Estrategia de manejo para aumentar la eficiencia reproductiva en el Hato Bovino de América Tropical

Publicado el: 5/11/2012
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Introducción
 
Para el año 2050 la población humana mundial se estima será de, al menos, 9 millardos de habitantes, y que aumentará hasta en un 70% su demanda por alimentos. Existen actualmente cerca de 130 millones de vacas (40% del hato), sobre una población total estimada en 330 millones de cabezas bovinas en América Tropical, que equivale al 23% del hato mundial y que pastorea en 400 millones de hectáreas de pasturas, degradadas actualmente en un 60% (FAO, 2012). Ojalá el potencial productivo de la tierra agrícola del mundo se pueda mantener, al igual que la disponibilidad de energía, agua para riego y  demás insumos indispensables para aumentar la producción de alimentos.
 
El continuo incremento en los precios de la tierra, sus altos costos de adecuación, infraestructura, maquinaria, equipos, semovientes, insumos y mano de obra, y su inestable rentabilidad en América Tropical, obligan a la intensificación y a  ograr una alta rentabilidad de la empresa agropecuaria. Además, se deben implementar sistemas amigables con el ambiente, frenar la degradación de los suelos en pasturas y mitigar el efecto de la ganadería tropical sobre el calentamiento global y sobre el cambio climático.
 
Las estadísticas indican que la natalidad promedio del hato bovino de América Tropical es actualmente del 50% anual. Este promedio de natalidad no ha sido posible aumentarlo, debido a que la alimentación del hato ha sido  ermanentemente deficiente en cantidad y calidad de nutrimentos; a que su composición genética está altamente dominada por la raza cebú, cuyo origen tropical y mayor adaptación, causaron su madurez sexual tardía; a la alta incidencia de enfermedades  reproductivas; a la subfertilidad ocasional en vientres y toros; a que la gran mayoría de los medianos y grandes productores no viven en sus fincas; a su desinterés por el mejoramiento continuo, por el trabajo en equipo y por fijarse metas de producción; a la deficiente asistencia técnica estatal; a la falta de asociación gremial; a la nula o incipiente toma y análisis de registros productivos; a la mínima capacitación y actualización técnica y contable de los productores, administradores,
técnicos y obreros; a la falta de pago de incentivos por producción a los empleados; al temor al cambio y a que los cultivos comerciales continúan desplazando a la ganadería bovina hacia áreas marginales, con escasa infraestructura vial y de servicios, suelos de menor fertilidad natural, y condiciones climáticas adversas. Esta baja eficiencia reproductiva no le permite crecer, ni lograr la mejora genética y productiva al hato bovino de América tropical, puesto que, con esta baja natalidad, el hato escasamente produce los vientres requeridos para aplicar una mínima tasa de remplazo anual (Parra, et al, 2009).
 
 
Un hato bovino de cría comercial, cuya natalidad anual sea inferior al 70% (365 días/ 0,70 = 520 días ó 17 meses de Intervalo entre partos – IEP) no puede pagar un crédito bancario (Parra, et al, 2009). Un hato bovino en explotación semi-intensiva de doble propósito, deberá lograr cerca del 80% de natalidad anual (456 días ó 15 meses de IEP) y en un hato intensivo, especializado en producción de leche, su natalidad anual deberá ser cercana al 90% (405 días ó 13,3 meses de IEP).
 
La alimentación balanceada, mediante la utilización de pasturas con alta biodiversidad, asociadas de gramíneas, leguminosas u otras plantas forrajeras herbáceas, arbustivas y/o arbóreas perennes, nativas y/o introducidas (establecidas parcialmente por regeneración natural y cuyas podas permitan obtener leña y producir carbón), de bancos forrajeros y de cercas vivas (Botero y Russo, 2001), con manejo óptimo y aforo continuo, para medir la producción de biomasa y elaborar presupuestos forrajeros, que permitan, mediante un Pastoreo Rotacional Intensivo (Botero, 2012), lograr su máxima capacidad de carga y conservar forrajes; la implementación de prácticas de bienestar animal; la elaboración y utilización de abonos orgánicos en mezcla con abonos químicos; el suministro de sal con minerales, vitaminas y de suplementos energético – proteínicos a base de subproductos agroindustriales, que suplan las deficiencias nutricionales de los alimentos consumidos; la disponibilidad estacional de agua para riego y permanente de agua para bebida, abundante y de alta calidad, en bebederos que no afecten las fuentes de agua; el realizar la Descontaminación Productiva de las Aguas Servidas y el manejo apropiado de los desechos sólidos (Botero 2011a); la aplicación de un plan eficiente de sanidad animal preventiva y la utilización de animales F1 (Cebuínos por Europeos y/o por Criollos tropicales) con alto vigor híbrido, precocidad, adaptación y longevidad productiva, son claves para alcanzar una alta producción del hato bovino tropical, pero también, algunas prácticas de manejo son muy importantes para permitirle manifestar su máximo potencial productivo y eproductivo, reducir la mortalidad, la edad tardía del inicio de la reproducción y del sacrificio, y aumentar su rentabilidad, sin que sea necesario realizar altas inversiones para su implementación en la empresa ganadera (Botero, 2011b).
 
