Es importante tener en cuenta todo lo que no conviene hacer en la empresa agropecuaria (y específicamente, en este caso, la empresa tambera), para evitar problemas. Y nada mejor que referirnos a ejemplos concretos
La clásica
Es la de enunciar todo lo que debe hacerse para evitar problemas en la empresa agropecuaria: haga esto y aquello, y todo resultará fácil y exitoso (como si fuera tan simple). Pero, como dice el refrán “del dicho al hecho hay un gran trecho”
Por eso prefiero ir por la contraria, basándome en casos reales, a los que solamente se les cambiaron los nombres por los de fantasía, para mantener la privacidad de quienes los protagonizaron.
Las recetas casi infalibles
Hay recetas que pueden fallar. Pero estas que presentaremos generalmente no fallan, porque siempre, a la corta o a la larga, suelen traer problemas en las empresas familiares agropecuarias.
En “Los Cardales”, Juan M. padre de cinco hermanos, dueño del campo, viene haciendo un reparto discrecional de dinero a sus hijos, a partir de lo que él considera que se debe hacer, porque al fin y al cabo, es SU dinero.
Porque su hija menor, Sara, siempre fue la favorita de su padre (pero además es la que suele solicitar ayuda económica muy seguido). De modo que ella siempre fue la más favorecida en esas “donaciones”. Eso ya venía generando malestar entre los otros cuatro hermanos, aunque nadie decía nada. Pero cuando faltó Juan M., se desataron los reclamos de ellos para compensar todas esas discrecionalidades…
...haga esto y aquello, y todo resultará fácil y exitoso (como si fuera tan simple…)
En el caso de “Dos Hermanas”, Paco F, el hermano encargado de administrar, siempre tuvo la política de anteponer el crecimiento de la empresa,pero a costa de repartir menos retiros entre las socias(sus dos hermanas), pensando que lo importante era crecer, y que para eso se necesitaba el “aporte” de ellas, de modo que los retiros eran ínfimos. Y así durante años...Hasta que llegaron “los de afuera”, es decir, los cuñados. Y aunque todos habían convenido en que “los de afuera son de palo” y que las cosas se resolvían entre hermanos, eso no sucedió ya que, en forma sutil ero constante, esos nuevos “socios” empezaron a tallar, y eso hizo que aparecieran los consiguientes problemas sobre cuáles debían ser las prioridades de la empresa (que en realidad nunca se habían consensuado ni dejadas por escrito sino que estaban solamente en la mente de Paco, pensando en dejarles a las nuevas generaciones una empresa mejor que la que él había recibido.
En el otro extremo, en “Don Ernesto”, Facundo F., administrador (externo), con tal de no perder su cargo, era permeable a todas las peticiones de los socios, especialmente en lo referente a los retiros empresariales. No fuera cosa que, por restringirlos o negarles los sucesivos aumentos que pedían, fuera reemplazado por un nuevo administrador, capaz de atender todas las necesidades de los socios. Y así hubo que sacar (y más de un crédito) para atender sus pedidos. Como consecuencia, se llegó a una situación de deuda prácticamente inmanejable. Imagine las consecuencias.
Y hay más casos
Veamos ahora el caso de “El Huracán” (nombre más adecuado, imposible). Acá el asunto es que hay alta rotación de personal. Según el encargado, Pedro F. se debe “a que la gente ya no quiere trabajar, no hay caso”. De modo que, como tiene la potestad de tomar y despedir personal, periódicamente (mucho más seguido que en otras empresas) hay recambio: o porque se van o porque son despedidos. Y así sigue desfilando la gente por “El Huracán”. Carlos F., el dueño, está preocupado por el asunto, ya que en el grupo de productores que integra, ya se lo han hecho saber como crítica en la última reunión. Y para completar el panorama, Carlos considera que si alguna de sus dos hermanas y su hermano menor quisieran saber algo de la empresa, en todo caso se lo preguntarían. De modo que no ve necesario estar informando de todo lo que ocurre en la empresa, porque “vaya a saber si lo van a leer o lo pueden entender”. De modo que supone que todas las decisiones que toma están avaladas por su experiencia en el sector agropecuario, a diferencia de sus hermanas. Y en el caso de su hermano menor, siendo médico, es poco lo que puede aportar.
