Esa reflexión es especialmente importante porque las micotoxinas presentan una característica que desafía a toda la cadena productiva: su distribución es extremadamente heterogénea en los lotes de granos. En este contexto, la calidad de la información generada depende directamente de la representatividad de la muestra recolectada. Además, tecnologías rápidas como la espectroscopia de infrarrojo cercano (NIRS) desempeñan un papel cada vez más estratégico al ampliar la capacidad de monitoreo y fortalecer la confiabilidad de las decisiones.+
La calidad de un análisis de micotoxinas comienza mucho antes del laboratorio. Empieza en el campo, continúa durante el almacenamiento y depende, fundamentalmente, de una etapa que con frecuencia se subestima: el muestreo.
El desafío de las micotoxinas en la poscosecha
Durante la poscosecha, el objetivo no es aumentar el valor nutricional de los granos, sino preservar su calidad y garantizar su inocuidad para su utilización en la alimentación animal. En este escenario, las micotoxinas representan uno de los mayores desafíos para la cadena productiva debido a sus efectos sobre la salud animal, el desempeño productivo y la rentabilidad de las operaciones.
Producidas por hongos filamentosos, las micotoxinas poseen propiedades carcinogénicas, inmunosupresoras y mutagénicas. Su aparición está directamente relacionada con las condiciones ambientales presentes tanto en el campo como durante el almacenamiento.
Incluso cuando se aplican buenas prácticas de almacenamiento, incluyendo el control de temperatura, humedad y aireación, la presencia de micotoxinas sigue siendo una realidad frecuente. Por ello, el monitoreo continuo es esencial para evaluar los riesgos y respaldar decisiones seguras en la gestión de materias primas.
El desafío de la representatividad
Las micotoxinas suelen encontrarse en concentraciones del orden de partes por billón (ppb). Para ilustrar esta magnitud, 1 ppb en un lote de maíz puede equivaler a un solo grano contaminado en aproximadamente 350 toneladas de producto.
Además de sus bajísimas concentraciones, la distribución de estas moléculas es altamente irregular. Dentro de un mismo silo, camión o incluso de una sola mazorca de maíz, pueden existir zonas con concentraciones significativamente diferentes.
Esta heterogeneidad se origina en el campo, principalmente debido a las variaciones de temperatura y humedad que favorecen el desarrollo de hongos del género Fusarium, responsables de la producción de fumonisinas, zearalenona y deoxinivalenol. Durante el almacenamiento, aparecen nuevos riesgos con la formación de zonas localizadas de alta humedad, conocidas como hot spots, que favorecen el crecimiento de Aspergillus y la producción de aflatoxinas.
Como consecuencia, una única muestra mal recolectada puede no reflejar la condición real del lote analizado, comprometiendo toda la evaluación del riesgo.
El muestreo es la principal fuente de error analítico
Diversos estudios demuestran que la etapa de muestreo puede representar más del 60 %de la variabilidad total observada en los resultados de los análisis de micotoxinas.
Esto significa que, incluso utilizando metodologías analíticas precisas y equipos de alta tecnología, una muestra mal recolectada comprometerá toda la calidad de la información obtenida.
En otras palabras: la confiabilidad del resultado depende directamente de la calidad de la muestra recolectada.
Por esta razón, los procedimientos de muestreo deben seguir un principio fundamental: cada grano del lote debe tener la misma probabilidad de estar representado en la muestra final.
Buenas prácticas para el muestreo en silos y almacenes
Antes de iniciar cualquier procedimiento de muestreo, es fundamental garantizar que los granos se encuentren almacenados en condiciones adecuadas de conservación, con control de temperatura, humedad y actividad de agua (aw).
Valores de aw superiores a 0,70 favorecen el desarrollo de hongos e incrementan significativamente el riesgo de producción de micotoxinas durante el almacenamiento.
Para garantizar un muestreo representativo, se recomienda:
● Recolectar múltiples muestras elementales distribuidas en diferentes puntos del silo o almacén.
● Utilizar sondas neumáticas capaces de acceder a toda la profundidad de la masa de granos.
● Formar una muestra compuesta (pool) con un volumen adecuado, generalmente entre 10 y 20 kg.
● Realizar una molienda inicial completa para promover la prehomogeneización del material.
● Aplicar procedimientos de cuarteo para reducir la muestra.
● Ejecutar una molienda fina estandarizada antes del análisis de laboratorio.
Estas etapas aumentan significativamente la representatividad de la muestra y reducen los riesgos asociados a la variabilidad analítica.
Muestreo automático en flujo continuo: generando muestras representativas dentro de la fábrica de alimentos balanceados
Cuando el lote de granos es transportado de un punto a otro de la planta, las muestras pueden recolectarse mediante sistemas automáticos o manuales. El muestreo automático es altamente práctico y eficiente, por lo que su uso está ampliamente difundido en la industria. La utilización de muestreadores automáticos, así como de sistemas más simples, como la recolección de muestras elementales del ingrediente molido a través de aberturas en tuberías —especialmente en transportadores helicoidales—, facilita considerablemente el procedimiento y produce muestras altamente representativas.