Estrategias de manejo animal para aumentar la eficiencia reproductiva bovina
 
– Manejo de Toros y de Detectores de celos
 
En la monta natural es indispensable la presencia permanente o estacional de toros adaptados, sanos, con alta libido, alta fertilidad y mejorantes genéticamente. Los machos bovinos no castrados producen feromonas que estimulan la presentación e intensidad del celo en las hembras bovinas aptas, y detectan oportunamente los celos para lograr la preñez con monta directa o con inseminación artificial. Botero (1992), diseñó una técnica quirúrgica simplificada para preparar terneros detectores y marcadores del celo.
Estos machos bovinos complementan la observación visual de los técnicos inseminadores competentes y permiten aumentar la eficiencia reproductiva lograda en programas comerciales de inseminación artificial (Universidad EARTH, 2006), sean estos realizados mediante la utilización de semen congelado natural o de semen sexado.
 
- Reducción de la edad de los terneros al destete
 
Cada vaca, después del parto, del ordeño y/o del amamantamiento tradicional de su cría, con una duración de hasta ocho (8) meses (240 días), al momento del destete ya tiene que haber iniciado una nueva gestación (con hasta 290 días ó 9,5 meses de duración). Su próximo parto deberá ocurrir no más de 280 días después del destete, con el fin de lograr un máximo de 520 días de IEP, equivalentes a 70% de natalidad anual. Todas las vacas deberán tener un diagnóstico positivo de preñez al destete (realizado por palpación rectal o por ultrasonido), de lo contario deberán ser descartadas para sacrificio y consumo.
 
Entre las opciones prácticas de manejo, para lograr un aumento significativo en la eficiencia reproductiva de los hatos, se encuentra el destete temprano. A los seis (6) meses de edad, el ternero logra el máximo desarrollo y funcionalidad del rumen y puede aprovechar eficientemente los forrajes. Si los forrajes consumidos a partir del destete temprano, son de alta calidad nutritiva, el ternero puede continuar ganando peso, siempre que reciba un plan de manejo sanitario preventivo (desparasitación oportuna, según el número de huevos de parásitos gastrointestinales, pulmonares y hepáticos, por gramo de materia fecal, de un control oportuno de ectoparásitos y de un plan de vacunación apropiado a la región y país) y de que consuma también, como suplemento, los minerales y vitaminas requeridos para su óptimo desarrollo esquelético, orgánico y muscular. En este caso, la vaca que mantuvo una lactancia de menor duración (6 meses), se recupera
más rápidamente del desgaste sufrido durante la lactancia y tiene un período de descanso hasta de dos meses después del destete, antes de tener que preñarse de nuevo, sin que se aumente de 520 días ó 17 meses su IEP, equivalente a una natalidad anual del 70%.
 
Otra opción de manejo consiste en realizar el destete precoz, en cuyo caso el ternero puede ser destetado con tres (3) a cuatro (4) meses de edad. Este ternero demandará una alimentación con sustitutos de leche, granos y/o una  suplementación a base de subproductos agroindustriales, hasta que logre el desarrollo y funcionalidad del rumen, que le permita aprovechar eficientemente los forrajes, ojalá de alta calidad. En este caso, la recuperación de la vaca es más rápida y se puede aumentar su eficiencia reproductiva.
 
- Destete temporal de los terneros
 
También se puede implementar el destete temporal (Botero y De Alba, 1990). En este caso, a las vacas que con entre 60 a 100 días posparto, no hayan presentado celo, se les aísla el ternero durante 72 horas, o bien se les impide amamantar a sus terneros, mediante la colocación temporal, hasta por 10 días, de una tablilla de destete en la nariz del ternero, la cual no le impide pastorear, comer ni beber. La tensión causada en la vaca, altera por completo las hormonas reproductivas circulantes e induce el celo fértil. Generalmente, estas vacas presentan el celo fértil en 12 a 15 días después del destete temporal. Algunas vacas requieren de dos tratamientos de destete temporal y unas pocas vacas no responden a este tratamiento. El peso de los terneros al destete no se reduce por efecto de este tratamiento.
 
