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Factores en la crianza de terneros con genotipo lechero durante el periodo de lactación

Publicado: 10 de marzo de 2026
Fuente: Jose Alejandro Roque Jimenez / Universidad Autónoma de Baja California (UABC)
La crianza de terneros en hatos lecheros es un enorme desafío, por lo que en las granjas se emplean diversas prácticas para obtener los mejores resultados posibles. Estas actividades se centran en la crianza de hembras sanas, que en el futuro se utilizarán para la renovación del hato, mientras que cualquier ternero que nazca se utiliza para sistemas de pre engorda o como material genético en los hatos. La mayoría de los ganaderos venden estos machos a instalaciones especiales de crecimiento acelerado donde los animales están destinados a convertirse en carne. Con esta opción, el tiempo que se mantienen los animales, y por lo tanto el tiempo de crecimiento, depende en gran medida de la época de lactación en la que los terneros adquieren la capacidad metabólica y la facilidad de crecimiento en periodos futuros. Por lo tanto, en los establos lecheros, independientemente del sexo, la práctica más común es destetar a los terneros de sus madres casi inmediatamente, lo que puede deberse a varias razones: desde el deseo de cuidar mejor al ternero, incluida la administración de la cantidad correcta de leche al día y el calostro de mejor calidad; para reducir el estrés asociado con el destete de los terneros de sus madres; para reducir la incidencia de enfermedades; y, lo que es en verdad el factor más importante, para poder reducir los costos de crianza asociados con la administración de sustitutos de leche y la venta de leche entera de las vacas, así como la comodidad de cuidar a los cuidadores de los animales. No obstante, en el caso de los terneros machos, los criadores a menudo no prestan atención a la calidad del calostro ni a su momento de administración, por lo que su inmunidad pasiva es baja. Recientemente, la atención de cada vez más consumidores se ha centrado en el bienestar animal y la calidad de crianza; por lo tanto, se han modificado las prácticas utilizadas en los establos lecheros, para incrementar un comportamiento de crecimiento adecuado e integral.
El manejo de la alimentación durante el primer período de vida del ternero es crucial para asegurar su desarrollo, bienestar y productividad. El efecto de las estrategias de alimentación en el desarrollo de los terneros predestetados se ha reportado en varios de los artículos revisados en este trabajo. Además, el efecto de cada práctica de manejo de la alimentación sobre el bienestar animal se ha investigado en varias publicaciones. Así, como se en explica en la Figura 1, se describen los aspectos clave de cada manejo de la alimentación desde (a) administración correcta de calostro (Seppä-Lassila et al., 2016), (b) alimentación líquida hasta el destete (van Niekerk et al., 2021), (c) alimentación con alimento sólido de inicio (Engelking et al., 2020; Palczynski et al., 2020), y (d) manejo del destete (Bach et al., 2010).
Factores en la crianza de terneros con genotipo lechero durante el periodo de lactación - Image 1
Figura 1. Manejo integral propuesto actualmente para lograr un crecimiento satisfactorio en los terneros con genotipo lechero.
Según los estudios revisados, la ingesta de calostro afecta el bienestar desde una perspectiva de la función biológica y de la salud, ya que es esencial para la inmunidad del ternero. Las publicaciones han demostrado que es crucial proporcionar cantidades suficientes de calostro de alta calidad con contenido nutricional y de inmunoglobulinas y lograr esta inmunidad en la 1.ª h de vida. El calostro de alta calidad tiene una concentración de IgG > 50 g/L (Godden, 2008). En los estudios revisados, se utilizaron dos enfoques para evaluar el impacto del calostro en la inmunidad del ternero, así como las características del calostro y la asimilación de la inmunidad pasiva en el ternero.
