Mal Rojo, una de las enfermedades rojas del cerdo

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Se presenta el caso clínico de mal rojo aparecido en los cerdos de una explotación de un cliente que se encuentra en una zona endémica del trastorno porcino situada al sur de la comarca ganadera de Badajoz capital, en Extremadura.
La explotación es de tipo extensivo de ciclo cerrado de unos 20 reproductores de los que las hembras son cerdas Ibéricas puras y los verracos son Duroc Jersey puros.
En la explotación anteriormente había verracos Ibéricos puros también pero durante la anterior crisis quedaron solo los Duroc. Las medidas de manejo de la explotación no son las más idóneas aunque el personal de la misma, compuesto por una sola persona, es voluntarioso.
Hay contacto entre todas las edades de los animales de la explotación, con el consiguiente riesgo de que la bioseguridad no sea eficaz. La misma bioseguridad es escasa en la granja; no existe control de entradas con riesgo sanitario para la explotación, no se realizan cuarentena de los animales que se incorporan a la explotación en momentos puntuales (de los cuales no se comprueban los estados sanitarios en los lugares de origen), etc.…
Las instalaciones de la granja exceptuando las cochineras y la cerca que se destina al destete no son las aconsejables para un buen manejo porcino.
Las cochineras tradicionales no disponen de mecanismos para poder evitar el aplastamiento de los lechones en la lactación y no están aisladas térmicamente para poder alcanzar un valor confort de temperatura por lo que en épocas adversas las camadas se ven mermadas.
No hay una separación entre las cochineras, cercas de destete, cerca de manejo de reproductores en mantenimiento y cerca de cebo.
Se realiza monta natural entre los reproductores.
La productividad de la granja está encaminada a la venta de animales de cebo, cumpliendo totalmente con el ciclo de producción del animal en la mayoría de los casos.
Los destetes se suelen realizar a los 50 días de parto.
No se usan desinfectantes ni detergentes en la explotación para la limpieza de las cochineras ni tampoco para las cercas de las distintas fases de cebo de los animales. Las cochineras solamente tienen paja como cama y al cabo de 3 ó 4 días aproximadamente se retira la paja con los excrementos de las madres y lechones y se añade nueva cama.
En todas las cercas de la explotación hay un suelo de tierra con la consiguiente ausencia de bioseguridad.
La explotación en el momento que comenzó el trastorno era libre a enfermedad de Aujeszky y Enfermedad Vesicular porcina pero no tenemos datos de otras patologías en la misma. En la explotación no se realizaban planes vacunales algunos salvo las vacunaciones oficiales de Aujeszky. Alguna vez que otra se han vacunado los animales de cebo contra el mal rojo porcino siempre que lo ha indicado el propietario.
La reposición dentro de la explotación porcina se realiza con animales propios de la granja. En otras ocasiones también se realiza la reposición con animales del exterior pero sin ser sometidos estos a cuarentenas ni a comprobaciones de los estados sanitarios de los animales del origen de los mismos.
No se realizan desparasitaciones ni de los reproductores ni de los animales de cebo en la explotación de una manera periódica salvo en ocasiones puntuales debido a situaciones evidentes de parasitación.
Datos de rentabilidad de la explotación no se dispone de una manera concreta. Tampoco se disponen de historiales reproductivos individuales de las cerdas de la explotación. No existe tampoco un control de la calidad reproductiva y eficiencia de los verracos de la explotación. Esta falta de control estricto de las producciones es frecuente en las explotaciones que visitamos.
En la explotación existen problemas patológicos diversos que hayamos podido constatar en diferentes edades pero el caso del mal rojo actual nos llamó bastante la atención. La mortalidad de la granja en condiciones normales puede llegar a alcanzar el 10% en los animales de cebo.


Estabilidad sanitaria en la explotación:
La explotación como comentamos tiene deficiencias sanitarias por lo que aunque la mortalidad sea alta los animales están en continuo contacto con los patógenos más frecuentes y no existen brotes sobreagudos de ninguna patología.


