Introducción
Un factor clave en la eficiencia de los sistemas productivos lecheros es la crianza de hembras de reemplazo y que estas sean capaces de lograr todos los objetivos de crecimiento, reproductivos, sanitarios y de producción. Durante décadas, se ha estimado que producir hembras de reemplazo representa entre el 15 al 20% de los costos totales de producción, siendo el segundo gasto más elevado de las lecherías (Heinrichs et al., 1993). Dentro de este proceso, la fase de crianza o predestete (del nacimiento al destete) es la más costosa y la alimentación con leche o sustituto lácteo representa aproximadamente el 40% de los gastos totales (Boulton et al., 2017). Además, este periodo se caracteriza por una alta susceptibilidad a enfermedades y mortalidad (Urie et al., 2018).
En los últimos 20 años, la investigación sobre la crianza de terneras de lechería a aumentado considerablemente, promoviendo cambios en recomendaciones, las que no solo se han enfocado en mejorar el crecimiento y la sobrevivencia, sino también en optimizar el bienestar animal. Los objetivos sanitarios de el predestete incluyen una mortalidad inferior al 3% y una incidencia de enfermedades digestivas y respiratorias del 15 y 10%, respectivamente (DCHA, 2020). Por otro lado, una ganancia de peso diaria (GPD) superior a los 800 gr/día se considera óptima (Shivley et al., 2018). En términos reproductivos, el encaste debiese ser a los 12 a 13 meses de edad con el 55% del peso adulto y el primer parto entre los 21 a 24 meses con el 85% del peso adulto (DCHA, 2020). Sin embargo, lograr estos objetivos es sumamente difícil si no se satisfacen los requerimientos nutricionales desde el nacimiento (Drackley, 2008). Por otro lado, la nutrición de los terneros en sistema de crianza artificial, debiese considerar y adaptarse a la transición fisiológica del ternero, desde la fase de pre-rumiante a rumiante (Palczynski et al., 2023).
Hay que considerar que la crianza artificial de terneras de lechería es intensiva y caracterizada por manejos que generan estrés en los animales (Hulbert and Moisá, 2016). A su vez, el periodo de crianza o predestete es bastante reducido en tiempo en comparación con sistemas productivos de bovinos de carne y tradicionalmente, se ha implementado una restricción en la oferta de alimento lácteo, con el fin de estimular un desarrollo ruminal temprano mediante la introducción de alimentos sólidos (Kertz et al., 2017). No obstante, la investigación de las últimas dos décadas nos ha entregado evidencia de que una adecuada provisión de calostro en conjunto con una mayor oferta de leche, se asocia con beneficios en el crecimiento, salud y el bienestar de los terneros (Welk et al., 2023).
Cabe señalar, que la nutrición por sí sola no garantiza que las terneras alcancen su máximo potencial de crecimiento y productivo, esto debe ir acompañado de manejos que minimicen enfermedades y promuevan los comportamientos naturales de los animales (Welk et al., 2023). Por lo tanto, en este resumen se abordará la evidencia científica que existe para mejorar el bienestar de terneras de lechería y por consiguiente su crecimiento y producción desde el punto de vista de la nutrición láctea del nacimiento al destete.
Desarrollo
Administración del calostro
El manejo sanitario más importante para la sobrevivencia de terneras en la fase de crianza o predestete es una administración adecuada de calostro en las primeras horas de vida, garantizando así la transferencia efectiva de inmunidad pasiva (Godden et al., 2019; Lombard et al. 2020). Se reconoce ampliamente que los terneros nacen agammaglobulinémicos y con un sistema inmune inmaduro (Godden, 2009). Es por esto que los bovinos recién nacidos dependen exclusivamente de las inmunoglobulinas presentes en el calostro para tener protección contra patógenos en las primeras semanas de vida, un periodo crítico que se caracterizan por una alta susceptibilidad a enfermedades digestivas y respiratorias (Hubert and Moisá, 2016; Urie et al., 2018). Además de inmunoglobulina G (IgG), el calostro proporciona una fuente esencial de nutrientes, factores de crecimiento celular, compuestos antimicrobianos y otros inmunomoduladores que contribuyen a la protección inicial del ternero (Godden et al., 2019; Playford and Weiser, 2021; Sangild et al., 2021).
