¡Qué Mala Pata!

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En la actualidad la ganadería y más específicamente la lechería, se encuentra amenazada por el avance de la agricultura, lo que implica que debemos afrontar el desafío de ser  aún más eficientes y evitar las pérdidas de litros de leche, sobre todo, en donde es muy poco perceptible.

En su gran mayoría los productores y veterinarios que trabajan en el tambo  consideran que las principales pérdidas económicas son producto de las mastitis y las enfermedades reproductivas, por lo que se emplean tareas, productos y rutinas para tratarlas y sobre todo prevenir su aparición.

Pero el gran problema que aqueja al tambo y causa enormes pérdidas, aunque menos perceptibles, son las enfermedades en  las patas de los bovinos, dado que no hay difusión de estadísticas o estudios más profundos que lo demuestren en números, pero que sí son más que evidentes y comprobables en la práctica cotidiana.

En la actualidad, cada vez son más los productores y veterinarios que empiezan a considerar la cuestión y reconocen que las pérdidas económicas  que ocasiona el tener una vaca renga en el rodeo son mayores que las que históricamente se consideraban como las más importantes.

 

¿Cuál es el problema de tener una vaca renga?

El tener una vaca renga conlleva a una serie de problemas concatenados que afectan directamente a la economía del tambo. En  primer lugar, lo más notable es que una vaca con esta afección no se desplaza lo suficientemente bien como para ir a buscar su alimento, y si el dolor es muy fuerte directamente permanecerá echada la mayoría del tiempo para evitar pisar y no sufrir.

Consecuentemente si no come o baja el consumo de alimento, su producción va a disminuir sustancialmente. Además, al permanecer mucho tiempo echada la ubre queda expuesta a agentes presentes en el suelo, sobre todo si hay barro o bosta, aumentando el riesgo de contraer mastitis.

Al comer menos también baja su condición corporal, muchas veces adelgaza velozmente aumentando aún más la predisposición a enfermarse, pero la consecuencia más grave de una vaca flaca es la dificultad para quedar preñada, ya que deja de ciclar.

En el caso de una vaca ya preñada hay otro riesgo, porque a causa del dolor su organismo libera prostaglandina, lo cual actúa directamente sobre el cuerpo lúteo del ovario, pudiendo causarle un aborto.

A las causas mencionadas anteriormente se suma una cuestión más, no menos importante y es lo que respecta al arreo, hacia y desde el corral de ordeño, porque con vacas que sufren esta afección se torna lento, pudiendo alterar la rutina de todo el establecimiento.

 

¿Todo es  Pietín?

Es muy común creer que cuando las vacas renguean  tienen “pietin”, y  deben  recibir el mismo tipo de tratamiento. Esto realmente no es así, ya que existen diversas patologías que pueden afectar las patas de las vacas y se generan por diversas causas, por lo cual no deben tratarse de la misma manera.

Los problemas que afectan las patas de los bovinos pueden dividirse en tres grupos:

Traumáticas: ulceras y hemorragias de suela, enfermedad de línea blanca, fracturas.

Nutricionales: laminitis.

Infecciosas: dermatitis digital e interdigital.

Conocer de antemano que existen distintas causas por las cuales la vaca renguea es fundamental para saber dónde y cómo atacar el problema ya que permite eliminar la causa en vez de realizar tratamientos paliativos que no curan el problema de raíz.

La única manera de lograr resultados que perduren en el tiempo es generar un plan de trabajo en función de las necesidades particulares de cada establecimiento. En principio es necesario identificar qué tipo de lesiones afectan al rodeo. Esto se logra revisando minuciosamente cada una de las patas de la vaca y tomando un registro de todo lo que se observa.

De esta manera, un podólogo capacitado podrá diagnosticar inmediatamente las diferentes lesiones e inferir la principal causa por la cual las vacas están rengas y así identificar cuál es el problema de base del establecimiento. A modo de ejemplo: si hay muchas vacas con laminitis habrá que revisar la alimentación, en cambio, si se trata de dermatitis se debe evaluar el nivel de barro en el tambo, principalmente  alrededor de los comederos y bebederos, para de este modo prevenir una de las causas que lo provoca. Es importante  destacar que no todos los tambos tienen el mismo problema, aún en establecimientos vecinos la principal causa de rengueras puede ser distinta.

Lamentablemente la cuestión no se resuelve sólo con esto. Además es necesario establecer una rutina de desvasado con la frecuencia que determine un especialista. Tanto para curar las vacas rengas como para prevenir los futuros casos.

El último paso y no por esto el menos importante, es capacitar al personal para que logre identificar las vacas rengas lo antes posible, apenas noten una anomalía  deberán llamar al podólogo para que sean revisadas y posteriormente desvasadas y no esperar a que la vaca no pueda prácticamente caminar para tomar la decisión de establecer un tratamiento. Si una vaca es detectada al inicio de la renguera tiene muchas más chances de curarse y volver a la normalidad que si es tratada de manera tardía.

 

¿Cuántas vacas rengas tengo?            

A menos que el problema sea muy notable, es decir, que en el tambo haya demasiadas vacas rengas, en general, no se le presta demasiada atención a aquel  animal que tiene dificultades a la hora de caminar o bien pueden pasar desapercibidos en el conjunto, sobre todo si se trata de un rodeo numeroso.

Lo conveniente y aconsejable en estos casos sería  realizar un recuento aproximado de las vacas rengas por ejemplo a la entrada o salida de la sala de ordeño para poder estimar rápidamente ante qué cantidad de animales afectados estamos.

Para determinar que un tambo “funciona bien” el  número de vacas rengas no debería superar el 10%. Parece una cifra fácil de lograr, pero en la práctica la mayoría de las veces la situación se vuelve más compleja.


¿Cuánto dinero estoy perdiendo?

Si bien es difícil valorar o elaborar una estadística exacta (y más  si se trata de  sistemas pastoriles) en relación a las pérdidas que el productor sufre por tener una vaca renga sí se puede calcular un estimativo. Por ejemplo, por cada  animal que padece dermatitis interdigital se pierden 3 litros de leche diarios (a razón de $9 por día), no parece demasiado pero si se multiplica esta cifra por el monto total de vacas afectadas, el número puede resultar alarmante, y más aún si se toma en cuenta que generalmente el problema se detecta como mínimo una semana después de contraída la enfermedad.

Lo más fácil de evaluar con respecto a perdidas es el porcentaje de refugos. En nuestro país, el porcentaje de rechazo por problema de patas es cercano al 10%. En cambio si se realiza desvasados a tiempo y de manera preventiva se puede disminuir el riesgo a menos del 5%, por lo cual sin lugar a dudas resulta más que  aconsejable realizar esta práctica como rutina.

 

¿Qué, Cómo y Cuándo?

Además de los argumentos citados con  anterioridad y a modo de conclusión es importante destacar que para tener un rodeo dentro de los márgenes adecuados de salud podal es importante:

  • Detectar y desvasar rápidamente las vacas rengas.
  • Realizar un análisis integral del establecimiento.
  • Realizar desvasados preventivos en el rodeo a lo largo de todo el año.

Y saber que:

  • No todas las rengueras se curan con antibióticos
  • No siempre es necesario usar pediluvio
  • El desvasado de las vacas realizado por un podólogo capacitado es muy económico, en relación a las pérdidas que puede generar el hecho de no practicarlo

 

 

 

 
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