Cuando no es posible recolectar el material molido, como ocurre cuando los granos se muelen conjuntamente con otros ingredientes, el muestreo puede realizarse durante el desplazamiento de los granos enteros antes de la molienda.
Si el muestreo se realiza sobre granos molidos, basta con reducir la muestra compuesta a 500–1.000 g para su envío al laboratorio. Si el muestreo se realiza sobre granos enteros, toda la muestra compuesta debe someterse previamente a una molienda gruesa en un molino equipado con una criba de 3 mm, antes de reducirla a 500–1.000 g.
Más análisis, decisiones más seguras
Incluso siguiendo protocolos rigurosos de muestreo, ninguna muestra individual es capaz de representar perfectamente toda la variabilidad presente en un lote de granos. Por ello, aumentar la frecuencia del monitoreo constituye una de las estrategias más eficaces para reducir la incertidumbre y mejorar la toma de decisiones.
En este contexto, la tecnología NIRS surge como una herramienta estratégica para la gestión del riesgo por micotoxinas y el control de la calidad nutricional de las materias primas.
A diferencia de las metodologías analíticas convencionales, el NIRS permite realizar análisis rápidos, no destructivos y de bajo costo operativo. Esto hace posible evaluar un número significativamente mayor de muestras durante la rutina de trabajo, ampliando la capacidad de monitoreo sin incrementar proporcionalmente los costos analíticos.
Esta capacidad genera un beneficio directo: cuanto mayor sea el número de análisis realizados, mayor será la probabilidad de identificar variaciones dentro de los lotes, detectar desviaciones de forma temprana y comprender mejor la variabilidad de las materias primas.
Además, al no consumir la muestra durante el análisis, el NIRS preserva el material para posibles evaluaciones complementarias, análisis confirmatorios u otras pruebas de calidad.
En la práctica, esto permite que las empresas evolucionen desde un modelo basado en análisis puntuales hacia una estrategia de monitoreo continuo, generando una base de datos más robusta y confiable para la toma de decisiones.
Monitoreo continuo: una estrategia moderna para la gestión del riesgo
El análisis aislado de una muestra ofrece únicamente una fotografía momentánea de la situación. En cambio, un programa estructurado de monitoreo permite identificar tendencias, anticipar riesgos y respaldar decisiones más acertadas en la formulación de dietas y la gestión de materias primas.
La combinación de protocolos adecuados de muestreo, tecnologías rápidas de monitoreo y análisis confiables constituye la base de una gestión eficiente del riesgo por micotoxinas.
Más que identificar un problema, el monitoreo continuo permite comprender su dinámica, actuar de manera preventiva y reducir los impactos técnicos y económicos a lo largo de toda la cadena productiva.
El éxito de un programa de control de micotoxinas no depende únicamente de la tecnología analítica utilizada, sino principalmente de la calidad de la muestra que llega al laboratorio.
Ante la distribución heterogénea de las micotoxinas en los granos, el muestreo representativo debe considerarse un proceso estratégico y no solo operativo. Invertir en protocolos y tecnologías adecuadas de muestreo es fundamental para generar información confiable y respaldar decisiones seguras.
Al mismo tiempo, herramientas como el NIRS amplían significativamente la capacidad de monitoreo, permitiendo analizar un mayor número de muestras, reducir la incertidumbre y construir una visión más completa de la variabilidad presente en los lotes.
En la gestión del riesgo por micotoxinas, realizar un mejor muestreo es esencial. Monitorear más es el siguiente paso. Y la combinación de estas dos estrategias es la que permite transformar los datos en decisiones más rápidas, más seguras y más rentables para toda la cadena de producción animal.
Pegasus Science acompaña a sus clientes en todas las etapas de este proceso, desde la definición de protocolos de muestreo y la capacitación de los equipos hasta el monitoreo nutricional y micotoxicológico mediante tecnologías avanzadas, como el NIRS.
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Em análises micotoxicológicas, a pergunta que devemos nos fazer não é apenas "qual foi o resultado?", mas também "quantas amostras conseguimos avaliar para chegar a essa conclusão?".
Essa reflexão é especialmente importante porque as micotoxinas apresentam uma característica que desafia toda a cadeia produtiva: sua distribuição é extremamente heterogênea nos lotes de grãos. Nesse contexto, a qualidade da informação gerada depende diretamente da representatividade da amostra coletada. E, cada vez mais, tecnologias rápidas como a espectroscopia no infravermelho próximo (NIRS) vêm desempenhando um papel estratégico ao ampliar a capacidade de monitoramento e fortalecer a confiabilidade das decisões.
A qualidade de uma análise de micotoxinas começa muito antes do laboratório. Ela começa no campo, passa pelo armazenamento e depende, fundamentalmente, de uma etapa que muitas vezes é subestimada: a amostragem.