En relación al manejo del calostro hay 5 puntos clave para asegurar una adecuada transferencia de inmunidad pasiva: calidad inmunológica, calidad higiénica, cantidad a ser administrada, rapidez en la administración y cuantificación de la inmunidad pasiva. La calidad inmunológica del calostro se determina por su concentración de IgG, el anticuerpo predominante en esta secreción. Hay robusta evidencia científica que indica que la concentración mínima de IgG en el calostro destinado a la alimentación de terneros recién nacidos es de 50 mg/ml para asegurar transferencia de la inmunidad pasiva (Godden et al., 2019). En terreno, el uso del refractómetro ha demostrado ser una herramienta rápida, económica y confiable para la estimación indirecta de la concentración de IgG, la cual debiese ser de un mínimo de 22% Brix (Buczinski y Vandeweerd, 2016). Hay que tener presente que mientras mayor sea la calidad del calostro, habrá una mayor entrega de inmunoglobulinas y potencialmente mayor absorción y protección.
La calidad higiénica está asociada a la carga patógena, por lo general la contaminación proviene de una rutina de ordeña inapropiada, o a una deficiente higiene y desinfección de los equipos e instrumentos usados en la colección, almacenamiento y/o administración de calostro (Godden, 2009; Godden et al., 2019). Por otro lado, un calostro proveniente de una ordeña limpia puede aumentar su recuento total de bacterias si este se deja a temperatura ambiente por periodos de tiempo extensos, como referencia la población bacteriana se dobla cada 30 minutos a una temperatura ambiente de 21°C (Denholm, 2021). Incluso en días de invierno, si el calostro queda a temperatura ambiente el crecimiento bacteriano se enlentece, pero sigue generándose multiplicación bacteriana. Si bien un calostro de buena calidad no debiese sobrepasar las 50.000 ufc/ml para recuento total de bacterias, 10.000 ufc/ml para coliformes totales y 1.000 ufc/ml para E. coli, hay un beneficio directo en mantener calostro con una carga patógena menor a la que se ha mencionado (McGuirk et al., 2004; DCHA, 2019). Esto es debido a que una alta carga patógena afecta la eficiencia de absorción de inmunoglobulinas, ya que patógenos pueden unirse a la molécula de IgG o bloquear la absorción en el enterocito (Godden et al., 2019).
Por otro lado, la cantidad de calostro recomendada en la primera alimentación del ternero se ha establecido en 10 a 12% de su peso vivo al nacimiento, lo que para un ternero Holstein equivale a 4 litros (Godden et al., 2019). Existe evidencia que una segunda alimentación del 5% del peso vivo aproximadamente 10 horas después de la primera alimentación podría generar una reducción en la presentación de enfermedades en las primeras semanas de vida (Abuelo et al., 2021). Finalmente, el calostro debe administrarse los antes posible posterior al nacimiento, debido a los cambios que ocurren a nivel del sistema digestivo del ternero recién nacido, en el cual las células epiteliales inmaduras solo pueden absorber macromoléculas de manera no selectiva por 24 horas (Godden, 2008). De todas formas, la capacidad de absorber macromoléculas va disminuyendo con cada hora posterior al parto, por lo cual lo ideal es administrar calostro en la primera hora post parto (Godden et al., 2019).
Impacto de la inmunidad pasiva en morbilidad, mortalidad, crecimiento y producción futura
La inmunidad pasiva en el caso de los bovinos es un mecanismo transitorio de defensa mediado por la transferencia de anticuerpos maternos presentes en el calostro (Lora et al., 2018). Si bien carece de memoria inmunológica, proporciona protección principalmente durante las primeras semanas de vida, un periodo caracterizado por una alta susceptibilidad a enfermedades debido a la inmadurez del sistema inmune del neonato bovino (Hubert y Moisá, 2016).
En el año 2019 fueron propuestas 4 categorías de inmunidad pasiva basadas en la cuantificación de IgG en el suero de terneros Holstein (Tabla 1). Para facilitar el trabajo en terreno, se puede realizar una estimación indirecta por medio de la medición de las proteínas totales en suero con un refractómetro (Lombard et al., 2020). Estas categorías han sido ampliamente asociadas con una menor presentación de enfermedades y con una menor mortalidad. Lombard et al. (2020) reportaron una diferencia del 10% en la morbilidad y 4% en la mortalidad entre terneros clasificados en la categoría "pobre" en comparación con aquellos en la categoría "excelente". Además, se ha descrito que los terneros en la categoría "pobre" presentan un riesgo de 1,49 a 1,57 veces mayor de desarrollar enfermedades digestivas, de 1,39 a 2,0 veces mayor de presentar enfermedades respiratorias y de 2,47 a 4,39 veces mayor de mortalidad en comparación a terneros de la categoría pobre comparado "excelente" (Crannell y Abuelo, 2023; Sutter et al., 2023).

