¿Dónde estamos poniendo el foco?
La producción porcina moderna ha experimentado en las últimas décadas un aumento sostenido en la prolificidad de las cerdas, lo que ha permitido mejorar indicadores productivos como los lechones destetados por cerda y por año. Sin embargo, este avance ha traído consigo un desafío biológico de gran magnitud, particularmente, la capacidad de la cerda para sostener fisiológicamente camadas numerosas sin comprometer su salud, la viabilidad fetal ni la calidad del lechón al nacimiento. En este contexto, la gestación y el periparto emergen como períodos críticos donde se define gran parte del éxito productivo del sistema. Sin embargo, gran parte de este período crítico no recibe, en general, la atención adecuada.
Si consideramos que la cerda atraviesa aproximadamente 115 días de gestación y 21 días de lactancia, más del 78 % del tiempo total transcurre durante la gestación, es decir, hasta su ingreso a maternidad. En esta etapa, el manejo suele limitarse a una rutina básica de suministro de alimento y agua, muchas veces sin controles adecuados ni una evaluación integral del estado de la cerda. En contraste, sólo alrededor del 22 % del tiempo (correspondiente al parto y la lactancia) recibe una atención más personalizada e intensiva ( ver fig 1)
Fig 1. Estimación del tiempo destinado a atención intensiva de la cerda (gestación vs lactancia)
Debemos considerar que la relación entre la cerda y su camada no puede entenderse como eventos separados, sino como una unidad biológica integrada donde el estado metabólico, endocrino e inmunológico materno condiciona directamente el desarrollo fetal y la adaptación neonatal.
Durante la gestación, la cerda atraviesa profundas modificaciones fisiológicas. En las primeras etapas predomina un estado anabólico que favorece la implantación embrionaria y la acumulación de reservas corporales. A medida que avanza la gestación, especialmente en el último tercio, el metabolismo materno se vuelve predominantemente catabólico, con el objetivo de sostener el rápido crecimiento fetal de la camada. Este cambio implica, entre otros, una mayor movilización de nutrientes, una disminución de la sensibilidad a la insulina y un incremento significativo de la actividad metabólica. Sin embargo, en cerdas hiperprolíficas, esta adaptación fisiológica puede transformarse en un estado de sobrecarga metabólica.
La evidencia indica que, en estas condiciones, se incrementa la producción de especies reactivas de oxígeno, generando un estado de estrés oxidativo en la cerda con un impacto negativo sobre la placenta. Este órgano transitorio, muchas veces subestimado en el manejo productivo, es el verdadero determinante de la supervivencia fetal. La placenta no solo actúa como una barrera de intercambio de nutrientes y gases, sino también como un órgano metabólico y endocrino altamente activo. Su eficiencia define la capacidad de cada feto para desarrollarse adecuadamente dentro del útero.
Alteraciones en la función placentaria, ya sea por exceso de condición corporal, inflamación o estrés oxidativo, reducen la capacidad de transporte de nutrientes y oxígeno, generando muertes fetales y fenómenos como la restricción del crecimiento intrauterino. En sistemas hiperprolíficos, donde el número de fetos supera la capacidad fisiológica del útero, estas limitaciones se vuelven aún más evidentes, aumentando la variabilidad de pesos al nacimiento, la proporción de lechones hipotróficos y la incidencia de nacidos muertos.
A este escenario se suma un componente clave que en los últimos años ha cobrado gran relevancia: la microbiota intestinal materna. Lejos de ser un elemento pasivo, la microbiota intestinal de la cerda actúa como un regulador central del metabolismo y la inmunidad durante la gestación. Cambios en su composición pueden inducir estados de disbiosis que favorecen la producción de lipopolisacáridos y la activación de respuestas inflamatorias sistémicas. Se ha demostrado que cerdas con mayor incidencia de nacidos muertos presentan un perfil microbiano caracterizado por un aumento de bacterias proinflamatorias y una mayor permeabilidad intestinal, lo que conduce a un incremento de citoquinas como IL 1β e IL-6. Este estado inflamatorio no solo compromete la función placentaria, sino que también altera el ambiente intrauterino, afectando directamente la viabilidad fetal. ( ver fig 2)
Esto pone en evidencia que el manejo de la cerda gestante no puede limitarse únicamente a los aspectos nutricionales clásicos, sino que debe integrar estrategias de monitoreo de la salud general y al mantenimiento del equilibrio de la microbiota.