- Amamantamiento restringido de los terneros
 
Una práctica de manejo que aumenta sensiblemente la eficiencia reproductiva de los hatos manejados en doble propósito, consiste en que, los terneros al cumplir 3 a 4 meses de edad, dependiendo de su condición corporal y de que estén recibiendo una suplementación, son separados de sus madres una vez terminada la labor del ordeño único diario de todo el hato, en horas de la mañana. Esta misma práctica puede hacerse más drástica, separando los terneros desde el día inicial del ordeño, siempre que se realice un segundo ordeño y/o amamantamiento, en horas de la tarde. A partir de los 5 meses de edad, estos terneros ya tienen el rumen desarrollado y funcional y pueden aprovechar los nutrimentos contenidos en los forrajes (Botero y Preston, 1986).
 
- Manipulación del útero en los vientres posparto
 
Randel (1993), documentó que el diagnóstico reproductivo manual, efectuado por palpación rectal, alrededor del día 30 posparto, aumenta la eficiencia reproductiva en el ganado bovino en amamantamiento. Esto es debido a que, la  manipulación del útero, realizada por un profesional competente, hace que, en la vaca madura (2 ó más partos), su aparato reproductivo libere prostaglandina F2 alfa que reinicia el ciclo estral.
 
A las vacas que, aún teniendo una adecuada condición corporal, no entran en celo después de 60 a 100 días posparto, se les puede hacer un lavado intrauterino con 50 cc de una solución madre de Lugol, disuelta al 1% en agua destilada (Bicca Andujar, et al, 1978). Con este tratamiento se puede esperar que hasta el 80% de las vacas con ovarios no funcionales, pero con una apropiada condición corporal, manifiesten un celo fértil en 4 a 12 días después del lavado intrauterino. Un mínimo de vacas requiere de dos lavados y solo algunas vacas no responden a este tratamiento.
 
- Estacionalidad de los partos y de las lactancias
 
Los ecosistemas de sabanas y de bosques sustentan la gran mayoría del hato bovino de América Tropical. Su climatología similar hace que la estación seca se presente entre diciembre y abril, y los demás meses corresponden con la estación lluviosa.
 
La estacionalidad natural que se presenta en hatos de cría en monta continua, que hace que la mayoría de los partos se inicie a partir del segundo tercio de la época seca (entre el 10 de febrero y hasta el 7 de julio), se puede imitar, al realizar la monta o la inseminación artificial estacionales por un período anual de hasta 147 días (7 ciclos estrales continuos) durante la estación lluviosa de cada año (entre el 1 de mayo y el 25 de septiembre). Esto hace que las lactancias ocurran al final del período seco y durante la estación lluviosa, lo que garantiza una mayor disponibilidad y calidad de forrajes, que permite a las vacas afrontar la lactancia, mejorar su condición corporal y reiniciar su ciclo estral. Esto se refleja en una mayor posibilidad de preñar las vacas cada año, de lograr un mayor peso de los terneros al destete y de las vacas al descarte (Kleinheisterkamp y Botero, 1979; Kleinheisterkamp, et.al, 1981; Gómez, et.al, 1984; Botero, 1989).
 
El inicio de los partos en los dos tercios finales (80 días) de la época seca de cada año, ofrece a los terneros recién nacidos un ambiente seco y sano, cuando son más susceptibles de morir, debido a infecciones. Al final de la gestación las vacas tienen una condición corporal favorable, y su parición durante la época seca moviliza dichas reservas, que se recuperan rápidamente con el inicio de la época lluviosa. A las vacas que paren el último día cada año (7 de julio) les quedan 80 días abiertos para preñarse de nuevo (hasta el 25 de septiembre), y sus terneros tendrán 6 meses de edad al final de las lluvias (31 de diciembre), momento en el cual pueden someterse a destete temprano. Las vacas que paren durante la época seca y los terneros que se destetan al final de la época de lluvias podrán ser suplementados con forrajes conservados (heno, ensilaje, henolaje, hornos forrajeros, forrajes amonificados, etc), forrajes frescos de corte y suplementos
agroindustriales (harinas, tortas de cereales y oleaginosas, Bloques multinutricionales).
 
- Reducción de la edad al primer parto en los vientres bovinos
 
La primera preñez de las novillas comerciales, solo debe ocurrir cuando alcancen 300 kg de peso vivo, o bien, logren entre el 65 al 70% del peso adulto de las vacas del hato (Bastidas, 2002). Se ha demostrado recientemente que en las novillas cebú comercial que se preñan con 330 kg de peso vivo, se reduce su primer IEP (Botero, 2011b). En el hato bovino de cría comercial de América Tropical las vacas logran su primer parto con cerca de cuatro (4) años de edad.
 
