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XXIV Congreso Latinoamericano de Avicultura 2015

Problemas Locomotores: Interacción entre Manejo y Sanidad

Publicado el: 13/10/2015
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1. Introducción

Los problemas locomotores son todavía una de las causas más comunes de eliminación de pollos jóvenes, constituyéndose en uno de los mayores problemas de bienestar animal, causando aumento de la mortalidad tardía en aves más pesadas, problemas de calidad de las carcasas y hasta de los productos deshuesados. En todos los lotes de pollo de engorde en el mundo se observan aves con algún tipo de problema locomotor. Por esto es más adecuado determinar la prevalencia y no la incidencia de estas anormalidades. La prevalencia promedio de problemas de claudicación con defectos evidentes de las patas está entre 1 y 3% en lotes con buena productividad y sin ningún otro signo de enfermedad. Es importante diferenciar que los problemas locomotores o del caminar se correlacionan bien con defectos evidentes de las patas como el valgus/varus, pero la locomoción tiene correlaciones muy bajas con problemas óseos específicos como discondroplasia tibial (DT), o degeneración de la cabeza del fémur (Fernandes et al., 2012; Swalander, 2012).

Los problemas locomotores de mayor prevalencia en pollos de engorde tienen causas diversas que incluyen genética, desarrollo embrionario influenciado por características del huevo y de las condiciones de incubación, y desarrollo del aparato locomotor durante la primera semana que puede ser afectado por condiciones ambientales y nutricionales durante los primeros días de vida. Cuando la incidencia es mayor al 3%, se debe pensar en factores adicionales de tipo infeccioso, toxicológicos y mayores errores nutricionales que pueden haber generado otros síntomas de enfermedad en el lote de aves. Pero siempre es importante revisar que las aves no estén siendo expuestas a estrés causado por manejo subóptimo y no uniforme desde los huevos y durante los primeros días de vida. Para reducir la prevalencia y evitar incidentes que afecten a muchas más aves es necesario saber con exactitud cual es el problema, medir parámetros ambientales adecuadamente y su uniformidad desde las reproductoras, huevo, manejo del pollito en la incubadora y granja y hacer buen control de calidad del alimento.

Esta presentación tiene como objetivo hacer una sinopsis de los factores que pueden afectar la incidencia de problemas locomotores en pollos de engorde. Los problemas locomotores más comunes están relacionados con valgus/varus, dedos torcidos, problemas de la columna vertebral, patas torcidas, degeneración o infección de la cabeza del fémur u otras osteítis, y problemas de tendones. El autor ya ha publicado varios resultados de investigación y revisiones de literatura sobre todos los posibles factores que pueden afectar el desarrollo óseo, el aparato locomotor y la actividad física voluntaria de pollos de engorde (Oviedo-Rondón et al., 2006a, b; Oviedo-Rondón, 2007; Oviedo-Rondón et al., 2008a, b; Oviedo-Rondón 2009; Oviedo-Rondón et al., 2009; Oviedo-Rondón y Wineland, 2010 -2011; Oviedo-Rondón et al., 2012; Oviedo-Rondón y Wineland, 2012). Adicionalmente existen excelentes revisiones recientes de literatura sobre problemas de patas y óseos (Bradshaw et al., 2002; Coto y Waldroup, 2012; Wideman, 2014). Consecuentemente, en este texto no se discutirá en detalle cada aspecto y fisiopatología de cada problema, pero las referencias pueden ser exploradas para profundizar en cada factor y durante la exposición se presentaran algunos ejemplos.

 

