La necesidad de obtener respuestas rápidas en la cadena de producción animal nunca ha sido tan grande.
En este escenario, la espectroscopia de infrarrojo cercano (NIRS) se ha consolidado como una herramienta altamente eficiente. Inicialmente se utilizó para análisis bromatológicos y nutricionales de materias primas y alimentos balanceados y, más recientemente, también para el control y monitoreo de micotoxinas en ingredientes.
Esto se debe a una razón clara: su simplicidad operativa y rapidez.
A diferencia de otras metodologías para el análisis de micotoxinas, el NIRS no requiere el uso de reactivos, etapas de extracción ni pipeteo. El proceso se limita a la molienda de la muestra y la lectura del espectro, permitiendo obtener resultados en muy poco tiempo.
En la práctica, esto convierte al NIRS en una tecnología única para la toma de decisiones en tiempo real.
Sin embargo, existe un aspecto crítico que debe discutirse: la rapidez, por sí sola, no garantiza una buena decisión.
La calidad de la predicción de micotoxinas mediante NIRS está directamente relacionada con la solidez de las ecuaciones de calibración desarrolladas. Estas ecuaciones solo son robustas cuando:
• Se basan en métodos de referencia altamente sensibles y específicos, como HPLC-MS/MS.
• Utilizan datos generados por laboratorios acreditados conforme a la norma ISO 17025.
• Se construyen a partir de bases de datos robustas, con cientos de muestras naturalmente contaminadas y representativas de las condiciones reales de campo.
Es decir, la eficiencia del NIRS depende esencialmente de la calidad científica que sustenta el modelo.
Hoy en día, esta tecnología ya permite predecir las principales micotoxinas presentes en los ingredientes utilizados en la alimentación animal, ampliando significativamente el potencial de control a lo largo de toda la cadena productiva.
No obstante, incluso con una predicción confiable, sigue existiendo un desafío fundamental: transformar los datos en decisiones.
Aquí es donde entra en juego un segundo pilar indispensable: la interpretación de la información.
Para que el análisis genere un valor real, es necesario contar con un sistema que permita:
• Procesamiento de datos en línea.
• Resultados instantáneos.
• Una interfaz sencilla y aplicable a la rutina industrial.
En la práctica, el flujo es extremadamente ágil: toma de la muestra → molienda → lectura en el NIRS → envío del espectro → interpretación inmediata.
Pero el verdadero diferencial no está en el proceso, sino en la capacidad de traducir ese resultado en un riesgo real para el sistema productivo.
Las empresas que logran integrar una predicción rápida con un análisis de riesgo dejan de limitarse al monitoreo y pasan a gestionar estratégicamente el riesgo de las micotoxinas.
La plataforma Olimpo, de Pegasus Science, fue desarrollada precisamente para resolver este desafío: integrar la predicción mediante NIRS con la interpretación del riesgo en tiempo real, transformando los datos analíticos en decisiones prácticas dentro de la operación.
En la práctica, esto se traduce en:
• Mayor seguridad en el uso de materias primas.
• Mayor precisión en la utilización de aditivos antimicotoxinas.
• Reducción de pérdidas silenciosas.
• Decisiones más eficientes, en el momento oportuno.
Si desea ir más allá del nivel operativo y controlar realmente el impacto de las micotoxinas en su sistema productivo, no basta con analizar: es necesario interpretar y actuar.
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