Instalaciones: Los Techos en las Instalaciones

Publicado el: 13/1/2020
Autor/es: Por Ing. Agr. Eduardo F. Deal Freccero

Existe la tendencia de mejorar el trato a los animales productivos. Pero una empresa ganadera exitosa debe también atender la comodidad de los operarios para que hagan correctamente su trabajo; para que sean eficientes.

Es habitual que techemos algunas zonas de nuestras instalaciones: el cepo, la balanza y el tubo, para que quienes trabajamos con los animales lo hagamos más cómodos, a la sombra, protegidos de las inclemencias del tiempo, sobre todo del sol fuerte. Al hacerlo, lo primero que debemos considerar es que esta tendencia a armar estructuras que nos permitan trabajar con cualquier clima, no debe de significar que nos “olvidemos” de los animales en pro de nuestro beneficio. En definitiva, si construimos estructuras que nos benefician sin considerar a los animales, a la larga estamos yendo en nuestra contra, porque tendremos que trabajar más por no acompasar el comportamiento animal, por obligarlos a hacer cosas que no quieren o hacerlos moverse por donde temen pasar.

Como tradicionalmente ha sucedido y como es natural que suceda, las instalaciones las construyen seres humanos, con el pensamiento del ser humano, con las condicionantes físicas propias del ser humano. Al no tener en cuenta (imperceptiblemente) a los animales, armamos estructuras que no tienen consideración de sus características físicas y comportamentales.

Los animales domésticos se adaptan a todo, con mayor o menor esfuerzo, pero eso no quiere decir que estén a gusto o contentos en esas instalaciones. Lo más común ha sido la construcción de los corrales con vallas rectas.

Nosotros miramos hacia adelante y no pensamos que los vacunos no miran así. De esta manera armamos estructuras, a las que los animales, por supuesto, se adaptan a moverse en ellas, pero que lo deben hacer en contra de su voluntad y, sobre todo, de sus características físicas. Surgen los problemas de manejo porque debemos obligarlos a transitar en un lugar que no es amigable para ellos, ni sencillo transitarlo por sus condiciones físicas.

 

Los techos no escapan a estos errores.

Las presas tienen un sistema de visión desarrollado para su supervivencia en un ambiente que les era hostil (inclemencias del clima; predadores que los buscaban para comérselos). Dentro de la estructura del ojo existen elementos que les permiten captar imágenes y que se adaptan a las condiciones que ocurren en la naturaleza. La pupila, los conos y los bastones son elementos internos al ojo que se modifican permanentemente para ver mmejor.

La pupila se agranda o achica con la intensidad lumínica. Los bastones permiten ver colores y también se alteran con la intensidad lumínica, ajustándose para poder ver sin percibir molestias.

Cuando un animal pasa de un lugar bien iluminado a uno oscuro, bruscamente, los bastones se destruyen. Quedan ciegos por unos instantes, para reconstituirse cuando el ojo se adapta a la luminosidad del nuevo ambiente por el que transita. (DIMBERTON, A. 1999 – citado por MOUNAIX, B. et al.)

Los bastones demoran, en los vacunos, hasta tres minutos en reconstruirse adaptados al nuevo ambiente luminoso. Este proceso ocurre también a la inversa: cuando pasan de una zona oscura a una iluminada. En otras especies-presa (por ejemplo: ovinos) este proceso es más rápido.

Esto es especialmente problemático cuando entran a un galpón (en el frigorífico al noqueo, galpón para ser esquiladas, o cuando tenemos instalaciones bajo techo).

En un tubo, cepo o balanza, techados, que se ponen para la comodidad del operario, deben dar sombra y protección. Si el techo es muy bajo; si la ubicación genera sombra densa en un cambio de ambiente (del huevo al tubo, por ejemplo), los animales demoran su ingreso a la zona sombreada, simplemente porque no ven. Como siempre queremos realizar los trabajos rápidamente (lo que es correcto) castigamos a los animales porque nos urge terminar el trabajo (lo que no es correcto), que por la adaptación de sus condiciones físicas demora su reacción.

 

 

Observen en la FOTO 1 que la portera reloj, de hierro, que barre el huevo y protege el operario que la mueve de posibles patadas de los animales al sentirse presionados, está torcida. Eso es debido a que esta portera se utiliza, incorrectamente, pera empujar los animales que no pueden ver al entrar en la oscuridad de la sombra que proyecta el techo en el tubo o manga y se demoran porque están momentáneamente ciegos.

Cierren los ojos e imagínense obligados a caminar por una habitación a oscuras por alguien que los presiona, que los apura, que los empuja, que los castiga. Seguramente sentirán miedo por la inseguridad de no ver; se estresarán, reaccionarán. Lo mismo les pasa a los animales.

Dice SMITH, B. (1998) que el miedo, en los animales, es acumulativo; es como si en un balde (el animal) ponemos agua (el miedo). Cuando está vacío, podemos verter cantidades de golpe (actitudes muy aversivas para los animales en el trabajo) sin que pase nada. Pero cuando está lleno una gota lo puede hacer derramar. Un animal con mucho miedo tiene reacciones impredecibles y bruscas aun con muy pequeños estímulos (que en otros momentos serían despreciables o pasarían desapercibidos) cuando su capacidad de soportar miedo ha llegado a un extremo (el balde lleno).

Los animales vienen acumulando miedo desde que los juntamos en el potrero. El “balde” se comienza a llenar allí. Después sufrimos las consecuencias en el tubo, en el cepo, en la balanza, donde estamos SIEMPRE dentro de su zona de fuga; mientras los dosificamos, los pesamos o los trabajamos en el cepo.

 

 

El “balde” se llena. La reacción imprevista ocurre, aun con actitudes que en otro momento o circunstancia no las provocarían.

Y se complica nuestro trabajo. En el TUBO o MANGA, se mueven hacia adelante y atrás, presionan la pared enfrente a donde nos acercamos, esconden la cabeza bajo las patas del que está adelante, se echan dentro del tubo, intentan saltar hacia afuera, en vanos intentos por escapar de nosotros.

Cualquier acción que sientan aversiva, por pequeña e insignificante que sea, los hace reaccionar de manera desmedida. Es la gota que derrama el “balde” que está LLENO. Agreguemos a esto la reacción producto del miedo que produce la ceguera pasajera al entrar a una zona oscura.

 

CUIDE COMO HACE LOS TECHOS Y DONDE LOS UBICA.

Un techo debe proveer sombra, pero no generar oscuridad. La altura inferior debe ser de más de 3 metros y medio. Tenga en cuenta la ubicación, según la sombra que se mueve con el movimiento del sol, para que no dé una sombra en el mismo lugar donde hay, además, un cambio de ambiente, porque eso multiplica la complicación para el animal y más reacción de nuestra parte. Por ejemplo del huevo al tubo, del corral al huevo; lugares donde muchas veces hay cambios de vallas (de alambre a madera) o de pisos (de tierra a hormigón o balasto).

 

 

 

Un piso que cambia en un mismo ambiente con vallas iguales a los lados (FOTO 4) distrae menos porque genera menos dudas que uno en el que cambian simultáneamente pisos y vallas como el que se ve en la FOTO 5.

Referencias bibliográficas

 
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