2. Importancia de los Problemas Locomotores en Pollos de Engorde

Los desórdenes del sistema locomotor de las aves y la fragilidad de los huesos afectan negativamente las auditorías de bienestar animal, la calidad física y microbiológica de las carcasas así como los costos de producción. La menor actividad física de las aves y el alineamiento anormal de los huesos de las piernas (varus/valgus) han sido correlacionados con un mayor número de rasguños, callos en la pechuga y contaminación de las carcasas en el momento del sacrificio (Vaillancourt y Martínez, 2002). La asimetría de las porciones de las carcasas ocasionalmente causa problemas en las líneas de sacrificio y de deshuese automático requiriendo intervención manual y recortes de las carcasas. Igualmente, la fragilidad y la porosidad de los huesos en la epífisis de la tibia y el fémur constituyen un problema de calidad del producto final pues causan coloración rojiza de la carne o el ennegrecimiento del hueso durante la cocción y esta decoloración se extiende a la carne adyacente lo que se ha llamado síndrome de hueso negro. Las decoloraciones de los productos avícolas totalmente cocidos pueden causar hasta un 11% de rechazo, convirtiéndose en un problema importante durante la comercialización, especialmente en piernas y en pechugas (Smith y Northcutt, 2003). Finalmente, los problemas locomotores también pueden aumentar costos de producción cuando se hacen cambios nutricionales con la intención de disminuirlos o cuando se hacen restricciones al crecimiento que pueden ocasionar reducción en la productividad y otro tipo de situaciones de salud. Los cambios nutricionales para prevenir problemas óseos más comunes incluyen suplementación de mayor cantidad de calcio, fosforo, vitaminas o microminerales de mayor costo. Todas estas medidas pueden fallar si no se solucionan los problemas de desuniformidad en las condiciones de manejo desde las reproductoras, de manejo del huevo, de la incubación, manejo y transporte de pollitos, y manejo inicial de los pollos. Los problemas intestinales o estrés ambiental durante las primeras semanas de vida pueden desencadenar problemas óseos debido a la disminución del consumo o de la absorción de nutrientes.

 

3. Orígenes de los Problemas Locomotores.

Es claro que existe una cierta predisposición genética, entre líneas genéticas y entre individuos pertenecientes a todas las líneas genéticas, para presentar problemas del desarrollo de huesos, tendones, articulaciones o de la columna vertebral. Esto está correlacionado con fallas en los mecanismos de homeostasis del crecimiento debido a estrés lo cual generalmente ocurre cuando hay rápido crecimiento inicial sin adecuado desarrollo de algunos tejidos. Sin embargo, no se debe pensar que rápido crecimiento es la causa principal de problemas locomotores, o que la restricción del crecimiento de todo el lote de pollos es la solución para estos problemas que se presentan generalmente en 1 a 3% de la población. Es de recordar que siempre existe un 80 a 90% de las aves que crecen más rápido y sin problemas de patas visibles.

Por otro lado, en lotes de rápido crecimiento alrededor del 30% de las aves pueden presentar modificaciones en su caminar normal y este problema todavía puede ser causado por factores de estrés ambiental, durante el desarrollo embrionario o durante los primeros días de vida, y no solo por el rápido crecimiento. La prevalencia puede cambiar a lo largo del año y según la región, pues la intensidad del estrés ambiental cambia dentro de las máquinas incubadoras, los camiones de transporte de pollito, o en las granjas. Toda la información de investigación indica que los problemas locomotores más prevalentes observados en lotes sanos y de buena productividad son influenciados por la nutrición y el manejo de las reproductoras, las temperaturas y concentraciones de gases alrededor de cada huevo durante la incubación, temperaturas o condiciones de estrés durante el transporte a la granja, o durante los primeros días de vida y en algunos casos aspectos nutricionales de falta de biodisponibilidad de minerales y/o vitaminas.

En situaciones muy específicas, agentes patogénicos como bacterias tipo Staphilococcus, Enterococcus cecorum, reovirus o Micoplasmas pueden originar los problemas (Wideman, 2012; Sarsour et al., 2015). Todo indica que para que las aves presenten infección bacterial, condronecrosis y osteomielitis se necesita un gran desequilibrio de los aplomos en el ave como se presenta con aves criadas en jaulas con piso de alambre y con ángulos de 30º de inclinación (Wideman, 2012). Adicionalmente, se ha utilizado el modelo de investigación de crear inmunosupresión con inyecciones de dexametasona u otros glucocorticoides (Wideman, 2012). Debido a que los niveles de corticoides obtenidos con estas inyecciones no se presentan bajo condiciones fisiológicas, nuestro grupo investigó el efecto de la incubación en desarrollar asimetría y causar el desequilibrio en el caminar. Los resultados de nuestra investigación (Sarsour et al., 2015) indicó que la incubación sub-óptima con temperaturas bajas al inicio y altas durante los últimos 3 días, puede causar mayor índice de problemas de condronecrosis en las vértebras y mayor infección con Enterococcus cecorum.

Igualmente, tóxicos como grasas oxidadas, micotoxinas, contaminación con cadmio u otros metales pesados pueden generar problemas óseos. Las enteritis afectan la absorción de todos los nutrientes causando problemas de desarrollo de huesos pero al mismo tiempo claras señales de problemas de salud y bajo desempeño productivo. Igualmente los desafíos infecciosos, la restricción alimenticia severa en ciertas fases de la vida y el estrés por variaciones climáticas, especialmente estrés calórico, durante el transporte a la granja o primeros días de vida afectan el desarrollo de huesos y el comportamiento locomotriz de las aves. Estos factores infecciosos, tóxicos, patológicos y de estrés pueden influir en casos específicos o pueden ser concomitantes con los estreses ambientales.