En términos de características del calostro, los sustitutos maternos y comerciales se han estudiado como dos tipos de calostro según su naturaleza. Los sustitutos comerciales tienen una absorción adecuada de IgG y son menos propensos a estar contaminados microbiológicamente (Lago et al., 2018). Sin embargo, cuando se ofrece calostro materno, los terneros muestran un mayor crecimiento al destete, un mejor desarrollo inmunológico y metabólico y mayores concentraciones de IgG en sangre (Lago et al., 2018; Quigley et al., 2019) . La calidad del calostro materno varía según la vaca y los factores de manejo ambiental. Por ejemplo, varios estudios han demostrado que las vacas multíparas producen mejor calostro que las vacas más jóvenes, ya que tiene una mayor concentración de IgG y mejores propiedades nutricionales (Bach et al., 2010). Sin embargo, un protocolo de vacunación adecuado y una alimentación adecuada de las vacas secas son esenciales para reducir el fracaso de la transferencia pasiva (Lago et al., 2018; Quigley et al., 2019).
El momento de la recolección y el tiempo transcurrido entre la recolección y la administración también son importantes. Si la calidad del calostro es deficiente o se administra en un momento inapropiado, la transferencia de inmunidad pasiva fallará. Esto conlleva una disminución del bienestar de la función biológica y la salud. Por lo tanto, cuanto más se tarde en recolectar el calostro después del parto, menor será la concentración de IgG (Bach et al., 2010), y su administración al ternero debe realizarse lo antes posible (Phipps et al., 2016). Si el calostro no puede administrarse de inmediato, las prácticas de higiene y almacenamiento son factores clave. En malas condiciones de higiene, el calostro puede estar contaminado bacterianamente (Phipps et al., 2016; Quigley et al., 2019). Si no es posible mantener una higiene óptima, se pueden utilizar tratamientos térmicos como la pasteurización a 60° durante 60 min (Godden, 2008; Lago et al., 2018) o el tratamiento a alta presión a 400 MPa durante 15 min (Phipps et al., 2016). Estos tratamientos reducen la concentración de bacterias patógenas y mantienen la calidad de la IgG (Phipps et al., 2016). Además, el calostro se puede almacenar congelado, ya que la congelación y la descongelación no afectan las concentraciones de IgG siempre que la descongelación se realice al baño maría y la temperatura no supere los 40 °C (Godden, 2008).
También es clave para evaluar la calidad del calostro. El refractómetro Brix es una herramienta precisa, aceptable y rápida para evaluar la calidad del calostro con una repetibilidad excelente (Bartens et al., 2016; Chigerwe & Hagey, 2014). Por consiguiente, el calostro se puede clasificar como bueno si > 22% Brix y malo si < 18% Brix (Chigerwe & Hagey, 2014). Es importante destacar que no se recomienda mezclar calostro de mala calidad con calostro de buena calidad (Phipps et al., 2016; Quigley et al., 2019). Aunque la calidad del calostro se ha estudiado ampliamente, no se ha establecido su relación con la cantidad a administrar. Por lo tanto, aumentar la cantidad de calostro, reducir el tiempo entre el nacimiento y la administración del calostro o aumentar la cantidad de leche entera después del calostro se han reconocido como buenas prácticas (Bartens et al., 2016; Chigerwe & Hagey, 2014), y mejoran el bienestar desde una perspectiva de función biológica y salud.
Como se mencionó anteriormente, las características del calostro son tan importantes como la asimilación de la inmunidad del ternero. El éxito o el fracaso de la transferencia de inmunidad pasiva se ha estudiado ampliamente (Bach et al., 2010; Lago et al., 2018). Por ejemplo, se ha encontrado una relación entre la transferencia pasiva exitosa y una menor probabilidad de desarrollar enfermedad entérica o respiratoria (Lora et al., 2018). Además, las concentraciones más bajas de IgG y proteína sérica total en los primeros 3 días de vida se asocian con tasas de crecimiento reducidas (Bartens et al., 2016; Chigerwe & Hagey, 2014).
