Cuando el Intestino habla con el Hígado: Microbiota, inmunidad y metabolismo
Publicado:12 de octubre de 2026
Fuente:Gerardo Villalobos Saume DVM, MSc. Inmuno-fisiopatolología Digestiva y metabolica - Coccidiólogo - Ventas Técnicas Consultivas y Conferencista. Colombia
Durante mucho tiempo hemos estudiado el intestino y el hígado como órganos independientes. Sin embargo, la fisiopatología nos demuestra que existe una comunicación permanente entre ambos, en la que la microbiota intestinal desempeña un papel fundamental.
El intestino no solo digiere y absorbe nutrientes. También envía señales que pueden modificar la respuesta inmunitaria y el metabolismo hepático.
¿Y cómo ocurre esta comunicación?
Todo comienza con la microbiota y la integridad de la barrera intestinal.
En condiciones de equilibrio, la microbiota produce metabolitos como los ácidos grasos de cadena corta y transforma los ácidos biliares, participando en la regulación de la homeostasis intestinal, la respuesta inmunitaria y el metabolismo.
Pero cuando se altera este equilibrio, las consecuencias pueden ir mucho más allá del intestino.
La disbiosis y el deterioro de la barrera intestinal pueden favorecer el paso de componentes bacterianos, como el lipopolisacárido (LPS), hacia la circulación portal. Cuando la exposición supera la capacidad de control del organismo, estas señales pueden activar vías inflamatorias, entre ellas TLR4/NF-κB, y modificar la respuesta del hígado.
El resultado no depende de un único mecanismo, sino de la interacción entre la carga inflamatoria, el estado metabólico, la microbiota y la capacidad adaptativa del animal.
Aquí es donde la salud intestinal deja de ser exclusivamente intestinal.
Un hígado sometido a una mayor carga inflamatoria y metabólica debe responder a nuevas exigencias fisiológicas. Al mismo tiempo, los cambios en la producción y circulación de ácidos biliares pueden modificar el entorno intestinal y la composición funcional de la microbiota.
Se establece así una comunicación bidireccional: el intestino influye sobre el hígado y el hígado, a través de la bilis y de señales metabólicas, también influye sobre el intestino.
En avicultura, comprender esta relación es especialmente relevante cuando evaluamos desafíos como la coccidiosis, la disbiosis, el estrés térmico o las alteraciones metabólicas.
Por eso, considero que debemos superar la visión fragmentada de la salud digestiva y hepática.
No basta con preguntarnos cómo mejorar la digestión o cómo proteger el hígado por separado. Debemos entender cómo interactúan la microbiota, la barrera intestinal, la inmunidad y el metabolismo.
La salud animal no depende únicamente del funcionamiento de cada órgano, sino también de la calidad de la comunicación entre ellos.
Y quizás una de las claves para mejorar la resiliencia y el rendimiento productivo esté precisamente en comprender y modular ese diálogo biológico.
Lic. en Ciencias Animales, Doctor en Filosofía - PhD, Ciencia Animal (Ciencia Avícola) / Gestión de micotoxinas en las Américas Estados Unidos de América