En condiciones de enteritis, problemas de hepatotoxicidad o renales, las fuentes más potentes de vitamina D pueden ayudar a prevenir problemas óseos. Fritts y Waldroup (2003) evaluaron colecalciferol (Vit-D3) y 25-hidroxicolecalciferol (25-OH-D3) a 125, 250, 500, 1,000, 2,000, o 4,000 IU/Kg de actividad de vitamina D en dietas maíz-soya. Ellos observaron que la incidencia y severidad de DT fue significativamente menor en las aves alimentadas con 25-OH-D3, y DT fue reducida al incrementar los niveles de vitamina D sin impactar la fuente. Los resultados de este trabajo muestran que 25-OH-D3 es más potente metabólicamente que la vitamina D3 para mejorar el peso corporal, ceniza de la tibia, y reducir la incidencia y severidad de la DT. Estas diferencias fueron observadas principalmente a los niveles más bajos de vitamina D. A los niveles típicos industriales, pocas diferencias fueron observadas entre las dos fuentes.

Generalmente, usando alimento balanceado que promueve buen crecimiento, conversión y salud al 90% del lote es difícil encontrar factores nutricionales que causen problemas locomotores. Solo cuando el crecimiento, conversión y salud de por lo menos 20% del lote está afectado se debería sospechar que la causa es nutricional bien por el alimento directamente o por el agua. Los factores nutricionales que causan problemas locomotores ya se han descrito en publicaciones anteriores (Oviedo-Rondón et al., 2006a; Oviedo-Rondón et al., 2009b; Oviedo-Rondón, 2010; Coto y Waldroup, 2014). Los niveles de minerales como Zn, Mn, Cu, Se y vitaminas como B6, D, K deben ser revisadas en relación al desarrollo óseo y más atención se debe prestar en la formulación, balance y biodisponibilidad de estos micronutrientes. Los niveles de Ca, P, Na, Cl y el balance de los ácidos grasos Ω3:Ω6 en la dieta deben ser chequeadas en la formulación de alimentos para garantizar desarrollo óseo adecuado.

La utilización de la enzima fitasa debe ser revisada con cuidado cuando se le da valores de liberación de P y hasta Ca superiores a 0.12%. La mayoría de las fitasas hoy en día son termoestables para soportar el procesamiento de peletizado, pero tienen fechas de expiración y pueden ser susceptibles a deterioro en su actividad por estar en contacto por largos periodos con altas concentraciones de productos químicos como ciertos ácidos orgánicos. Está comprobado que el ácido cítrico, málico, el gluconato de sodio, gluconato de cálcio, el ácido glucono-δ-lactone, 2-hydroxy-4-(methilthio) butanoico (HMB; Alimet), y el ácido cítrico (1.5%) mejoran la actividad de las fitasas (Rafacz-Livingston et al., 2005; Liem et al., 2008; Hafeez et al., 2014). Pero el ácido fumarico, el EDTA (0.05 - 0.1%) no parecen ayudar a la actividad de las fitasas y puede estar involucrados en algunos casos de problemas de patas (Mirande, A., comunicación personal, AAAP 2015). Cuando una dieta depende de un aporte estimado de 0.14% o más de la fitasa y esta no actúa adecuadamente al liberar ese P fítico, esto puede generar ciertas deficiencias marginales en la población que pueden terminar afectando el desarrollo óseo de algunos individuos.

Sin embargo, siempre que se presenten situaciones en donde se piense que el alimento puede ser la causa de un problema óseo, lo más importante es revisar la composición nutricional real del alimento, la calidad de los ingredientes, el manejo y almacenamiento de las vitaminas, a través de análisis de control de calidad de alimento. Casi siempre la fórmula de la dieta puede estar correcta, pero fallas pueden haber ocurrido en la fabricación del alimento o en la concentración real de nutrientes utilizados. Mucha atención se debe prestar a todo ingrediente de las dietas que puede tener rancidez u oxidación evidente. La mayoría de los problemas de campo se deben a calidad de los ingredientes y fallas en el procesamiento de alimento más que a la formula.