Lo prueba el hecho de que, en vida, él, Carlos, fue siempre quien acompañó a su padre durante años en la tarea agropecuaria. Y él lo designó para tomar la posta el día que faltara.
De modo que, en su opinión, Carlos entiende que tiene todos los méritos para gerenciar el campo, sin tener que rendir cuentas, presentar “tediosos informes”. Y por eso las decisiones las toma él: desde solicitar un crédito (ya lleva pedidos cuatro que se vienen pagando a duras penas), solicitar una nueva ampliación del descubierto bancario (que ya es importante y genera intereses astronómicos), arrendar un nuevo campo si se presentara, comprar una maquinaria para reducir el pago de IVA, entre otras “estrategias”.
Vayamos al otro caso: se trata de “La Querencia”. Allí Felipe C. dueño, ha decidido que se quiere retirar de gerenciar el campo. De modo que ha decidido que les va a arrendar en adelante su campo, como se suele decir “de alambre a alambre” aunque tiene varias hectáreas improductivas, (es decir, un primer tema que traerá cola dudas) a sus tres hijos. El valor que ha decidido es el de mercado de 18 quintales de soja/Ha. (otro tema que traerá sus consecuencias). Y, para completar, que sea todo libre de polvo y paja (es decir 100% libre de impuestos). Están todos los componentes para que, tarde o temprano, la empresa se encuentre en problemas financieros.
Y sin olvidar, por supuesto, al tambo
Porque en Don Roque, como si fuera una consigna tácita en la empresa, han decidido que no les costearán ningún curso a sus empleados: ni al guachero, ni al mixero, ni al equipo de tambo sobre buenas técnicas de ordeño y de bienestar animal.
Ya que (para la empresa) representa un gasto que no vale la pena, porque al fin y al cabo, se terminarán yendo, y habrá sido dinero perdido que se perfeccionen. En todo caso, si lo quieren hacer, que se lo paguen ellos…Resultado: nadie hace cursos.
Y ya que estamos en políticas empresariales, la consigna en el tambo “Las Cortaderas” es asignarle a Oscar F., tambero mediero, y su equipo, todas las tareas posibles con el mínimo de personal disponible, cosa que estén ocupados todo el tiempo, y no “pierdan tiempo”. Ordeñar, sacar celo, inseminar, llevar el programa del tambo al día, curar patas, armar las parcelas, hacer la guachera, recorrer la recría, hacer lectura de comederos y sigue la lista.
Ya que (para la empresa) representa un gasto que no vale la pena, porque al fin y al cabo, se terminarán yendo.
Conclusión
Lamentablemente, la lista no termina acá sino que hay muchos otros que se pueden cometer (y de hecho se cometen). Pero para no extendernos demasiado, por lo menos que sirva como disparador para estar atentos y tratar de que no ocurran.
A esta altura, más de uno querrá saber cómo terminó cada uno de los casos mencionados.
Le cuento entonces: en algunas empresas “se le encontró la vuelta” (por suerte a tiempo) para implementar las medidas correspondientes (aunque no fue fácil y hubo varias idas y vueltas, aclaro por las dudas).
En otras siguen ocurriendo estos factores que complican. Y, por lo tanto, las turbulencias siguen presentes. ¿Has cuándo? Solamente el tiempo (y los socios) dirán cómo sigue todo luego.
Y en otras, lamentablemente fue la última generación de esa empresa agropecuaria como tal. Era la “muerte anunciada”: llegó la separación de los socios (cuando ya era tarde para pensar en medidas que pudieran revertir todo lo que había estado ocurriendo durante años). Y hasta incluso la venta de parte o de todo el campo.
Por eso, que todos estos casos ojalá sean de utilidad para poder repensar todo lo que pueda estar por corregirse en cada empresa. Valdrá seguramente todo el trabajo que implica.