La editorial
Almuzara presentó oficialmente el ensayo
La guerra por la proteína animal. La carne es salud. ¿Por qué quieren quitárnosla?, una obra que propone una lectura crítica y profunda del debate contemporáneo sobre la producción y el consumo de proteína animal en el mundo moderno. El libro, escrito por
Manuel Pimentel junto a Juan Pascual Beitia, combina la perspectiva de un veterinario y la de un ingeniero agrónomo para abordar un fenómeno social y cultural de gran impacto: la creciente polarización en torno a la alimentación animal y el aparente retroceso de la producción tradicional de alimentos de origen animal en algunas regiones del mundo, en particular en Europa.

La obra parte de una premisa provocadora: vivimos “una guerra declarada contra la proteína animal”, impulsada por activismos, ideologías y discursos que, en muchos casos, han contribuido a denostar a la ganadería, la pesca y la agricultura tradicionales, mientras, simultáneamente, la demanda mundial de carne, pescado, huevos y leche alcanza máximos históricos. Este contraste plantea una paradoja que los autores consideran central para entender las tensiones actuales en torno a la alimentación, la salud pública y la sostenibilidad.
El ensayo analiza cómo ciertos sectores de la sociedad urbana han desarrollado percepciones que etiquetan a los productores de proteína animal —ganaderos y pescadores— como responsables del cambio climático, del maltrato animal o de impactos ambientales negativos, sin reconocer adecuadamente su papel en la seguridad alimentaria y en el mantenimiento de la biodiversidad. A raíz de esa desconexión entre el consumidor urbano y las realidades del campo, estas narrativas han calado en políticas públicas y en activismos que, según los autores, no siempre se basan en evidencia científica robusta.
Una de las preocupaciones centrales de La guerra por la proteína animal es la tendencia de algunas legislaciones y movimientos sociales a desmantelar la producción ganadera y pesquera en regiones como Europa, limitando la capacidad productiva local en un momento en que el acceso a proteínas de calidad es un desafío global. Los autores advierten que esta situación puede encarecer los alimentos básicos y convertir la proteína animal en un “lujo reservado a los ricos”, mientras se promueven alternativas alimentarias como la carne sintética o cultivada en laboratorio, cuya adopción masiva y sostenibilidad real siguen siendo objeto de debate.
El libro no se limita a criticar narrativas predominantes sino que, de manera argumentada, busca desmontar lo que los autores consideran falacias comunes: desde mitos sobre el impacto ambiental del ganado hasta afirmaciones simplistas sobre el consumo de carne y la salud humana. En ese sentido, los autores defienden que la proteína animal es necesaria para una dieta equilibrada, que la ganadería bien gestionada no esquilma recursos hídricos en la medida que algunos críticos afirman, y que los productores rurales desempeñan funciones ecológicas clave, como la prevención de incendios forestales y el mantenimiento de paisajes biodiversos.
Con una extensión de 176 páginas y publicada recientemente, La guerra por la proteína animal se sitúa dentro de los estudios sociológicos y los debates culturales sobre alimentación y producción alimentaria. La obra invita al lector a reflexionar sobre el papel de la proteína animal en la sociedad actual, promoviendo un enfoque informado que integre consideraciones científicas, productivas y culturales en la discusión pública.
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