 

4. Información Importante para Entender los Problemas Locomotores en Aves

El sistema locomotor está constituido por huesos, músculos, tendones, cartílagos y líquido sinovial en las articulaciones. Debido a su tamaño y fácil manipulación, generalmente los huesos son los únicos componentes comúnmente evaluados en el diagnostico e investigación de los problemas de patas de las aves. Sin embargo, es importante recordar las otras partes del sistema locomotor y la correcta alineación de las porciones para obtener una adecuada función locomotriz (Oviedo-Rondón, 2007). Las alteraciones de los huesos son comunes y fáciles de observar, pero poco se conoce sobre los tendones, cartílagos, líquido sinovial y biomecánica del movimiento en aves (Corr et al., 1998; 2003ª, b, 2007; Paxton et al., 2014). Por ello, ha sido difícil solucionar los problemas locomotores en aves. No se trata solamente de problemas de huesos. Muchos problemas de parálisis están relacionados con problemas neurológicos por compresiones a nivel de la médula espinal. En aves la sexta y séptima vertebras torácicas son flexibles y frecuentemente se observan desplazamientos que causan cifosis con compresión de la médula. Actualmente se observan otras condiciones como escoliosis, lordosis y abscesos contaminados por bacterias como Estafilococos, E. coli o Enterococus cecorum (Sarsour et al., 2015).

El desarrollo temprano del embrión puede estar muy relacionado con estas deformaciones de la columna vertebral. Problemas de desarrollo embrionario pueden afectar el alineamiento de la columna y también pueden causar asimetría de desarrollo entre los huesos de las dos patas y en otras características bilaterales. Cuando el crecimiento en grosor o longitud de los huesos no es simétrico el animal al caminar toma posiciones diferentes en los aplomos para mantener el equilibrio y la funcionabilidad. Con estos cambios de posición, los huesos comienzan a deformarse y la falta de un equilibrio adecuado, en ocasiones, termina también afectando la columna vertebral. Droual et al. (1991) reportaron una asociación entre escoliosis y cambios angulares en el tibiotarso. Aunque, este trabajo no prueba una relación directa de causa y efecto, sí sugiere que las deformaciones de las piernas pueden afectar la columna vertebral.

 

5. Cómo Reducir la Prevalencia de Problemas Locomotores

Para disminuir la incidencia de estos problemas es necesario identificar cada problema con el nombre técnico y ser consistente en los registros para obtener un valor de prevalencia lo mas exacto posible. Una vez conocida la prevalencia de cada problema es fácil determinar cuando existe un incidente. Una vez determinados los problemas más comunes en cada condición se pueden relacionar con posibles causas. Varios de los factores causantes de estos problemas locomotores requieren cambios de condiciones ambientales, mejoras en manejo de reproductoras, mejoras en las incubadoras, nacedoras y en el ambiente de la planta de incubación. Igualmente, se debe mejorar en las condiciones de transporte de los pollitos a la granja y en el manejo inicial del pollito.


5.1 Restricción del Crecimiento y Densidad de Alojamiento.

Las metodologías tradicionales para reducir problemas del desarrollo y metabólicos de pollos de engorde incluyen restricciones de alimento y programas de luz. En general, todas las opciones tradicionalmente utilizadas buscan reducir el crecimiento de todo el lote de pollos de engorde. Esto se debe a que se asocia todo problema metabólico únicamente al rápido crecimiento de las aves. La reflexión que se debe hacer es que si se sabe y se ha medido que la prevalencia es de 3%, se tienen datos que pollos con buen sistema locomotor crecen bien y más rápido que aquellos con problemas locomotores, porque se debe limitar el crecimiento del 100% del lote para mejorar un 3 a 5%?
Igualmente, el manejo de altas densidades de alojamiento puede afectar la locomoción solo cuando llega a impedir la movilización de los animales. Esto se comienza a observar cuando se tienen más de 17 aves/m2 o 37 kg/m2. Los cambios de densidad o aumentar espacio entre bebederos o comederos para estimular locomoción pueden reducir los problemas locomotores, pero también reducir la productividad de todo el lote. Inclusive, varios reportes recientes indican que poco efecto se tiene al hacer estas modificaciones de espacios de equipo.

No obstante, alojar a los pollitos en altas densidades, en espacios pequeños para proporcionales calor, pero restringiéndoles el espacio en el galpón puede afectar el espacio que estas aves aprenden a utilizar y terminan dando pasos más cortos y pasando más tiempo sentadas. El aprendizaje del ambiente puede causar que solo se movilicen en estos espacios reducidos y después tengan menor locomoción voluntaria en etapas posteriores de la vida (Muir y Chu, 2002; Muir y Gowri, 2005). Este detalle de manejo es uno de los problemas más frecuentes en producción avícola que termina causando una serie de problemas adicionales como mayores pododermatitis (Oviedo-Rondón et al., 2011).