Todo lo anterior presupone que una buena calidad y cantidad de calostro es esencial para la crianza de terneros y para garantizar el bienestar desde una perspectiva de función biológica y salud en esta etapa (Lora et al., 2018). En resumen, el mejor protocolo de manejo del calostro, con menos fallos en la transferencia pasiva, es administrar un volumen de calostro de alta calidad equivalente al 10-12% de su peso corporal en las primeras 2 h y una comida adicional correspondiente al 5% del peso corporal 6-8 h después para reducir la morbilidad y la mortalidad (Chigerwe & Hagey, 2014; Phipps et al., 2016).
Según los estudios revisados, el manejo de la alimentación líquida afecta el bienestar animal en tres ámbitos (van Niekerk et al., 2021). Desde el punto de vista de la función biológica y la salud, es esencial proporcionar alimentación líquida de buena calidad, concentración y volumen para que el animal esté bien nutrido. Además, la cantidad de alimentación líquida y la frecuencia de la misma afectarán el estado afectivo o el juicio cognitivo, ya que los terneros bien alimentados no deberían sufrir hambre. El sistema de administración también afecta el entorno natural de la vida, ya que la alimentación con pezón se asemeja más al comportamiento natural de succión.
Los terneros deben ser alimentados adecuadamente para cubrir sus requerimientos nutricionales y apoyar el desarrollo y maduración del tracto gastrointestinal, permitiendo que el ternero digiera y absorba nutrientes (Palczynski et al., 2020; Seppä-Lassila et al., 2016; van Niekerk et al., 2021). La ingesta insuficiente de leche retarda el crecimiento postnatal y puede afectar el desarrollo de órganos como los intestinos y las glándulas mamarias (Hammon et al., 2020). La ingesta de alimento líquido también influye en la ingesta de alimento sólido (Quigley et al., 2019) y el crecimiento del ternero. Según Soberon et al. (2012), cuanto mayor sea la ganancia diaria promedio durante el predestete, más leche se producirá en la primera lactancia. La programación epigenética, aún en investigación, sugiere que la dieta es uno de los factores ambientales más importantes que influyen en la expresión genética de la producción de leche (Soberon et al., 2012b). Sin embargo, las estrategias óptimas de alimentación son altamente inciertas en los estudios revisados (Hammon et al., 2020). Además, inevitablemente se requerirán ajustes en la gestión de las prácticas de alimentación de los terneros. En esta etapa, se han estudiado diferentes alternativas, considerando el tipo de dieta líquida y suplemento, la cantidad y concentración, la frecuencia o el método de administración. Independientemente de la estrategia adoptada, una higiene adecuada es esencial para prevenir problemas de salud en los terneros, reducir la carga bacteriana patógena y romper las cadenas de infección. Por ejemplo, existen varios estudios que se centran principalmente en la limpieza de tetinas y cubos artificiales, ya que estos se presentan como el punto crítico central (Quigley et al., 2019)
Por otro lado, no se encontró una mejora significativa en el desarrollo de los terneros en relación con el tipo de leche. Las publicaciones revisadas se han centrado en el uso de un sustituto de leche, leche de transición o leche descartada (Soberon et al., 2012b). Sin embargo, cuando se utiliza un sustituto de leche, el factor más crítico es mantener un contenido de proteína por encima del 28%, ya que el contenido de proteína de la leche está directamente relacionado con la ganancia diaria (Bach et al., 2010; Soberon et al., 2012b). El contenido de grasa debe mantenerse en el rango de 17-25%. Es importante que el sustituto de leche sea de alta calidad, ya que los sustitutos de leche de mala calidad pueden afectar el bienestar a través de la morbilidad (diarrea) y también el hambre a través de la inanición (Bach et al., 2010).
