Introducción
La producción porcina intensiva, al igual que otros sistemas modernos de producción animal, representa una proporción considerable del consumo mundial de antimicrobianos. Se estima que la porcicultura utiliza alrededor de cincuenta principios activos pertenecientes a once familias antimicrobianas diferentes, muchas de las cuales son también empleadas en medicina humana. La importancia de esta situación se ve acentuada por la escasa incorporación de nuevas moléculas antibacterianas al mercado durante las últimas décadas y por la persistencia de prácticas de uso excesivo o inadecuado. Como consecuencia, se ha favorecido la selección y propagación de bacterias multirresistentes, reduciendo progresivamente la eficacia terapéutica de numerosos antimicrobianos. Asimismo, esta situación ha generado una creciente preocupación debido a su potencial contribución al desarrollo y la diseminación de la resistencia antimicrobiana (RAM), considerada actualmente una de las principales amenazas para la salud pública mundial.
Frente a este escenario resulta imprescindible promover estrategias que favorezcan un uso más racional y responsable de estos fármacos dentro de la producción animal.
Modalidades de usos de antimicrobianos en producción porcina
En producción porcina los antimicrobianos son utilizados bajo diferentes modalidades bien definidas:
- Terapéutica: Cuando se los utiliza sobre animales enfermos con presencia de signos clínicos
- Metafiláctica: Modalidad utilizada cuando un porcentaje de animales (aprox. 10-15 %) dentro de un grupo muestra signos clínicos de enfermedad y existe la certeza de que la misma se extienda a todos los animales del mismo grupo
- Profiláctica: Cuando se administran antibióticos en forma colectiva a animales que estan clínicamente sanos, pero que se encuentran expuestos a factores de riesgo tales como, estrés, destete, hacinamiento, cambios en la alimentación y situaciones medioambientales desfavorables, entre otros.
- Promotores del crecimiento: implica la práctica de suministrar dosis subterapéuticas de antibióticos a animales sanos con el propósito de mejorar parámetros de producción de importancia económica. Esta modalidad está prohibida en diferentes países a nivel global
A pesar de la creciente concientización sobre la resistencia antimicrobiana y de las medidas regulatorias adoptadas en diferentes regiones del mundo, el uso profiláctico de antibióticos continúa siendo una práctica frecuente en numerosos sistemas de producción porcina. La administración rutinaria de antimicrobianos a animales clínicamente sanos, muchas veces sin un diagnóstico específico ni criterios terapéuticos claramente definidos, no sólo incrementa la presión de selección sobre las bacterias, sino que también favorece la aparición de resistencia antimicrobiana y compromete la eficacia futura de estos medicamentos esenciales.
Quiero dejar claro que:
…Después de toda una vida dedicada en gran parte a la investigación en farmacología y terapéutica veterinaria orientada al cerdo, mi posición es clara: los antibióticos siguen siendo herramientas esenciales para la salud animal y no deben ser demonizados ni eliminados de la producción. "No se trata de NO usar los ATB, sino de considerar CÓMO y CUÁNDO emplearlos, así como explorar las alternativas disponibles." El verdadero desafío es promover un uso racional y responsable que preserve su eficacia terapéutica, minimice la aparición de resistencia antimicrobiana y favorezca sistemas de producción más sostenibles…
Puntos claves para un uso prudente de antibióticos en la producción porcina1. "Abrir la cabeza”: El factor humano en el uso de antimicrobianos
La transición hacia un uso más responsable de los antimicrobianos no depende únicamente de aspectos técnicos o sanitarios. La disposición a abandonar la profilaxis antibiótica está fuertemente influenciada por factores humanos, incluyendo percepciones de riesgo, experiencias previas, resistencia al cambio y características de personalidad de quienes toman decisiones en la granja. Diversos estudios han demostrado que los aspectos conductuales de propietarios, encargados y profesionales desempeñan un papel determinante en la adopción de estrategias orientadas al uso racional de los antimicrobianos.
2. Bioseguridad como barrera clave
Cerca del 90% de la entrada de enfermedades es por causa de ingreso de animales nuevos al establecimiento. La bioseguridad externa, la bioseguridad interna y la biocontención constituyen herramientas fundamentales para prevenir la introducción y circulación de agentes infecciosos. La ausencia de protocolos estandarizados, falta de capacitación del personal a cargo, entre otros, incrementa la presión de infección y favorece la dependencia de tratamientos preventivos.