5.2 Programas de Luz y Oscurecimiento

En cuanto a iluminación se debe tener en cuenta que esta tiene tres aspectos: duración del período de luz (fotoperíodo), tipo de luz utilizada (longitud de onda de luz), y la intensidad. Las experiencias de campo y los numerosos trabajos científicos indican que los factores de la luz deben variar gradualmente a medida que los pollos crecen. Inclusive el programa de luz para pollos creciendo hasta 49 ó 56 días debe ser diferente que para pollos de sacrificio temprano a la 5 ó 6 semana de vida. Adicionalmente, la diferencia entre luz y oscuridad es importante para obtener buenos resultados en los programas de iluminación. Las aves pueden ver a intensidades de luz entre 380 -507 nm lambda (Prescott y Wathes, 1999) lo cual es superior a lo que pueden observar los humanos en el espectro de luz UV. Esto indica que los luxómetros no son siempre los instrumentos más adecuados. Durante la primera semana de vida se observa que la duración más adecuada es de 23 horas con intensidades entre 20 y 40 lux. Si no hay suficiente luz los pollitos reducen su actividad en una fase crítica para desarrollar un buen sistema locomotriz. De todos modo, siempre se recomienda tener al menos una hora de oscuridad para acostumbrar las parvadas a este período de escotofase y permitir el crecimiento del hueso en la fase de oscuridad.

A partir de la segunda semana de vida, la mayoría de los productores avícolas en regiones avícolas desarrolladas que pueden controlar la luz comienzan a reducir intensidad y duración del fotoperíodo. La intensidad más comúnmente utilizada es cercana a 5 a 10 lux con 20 horas de luz o menos. Realmente, no existen trabajos científicos que prueben estadísticamente efectos nocivos de las altas intensidades de luz (40-150 lux) en ganancia de peso, consumo, conversión o inclusive mortalidad (Lien et al., 2009; Deep et al., 2010). Pero si existen reportes científicos que indican que disminuyendo el fotoperíodo e intensidad de luz se pueden reducir problemas metabólicos como ascitis, muerte súbita, DT y otros desordenes del sistema esquelético y locomotor (Buyse et al., 1996; Brickett et al., 2007; Petek et al., 2005; Olanrewaju et al., 2006; Lien et al., 2007). La industria avícola en varias áreas del mundo ha adoptado el oscurecimiento (3-5 lux de intensidad) de los galpones de pollo por experiencias o percepciones de los datos a gran escala que indican que menor intensidad de luz mejora conversión, reduce mortalidad, rasguño de carcasas, y algunos problemas locomotores. Los estudios científicos que no han observado efectos de la alta intensidad de luz en pollos de engorde han utilizado fases de oscuridad superiores a 6 horas con total oscuridad (0 lux). En condiciones comerciales en los Estados Unidos, se utilizan como mínimo 4 horas de oscuridad o menos y es muy difícil obtener oscuridad inferior a 2 lux. También existen pocos estudios científicos de luz que lleven los pollos al sacrificio a edades superiores a los 42 días, que es cuando aparentemente se ven mejores beneficios del oscurecimiento.

Para condiciones de galpones con cortinas en las que poco se puede controlar la intensidad de luz, el trabajo de Lewis et al. (2009a) que evaluó 10 fotoperíodos, indica que la menor mortalidad para pollos Cobb-500 y Ross-308 fue observada al utilizar fotoperíodos entre 13 horas desde el segundo día de vida hasta el día 35. La menor incidencia de muerte súbita fue observada con fotoperíodos cortos de 7 horas (Figura 4). El mejor desempeño total, evaluado por el índice de eficiencia europeo (EFF) fue observado con fotoperíodos de 12 horas (Figura 5). La intensidad de luz media en este estudio fue de 29 ± 2.3 lux. Esto indicaría que en condiciones subtropicales y tropicales, sin control de luz, no es conveniente adicionar más horas de luz pues la mortalidad o eliminación causa que el desempeño total se vea reducido.

Figura 4. Mortalidad y descarte (?), y incidencia de muerte súbita (?) en pollos de engorde Cobb-500 y Ross 308 criados a diferentes fotoperíodos desde los 2 días hasta los 35 días de edad. (Lewis et al., 2009). Intensidad 29 ± 2.3 lux.