Existen limitados estudios en los que se ha evaluado las categorías de inmunidad pasiva con el futuro desempeño reproductivo y productivo de las hembras de reemplazo. Sin embargo, se ha reportado que terneras de la categoría "pobre" presentan una reducción del 64% en la probabilidad de alcanzar primera inseminación artificial, un 55% menos de probabilidad de lograr una inseminación exitosa y un 24% menor probabilidad de alcanzar el primer parto que hembras en la categoría "excelente" (Crannell y Abuelo, 2023). Adicionalmente, en análisis exploratorios realizados dentro del marco de mi labor científica, se observó una menor edad a la primera inseminación artificial en terneras de la categoría "excelente" comparadas con la "pobre". Aunque no se detectó una diferencia estadísticamente significativa en la producción de leche en la primera lactancia, se estimó una diferencia de 1.040 litros de leche en favor de la categoría "excelente" en comparación con la "pobre" (datos no publicados).
Estrategias de alimentación láctea para terneras de lechería
De manera tradicional, la fase de crianza en terneras de lechería se ha caracterizado por una alimentación láctea restrictiva (ALR), la que busca acelerar la transición a una dieta sólida para favorecer el desarrollo ruminal temprano (Khan et al., 2011; Kertz et al., 2017). Este tipo de estrategia nutricional suministra el 10% del peso vivo al nacimiento en alimento lácteo (Tabla 2), que, en el caso de los sustitutos lácteos, suele contener un 20% de proteína y entre 20 a 22% grasa en base a materia seca (Kertz et al., 2017). Es de importancia destacar que la formulación de los sustitutos lácteos puede generar diferencias en digestibilidad dependiendo de los ingredientes incorporados en comparación con la leche entera (Chapelain et al., 2025). El sistema ALR busca estimular el consumo temprano de concentrado de iniciación dentro del primer mes de vida, ofreciendo ventajas económicas, dado que la alimentación láctea representa el mayor costo dentro de la crianza de terneras de reemplazo (Boulton et al., 2017). Sin embargo, el limitar el consumo de alimento lácteo durante la crianza ha sido asociado con un compromiso en el crecimiento debido a la menor ingesta de nutrientes, lo cual repercute en el bienestar, salud de los terneros e incluso en su futura producción (Khan et al 2011; Chester-Jones, 2017; Welk et al., 2023).

En la reunión anual de Dairy Calf and Heifer Association (DCHA) en 2023, se catalogó la alimentación láctea como una ración totalmente mezclada en forma líquida. Esto se suma a la evidencia que los terneros pueden consumir más de 9 litros de leche al día sin evidenciar efectos negativos en su salud (Khan et al., 2011; Rosenberger et al., 2017). Por lo cual, esta información sugiere que los terneros requieren una oferta mayor al 10% de su peso vivo de alimento lácteo para lograr saciedad (Palczynski et al., 2020). En este contexto, el sistema de alimentación láctea intensificada (ALI) busca suministrar una oferta de leche que sea superior a los requerimientos de mantención del ternero, asegurando un suministro adecuado de nutrientes no solo para la mantención y el crecimiento si no también para enfrentar desafíos sanitarios y estresores propios de la crianza artificial (Palczynski et al., 2020; Welk et al., 2023). Esta estrategia se basa en ofrecer al menos el 20% del peso vivo del ternero al nacimiento en leche entera o sustituto lácteo (25-28% de proteína y 20% de grasa en base a materia seca; Tabla 2) durante la fase de crianza. Cabe destacar, que la estrategia ALI requiere un aumento progresivo en la oferta de leche durante los primeros días de vida y un destete gradual en las últimas semanas de la fase de crianza. Como ejemplo, un ternero Holstein en sistema convencional consume 4 a 5 litros de leche o sustituto lácteo al día por 7 u 8 semanas. En el sistema intensificado ese mismo ternero consume al menos 8 litros al día, repartido en al menos dos tomas por un promedio de 10 semanas.