Otro factor determinante en este período es el estrés materno. La cerda hiperprolífica está expuesta a múltiples fuentes de estrés, incluyendo condiciones ambientales inadecuadas, problemas locomotores, úlceras de escápula y cadera( situación de mucho dolor) interacciones sociales negativas y errores en el manejo. Este estrés activa el eje hipotálamo hipófiso-adrenal, incrementando la liberación de cortisol y citoquinas proinflamatorias. Estas señales no solo afectan el comportamiento y la aptitud materna, sino que también tienen un impacto directo sobre el feto, generando cambios epigenéticos que pueden alterar el desarrollo del sistema nervioso y digestivo. Además, se ha observado que el estrés materno puede acelerar la maduración intestinal fetal (por efecto de altas concentraciones de cortisol materno que difunde a través de la placenta), reduciendo la capacidad de absorción de inmunoglobulinas en el período neonatal, lo que compromete la transferencia de inmunidad pasiva.

Fig 2. Impacto del estrés en la cerda gestante sobre la salud futura del lechón
En este contexto, el desarrollo intestinal del lechón comienza mucho antes del nacimiento. Durante el último tercio de la gestación se produce una intensa actividad proliferativa en el intestino fetal, que determina su capacidad digestiva y su interacción con la microbiota en las primeras horas de vida. Alteraciones en este proceso, como las observadas en lechones con restricción de crecimiento intrauterino, se traducen en una menor superficie absorción intestinal, mayor permeabilidad y una colonización microbiana desfavorable. Estos animales presentan una mayor predisposición a trastornos digestivos, particularmente diarreas neonatales, lo que a su vez incrementa la necesidad de tratamientos antimicrobianos.
Otro aspecto relevante es la medicación de la cerda con antibióticos bajo modalidad profiláctica en la alimentación. Esta práctica, históricamente extendida, ha demostrado generar efectos contraproducentes. La baja biodisponibilidad de muchos antimicrobianos administrados por vía oral, sumada a su alta excreción fecal, favorece la disrupción de la microbiota ( disbiosis) tanto en la cerda como en el lechón ( el lechón neonato es coprofágico y puede llegar a consumir hasta 21.62 g/mat.fecal/día durante los primero 3 días de vida).
Esto no solo reduce la diversidad bacteriana y promueve la aparición de patógenos, sino que también contribuye a la selección de resistencia antimicrobiana, comprometiendo la eficacia terapéutica futura.
Un aspecto poco considerado en el control de la cerda gestante es el diagnóstico de anemia. Una hemoglobinemia < 100 g/L indica anemia, mientras que valores ≥ 110 g/L se consideran adecuados en el período preparto. Esperar lechones anémicos implica llegar tarde, el control de la hemoglobina materna es clave para la viabilidad neonatal. Debemos tener en cuenta que la calidad del lechón comienza en la hemoglobina de la cerda, no en el tratamiento del lechón
Frente a todo el escenario descripto, el manejo de la cerda hiperprolífica durante la gestación y el periparto debe abordarse desde una perspectiva integradora. El objetivo no es únicamente maximizar el número de lechones nacidos, sino asegurar su viabilidad y calidad. Esto implica, entre otros, ajustar el manejo nutricional para evitar tanto déficits como excesos, optimizar la condición corporal, incorporar nutrientes funcionales que favorezcan la angiogénesis placentaria y el desarrollo intestinal, y utilizar estrategias antioxidantes que mitiguen el estrés oxidativo.
Asimismo, es fundamental mejorar las condiciones de bienestar y reducir las fuentes de estrés, ya que estas impactan directamente sobre la fisiología materna y el desarrollo fetal. El control de la constipación en el período periparto, frecuentemente subestimado, también juega un rol clave, dado que se asocia con partos más prolongados, mayor liberación de endotoxinas y aumento de la mortalidad neonatal.
En síntesis, la cerda hiperprolífica representa un modelo biológico de alta eficiencia pero también de alta fragilidad. La clave del éxito productivo reside en comprender que la gestación no es solo un proceso reproductivo, sino un período de programación biológica donde se define la salud futura del lechón.
Un enfoque integrado que incluya la gestión metabólica, placentaria, microbiana e inmunológica posibilita optimizar el rendimiento de la cerda, disminuir la utilización de antimicrobianos y elevar la eficiencia en la producción.