Figura 5. Índice de Eficiencia Europeo (EEF) en pollos de engorde Cobb-500 y Ross 308 criados a diferentes fotoperíodos desde los 2 días hasta los 35 días de edad; y= 309.8 + 13.75p -0.897p2 + 0.0166p3, P <0.001, p = fotoperíodo. EFF=(viabilidad,% x peso vivo, kg)/(edad, días x conversión, kg/kg). (Lewis et al., 2009a). Intensidad 29 ± 2.3 lux

Cuando es posible controlar la luz, los programas intermitentes pueden ayudar a reducir las cojeras y problemas cardiovasculares incrementando la viabilidad (Buyse et al., 1996; Sørensen et al., 1999; Kristensen et al., 2004; Olanrewaju et al., 2006). Los resultados son positivos desde que la diferencia en intensidad de luz sea marcada entre los períodos de luz y oscuridad, y la intensidad en los períodos de luz no sea superior a 15 lux. El principal efecto de estos programas es que estimula que los animales tengan mayor actividad durante los períodos de luz. Aunque, esta mayor actividad general del lote puede incrementar la conversión alimenticia en algunos puntos y reducir la ganancia de peso, el resultado final puede ser mejor en aquellos lugares con alta incidencia de problemas metabólicos y locomotores. Reducir la intensidad de luz a medida que los pollos crecen aumenta las ganancias de peso y mejora la conversión alimenticia y si la oscuridad es excesiva puede disminuir la actividad locomotora voluntaria y generar problemas con pollos pesados. Altas intensidades de luz constante o aumentar la intensidad de luz a edades superiores a cinco semanas causan que la actividad de los pollos disminuya, la ganancia de peso aumente y la conversión alimenticia mejore (Guo et al., 2010).

El color de la luz es otro aspecto muy importante que afecta el comportamiento, desarrollo e inmunidad de las aves, pero no está comprobado que afecte la incidencia de problemas locomotores. Está comprobado que la luz azul o verde estimula el crecimiento (Rozenboim et al. 2004), la inmunidad, reduce el estrés de los pollos (Xie et al., 2008) y estimula el desarrollo de músculo esquelético de la pechuga, cuando es aplicada desde los primeros días de vida (Halevy et al., 1998). En el caso de galpones con cortinas, el uso de cortinas de color azul o verde puede tener un efecto positivo en la inmunidad y desempeño de las aves, pero nunca esto va ha ser tan efectivo como manejar la luz con la longitud de onda adecuada.


5.3 Manejo y Nutrición de Reproductoras en Problemas de Patas de Pollos

La nutrición y alimentación adecuadas de las reproductoras son básicas para el desempeño y la salud de la progenie. El desarrollo de los embriones depende totalmente de los nutrientes depositados por la gallina. Además, la gallina influye sobre el desarrollo embrionario a través de propiedades físicas de la cáscara como son la porosidad y el grosor que determinan directamente la conductancia. La conductancia de la cáscara determina la capacidad de intercambiar gases y vapor de agua y consecuentemente, afecta la utilización de los nutrientes por parte del embrión. Estos factores físicos, especialmente la capacidad de obtener oxígeno, determinan el tipo de metabolismo, la velocidad de formación de tejidos y el crecimiento en el embrión, especialmente durante los últimos tres o cuatro días de incubación cuando el desarrollo óseo y de todo el sistema locomotor es más rápido (Oviedo-Rondón & Wineland, 2012).

Nuestro grupo de investigación ha llevado a cabo varios experimentos (Eusebio-Balcazar et al., 2009; 2014, 2015) para evaluar los efectos de la nutrición y el manejo de las reproductoras sobre la incidencia de problemas de patas en los pollos. Se han evaluado factores como la genética; el cereal de la dieta (maíz vs. trigo); los programas de alimentación (g/ave/día) durante el crecimiento de la reproductora; cambios en el espacio de comedero disponible por reproductora al pasar del galpón de levante al galpón de producción; la restricción alimenticia (ad libitum vs. controlada) (Oviedo-Rondón et al., 2010); programas de restricción (alimentación diaria o cada otro día) (Oviedo-Rondón et al., 2012); y suplementación de microminerales orgánicos (Eusebio-Balcazar et al., 2010). Los resultados de estos estudios indican que la nutrición, el programa de alimentación y el cambio de espacio de comedero entre el levante y la producción afectan características del huevo como la relación yema/albumen y la conductancia de la cáscara. En estos estudios también se comprobó que existen diferencias entre las líneas genéticas comerciales en cuanto a características del albumen, porcentaje de cáscara y grosor de la membrana de la cáscara. Por ello, algunas líneas genéticas presentan una menor conductibilidad de la cáscara. Para dichas líneas genéticas de baja conductibilidad de la cáscara, el estrés por temperatura o un bajo nivel de oxígeno en las incubadoras y nacedoras pueden causar mayores inconvenientes para el desarrollo embrionario. En nuestros estudios, los cambios en las características del huevo incubable ocasionados por factores de manejo de las reproductoras estuvieron correlacionados con el desarrollo óseo de los pollitos al nacimiento y con problemas de patas y de locomoción en los pollos a 4 y 6 semanas de edad.