De todas formas, hay que considerar que la estrategia ALI retrasa el consumo de alimentos sólidos, lo que podría postergar la transición a rumiante y aumentar los costos de crianza (Kertz et al., 2017). Esta ha sido una de las mayores problemáticas asociadas a esta estrategia de alimentación. Sin embargo, existe robusta evidencia de que el consumo de concentrado de iniciación se mantiene bajo durante las primeras 3 a 4 semanas de vida y esto es independiente de la cantidad de leche ofrecida (Rosenberger et al., 2017; Curtis et al., 2018; Tabla 3). Diversos autores reportan que el consumo de concentrado de iniciación en estas semanas es de aproximadamente 50gr/día, lo cual no es suficiente para representar un ingreso calórico y de nutrientes significativo para el ternero (Khan et al., 2011; Rosenberger et al., 2017; Curtis et al., 2018). Es por eso que el limitar el consumo de alimento lácteo al 10% del peso vivo del ternero limita la disponibilidad de nutrientes en una etapa crítica de la crianza. Cabe mencionar que los terneros alimentados con estrategia ALI incrementan rápidamente su consumo de concentrado de iniciación una vez iniciado el destete progresivo, alcanzando y superando la recomendación actual de los 1,5 kg/día para el destete (Curtis et al., 2018; Jafari et al., 2021). Además, este tipo de estrategia nutricional contempla una extensión de la fase de crianza entre 9 a 12 semanas dependiendo de la cantidad de leche ofrecida por sobre el 20% del peso vivo. Con estas consideraciones se ha reportado que no hay un estancamiento en el crecimiento o en el consumo de concentrado posterior al destete (de Passillé et al., 2011; Curtis et al., 2018). De todas maneras, el consumo de concentrado de iniciación es fundamental para el desarrollo ruminal y debiese comenzar a ofrecerse en pequeñas cantidades en los primeros días de vida, incluso si su consumo es bajo.

La información disponible sobre el desarrollo ruminal en terneros alimentados bajo la estrategia ALI es limitada. Se ha reportado que al día 35 de vida, terneros alimentados con 8 litros al día de sustituto lácteo presentan menores concentraciones de ácidos grasos volátiles (AGV) en comparación con animales alimentados 4 litros al día (Jafari et al., 2021). Esta diferencia se atribuye a una menor ingesta de concentrado de iniciación durante las primeras semanas de vida, lo cual impacta la fermentación ruminal en esta etapa (Khan et al., 2007). No obstante, en la fase del destete y posterior al destete, los terneros que consumieron 8 litros al día tuvieron mayores concentraciones de AGV que terneros con ALR (Khan et al., 007; Jafari et al., 2021). Se ha propuesto que esta diferencia se debe a la implementación de un destete progresivo en estrategias ALI, lo que fomenta el mayor consumo de concentrado de iniciación y forraje, promoviendo un adecuado desarrollo funcional del rumen (Khan et al., 2007; Jafari et al., 2021; Wu et al., 2021).
Impacto del plano nutricional lácteo en crecimiento
La evidencia científica es consistente en reportar mayores GPD en animales criados bajo estrategias ALI o ad-libitum comparados con ALR. En el 2023 una revisión bibliográfica identificó 56 estudios en los que se evaluó el efecto de ALI en el crecimiento, de estos estudios el 90% encontró una asociación positiva entre la oferta de leche y GPD (Welk et al., 2023). Esta mayor GPD va asociada a la mayor disponibilidad de nutrientes en la dieta y también a una mayor digestibilidad de la leche o sustitutos lácteos de alta calidad en comparación con los concentrados de iniciación (Orellana-Rivas et al., 2020; van Nierkerk et al., 2020; Jafari et al., 2021). No obstante, existe un amplio rango de GPD publicados y no todos corresponden a GPD asociadas con eficiencia productiva.