3. Abandonar la profilaxis antibiótica en el alimento y promover estrategias alternativas
La administración profiláctica de antimicrobianos a través del alimento, tanto en cerdas como en lechones, constituye una práctica cada vez más cuestionada debido a su contribución al desarrollo de resistencia antimicrobiana (RAM), los posibles fallos terapéuticos y su impacto sobre el ambiente y la microbiota intestinal.
Muchos de los antibióticos utilizados por vía oral presentan una biodisponibilidad limitada, por lo que una proporción importante de la dosis administrada puede eliminarse sin absorberse, alcanzando el ambiente a través de las excretas. Además, la exposición continua de la microbiota intestinal a estos fármacos favorece fenómenos de disbiosis y selección de bacterias resistentes.
En aquellos casos donde el tratamiento colectivo resulte necesario, la administración mediante agua de bebida, utilizando formulaciones adecuadamente solubles y sistemas de dosificación precisos, puede ofrecer ventajas respecto a su incorporación en el alimento. Entre ellas se destacan una mayor uniformidad en la dosificación, tratamientos de menor duración, menor influencia de las variaciones en el consumo y una reducción de las interacciones con los componentes de la dieta.
Por otra parte, la utilización prolongada e indiscriminada de antimicrobianos puede modificar profundamente la microbiota de las cerdas gestantes. Considerando que los lechones adquieren una proporción importante de sus microorganismos intestinales a partir de la madre durante los primeros días de vida, las alteraciones de esta microbiota podrían afectar negativamente el establecimiento de una comunidad microbiana saludable y aumentar la susceptibilidad a trastornos digestivos tempranos.
La reducción de la profilaxis antibiótica debe acompañarse de estrategias preventivas integrales basadas en bioseguridad, vacunación, nutrición, manejo y bienestar animal. Asimismo, existen alternativas como ácidos orgánicos, probióticos, prebióticos, simbióticos, aceites esenciales y extractos vegetales, cuya utilidad debe evaluarse de acuerdo con las características y necesidades de cada sistema productivo
4. Programas de vacunación: una herramienta clave de prevención
La vacunación constituye uno de los pilares fundamentales para prevenir enfermedades y reducir la necesidad de tratamientos antimicrobianos en los sistemas de producción porcina. Su correcta implementación contribuye a fortalecer la inmunidad del rodeo frente a agentes endémicos y otros patógenos de importancia sanitaria presentes en cada región o sistema productivo.
Particularmente en granjas con elevada incidencia de diarreas neonatales, resulta fundamental desarrollar programas estratégicos de vacunación de las cerdas gestantes. El objetivo es maximizar la transferencia de inmunidad pasiva hacia los lechones mediante el calostro, aprovechando su administración estratégica durante la gestación, según los cambios fisiológicos e inmunológicos que experimenta la glándula mamaria durante las últimas semanas de gestación. De esta manera, se favorece una adecuada provisión de anticuerpos y células inmunitarias que contribuyen a proteger al lechón durante sus primeros días de vida, etapa en la que su sistema inmunológico aún es inmaduro
5. Minimizar el estrés y el dolor durante la gestación y el periparto
El estrés y el dolor constituyen factores frecuentemente subestimados que pueden comprometer la salud, el bienestar y el desempeño productivo de las cerdas, incrementando indirectamente el riesgo de enfermedades y la necesidad de tratamientos antimicrobianos.
En las cerdas hiperprolíficas, diversas situaciones de estrés agudo o crónico pueden presentarse durante la gestación y el periparto. Entre las más relevantes se encuentran las podopalogías, las lesiones en hombros y caderas, la constipación preparto, las lesiones derivadas de la competencia social en sistemas de alojamiento grupal y algunos trastornos reproductivos que generan malestar persistente.
Estas condiciones no sólo afectan el bienestar de la cerda, sino que también pueden prolongar la duración del parto, aumentar el riesgo de nacidos muertos o asfixiados y comprometer la calidad del calostrado y la lactancia. Como consecuencia, los lechones pueden presentar una mayor susceptibilidad a enfermedades, particularmente trastornos gastrointestinales durante las primeras semanas de vida.
