año, con producción asociada de 50 toneladas de cogollo (no quemado), éste permite obtener del fraccionamiento: 50 toneladas de jugo de caña de azúcar con 20% de materia seca y 100 toneladas de forraje (bagazo más cogollo) con 35% de materia seca.

El consumo obtenido para el jugo es del 7,5% del peso vivo del animal/día, en base fresca, lo que permitiría engordar 6 novillos/ha/año (se supone un peso inicial de 200 kg y un peso final de 400 kg) con una ganancia promedio de 1 kg/animal/día.

Es indispensable la suplementación con:

  1. Hojas, pecíolos y tallos verdes de leguminosas y/o de otras plantas forrajeras herbáceas, arbustivas y/o arbóreas, ofrecidas a razón de 2 kg de forraje verde/por cada 100 kg de peso vivo/día.
  2. Melaza o Bloques multi - nutricionales con urea disuelta entre el 10% al 15% en peso, se suministra a voluntad y su consumo es de alrededor de 1 kg/animal/día.
  3. Gallinaza pasteurizada (de aves de postura en piso, la cual contiene plumas de color rojo y negro) a razón de 200 gramos/por cada 100 kg de peso vivo/día. Este suplemento se puede obviar, donde no es permitido.
  4. Semolina, pulidura, harina o salvado de arroz, semilla molida o torta de oleaginosas (soya, algodón, girasol, ajonjolí, palma africana, maní, etc.) a razón de 200 gramos/por cada 100 kg de peso vivo/día, además de sal mineralizada y agua de bebida a voluntad.

La mezcla de melaza con urea se suministra una vez que los animales aprenden a consumir la nueva dieta. Dicha mezcla se debe ofrecer en comederos separados, a libre disposición y sin requerir incrementos graduales en el nivel de urea.

La presentación de diarrea con sangre, causada por coccidias, se corrige mediante el suministro de Flor de Azufre a razón de 100 gramos/animal/semana.          

El consumo del forraje fresco residual (bagazo más cogollo picados) es del 6% del peso vivo, lo que permite alimentar hasta 15 hembras de levante o vacas de descarte en engorde por cada hectárea de caña de azúcar (desde 200 kg hasta 400 kg, con una ganancia de hasta 500 gramos/animal/día. En este caso la suplementación será igual que para los machos, con excepción de la semolina, pulidura, harina, salvado, semilla molida o torta de cereales u oleaginosas, que no sería necesario suministrarla.

Otra posibilidad sería utilizarla como caña de azúcar integral (tallo no exprimido más cogollo picados) alcanzando consumos de hasta 7 kg de forraje húmedo/por cada 100 kg de peso vivo/día, más el suministro de todos los suplementos ya mencionados para los machos. O bien utilizando la caña integral picada como suplemento de la época seca, para animales en pastoreo. La ración total debe ser fraccionada o dividida y suministrada dos veces al día.

Estas 150 toneladas/ha/año de tallo, hojas y cogollo de caña de azúcar permiten entonces alimentar 20 animales/ha/año, con un promedio de peso vivo de 300 kg, al utilizar la caña de azúcar integral (sin quemar) como ración básica en la alimentación animal.

La caña de azúcar para forraje puede ser sembrada a una mayor densidad (0,5 a 1 metro entre surcos) para lograr la obtención de incrementos en la biomasa total producida. Puede intercalarse con cultivos (maíz, girasol, canavalia, crotalaria, madero negro, nacedero, morera, etc.) durante la fase inicial o total del cultivo de la caña de azúcar y conservarse en pie en el campo durante dos o más años sin perder su calidad como forraje.

Si bien las cañas precoces requieren de 12 a 13 meses después de la siembra, para iniciar el corte, el lote se puede dividir en 55 a 60 parcelas, para cosechar una de ellas semanalmente (en dos a tres cortes durante la misma semana), regresando un año después a la parcela inicial.

La utilización de la caña de azúcar como forraje permite aprovechar la investigación constante de la industria azucarera con respecto a variedades precoces, de alta producción de biomasa, alta pureza en sacarosa, resistencia a enfermedades y plagas, variedades si pelusa, para poder prescindir de la quema al momento del corte y para hacer más cómoda su manipulación durante el corte, adaptación a suelos de moderada a baja fertilidad natural, además del manejo agronómico más apropiado del cultivo.

 
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