En el año 2018 fueron propuestas 3 categorías de GPD para terneros Holstein en la etapa de crianza (Pobre < 0,64 kg/día, Regular 0,64-0,82 kg/día, Excelente > 0,82 kg/día; Shively et al., 2018). En estudios que han evaluado ALI se han descrito GPD entre los 615 gr/día hasta 1,04 gr/día (Rosenberger et al., 2017; Curtis et al., 2018; Jafari et al., 2021; Ivermeyer et al., 2022). Sin embargo, también existe evidencia que terneros con dietas ALR pierden condición corporal en las 4 primeras semanas de vida a diferencia de terneros con dietas ALI (Curtis et al., 2018). Esto implica que el crecimiento en estos animales continua a expensas del catabolismo de sus propios tejidos, lo cual es un claro indicador de un insuficiente consumo de nutrientes. Finalmente, no hay evidencia consistente en el impacto de ALI en la GPD posterior al destete, por lo cual no se puede implicar un impacto de ALI al largo plazo (Welk et al., 2023). De todas formas, se ha reportado que animales que mantienen una GPD de al menos 0,75 kg/día tienen una mayor probabilidad de tener un parto a los 24 meses (Wathes et al., 2014). Es por eso que la nutrición láctea especialmente en el primer mes de vida, es fundamental para mantener GPD adecuadas a lo largo de la fase de crianza y recría.
Impacto del plano nutricional en bienestar
Esta ha sido una de las áreas más estudiadas respecto a la estrategia de ALI en terneros de lechería. Se ha demostrado que ofrecer mayores volúmenes de alimento lácteo no solo reduce comportamientos que generan estados negativos en terneros, sino que también contribuye a resguardar las libertades de los animales descritas por Farm Animal Welfare Council en 1979.
La literatura científica ha documentado una amplia variedad de comportamientos en terneros alimentados con estrategia ALR y ALI. Entre los más relevantes se encuentran la motivación por el consumo de leche, las manifestaciones conductuales asociadas al hambre y la aparición de comportamientos antagónicos hacia otros terneros cuando son criados en grupo (De Paula Vieira et al., 2008; Krachun et al., 2010; Welk et al., 2023). En estudios que emplean alimentadores automáticos, se ha observado que los terneros con dietas ALR presentan un mayor número de visitas sin recompensa al alimentador, lo que indica un estado no logrado de saciedad. Además, estos animales exhiben con mayor frecuencia conductas como el amamantamiento no nutritivo y el consumo rápido de su ración en comparación con terneros bajo una estrategia ALI (De Paula Vieira et al., 2008; de Passillé et al., 2011; Rosenberger et al., 2017). Por ejemplo, se ha determinado que los terneros alimentados ad-libitum realizan en promedio 2,1 visitas diarias sin recompensa al alimentador, mientras que en los terneros ALR realizan 24 visitas, con una duración superior a los 4 minutos por evento (De Paula Vieira et al., 2008). Estas visitas reiteradas reflejan un estado de hambre persistente y la repetición de estos comportamientos a lo largo del día reduce el tiempo dedicado a conductas indicadoras de bienestar, como el descanso y el juego (Krachun et al., 2010; de Passillé et al., 2011).
El juego, ya sea individual o en colectivo, se considera un indicador clave del bienestar en terneros (Krachun et al., 2010). Se ha reportado que, en las primeras tres semanas de vida, el tiempo dedicado al juego disminuye en terneros con ALR, probablemente debido a un menor aporte energético (Krachun et al., 2010; Duve et al., 2012). Asimismo, los terneros alimentados con dietas restrictivas vocalizan con mayor frecuencia, especialmente en estudios donde la alimentación es administrada manualmente por personas (De Paula Vieira et al., 2008). Se ha sugerido que esta vocalización ocurre como una estrategia para solicitar más alimento. Por otro lado, se ha descrito que los terneros con ALR tienden a mostrar una mayor competencia por los recursos, aunque este comportamiento no ha sido documentado de manera consistente (De Paula Vieira et al., 2008; Welk et al., 2023). Un patrón similar ocurre con el chupeteo dirigido hacia otros terneros o hacia objetos dentro del corral, conducta que ha sido observada en algunos casos, pero su frecuencia y consistencia varían entre estudios (Ivermeyer et al., 2022; Welk et al., 2023).
Impacto del plano nutricional lácteo en salud
La nutrición desempeña un papel crucial en la respuesta inmune de cualquier especie animal, ya que se requiere de proteína, energía, vitaminas y minerales para desarrollar una respuesta inmune eficiente y acorde a la edad y grado de maduración del sistema inmune del ternero (Galyean et al., 1999; Vlasova y Saif, 2021). Como fue mencionado con anterioridad, la administración de calostro y la obtención de inmunidad pasiva es el manejo que tiene el mayor impacto a nivel sanitario. La evidencia sobre el efecto de ALI en la salud es variable (Welk et al., 2023). Por ejemplo, se han descrito tanto menores incidencias de diarreas, como también mayores incidencias (Quigley et al., 2006; De Paula Vieira et al., 2008; Wu et al., 2021). En este respecto, hay que señalar que el aumento en la oferta de leche puede cambiar la consistencia de la materia fecal, sin que eso necesariamente se traduzca en un proceso patológico. Por otro lado, en los estudios publicados puede existir diferencia en la definición de caso de enfermedad clínica, es infrecuente el reporte de la severidad del evento de salud, el tiempo de recuperación o la presentación de enfermedades subclínicas. Por lo cual aún queda por evaluar un sin número de factores asociados a la dieta y la salud de los terneros.