En las vacas solamente se puede aumentar su vida útil, reduciendo su edad al primer parto. Si una ternera es destetada con ocho (8) meses de edad y 150 kilogramos de peso vivo, para que logre el peso de empadre de 330 kilogramos, deberá ganar 180 kilogramos de peso vivo, a partir del destete. Si la ternera consigue una ganancia de peso de 500 gramos/día, durante 12 meses después del destete, la cual es perfectamente factible de lograr en pastoreo en el trópico, (0,5 kg/día*360 días = 180 kg), a los 20 meses de edad lograría el peso adecuado para preñarse (330 kg), y su primer parto ocurriría a los 30 meses de edad (2,5 años y con cerca de 400 kg de peso vivo). A partir del primer parto, el vientre inicia su vida útil, durante la que puede tener varios partos, con un rango de tiempo igual al promedio del IEP y concluye al destete de su último ternero potencial, con 8 meses de edad, adicionales a 4 meses de engorde, apoyado sobre el inicio de una nueva gestación, que no se deja llegar a término y que se usa para su venta para sacrificio.
 
La edad al sacrificio de los vientres manejados para la producción de carne o para doble propósito en el trópico, es de entre 10 a 13 años. Esta se puede deber a subfertilidad, al deterioro normal por edad, a los accidentes y daños prematuros irreversibles ocurridos en aplomos (patas), ubre, o por desgaste y pérdidas dentarias. En este último caso, se pueden reparar e implantar nuevas piezas dentales sintéticas, alargando la vida útil y logrando hasta dos partos más en algunas vacas. En sistemas de cría bovina y de doble propósito lo conveniente es aplicar entre 10% a 15% de tasa de descarte anual de vientres y en lechería especializada entre 20% a 25% anual (Morales, et al, 2011).
 
En un hato de cría tradicional, cuyos vientres logran su primer parto con 4 años de edad, con una tasa de descarte anual del 11% y con una mortalidad adulta anual del 2% (inevitable, impredecible y sin valor de rescate o de salvamento), su edad al sacrificio sería: (4 años de edad al primer parto + (98% sobrevivencia/11% descarte anual = 9 años de vida útil) = 13 años de edad al sacrificio). Con una natalidad anual del 50%, equivalente a 24 meses de IEP, cada una de estas vacas lograría parir, amamantar y destetar hasta cinco (5) crías, durante sus 9 años de vida útil y hasta sus 13 años de edad al sacrificio.
 
Aplicando 98% de tasa anual de sobrevivencia, 11,5% de descarte anual de vacas y 2,5 años de edad al primer parto, a un hato de cría para la producción exclusiva de carne, con 70% de natalidad anual, equivalente a 17 meses de IEP, cada una de estas vacas lograría parir, amamantar y destetar hasta seis, tres (6,3) crías, durante sus 8,5 años de vida útil y hasta sus 11 años de edad al sacrificio.
 
Aplicando los mismos parámetros productivos anteriores a un hato de doble propósito, con 80% de natalidad anual, equivalente a 15 meses de IEP, cada una de estas vacas lograría parir, amamantar, producir leche para la venta y destetar hasta siete (7) crías, durante sus 8,5 años de vida útil y hasta sus 11 años de edad al sacrificio.
 
Conclusiones
 
Comparando los hatos citados anteriormente (tradicional vs mejorado en cría vs mejorado en doble propósito), con natalidades anuales crecientes (50% vs 70% vs 80%) equivalentes a IEP decrecientes (24 vs 17 vs 15 meses) permiten lograr un mayor número de partos, lactancias y terneros destetados (5 vs 6,3 vs 7 terneros), en vacas cuya edad al sacrificio es inferior en dos (2) años (13 vs 11 vs 11 años).
 
El remplazar y descartar anualmente, para consumo, un mayor número de vientres, permite ejercer una mayor presión de selección y avanzar así con mayor rapidez en el mejoramiento genético, adaptación y producción de los hatos bovinos.
 
Producir un mayor número anual de animales para venta (vacas de descarte, terneros (as) destetados o novillos (as) levantados o engordados) permite circular más rápidamente el dinero, reduce los intereses al capital invertido en semovientes y, en consecuencia, aumenta sensiblemente la rentabilidad a la inversión en la empresa ganadera tropical.
 
Bibliografía
 
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