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XXII Congreso Latinoamericano de Avicultura 2011

Técnicas de manejo para un segundo ciclo en reproductoras pesadas

Publicado el: 4/9/2011
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Resumen

La muda forzada como condición necesaria para un segundo ciclo productivo de las reproductoras pesadas, es una técnica de manejo utilizada con frecuencia en circunstancias coyunturales como: sobreoferta transitoria de pollitos BB, necesidad de incrementar la producción en corto tiempo o como alternativa ante situaciones especiales. Sin embargo, en las condiciones actuales, mediante una correcta implementación, puede integrarse a un programa sistemático y permanente explotación. No obstante, la muda forzada conlleva aspectos cuya valoración económica deberá ser analizada en cada caso para decidir su aplicación.

Estos factores son:
A favor: a) Incidencia cero del costo del BB reproductor. b) Posibilidad de disponer de huevos incubables en 8-9 semanas contra las 24 semanas que demanda una nueva recría. c) Consumo de 10 Kg menos de alimento balanceado por ave, que el necesario para una recría. d) El tiempo improductivo del galpón se reduce a un 21 % sobre el ciclo total de producción e) Pollitos BB de mayor peso y longitud.
En contra: a) Tiempo de producción mas breve (75 % del primer ciclo). b) Menor cantidad de huevos incubables por ave alojada (80 % del primer ciclo, homologado a 30 semanas de producción). c) Menos BB por ave alojada (75 % del primer ciclo, homologado a 30 semanas de producción). d) Mayor consumo de alimento por ave/día (5-7 g más) durante el periodo de postura. e) Alrededor de un 12 % menos de aves para la faena (bajas acumuladas durante las 38 semanas).

Considerando lo expuesto, la posibilidad de prolongar la vida útil de la gallina reproductora bajo condiciones competitivas de productividad, parece hoy un objetivo tan deseable como posible. El presente trabajo expone resultados de campo obtenidos durante el transcurso de 8 años con mudas forzadas en alrededor de 1 millón de reproductoras pesadas que ya habían cumplido con su primer ciclo de producción.

El objetivo fue sistematizar un método que permitiera mejorar la productividad durante el segundo ciclo y que pudiera ser incorporado a un programa permanente de producción.

Mecanismos de la muda 

Los mecanismos que determinan la iniciación y el proceso posterior, en la muda natural y en la forzada, no se conocen totalmente. Es probable que ambos tipos de mudas compartan algunos de estos mecanismos, pero seguramente existen también diferencias importantes.


Cambios anatómicos y fisiológicos durante la muda forzada


La muda forzada se desencadena con el retiro del suministro de alimento y con la supresión de la foto estimulación. “un animal hambriento puede perder casi todo su glicógeno y grasa, la mitad de la proteína del organismo y aproximadamente  el 40 % del peso vivo y sin embargo vive” (Scott, et al, 1973).

Durante la muda forzada la mayor parte de la pérdida de peso se produce a expensas del tejido adiposo. Determinados órganos como el hígado, el ovario y el oviducto sufren, al cabo de dos semanas de ayuno, una dramática reducción de su peso (50 %, 75 % y 65 %, respectivamente) representando en conjunto el 25 % de la perdida corporal total.

En el ovario los folículos en distintos grados de desarrollo sufren necrosis y reabsorción; el ovario regresivo solo contiene pequeños folículos.
Estos cambios, al menos en tal magnitud, no acompañan a la muda natural, donde el determinante principal parece estar asociado a la aparición de la fotorrefractariedad.


El papel de las hormonas


Existen numerosas investigaciones sobre el papel desempeñado por las hormonas en la muda, incluyendo la prolactina, la progesterona y la hormona del crecimiento. Haremos referencia, no obstante a aquellas cuya acción parece más determinante y demostrada.


Hormona liberadora de la gonadotrofina


Este péptido, resultante del estimulo lumínico sobre los fotorreceptores del hipotálamo, es producida por neuronas hipotalámicas secretoras y tiene por función estimular la producción de gonadotrofinas (L.H. y F.S.H) por el lóbulo anterior de la hipófisis, iniciando la catarata de acontecimientos hormonales subsiguientes.

La involución del sistema reproductor parece iniciarse en el eje hipotálamo-hipófisis por fallas en la transducción de energía fotónica en señales neurales, y por la hipófisis anterior misma, que se torna refractaria a los estímulos por GnRH, incluso la de origen exógeno.


