Diego Montemayor de VICAM señala que la detección temprana de micotoxinas en ingredientes puede marcar la diferencia entre una crisis y una oportunidad. Identificar rápidamente la fuente de micotoxinas permite no solo restablecer la calidad del alimento, sino también aumentar el rendimiento productivo y económico. Con base en las experiencias, este enfoque ha sido clave para enfrentarse a brotes en la producción animal, reintegrando el control y mejorando los resultados productivos substancialmente.
La detección temprana es, probablemente, uno de los puntos más infravalorados en la gestión de micotoxinas. Muchas veces el problema no es únicamente la presencia de la micotoxina, sino el tiempo que transcurre hasta identificar el ingrediente responsable y tomar decisiones.
En campo vemos con frecuencia cuadros subclínicos donde no aparecen grandes signos evidentes, pero sí caídas de productividad, peor conversión, alteraciones reproductivas, inmunosupresión o aumento de la variabilidad entre animales. Cuando la identificación llega tarde, el impacto económico ya está consolidado.
Por eso, combinar herramientas rápidas de screening con analítica confirmatoria y biomarcadores de exposición aporta mucho más valor que analizar únicamente el pienso final. Permite entender qué está ocurriendo realmente a nivel de exposición animal y actuar antes de que el problema escale.
Además, cada vez es más importante considerar las co-contaminaciones y el efecto combinado de varias micotoxinas a bajas concentraciones, porque muchas veces el rendimiento se deteriora sin que ninguna micotoxina individual supere los límites orientativos clásicos.