Existe una amplia variedad de protocolos de alimentación en la bibliografía revisada y no hay consenso sobre la mejor práctica. Tradicionalmente, se ha utilizado la alimentación restringida para promover la ingesta de alimento sólido, pero estas restricciones han resultado en desnutrición e inmunosupresión (Engelking et al., 2020), lo que contribuye a un estado de bienestar negativo. Por el contrario, otros autores han investigado protocolos de administración de ordeño ad libitum, con beneficios para el crecimiento, pero retrasos en el desarrollo del rumen ya que los animales consumen menos alimento sólido (Seppä-Lassila et al., 2016). Por lo tanto, se debe encontrar un equilibrio entre alentar a los terneros a comenzar a comer sólidos y evitar la inanición si se alimentan solo de leche. También se han revisado otros protocolos que involucran la cantidad, la frecuencia o la concentración de leche. Por ejemplo, se ha demostrado que alimentar con el 20% del peso corporal del ternero en leche reduce la ingesta de alimento y el desarrollo del rumen antes del destete (Mee, 2023). Alternativamente, el desarrollo del rumen es mejor con el 10% del peso corporal (Contreras et al., 2024). Por el contrario, algunos protocolos proporcionan una cantidad de leche independientemente del peso corporal, con cantidades y concentraciones variables. No se conoce el número óptimo de comidas dosificadas por día (Palczynski et al., 2020; van Niekerk et al., 2021).
Varios autores han señalado que el protocolo de alimentación tiene un impacto significativo en el bienestar. Dependiendo del protocolo, los terneros pueden sufrir de hambre o frustración, lo que empeoraría el bienestar animal en estados afectivos o juicio cognitivo y esferas de vida naturales. Para saber si los animales tienen hambre, se podrían estudiar comportamientos orales no nutritivos (Pempek et al., 2016), succión cruzada (Jung & Lidfors, 2001) y vocalizaciones (Bolt et al., 2017). Además, cuando los animales no sienten hambre, participan en más juego locomotor, lo que es un indicador positivo de bienestar (Quigley et al., 2019). A pesar de la falta de un protocolo claro sobre la cantidad, concentración y frecuencia de administración en los resultados de la revisión, varios autores han reportado mejores resultados en términos de resultados de salud y crecimiento con cantidades fijas de alimento líquido a mayores densidades de nutrientes durante el período de lactancia en comparación con un aumento gradual (Bolt et al., 2017; Jung & Lidfors, 2001).
Independientemente del protocolo utilizado, existen varias maneras de ofrecer leche. La alimentación en balde está muy alejada del comportamiento natural de succión del animal, y enseñar a los animales a beber de un balde requiere entrenamiento y esfuerzo. Hasta el 60% de los terneros saben beber leche de un balde a los 3 días de edad (Mandel et al., 2017). Otra opción es utilizar biberones con tetinas, que son más compatibles con el medio ambiente natural. Con este método, los animales muestran menos succión no nutritiva (Bolt et al., 2017). Además, a lo largo de la literatura revisada, el método de alimentación se ha modernizado con la introducción de comederos automáticos de leche, que se introducen a los animales alrededor de los 5 días de edad y se pueden alojar en grupos de 10 a 15 terneros (Mandel et al., 2017). Estos comederos controlan con precisión la ingesta de leche de los animales (Jorgensen et al., 2017), pero aún se está investigando su efecto sobre el bienestar de los terneros.
Por todo lo anterior, los autores enfatizan la necesidad de proporcionar leche de buena calidad y elegir un protocolo de alimentación adecuado, con una cantidad fija de leche ofrecida al inicio y reducida gradualmente a medida que se acerca el destete, para satisfacer las necesidades nutricionales de los terneros, evitando al mismo tiempo el hambre (Jorgensen et al., 2017; Medrano-Galarza et al., 2017). También es importante monitorear el comportamiento animal para saber si tienen hambre, si hay un aumento de vocalizaciones o comportamientos orales no nutritivos. Se necesita más investigación para determinar la cantidad, concentración y frecuencia óptimas que garanticen el mejor bienestar animal en las tres esferas. La literatura revisada muestra que el manejo de la alimentación sólida tiene un impacto significativo en el crecimiento y el bienestar. A nivel de estados afectivos o juicio cognitivo, un manejo adecuado de la alimentación ayuda a reducir el hambre o las molestias digestivas. La composición de la dieta, la ingesta y la disponibilidad de agua son esenciales para el desarrollo ruminal y, por lo tanto, afectan el bienestar animal a través de su función biológica y de la salud.