Estrógenos y andrógenos


Son esteroides sexuales que ejercen un efecto inhibidor sobre las células embrionarias de la papila de la pluma.
La presencia en el plasma de cantidades compatibles con la reproducción, bloquea el crecimiento de plumas nuevas, aunque en apariencia, no detiene el crecimiento de aquellas plumas que ya han emergido del folículo.

Las gallinas tras la muda forzada pueden entonces, una vez recuperado el peso suficiente para que se reinicie la función ovárica, comenzar nuevamente la postura y continuar con el desarrollo de la mayor parte del plumaje faltante, aunque no llegan, sin embargo, a reponer las grandes plumas del ala y de la cola. En cambio, si la recuperación del peso se prolonga más allá de las 10 semanas, las plumas del ala son repuestas en su totalidad. (figura 1)

Figura1. Presentación esquemática de los mecanismos neuroendocrinos que controlan la reproducción de las aves (Etches,1996)


Corticosterona

Es muy posible que el rápido incremento de los niveles plasmáticos de corticosterona, consecutivo a la veloz caída de peso, constituya el primer paso en la secuencia de acontecimientos que se suceden durante la muda forzada y concluyen con la regresión ovárica.


Hormonas tiroideas


Es improbable que sean las responsables de la iniciación de la muda. Las concentraciones plasmáticas comienzan a elevarse tras la caída de L.H. y los estrógenos y sus niveles permanecen altos durante 25 a 30 días después de iniciada la muda. Estimulan el crecimiento de las plumas y elevan la temperatura corporal. El metabolismo basal aumenta durante la muda hasta un 45 %.


Materiales & Métodos


Entre el 2002 y el 2011, se replumaron alrededor de 1.000.000 de reproductoras Cobb 500 y 250.000 gallos Vantress de 65 semanas de edad, trasladados todos desde granjas donde cumplieron su primer ciclo de producción.
Recepción y ayuno: Cada partida de animales se alojó, separando los machos de las hembras, en galpones sin luz y sin suministro de alimento. En cada caso se empleó cama nueva de cáscara de arroz o viruta de madera, de valor nutritivo prácticamente nulo.


Manejo de la muda forzada en las hembras


Control del peso inicial: todos los lotes recibidos se pesaron al momento de ser alojados, tomando una muestra representativa de cada galpón (3 o 4 %; 100 o más aves), con los animales en ayunas y agua a discreción. Para las hembras el peso medio de la línea a las 65 semanas está en torno a los 4 kg, con extremos entre 3.8 kg y 4.2 kg.

Despique: recibimos usualmente aves sin despicar. Apenas iniciado el ayuno y con la máxima celeridad posible se efectúa el “mochado” del pico superior de las aves, quemando la parte córnea  hasta llegar a la dermis y periostio.

Supresión del suministro de agua: concluido el despique se suspende el agua de bebida por 48 hs. Esta práctica se sustenta en la idea de acentuar el stress y acelerar la pérdida de peso, asumiendo que durante este lapso las aves se verán obligadas a utilizar parte de sus reservas grasas para la producción de agua metabólica.

Clasificación:
existen dos criterios para la clasificación de las gallinas a replumar: Por peso o según hayan sufrido o no muda previa. En los lotes recibidos, entre un 30 y un 40 % de las gallinas habían replumado espontáneamente. Nos inclinamos definitivamente por clasificarlas en mudadas y no mudadas, por entender que existen entre ambos grupos aspectos fisiológicos y probablemente genéticos que justifican un tratamiento diferencial. Las aves que no han replumado, exhiben grados variables de desnudez, sobre todo en dorso y flancos, siendo el detalle más constante, el aspecto andrajoso de las alas por el desgaste de las grandes plumas. Existen también aspectos complementarios que facilitan la tarea como la despigmentación del pico, cañas, piel, etc  (Foto 1).

Por el contrario, las aves que han mudado espontáneamente son muy diferentes. Prácticamente todo el plumaje ha sido renovado, incluyendo las grandes plumas de alas y cola. Lucen por lo tanto más limpias y vestidas y, aunque hayan reiniciado la postura, poseen casi siempre cañas mas amarillas. Además, estas gallinas resultan consistentemente más pesadas (más de un 10 %) que las que no mudaron (Foto 2). Esta clasificación, tras un adecuado entrenamiento del personal; resulta relativamente sencilla.