Por ello, la identificación temprana y el manejo adecuado de las fuentes de estrés y dolor deben considerarse una estrategia sanitaria clave dentro de los programas destinados a reducir la dependencia de los antimicrobianos
6. Ajustar las densidades para reducir el estrés y las enfermedades
La densidad de alojamiento es un factor determinante para la salud, el bienestar y el desempeño productivo de los cerdos. Cuando el espacio disponible es insuficiente, aumenta la competencia por alimento y agua, las peleas por jerarquía social y la aparición de lesiones, mordeduras de cola, orejas y vulvas, situaciones que favorecen el estrés y predisponen a la presentación de enfermedades.
Por ello, resulta fundamental adaptar las densidades al peso, edad y etapa productiva de los animales, garantizando además un número adecuado de comederos y bebederos. Si bien existen recomendaciones generales de espacio por animal, cada sistema productivo debe evaluar periódicamente sus propias condiciones para identificar el punto de equilibrio que permita minimizar el estrés, mejorar el bienestar y expresar plenamente el potencial productivo de los animales.
En definitiva, una correcta asignación del espacio disponible no sólo mejora el bienestar, sino que constituye una herramienta sanitaria que contribuye a disminuir la incidencia de enfermedades y la necesidad de utilizar antimicrobianos.
7. Implementar estrictamente el sistema “Todo dentro–Todo fuera”
El manejo “Todo dentro–Todo fuera” constituye una de las herramientas más eficaces para reducir la circulación de agentes infecciosos dentro de la granja. Su principio es simple: los animales ingresan, se alojan y egresan como un único grupo, evitando la mezcla continua de animales de diferentes edades o estados sanitarios.
Una vez finalizada la etapa productiva, las instalaciones deben vaciarse completamente para permitir una adecuada limpieza, desinfección y período de vacío sanitario antes del ingreso de una nueva camada. Este procedimiento interrumpe los ciclos de transmisión de numerosos patógenos, disminuye la presión de infección y contribuye a reducir la necesidad de tratamientos antimicrobianos.
La eficacia de esta estrategia depende de su aplicación rigurosa, evitando el agregado de animales rezagados o de reposición dentro de grupos ya establecidos, una práctica que frecuentemente compromete los beneficios sanitarios del sistema.
8. Evitar destetes demasiado precoces
El destete representa uno de los momentos de mayor desafío fisiológico y sanitario en la vida del lechón. Por esta razón, siempre que las condiciones productivas lo permitan, se recomienda no realizar destetes antes de los 21 días de edad.
Una lactancia de al menos tres semanas favorece un mejor desarrollo del tracto gastrointestinal, una mayor maduración del sistema inmunológico y una transición más eficiente hacia el consumo de alimentos sólidos. Asimismo, la incorporación temprana de alimento preiniciador durante la lactancia contribuye a adaptar progresivamente el aparato digestivo, reduciendo el impacto nutricional y sanitario asociado al destete.
Desde el punto de vista productivo, los lechones destetados a edades adecuadas suelen presentar una mejor adaptación postdestete, menor incidencia de trastornos digestivos y una menor necesidad de intervenciones terapéuticas con antibióticos.
9. Nutrición y salud intestinal
La nutrición influye directamente sobre la estabilidad de la microbiota intestinal y la susceptibilidad a enfermedades entéricas. Dietas altamente digestibles, programas de alimentación adaptados a cada etapa fisiológica y una adecuada calidad de materias primas contribuyen a disminuir la incidencia de trastornos digestivos.
10. Maximizar el consumo de calostro y garantizar la temperatura de confort
El consumo adecuado de calostro durante las primeras horas de vida constituye uno de los factores más importantes para la supervivencia y el desempeño futuro del lechón. Se recomienda que cada animal ingiera al menos 200 g de calostro por kilogramo de peso vivo, ya que este aporte resulta fundamental para la adquisición de inmunidad pasiva, la termorregulación y el correcto desarrollo inicial del tracto gastrointestinal.
Lograr este objetivo requiere personal capacitado, supervisión activa de los partos y la implementación de estrategias de manejo que favorezcan el acceso temprano a la ubre. En camadas numerosas o heterogéneas, la rotación temporal de lechones (split suckling) puede ser una herramienta muy útil para asegurar que los animales más pequeños, débiles o afectados por hipoxia al nacimiento tengan una adecuada oportunidad de consumir calostro.
