No hay caso, no existe empresa que no tenga sus talones de Aquiles. Lo importante es reconocerlos, no negarlos ni ocultarlos, de modo de aplicar las mejores estrategias y no padecerlos
Todas, sin excepción
Es bien conocida aquella leyenda que habla del famoso Talón de Aquiles, que parecía invencible, pero que tenía justamente en su talón su punto débil, en medio de todas sus fortalezas. Y se puede aplicar también en este caso a las empresas tamberas. Hasta podría afirmarse que no existe empresa que no lo/los tenga, porque eso sería imposible, y se convertiría entonces en la empresa perfecta, una utopía.
El asunto es poder tomar conciencia de cuáles son en cada empresa. Porque pueden ser varios los “talones débiles” que hay y de todo tipo. Desde los físicos, pasando por los económicos, y llegando a los empresariales (estos últimos muchas veces más intangibles y difícilmente identificables, pero no por ello menos importantes). Y poder clasificarlos entonces según el área correspondiente, para organizar luego las respectivas estrategias.
Si hay algo que no es conveniente, es pretender que no existen, que en realidad no son tales, o simplemente minimizarlos, porque es “pan para hoy y hambre para mañana”.
Claro que algunas empresas tienen muchos más “talones” en su haber que otras, pero en todos los casos vale la pena enfocarse en ellos, tenerlos en cuenta, conocer de qué forma pueden afectar el crecimiento o incluso la viabilidad de la empresa, para actuar en consecuencia
Nada mejor que algunos ejemplos
En “La Retama”, las cosas están claras, porque e han dedicado justamente a confeccionar el listado de todas las limitaciones que hay en la empresa, como parte de una matriz F.O.D.A. Y no fue tarea para un grupo reducido, por ejemplo el encargado y el dueño, sino que participaron todos los integrantes del equipo: los tractoristas, el mixero, el equipo de fosa, el guachero y, el encargado de la recría. Todo, sin excepción. Que además sirvió para conocer todas las opiniones, y que todos quienes integran el personal se sintieran considerados, reconocidos.
Y por supuesto también Carlos G. el dueño, aportó para la encuesta. Una vez recogidas todas las opiniones, se estableció una grilla en la que se ordenaron de mayor a menor los puntos aportados, de acuerdo a las veces que aparecían en esas encuestas.
El resultado fue muy fructífero: se mencionó, en la parte empresarial, por un lado, el hecho de que “La Retama” estaba produciendo leche mayoritariamente en campo alquilado y que los retiros empresariales representan un porcentaje nada despreciable del cheque de la leche. En otro estrato de opiniones, se mencionó la mortandad en guachera, que no lograba bajarse desde hacía varios años.
En la parte empresarial, el hecho de que no hubiera una nueva generación dispuesta a continuar con el tambo (algo más habitual de lo que se puede suponer), ya que sus intereses estaban en otros ámbitos.
Como estos, otros completaron la lista de “talones de Aquiles”.
Tomando el listado de las limitaciones o “talones”, el paso siguiente fue establecer cuáles de ellas podían llegar a ser salvables y cuáles tenían bajas probabilidades de poder hacerlo. Por ejemplo, en el caso de producir en campo alquilado, si bien esa modalidad iba a seguir estando, se planificó que al momento de renovación del contrato, poder replantearlo a mayor plazo, de modo de tener mayor previsibilidad. Respecto a la mortandad en guachera, que constituía una limitación pero reversible, se adoptaron las medidas para lograr reducir el índice. Y así sucesivamente con todos los posibles obstáculos que se fueron mencionando.
Si hay algo que no es conveniente, es pretender que no existen, que en realidad no son tales, o simplemente minimizarlos, porque es “pan para hoy y hambre para mañana”.
Pero en el caso de “Don Roberto” las cosas fueron diferentes. En esa empresa, con dos tambos, prefirieron ir dejando ese análisis para otro momento. Ya había demasiadas urgencias que atender todos los días, de modo que esa era la prioridad, y que llegaría el momento para poder dedicarse a otras cosas (como si ese otro tan esperado momento fuera a llegar alguna vez, conociendo las urgencias permanentes del tambo…).