Foto1

Foto 2

Control de la mortalidad: clasificados así los lotes, un trabajo efectivo, casi artesanal, para reducir la mortandad precoz, es elegir dentro de la población no mudada, aquel galpón con aves más livianas (alrededor del 20 %) y durante las primeras semanas retirar las aves visiblemente más pesadas para reemplazarlas por livianas que se van sacando del resto de los galpones. De esta forma, alrededor de los 15 días de comenzado el ayuno tendremos el primer lote que ya está en condiciones y necesariamente debe comenzar a comer. Independientemente de los días de ayuno, si la mortalidad diaria se acerca al 1 %, es una señal de luz roja que no se debe desatender.

En el otro grupo se encuentran las aves que exhibieron un replume previo. En estos animales el ayuno se prolonga al menos hasta los 28-30 días por dos razones: están mucho más gordas que sus hermanas y se resisten tenazmente a una nueva muda. A pesar del prolongado ayuno, este grupo recuperará  su peso rápidamente e iniciará  la postura antes que el resto.

Momento de suspender el ayuno: la referencia más común para estimar el peso adecuado para la conclusión del ayuno se basa en el porcentaje de pérdida de peso a partir del inicial. Este método no contempla la composición corporal, ya que una pérdida del 30 % puede resultar insuficiente para las aves de 4.2 Kg. (evidentemente sobre engrasadas), pero fatal para aquellas de 3.8 kg con un peso final poco compatible con la vida.
Hemos optado por el criterio de un peso absoluto determinado, ajustado a cada línea en particular e independiente del peso inicial, que en nuestro caso se ubicó en 2.8 kg de promedio.
Bajo nuestras condiciones ambientales, la pérdida de peso durante el ayuno puede estimarse en 52-54 g/gallina/día. Durante los últimos días de ayuno, sin embargo, la perdida diaria de peso llega a duplicarse y más (más de 100 g/gallina/día); signo evidente de que las aves

Por esta razón, si bien durante las primeras dos semanas resulta suficiente pesar a los 7 y 14 días, se debe  prestar atención a los lotes que muestren signos de haber entrado en la etapa de caída rápida de peso; verificando el mismo si fuese necesario, cada 48 hs. Este momento resulta coincidente con los 2.8 kg o algo menos, sugerido para esta línea. Promediando todos los lotes durante las distintas estaciones, esta condición se alcanza alrededor del día 21 de iniciado el ayuno. Deben tenerse en cuenta, no obstante, los lotes extremos.

Alimentación post-ayuno: al reiniciar el suministro de alimento (4ta semana), el aporte energético y de nutrientes será destinado a cubrir tres necesidades biológicas: 1. Formación del nuevo plumaje; 2. Recuperación del peso corporal y 3. Producción de huevos. Se utilizaron tres tipos de alimento: 1. Iniciador BB (EM 2923 Kcal; Proteína cruda 20 %; Met + Cist 0.81 %); 2. Recría (EM 2754 Kcal; Proteína cruda 15 %; Met + Cist 0.64 %); 3. Postura fase 2 (EM 2863 Kcal; Proteína cruda 16,30 %; Met + Cist 0.6 %; Ca 3 %)

En tabla 1 se muestran los tipos y cantidades de alimento suministradas en las distintas etapas de la muda forzada.

El uso de alimento iniciador se sustenta en la conveniencia de poner a disposición de las aves tras un ayuno prolongado, una buena calidad y cantidad de proteína en forma inmediata, para atender a la regeneración rápida de tejidos y formación de nuevas plumas. Con las cantidades de alimento sugeridas (150 gr. el primer día de la 4ta semana y 100 gr los 6 restantes), las aves alcanzan rápidamente un peso promedio cercano a los 3kg que les asegura lo primordial: la supervivencia.