Asimismo, el consumo de calostro está estrechamente relacionado con la temperatura ambiental. Los lechones nacen con escasas reservas energéticas y una limitada capacidad para regular su temperatura corporal. Por ello, es estrictamente necesario proporcionar condiciones de confort térmico acordes a su peso al nacimiento: entre 32 y 34 °C para lechones de más de 1 kg y entre 34 y 35 °C para animales de bajo peso o hipotróficos. Un adecuado manejo del calostrado y de la temperatura durante las primeras horas de vida reduce significativamente la mortalidad neonatal y mejora la salud de los lechones durante toda la fase de lactancia.
11. Optimizar el manejo de la cerda durante el periparto, parto y lactancia
La salud y productividad de una camada comienzan mucho antes del nacimiento. Un manejo adecuado de la cerda durante el periparto, parto y lactancia tiene un impacto directo sobre la supervivencia neonatal, la calidad del calostrado, el crecimiento de los lechones , la longevidad de la cerda y la necesidad posterior de intervenciones terapéuticas.
Las cerdas deben llegar al parto en buenas condiciones sanitarias y nutricionales, alojadas en un ambiente confortable, con mínimo estrés y bajo una supervisión adecuada. La asistencia al parto debe ser realizada por personal capacitado, capaz de identificar oportunamente situaciones que requieran intervención y evitar maniobras innecesarias que puedan comprometer el bienestar de la madre o de los lechones.
Particularmente, el uso de oxitocina o carbetocina debe realizarse de forma estratégica y bajo criterios obstétricos claramente establecidos, evitando su empleo rutinario o prematuro. Un uso inadecuado de estas herramientas puede incrementar el riesgo de asfixia neonatal, fatiga uterina y complicaciones durante el parto.
En definitiva, una cerda correctamente manejada durante estas etapas críticas produce más y mejores lechones, reduce las pérdidas perinatales y contribuye a disminuir los problemas sanitarios que posteriormente suelen requerir el uso de antimicrobianos.
12. Detección temprana y terapia de precisión
La mejor manera de reducir el uso de antimicrobianos no es tratar más animales, sino identificar antes a los que realmente necesitan tratamiento. La detección temprana de animales enfermos permite actuar cuando las infecciones aún se encuentran en etapas iniciales, mejorando la eficacia terapéutica y reduciendo la necesidad de tratamientos colectivos.
Los primeros signos de enfermedad suelen reflejarse en cambios de comportamiento, disminución del consumo de alimento o agua, pérdida de actividad, alteraciones respiratorias o aumento de la temperatura corporal. Por ello, la observación sistemática de los animales debe formar parte de la rutina diaria de trabajo.
La capacitación del personal resulta fundamental para reconocer precozmente estas señales y comunicar rápidamente la situación al responsable sanitario. La premisa debe ser simple: "Cada día, cada galpón, cada cerdo".
Cuando los animales afectados son identificados de forma temprana, es posible aplicar tratamientos individuales o por pequeños grupos mediante terapia inyectable, minimizando la exposición innecesaria de animales sanos a los antimicrobianos. En situaciones donde se requieran tratamientos colectivos, la administración de formulaciones solubles en agua de bebida suele representar una alternativa más racional y controlada que la incorporación de antimicrobianos en el alimento.
Conclusión
La reducción del uso de antimicrobianos en producción porcina no debe interpretarse como una restricción impuesta por las regulaciones, sino como una oportunidad para construir sistemas productivos más eficientes y sostenibles. La experiencia demuestra que la dependencia de los antibióticos puede disminuir significativamente cuando se fortalecen pilares fundamentales como la bioseguridad, la vacunación, la nutrición, el bienestar animal, el manejo reproductivo y la detección temprana de enfermedades. La resistencia antimicrobiana es uno de los mayores desafíos sanitarios de nuestro tiempo y su control requiere el compromiso de todos los actores de la cadena porcina. Preservar la eficacia de estos medicamentos esenciales implica utilizarlos únicamente cuando son realmente necesarios y bajo criterios científicos sólidos. El desafío es grande, pero las herramientas existen. El momento de actuar es ahora.