Por supuesto que la empresa tenía sus “talones de Aquiles”, pero nunca llegaba la hora de ocuparse. Ni siquiera se mencionaba el tema en las reuniones del grupo de productores al que pertenecía. Y si no preguntaba al grupo sobre este tema (para no escuchar “críticas”), difícilmente opinarían de lo que nadie les había pedido opinión…Porque además, si otros no mencionaban en el grupo sus “talones”, no serían ellos los primeros en hacerlo, en abrir el juego…
Era la típica figura del avestruz escondiendo la cabeza en el suelo para disimular.
Para agregar otro ejemplo (también verídico), en “El Médano”, el tambo brillaba por la desorganización. El tambero a cargo tenía un ritmo frenético de trabajo, de modo que el personal a su cargo se la pasaba yendo de una tarea a otra, muchas veces sin haberla completado. Él argumentaba que nadie podía seguirle su ritmo, que eran lentos los empleados, y que en todo caso el equipo se tendría que adaptar a su forma de trabajo. Lo más curioso fue que esto nunca antes se había comentado, hasta que a uno de los dueños se le ocurrió hacer una encuesta/entrevista a cada uno de los integrantes del equipo de tambo (por separado). Recién entonces saltó el problema. Y partir de ello, de a poco, conversaciones de por medio, se logró que el encargado entendiera que se trataba de eso justamente, de un equipo, en el que había que integrar a todos, escucharlos, sin querer imponer un ritmo y una sucesión desordenada de tareas que no hacían sino traer problemas.
Detectar los talones de la empresa no implica necesariamente tener que ventilarlos en todo ámbito. Es información interna que cada empresa decidirá hasta dónde se comparte.
Y para completar, estaba el caso de “El Diamante” (nombre apropiado, ya veremos por qué), empresa con tres tambos con alta rotación de personal, situación financiera delicada, entre otros “talones”. Pero para todo tenían una explicación: la alta rotación de personal se debía, según ellos, a que “cada vez costaba más encontrar gente dispuesta a trabajar”;
En el caso de la delicada situación financiera, toda la culpa recaía sobre la usina láctea a la que le entregaban, por el bajo precio que pagaba y los plazos de pago cada vez más prolongados.
Y el creciente endeudamiento que se venía observando era, según su administrador, producto de la situación económica del país y los altos intereses que les cobraban los bancos por el uso constante del descubierto. Pero eso de la deuda creciente era solamente una sensación, porque en realidad nunca habían confeccionado un bance patrimonial en el que se detallara el Activo por un lado, el Pasivo por otro, y el Patrimonio Neto resultante finalmente, de modo que directamente no conocían el número, el monto total de la deuda. Se limitaban a seguir cómo se pudiera, atajando los cheques que entraban, negociando más descubierto, financiándose con los proveedores (que a su vez les aplicaban intereses y que además no aplicaban descuentos por pronto pago ya que conocían los tiempos que se tomaba “El Diamante” para pagar).
Conclusión
Como hemos visto a lo largo de este artículo, la recomendación es que cada empresa se tome, como primer paso, el trabajo de detectar cuáles son sus “talones de Aquiles”, es decir, sus debilidades, sin olvidar ninguna, por poco importante que parezca. Y a partir de allí, en un segundo paso, analizar de qué forma se pueden eliminar o aminorar esos “talones” detectados. “¿Son salvables o insalvables, y, en ese caso, cómo?” sería la pregunta a plantearse. Sin olvidar, además, algo fundamental, que considerar o estimar en qué plazos podría llegar a ser eso posible.
Estos son solo algunos ejemplos de tantos otros talones que puede haber en una empresa tambera.
Pero todo parte de un reconocimiento sincero de esas limitaciones. De lo contrario, se seguirá estando en un “modo urgencias” en el que no es posible detenerse a analizar cómo están las cosas, y cómo poder mejorarlas. Y que no existen recetas en esto, no queda otra que cada empresa se avoque a hacer lo suyo.
Créame que vale la pena.