El desarrollo ruminal adecuado durante el predestete es crítico. La ingesta de alimento sólido desempeña un papel fundamental en el desarrollo y la maduración ruminales. El protocolo de alimentación con leche tiene una gran influencia en la ingesta de alimento sólido, y los programas de alimentación con dieta alta en líquido pueden comprometer la ingesta de alimento sólido en las primeras semanas de vida (Jorgensen et al., 2017; Pempek et al., 2016; Soberon et al., 2012b). El factor más importante en la promoción de la ingesta de alimento sólido es la disminución en la leche disponible después de los 40 días de edad, ya que esto puede conducir a la desnutrición antes de este momento (Medrano-Galarza et al., 2017).
Una dieta sólida debe proporcionar la proteína y la energía necesarias para el crecimiento del ternero (un promedio de 23,4 % de proteína y 32,3 % de almidón en materia seca; Palczynski et al., 2020). Además, el método de alimentación, la palatabilidad del alimento sólido y la cantidad consumida son importantes para el crecimiento del ternero y para evitar molestias digestivas (Lusby, 2006), que podrían reducir el bienestar a nivel de estados afectivos o de juicio cognitivo. Además del alimento de inicio, las prácticas de alimentación de los terneros deben incluir el suministro ad libitum de agua para maximizar la ingesta del alimento de inicio y el aumento de peso. El aumento de peso se reduce cuando se priva a los animales de agua (Jorgensen et al., 2017; Lusby, 2006) y se deteriora el bienestar animal (Medrano-Galarza et al., 2017). Por otro lado, actualmente se debate si la inclusión de forraje en la dieta de inicio puede beneficiar a los terneros (Lusby, 2006). La alimentación con forraje se ha promovido desde una perspectiva de bienestar. Algunos autores reportan beneficios como el alivio de la acidosis ruminal, la promoción de la diversidad y abundancia microbiana ruminal (Kim et al., 2016), así como una mayor ganancia diaria promedio. La importancia de alimentar con heno no solo para el desarrollo del rumen, sino también para reducir el estrés durante el proceso de destete (Jorgensen et al., 2017). Otros han encontrado efectos negativos al incluir heno, como una reducción del consumo de iniciador sólido (Mandel et al., 2017), lo cual es crucial porque, cuando los terneros han consumido suficiente iniciador, es el momento de destetarlos (Jung & Lidfors, 2001).
El destete también ha sido objeto de mucha investigación, ya que constituye un punto de inflexión en el manejo intensivo de la alimentación de terneros y puede causar gran estrés. El destete es un evento muy estresante para los animales y un desafío para el ganadero (Chigerwe & Hagey, 2014; Hammon et al., 2020; Lora et al., 2018). También afecta el bienestar animal en términos de funcionamiento biológico y salud, ya que cambia radicalmente la dieta y los terneros necesitan un desarrollo ruminal adecuado. Desde el punto de vista de los estados afectivos o el juicio cognitivo, el procedimiento utilizado para llevar a cabo el destete puede causar ansiedad y frustración. Finalmente, a nivel de vida natural, este evento provoca cambios en el comportamiento de los terneros.
El destete es la transición nutricional más importante para los terneros jóvenes. En las granjas lecheras intensivas, los terneros se destetan antes que, en las granjas libres, donde el destete ocurre alrededor de los 6 meses (Vasseur et al., 2010). En los estudios revisados, se encontró que el momento del destete puede determinarse con base en dos parámetros principales para minimizar los efectos adversos. Puede programarse según la edad del animal o la cantidad de alimento sólido inicialmente consumido (Bach et al., 2010; Phipps et al., 2016). Además, el destete puede manejarse gradualmente (eliminación del alimento), diluyendo la leche, o abruptamente eliminando el acceso al alimento líquido (Engelking et al., 2020). Como se explicó anteriormente, la restricción de leche se utiliza comúnmente para fomentar la ingesta de alimentos sólidos y facilitar el destete temprano, pero puede comprometer el crecimiento del ternero si se realiza demasiado pronto (Palczynski et al., 2020). La edad más temprana para realizar este procedimiento es a los 40 días, ya que puede causar desnutrición si se realiza antes (Seppä-Lassila et al., 2016). En todos los estudios revisados (Seppä-Lassila et al., 2016; van Niekerk et al., 2021), este destete se realiza a los 62 días.