También se ha evaluado el estrés e inflamación en terneros con distinta oferta de alimento lácteo. Se ha reportado que terneros con ALI tienen una menor concentración de cortisol sérico en los primeros 28 días de vida cuando se compara con terneros con ALR (41,8±3,8 vs 58,4±3,8 nmol/l, P=0,01) y una menor concentración de amiloide A sérico a los 14 días de vida (6,11±0,26 vs 6,98±0,26, P< 0,05; Alimirzaei et al., 2019). Sin embargo, ambos indicadores fueron más altos al destete, probablemente ya que este fue realizado a los 57 días y podría implicar una menor adaptación al proceso del destete.
Impacto del plano nutricional lácteo en futura producción
El impacto del plano nutricional lácteo sobre el desarrollo del tejido mamario en terneras ha sido evaluado por distintos investigadores, siendo destacados los trabajos de Geiger et al. (2016) y Soberon y Van Amburgh (2017). En estas investigaciones, se comparó el desarrollo de la glándula mamaria de terneras con estrategia ALI y ALR, utilizando sustituto lácteo (Tabla 4). A pesar de que las condiciones de los estudios fueron diferentes, en ambos casos las terneras fueron eutanasiadas al destete para evaluar el peso tanto de la glándula mamaria como del parénquima mamario. Los resultados reportaron un aumento de 3,4 a 5,2 veces en el peso de la glándula mamaria y de 5,9 a 7,3 veces del parénquima mamario favoreciendo a los animales con un plano nutricional intensificado.

Por otro lado, se ha estudiado el efecto del plano nutricional lácteo y GPD predestete con la producción de leche en la primera lactancia. La evidencia sugiere una tendencia o un aumento significativo en la producción de leche a los 305 días, con incrementos superiores a los 1.100 kg de leche por lactancia en comparación con hembras alimentadas con ALR (Soberon and Van Amburgh, 2013; Gelsinger et al., 2016; Ahmadi et al., 2022). Además, se ha estimado que por cada kg adicional de GPD en la crianza, hay un aumento entre 850 y 1.113 kg más de leche en la primera lactancia (Soberon et al., 2012). Incluso se ha estimado que aproximadamente el 25% de la variación en la producción de leche en la primera lactancia podría deberse a GPD en la crianza (Khan et al., 2011). No obstante, a la actualidad aún no hay publicaciones que evalúen si los costos de la estrategia ALI son compensados con una mayor producción y longevidad en la vida adulta.
Conclusiones
La fase de crianza o predestete de terneras de lechería es la etapa más costosa en la producción de hembras de reemplazo. Potenciar la inmunidad y nutrición desde el nacimiento al destete aumenta significativamente la probabilidad de cumplir con los objetivos sanitarios, de crecimiento, productivos y reproductivos, permitiendo que estos animales alcancen su potencial genético. El manejo del calostro es fundamental para reducir el riesgo de enfermedades y mortalidad en las primeras semanas de vida, pero también hay evidencia de un efecto a largo plazo en la reproducción. Por otro lado, la alimentación de los terneros en sistemas de crianza artificial debiese ajustarse al desarrollo del sistema digestivo, desde pre-rumiante a rumiante, con un enfoque particular en aumentar el consumo de leche en el primer mes de vida, momento en el que el consumo de alimentos sólidos permanece bajo. Un buen manejo del calostro, en conjunto con un aumento de la oferta de alimento lácteo, en conjunto con el ofrecimiento de un concentrado de iniciación de buena calidad y palatable son una estrategia clave para asegurar un correcto desarrollo de las hembras de reemplazo. Esto no solo favorece su crecimiento, sino que también genera beneficios en bienestar animal y futura producción.
Este artículo fue presentado en las LII Jornadas Uruguayas de Buiatría 2025, Paysandú, Uruguay.