Tabla 1



A los efectos de sincronizar la iniciación de la postura, el primer incremento (15 g de recría) se aplica a la totalidad de los lotes a partir de la segunda semana de consumo del último lote que recibe alimento (las ya mudadas, las más pesadas); mientras tanto al resto de los lotes (las más livianas) se los mantiene con 100 g de recría/ave/día. De esta manera al comenzar la postura, se pueden observar tres tipos de gallinas:

a) Las que mudaron totalmente su plumaje, incluidas alas y cola. Coinciden con las que han comido primero (las más livianas) que a la espera de las más pesadas para recibir incrementos de alimento, ven demorada la recuperación del peso necesario para reactivar el aparato reproductor, logrando de esa forma una muda completa (Foto 4a).
b) Las intermedias (la mayoría) que una vez iniciado el consumo reciben los incrementos en menos tiempo que las anteriores, alcanzando antes un peso que les permite desarrollar ovario y oviducto, a un punto donde la muda se detiene; quedan bien cubiertas, pero no llegan a completar el recambio de las plumas primarias (Foto 4b).
c) Las que tuvieron una muda previa, que aún siendo las últimas en reiniciar el consumo, ganan peso rápidamente y son usualmente las primeras en comenzar a poner. En parte esto es así, porque habiendo sufrido solo una muda parcial, disponen de una mayor cantidad de energía y nutrientes para ganar peso y necesitan menos para la renovación del plumaje. Están bien cubiertas, pero puede observarse la coexistencia de plumas nuevas blancas y limpias, con otras más amarillentas de su anterior replume (Foto 3a y Foto 3b). Las plumas del ala se han renovado totalmente en la muda anterior, por lo cual en algunas aves pueden observarse algún grado de deterioro. (Foto 4c)

Foto 3a (Plumas nuevas en el dorso de gallina tipo B; muda  parcial)

Foto 3b(Gallina Tipo B final muda parcial)

Foto 4a  

Foto 4b 

Foto 4c

Durante la fase de consumo de alimento los incrementos de peso de las aves (alrededor de 24 gr al día) deben ser constantes y controlados, para lograr sobre el final de la 8a  semana, una recuperación del 90 % del peso original, un  adecuado descanso y una buena reposición de plumas.

Plan de luz: en nuestra latitud y con galpones abiertos, el máximo de luz suministrada (natural más artificial) es de 16 horas. A partir de la 6ta semana de iniciada la muda y según la época del año se comienza con 13 a 14 horas totales, con incrementos semanales de 30´´ hasta llegar a las 16 hs. Con la metodología expuesta, las gallinas estarán en condiciones entre la 8ª y 9ª semana de iniciar su segundo ciclo de postura y mantenerlo durante 28 a 30 semanas (Foto 5).


Foto 5 Lote de reproductoras pesadas de 8 semanas con la muda finalizada, los gallos apareados y listas para iniciar su segundo ciclo de postura.

Retiros de alimento en producción: una referencia práctica para decidir ese momento es cuando tardan más de 4 hs en consumir el alimento (con comederos de cadena y alimento en harina) coincidiendo con la declinación de la tasa de postura. Los retiros son habitualmente de 1 a 2 g por semana, ocasionalmente 3 g. Los excedentes de alimento se manifiestan primero en las aves del grupo c.

Manejo de la muda forzada en los gallos

Los conceptos generales sobre los cuales se sustenta la inducción de la muda en las gallinas (retiro del estimulo lumínico, ayuno, etc.) son también válidos para los gallos.
Sin embargo, la circunstancia de encontrarse los gallos en su límite biológico de conformación y tamaño corporal, más el ajustado manejo necesario para el control de estas características, nos ubican en una situación  de tolerancia mínima de error.

Por las razones mencionadas, los gallos correctamente manejados durante el primer ciclo, llegan con una cobertura mínima de grasa, lo cual determina que el margen entre el estrés mínimo para inducir la muda y la muerte, resulte sumamente estrecho.

Deberán considerarse en consecuencias los siguientes detalles:

  • Pesar los gallos inmediatamente después de su llegada. Con alrededor de 24 hs de ayuno, los lotes oscilan entre 4.7 y 4.8 kg de peso promedio.
  • No restringir el agua.
  • Clasificarlos inmediatamente por peso, separándolos al menos en dos lotes: 1) Los que pesan 4.2 kg o menos. 2) Los de más de 4.2 kg.
  • Suministro de alimento. Para los más livianos y según el estado del lote, el acceso al alimento debe ser inmediato, o a lo sumo, al día siguiente. El lote más pesado deberá sufrir ayuno hasta acercarse a un peso promedio de 4 a 4.2 kg. Esto se logra habitualmente entre el 4to y 5to día. En cualquiera de los casos, durante la primera semana se les suministra alimento iniciador BB; 150 gr el primer día y luego 100 gr los 6 días siguientes.
  • Las pesadas de control durante el ayuno deben ser frecuentes. Con este procedimiento, al cabo de la primera semana de consumo se mantienen vitales, pero no suelen incrementar su peso; pudiendo incluso descender aún más (Foto 6).
  • Los incrementos del alimento deben ser semanales (a partir de la 2da semana se pasa a la formula de recría) y oscilan entre 10 y 15 gr/ave/día, hasta recuperar el 95 % del peso inicial; esto sucede alrededor de los 35 días de iniciada la muda, con un peso de 4.5 – 4.6 kg y un consumo de 140 – 150 gr/ave/día. Esta rápida y necesaria recuperación los pone en condiciones de ser apareados de la 5ta semana en adelante (Foto 7). Por esa velocidad de recuperación del peso y el consiguiente reinicio de la función testicular, solo mudan parte de las plumas del cuerpo sin llegar a reponer las grandes plumas del ala. (Fotos 8 a, b, c )


Foto 6Aspecto de un gallo 10 días después de iniciada la muda forzada   

Foto 7 Lote de gallos 30 días después de iniciada la muda. Abundante cantidad de plumas en la cama a pesar de ser una muda parcial.

Foto 8a Cuello: muda parcial 

Foto 8b Pierna: muda parcial

Foto 8cAla: Primarias casi sin mudar

Apareamiento. Los gallos se aparean alrededor de la 6ta semana de iniciada la muda, cuando comienzan a ponerse agresivos y pueden perderse algunos. Se acostumbran rápidamente a convivir con las gallinas, que ya están bastante cubiertas de plumas, están más tranquilos, y mejora visiblemente su estado  general durante las dos semanas subsiguientes.
Lo ideal es aparear un 10 % de machos y efectuar una renovación parcial (30 – 40 %) entre las 12 y las 15 semanas de postura, retirando aquellos que han perdido estado.

Resultados

Los resultados promedio logrados en el 30 % de los mejores lotes replumados, se muestran en tabla 2.

Tabla 2

Sem(a)

% M.H(b)

H. A/A(c)

% Post(d)

% Nac. Prom(e)

BB A/A(f)

1

0,16%

0,34

4,91%

65,70%

0,22

2

0,32%

1,65

18,74%

67,57%

1,09

3

0,50%

4,33

38,54%

73,90%

3,05

4

0,69%

8,10

54,09%

79,61%

6,01

5

0,86%

12,44

62,55%

81,32%

9,50

6

1,05%

16,95

65,18%

81,99%

13,15

7

1,27%

21,48

65,58%

81,68%

16,81

8

1,48%

25,95

64,80%

81,00%

20,39

9

1,72%

30,33

63,66%

79,66%

23,85

10

1,90%

34,64

62,66%

79,00%

27,21

11

2,09%

38,82

61,01%

77,36%

30,41

12

2,35%

42,92

59,92%

74,48%

33,43

13

2,59%

46,93

58,85%

74,38%

36,38

14

2,80%

50,87

57,80%

74,09%

39,27

15

3,04%

54,72

56,68%

74,22%

42,10

16

3,27%

58,45

54,99%

72,30%

44,77

17

3,58%

62,10

54,01%

71,24%

47,34

18

3,83%

65,65

52,74%

70,38%

49,82

19

4,06%

69,16

52,13%

70,26%

52,25

20

4,34%

72,58

51,06%

69,91%

54,62

21

4,58%

75,91

49,77%

69,88%

56,93

22

4,90%

79,23

49,69%

69,62%

59,21

23

5,16%

82,43

48,02%

67,78%

61,35

24

5,38%

85,59

47,56%

67,72%

63,47

25

5,65%

88,74

47,56%

65,48%

65,50

26

5,94%

91,81

46,46%

65,00%

67,48

27

6,19%

94,84

45,99%

65,32%

69,44

28

6,46%

97,71

43,71%

64,84%

71,28

29

6,65%

100,51

42,62%

63,49%

73,03

30

6,96%

103,20

41,21%

62,16%

74,69

 (a)=Semanas de postura; (b)=% mortalidad acumulada; (c)=Huevos por ave alojada; (d)=% postura; (e)=% de nacimiento; (f)= pollito BB por ave alojada.

