Para el año 2050, la población de Latinoamérica y el Caribe (LAC) alcanzará los 770 millones de habitantes, lo que obligará a la región a incrementar su producción agropecuaria entre un 50% y 60%. Este desafío se presenta en un contexto donde el modelo de la "Revolución Verde" ha mostrado signos de insostenibilidad debido al uso intensivo de insumos químicos y la degradación de los recursos naturales. Un exhaustivo estudio liderado por Danilo Pezo y publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), bajo la monografía IDB-MG-687 (
https://publications.iadb.org/es/intervenciones-y-tecnologias-ambientalmente-racionales-tar-para-la-adaptacion-al-cambio-climatico), advierte que no se trata solo de producir más, sino de reconfigurar por completo la geografía agrícola regional para sobrevivir a un incremento de temperatura que podría alcanzar los
3-4°C a finales de siglo.
El Mapa del Desplazamiento: Ganadores y Perdedores del Clima
La investigación utilizó el modelo ECOCROP para proyectar la aptitud climática de 22 rubros clave al año 2050, bajo escenarios de cambio climático moderados (RCP 4.5) y extremos (RCP 8.5). Los resultados revelan una fragmentación crítica en la viabilidad de los cultivos:
Cultivos Resilientes: El arroz, banano, cacao, café, caña de azúcar, maíz y soya se proyectan como estables a nivel regional, aunque sufrirán desplazamientos geográficos internos significativos hacia zonas de mayor altitud.
La Crisis de la Seguridad Alimentaria: El frijol, la papa, el tomate y el trigo son los más vulnerables. En escenarios extremos, el frijol podría perder hasta un 52% de su área apta actual, la papa un 53% y el tomate un 42%.
Nuevas Oportunidades: Cultivos tolerantes al estrés hídrico y térmico, como la piña y el sorgo, encontrarán nuevas fronteras para expandir su producción en áreas hoy consideradas marginales.
La Ganadería en el Punto de Inflexión
El sector pecuario enfrenta una amenaza dual: la degradación de las pasturas y el estrés calórico directo sobre el ganado. La modelación indica que gramíneas templadas vitales para la producción de leche, como el Ryegrass (Lolium perenne), podrían perder entre el 16% y el 27% de su área apta para 2050. Esto obligará a una transición hacia gramíneas tropicales (C4) incluso en pisos altitudinales que hoy se consideran de clima frío.
La adaptación sugerida no es puramente tecnológica, sino genética: el rescate de razas criollas adaptadas y el uso de híbridos forrajeros como el Caimán, capaces de tolerar tanto sequías como encharcamientos prolongados, será la clave para estabilizar la productividad en el trópico bajo.
Tecnologías Ambientalmente Racionales (TAR): De la Teoría al Surco
El estudio identifica 23 innovaciones críticas agrupadas en seis dimensiones: agua, suelo, microclima, diversidad genética, manejo de residuos y alimentación animal. Entre las aplicaciones prácticas más disruptivas para el debate técnico se encuentran:
Biochar (Biocarbón): El uso de materia orgánica transformada por pirólisis para mejorar la retención de nutrientes y agua en suelos degradados, actuando además como un sumidero de carbono a largo plazo.
Microorganismos Benéficos: El empleo de bacterias fijadoras de nitrógeno y hongos micorrízicos para reducir la dependencia de fertilizantes sintéticos, los cuales contribuyen a la emisión de óxido nitroso, un potente gas de efecto invernadero.
Biojardineras y Aguas Grises: Sistemas de filtración biológica para reutilizar efluentes domésticos en el riego de huertos, reduciendo la vulnerabilidad hídrica en zonas de sequía estacional.
El Debate Institucional: Mitigación vs. Adaptación
Uno de los puntos más polémicos del informe es la crítica a la arquitectura financiera e institucional actual. Históricamente, la investigación en la región se ha sesgado hacia la mitigación (reducir emisiones), mientras que apenas un 11% de los fondos climáticos en LAC se han destinado a proyectos de adaptación real en el campo.
Se propone una reingeniería de los sistemas de extensión mediante Plataformas de Innovación que rompan el modelo lineal de "transferencia de tecnología". El éxito de futuros instrumentos como las Acciones Apropiadas de Mitigación (NAMA) —de las cuales ya hay 14 registradas en el sector agropecuario de la región— dependerá de su capacidad para ofrecer beneficios económicos directos a los productores, como el acceso a "créditos verdes" y certificaciones de mercado diferenciado (orgánico, comercio justo).
La supervivencia del sector dependerá de si somos capaces de pasar de intervenciones aisladas a un manejo sistémico que integre la agroecología y la agroforestería como la norma, y no como la excepción.
¿Estamos forzando la permanencia de cultivos tradicionales en zonas donde el clima ya los ha sentenciado, o estamos listos para liderar una migración productiva planificada hacia nuevas fronteras agrícolas?