Deseo empezar esta breve nota recordando, a todos, que la Comisión Europea ha presentado, por primera vez en la historia de la Unión Europea, la denominada estrategia ganadera de la U.E. – 27. En ella, la Unión Europea reconoce explícitamente que la ganadería es una actividad estratégica; reconocimiento sencillamente fundamental para poder garantizar la autonomía europea, la seguridad alimentaria y el fortalecimiento del medio rural.
Y mientras esto acontece, Dinamarca, en mi opinión, ha escogido transitar por otro camino. Dinamarca, que se ha podido considerar hasta el presente un ejemplo en lo que se refiere a la eficiencia y a la eficacia de su sector ganadero; sector que, además, ha destacado por su alto nivel tecnológico, siendo, por ejemplo, el sexto exportador mundial de carne de porcino, ha eliminado de su estructura gubernamental al Ministerio de Agricultura y lo ha sustituido por el Ministerio de la Naturaleza y el Bienestar Social.
Paralelamente, Dinamarca mantiene, en la mencionada estructura, el Ministerio de Medio Ambiente y, al frente del mismo, ha nombrado a una muy conocida activista medioambiental.
Paralelamente, el nuevo Gobierno ha asegurado que va a crear una comisión para, según ha afirmado, “reestructurar de forma integral” a su sector porcino. No olvidemos que Dinamarca tiene un censo porcino aproximadamente cinco veces mayor que el de habitantes. Por esta razón, el impacto medioambiental y las preocupaciones acerca del bienestar animal de su sector porcino intensivo tuvieron un muy destacado protagonismo en la última campaña electoral.
La decisión, impulsada por la primera ministra socialdemócrata, doña Mette Frederiksen, pone de manifiesto el peligro que supone la creciente influencia de un activismo ecologista, básicamente emocional, que no técnico ni científico.
La mencionada decisión tiene, en primer lugar, insisto y sin duda, un enorme calado ideológico, que no técnico ni científico, dando lugar, entre otras cuestiones, a que responsabilidades,que, históricamente, han correspondido siempre al “difunto” Ministerio de Alimentación, Agricultura y Pesca, queden ahora definitiva y parcialmente diluidas.
En efecto, las responsabilidades históricas del Ministerio de Agricultura quedan repartidas entre cinco ministerios diferentes, si bien es verdad que una parte importante de las mismas se queda en el nuevo ministerio de la Naturaleza y el Bienestar Social. No obstante, por ejemplo, el Ministerio de Empresa se ocupará de la alimentación y de la seguridad alimentaria y el Ministerio de Medio Ambiente se responsabilizará de la pesca.
Ello supone, entiendo, una compleja fragmentación, por ejemplo, de la política alimentaria. Consecuentemente, en mi opinión, la nueva estructura debilita significativamente, por la carencia de una responsabilidad global de la producción agroalimentaria, al medio rural y, en él. a la producción pecuaria, en contra precisamente de la mencionada nueva orientación política, en este marco, de la Unión Europea.
Desde mi punto de vista es muy importante que el resto de la Unión Europea y, por supuesto, España, no se deje cautivar por estos cantos nórdicos de sirena que, seguramente, pronto encontrarán eco multiplicador “en los de siempre”.
No nos confundamos, la compleja realidad internacional actual y presumiblemente futura, lo que ha puesto claramente de manifiesto es que, en la Unión Europea, necesitamos, sin duda alguna, un sector rural y en él, un sector agroalimentario, unido, fuerte, sostenible y competitivo.
Confiemos en que el descanso del mes de agosto nos reafirme en estas ideas. Lo vamos a necesitar, que nadie lo dude.