La progenie de las líneas genéticas de más rápido crecimiento y voracidad de consumo de alimento tuvieron menores problemas severos de valgus cuando las reproductoras fueron alimentadas de acuerdo a un programa con mayor restricción entre 14 y 20 semanas y cuando se les ofreció un espacio de comedero similar o menor al que tuvieron en la etapa de levante. Los procesos de selección genética causan diferencias en la prevalencia de problemas locomotores, pero el aumento en el espacio de comedero de levante a producción ocasiona que un buen número de reproductoras presente cambios en las características de conductibilidad de la cáscara del huevo que pueden influir sobre el desarrollo óseo durante el período embrionario de la progenie, e incluso sobre la probabilidad de observar problemas de patas en la sexta semana de vida de los pollos. Resultado similar fue observado al comparar el desarrollo óseo de la progenie de reproductoras alimentadas todos los días con otras alimentadas día de por medio durante el crecimiento. Los pollos de gallinas estresadas por alimentación restringida cada otro día (skip a day) tenían menor desarrollo óseo (Oviedo-Rondón et al., 2012).

En otros experimentos (Oviedo-Rondón et al., 2009 a, b; Eusebio-Balcazar et al., 2010) se evaluó la suplementación de la dieta con microminerales como zinc, cobre, manganeso y selenio de origen orgánico en forma de quelatos en las dietas de reproductoras o para reemplazar parcialmente la suplementación de minerales traza inorgánicos. Estas evaluaciones fueron realizadas utilizando condiciones de incubación con altas temperaturas en las nacedoras. Los resultados de estos estudios han indicado que los minerales orgánicos traza aumentan la fortaleza de la cáscara del huevo incubable, incrementan el tamaño de los huesos a la eclosión y reducen la asimetría relativa entre los huesos del metatarso de los pollitos. Además fue posible observar que los pollos provenientes de reproductoras alimentadas con dietas que contenían minerales orgánicos presentaban menos problemas de locomoción (escores de locomoción >1) y mayor fortaleza de las tibias a los 49 días de edad.


5.4 Incubación y Problemas Locomotores y de Huesos

En incubadoras comerciales hemos observado microambientes dentro de las máquinas incubadoras y nacedoras debido a problemas en los sistemas de ventilación y enfriamiento que no consiguen uniformizar el ambiente y eliminar el calor metabólico de los huevos. Las condiciones adversas que se generan pueden afectar el desarrollo óseo e incrementar los problemas locomotores de los pollos y otros problemas de salud. Estos efectos pueden deberse directamente a cambios a nivel del tejido óseo, cambios hormonales como el hipotiroidismo, o reducción en la absorción de nutrientes después de la eclosión, o por falta de nutrientes durante la última fase de desarrollo embrionario debido a la reducción en la utilización de la yema. Se ha observado que el mayor porcentaje de yema residual también está correlacionado negativamente con el desarrollo de los pollitos al nacimiento.

Los resultados de estos proyectos de investigación y de otros trabajos publicados en los últimos años indican que la adecuada pre-incubación con buen flujo de aire y evitar temperaturas bajas durante la incubación temprana son críticas para un desarrollo óseo adecuado, para reducir la asimetría relativa entre las dos piernas y para disminuir la incidencia de deformaciones de los dedos y de los huesos de las piernas (Oviedo-Rondón et al., 2008 a, b; Oviedo-Rondón, 2009; Eusebio-Balcazar et al., 2009). Por otro lado, las altas temperaturas y la hipoxia durante la última fase de incubación reducen el desarrollo óseo, incrementan la asimetría entre los huesos de las dos piernas y disminuyen la expresión genética, la producción de la proteína colágeno tipo X y la expresión del factor de crecimiento TGF-?, las cuales son moléculas importantes para la apropiada osificación. Finalmente, hemos observado como la incubación suboptima incrementa la posibilidad de observar osteocondrosis dissecans en los cartílagos de las vertebra torácicas libres e incrementar la infección de Enterococcus cecorum (Sarsour et al., 2015).