En el grafico 1 se muestran las curvas porcentuales de postura y de nacimientos promedio, logradas en 30 semanas de producción (segundo ciclo).

Gráfico 1

Discusión
Algunos autores consideran oportuno distinguir entre perdida de plumas e interrupción de la puesta. Esta discusión parece un tanto ociosa, teniendo en cuenta que aún en las “mudas cortas” (tan comunes en ponedoras livianas), las 3 o 4 semanas de supresión de la puesta no son la única consecuencia de la caída en el nivel plasmático de gonadotrofinas y esteroides sexuales, sino que con ello, la renovación de gran parte de plumaje es un hecho inevitable.

Por otra parte, que las aves puedan afrontar nada menos que otro ciclo de postura con una buena cobertura de plumas; no parece un tema menor.

En el presente trabajo se lograron 103 huevos y casi 75 pollitos BB por ave alojada en un ciclo de 30 semanas de producción, con una mortalidad del 7 %. Para estos resultados se puso especial atención en varios puntos: 1) La muda se realizó sobre cama nueva; cuando se practica sobre cama usada, la pérdida de peso y la suspensión de la postura tienden a sufrir alguna demora. 2) El pesaje inicial de cada lote resulta fundamental para la programación del tratamiento adecuado, en cuanto a la pérdida de peso y al momento probable de reiniciar el suministro de alimento. 3) Si las aves no se agrupan en lotes homogéneos, se presentan cuanto menos dos alternativas indeseables: una, tener que adelantar el suministro de alimento para evitar la muerte de las más livianas (las mejores) y la otra, hacerlo en el momento adecuado para la mayoría, lo cual determinará un incremento de la mortalidad entre las aves más livianas.  4) El "mochado" de los picos es otro aspecto fundamental; sin esta operación, la muda forzada resulta impracticable, puesto que la mortalidad por picaje puede ser muy elevada. El “mochado” resulta suficiente para evitar el picaje, mientras que el corte de picos a esta edad, es tan cruento como innecesario. 5) Resulta fundamental separar tempranamente las aves mudadas de las no mudadas, para un adecuado manejo diferencial. Cuando la cantidad de animales disponibles para replumar es mayor que la necesaria, las ave que han mudado espontáneamente (tipo c) deberían desecharse, porque desde el punto de vista productivo resultan definitivamente inferiores. Si bien son las primeras en reiniciar la postura, también son las primeras en decaer. La cantidad de BB/AA es alrededor de 10 pollitos menos que en el resto (tipos a y b); porque a la menor cantidad de huevos debe agregarse una fertilidad inferior.
La técnica de la muda forzada en machos pesados parece inédita o de aplicación poco frecuente.

Existen datos de buena producción durante 20 semanas, en reproductoras pesadas con solo 6 semanas de interrupción de la puesta. La condición más importante a establecer es: ¿Cuál es el tiempo de descanso necesario para la recuperación del eje hipotálamo-hipofisario, el ovario, el oviducto y la gallina toda en relación con su producción futura?

¿Se puede obtener una performance similar a la expuesta con mudas más cortas? Es este un campo que merece ser más explorado.
Una ponderación universal sobre ventajas y/o desventajas de extender la producción durante un segundo ciclo es imposible.

 

Conclusiones
El método de muda forzada para reproductoras pesadas presentado aquí, permitió incrementar la producción de pollitos BB por ave alojada sobre los valores históricos de la empresa con otras metodologías. Resulta en consecuencia, un método recomendable para ser incorporado a un programa de explotación permanente.

 

Bibliografía consultada
Etches RJ. 1996. Reproducción Aviar. Editorial Acribia. Zaragoza, España. 
Furlan RL & Macari M. 2002. Aspectos Fisiológicos do empenamiento das aves. Fisiología Aviaria Aplicada a Frangos de Corte. Editorial Funep. Jaboticabal, Sâo Paulo
Jaureguy Lorda M. 2011. Comunicacion personal
North MO. 1984. Manual de Producción Avícola. Editorial El Manual Moderno. Buenos Aires, Argentina 
Sauveur B. 1992. Reproducción de las Aves. Editorial Mundi-Prensa. Madrid, España.
Scott, et al. 1973. Alimentación de las aves. Editorial GA. Barcelona, España.
Sturkie, Avian Phisiology. Fifth Edition. 2000. Academic Press. Elsevier. San Diego, California.

 
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