Además, la ingesta de alimento sólido se considera el parámetro clave para decidir cuándo destetar a los terneros, y se ha sugerido que los terneros están listos para el destete cuando han consumido una cantidad mínima de 0,9 a 1 kg de alimento sólido durante tres días consecutivos (Engelking et al., 2020) o 15 kg de carbohidratos no fibrosos acumulados (Lago et al., 2018). El problema de decidir cuándo destetar a un animal utilizando este método es que muchos terneros son destetados a una edad mayor que si la edad hubiera sido el factor decisivo, y se requiere un manejo muy individualizado (Bartens et al., 2016; Chigerwe & Hagey, 2014). El destete gradual se lleva a cabo mediante la eliminación de alimentos. Esto fomenta un mayor consumo de alimento sólido y ayuda a desarrollar mejor el rumen (Kim et al., 2016; Lusby, 2006; Vasseur et al., 2010). Es el más similar al destete natural (Lusby, 2006), aunque se ha demostrado que provoca una frustración más prolongada en el animal. Por el contrario, el destete abrupto elimina las comidas de una vez y causa menos frustración (Jorgensen et al., 2017). Sin embargo, algunos animales pueden no estar dispuestos a consumir la cantidad mínima de alimento sólido, especialmente si están en asignaciones de leche ad libitum (Vasseur et al., 2010). Finalmente, la última opción es diluir el sustituto de leche hasta que solo quede agua, y luego retirar el pezón, lo que causa una frustración menor.
Sin embargo, independientemente de cómo se realice el destete, es un proceso estresante para los terneros (es decir, la ganancia diaria disminuye al día siguiente del destete y los terneros tienen altas concentraciones de cortisol (Black et al., 2017). Se sabe que los terneros aumentan la frecuencia de vocalizaciones durante este período, lo que constituye una medida de estrés y angustia (Jorgensen et al., 2017; Kim et al., 2016; Medrano-Galarza et al., 2017), pero aún hay una falta de conocimiento sobre cómo minimizar el estrés sufrido durante este período. Sin embargo, no se han investigado los efectos de este proceso sobre los estados afectivos o el juicio cognitivo.
Por lo tanto, el manejo del destete es fundamental, ya que debe llevarse a cabo para evitar la disminución de la ingesta de nutrientes y la pérdida de peso (Black et al., 2017). Las mejores prácticas de manejo indican una reducción gradual de la leche ofrecida a partir de los 40 días de edad y el destete completo cuando se consumen más de 1 kg de alimento durante tres días consecutivos. El bienestar de los terneros no se tiene suficientemente en cuenta al realizar ajustes de manejo. Aún existen muchas prácticas comunes de manejo de la alimentación de terneros, particularmente en el sector lechero, que perjudican la salud y el bienestar de los terneros. Comprender los problemas de bienestar causados por el manejo y las consecuencias de no hacerlo ayudará a prevenir problemas futuros (Medrano-Galarza et al., 2018).
No obstante, aunque actualmente a nivel mundial existe una percepción de que existe un protocolo estandarizado para tener una base sobre la cual seguir en el periodo de cría y lactancia, en zonas áridas esto puede tener un factor poco visible, debido a las características propias de la región en donde los micronutrientes dependen de factores como el suelo y el agua, los cuales limitan la transferencia de nutrientes al forraje o ingredientes de origen vegetal (Batistel et al., 2016b; Hernandez et al., 2023; Roshanzamir et al., 2020).

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