Brote clínico.
Al inicio del mes de noviembre del año 2012 en la explotación vacunamos a una partida de unos 25 animales de unos 4 meses con la primera dosis contra la enfermedad de Aujeszky. A los 20 días posteriores por indicación del propietario vacunamos por primera vez a los animales con vacuna inactivada contra la enfermedad del mal rojo a estos mismos animales anteriores y a otros cerdos mayores de unos 6 meses de edad que se encontraban en la cerca de al lado. Tres o cuatro días después de la vacunación de los animales contra el mal rojo porcino nos llamó el propietario diciendo que había habido 13 bajas de un día para otro de animales que habíamos vacunado tanto de animales que estaban en una cerca como en otra. Posiblemente antes de que fuéramos a realizar la vacunación de mal rojo habría habido en la explotación alguna baja súbita de la que no nos informó el propietario y por su cuenta y riesgo decidió pedirnos vacunar a los animales de mal rojo. Efectivamente nos presentamos en la explotación en la que pudimos presenciar el desastre. De estos 13 animales hicimos dos necropsias y nos sorprendió lo que encontramos en los mismos.

En la figura 1 se pueden observar los Ascaris suum que parasitaban los animales de menos edad que eran los que no habían sido desparasitados aun en la explotación. En la misma figura 1 se pueden detallar algunos signos de la enfermedad como las hemorragias septicémicas, la degeneración hepática presumiblemente por la gran parasitación, los parásitos, la coloración típica de la patología post-mortem, etc.


En la figura 2 se pueden ver claramente las lesiones vasculares al inicio de las necropsias de los animales.


En la figura 3 se puede resaltar la esplenomegalia típica de estas necropsias.

 

En la drástica figura número 4 se pueden observar el grupo de bajas de cerdos de la cerca de los animales un poco más mayores en edad y en peso.

Coloración típica de la patología post-mortem

 

En la figura número 5 se pueden ver las sufusiones petequiales renales de los animales de necropsia.

 

En la figura número 6 se pueden observar las lesiones septicémicas hemorrágicas de los animales necrosados.

 

En la figura número 7 se puede observar el detalle de un riñón de animal afectado en necropsia.

 

En la figura 8 podemos observar la esplenomegalia y las sufusiones petequiales renales de animales afectados en necropsia.

 

En la figura 9 se puede ver el estado típico de la mucosa gástrica que, como ya se sabe, puede presentar en necropsia desde estado catarrales a hemorrágicos.
El resto de los animales de las dos piaras tenían en general un estado normal salvo 3 que se encontraban postrados, febriles hasta el punto de ser alarmante la temperatura al tacto de los mismos. Estos animales no comían, no tenían ganas de moverse, no reaccionaban de una manera normal a estímulos.

Evolución del caso.
Se le recomendó al rebelde propietario que se tratasen los animales con antibiótico (Amoxicilina) inmediatamente para evitar más muertes. Se inyectaron los animales con Amoxicilina el mismo día de las necropsias y los 3 días sucesivos, dando una última dosis con Amoxicilina con efecto de 48 horas el 5º día.
De los 3 animales que se encontraban afectados y todavía vivos se llegó a morir uno a las 48 horas de la visita de las necropsias y los otros dos animales se recuperaron totalmente. También se le recomendó al propietario que se vacunaran y revacunaran los animales de mal rojo a los 15 o 20 días del día del las necropsias para evitar problemas de sobre-agudizaciones del proceso y para no interferir con el tratamiento instaurado.
Lógicamente se le recomendó el tratamiento de los animales de 4 meses afectados de la intensa parasitación para evitar la misma con flubendazol en pienso.
Desde entonces el cliente siempre realiza la pauta vacunal de mal rojo de los animales de cebo de su explotación con primovacunaciones seguidas de segundas vacunaciones a los 20 días y revacunaciones posteriores a cada 4 meses debido al endemismo de la patología.
En este caso como en la mayoría de otros de Mal Rojo porcino nos basamos en los signos clínicos, en las necropsias y en la evolución de los mismos procesos en las piaras para su diagnosis. No obstante en otros casos hemos realizado cultivos para aislamiento de el Erysipelothrix rhusiopathiae a partir de sangre entera, no suero, de animales afectados vivos no tratados pero en este caso no fue necesario como se puede comprobar.

 
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