Asimismo, el desarrollo y fortaleza del tendón del músculo gastrocnemio son cruciales para la locomoción de las aves. Fallas en el correcto alineamiento, estructura y tamaño de las fibras de colágeno y de glicosaminiglicanos que conforman el tendón afectan el caminar normal, pueden causar reducción en la movilidad y, consecuentemente, pueden afectar el desarrollo de los huesos. Los resultados de nuestra investigación indicaron que las fibras de colágeno fueron más gruesas en los tendones de pollos incubados bajo condiciones optimas (37.5 ± 0.5 oC) de temperatura de la cascara (TC) que aquellas de pollos incubados bajo un perfil de baja temperatura (TC de 36.0 ± 0.5 oC) en la primera semana y elevada (TC de 38.5 ± 0.05 oC) en la ultima semana de incubación. En conclusión, las condiciones de incubación afectan además del desarrollo de los huesos, el desarrollo de los tendones.

Los efectos benéficos de una adecuada incubación sobre los problemas de patas en pollos también han sido observados bajo condiciones comerciales durante diez nacimientos en lotes de aproximadamente 80.000 pollos cada uno de una incubadora comercial y en granjas comerciales (Oviedo-Rondón et al., 2009c). Los resultados indicaron que los pollos obtenidos con el perfil de incubación mejor controlado de máquinas de una sola etapa tuvieron menor incidencia de dedos torcidos y mejor escore de locomoción que los pollos provenientes de máquinas de etapa múltiple donde las condiciones de temperatura son más difíciles de controlar.

Tratar de mejorar las condiciones de incubación puede reducir la incidencia de problemas de piernas en campo, pero no eliminarlos completamente (Oviedo-Rondón et al., 2006 a, b, 2008 a, b; Oviedo-Rondón, 2007, 2009 a, b, c, d). Para reducir la prevalencia de problemas de piernas en pollos también es importante prestar atención a la nutrición y manejo de las reproductoras puesto que afectan la composición de nutrientes del huevo y las propiedades de transferencia de gases y vapor de agua de la cáscara, lo que consecuentemente influye sobre el desarrollo óseo de la progenie. Es decir que tanto los manejos de reproductoras como los de la incubación deben ser adecuados para poder reducir los problemas locomotores. Finalmente, el transporte de los pollitos a la granja bajo condiciones de estrés puede aumentar los problemas de patas torcidas y los problemas locomotores (Oviedo-Rondón, 2009d).

 

6. Conclusiones

Los planes para reducir la prevalencia de problemas de patas deben comenzar con medir cuáles son los problemas identificando cuál es la prevalencia para determinar cuando aumenta la incidencia. Las acciones deben comenzar desde la nutrición y el manejo de la reproductora y la adecuada incubación para todos los huevos. Los resultados actuales de investigación indican que los cambios en la cantidad de alimento suministrado entre las 14 y 29 semanas de edad de las reproductoras y el cambio en espacio entre comederos entre el levante y la producción pueden afectar las características físicas de la cáscara del huevo incubable.

El aumento en el espacio entre comederos de las reproductoras en el momento de la fotoestimulación afecta el desarrollo de los huesos de la progenie durante el período embrionario. Los pollos provenientes de reproductoras que recibieron más espacio de comedero en el galpón de producción tuvieron peores escores de locomoción a las 6 semanas de vida comparados con pollos de reproductoras que mantuvieron espacios de comedero similares a los que tenían durante el levante. Progenie de reproductoras estresadas por excesiva restricción de alimento u otros factores, puede tener mayor incidencia de problemas locomotores. La nutrición del pollo no deja de ser importante, pero si aspectos del desarrollo embrionario fallan, es difícil que cualquier intervención nutricional tenga efectos positivos.

Mantener las correctas temperaturas durante la incubación es crítico para un correcto desarrollo de huesos y tendones y consecuentemente, para reducir la prevalencia de problemas locomotores en pollos de engorde. Las condiciones de transporte del pollito a la granja es otro factor a considerar para reducir los problemas locomotores. La restricción alimenticia no parece ser la metodología más adecuada para resolver problemas locomotores. A nivel de granja de pollo de engorde, es importante evitar las altas densidades al alojamiento y el restringir demasiado el espacio durante los primeros días de vida.

Es importante mejorar la intensidad de la luz los primeros días de vida, y aplicar programas de oscurecimiento a partir de la segunda semana de vida. Todos estos aspectos pueden ser una manera de minimizar problemas metabólicos especialmente aquellos relacionados con problemas locomotores.

 

7. Referencias

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