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Una visión Darwiniana del problema parasitario en rumiantes

Publicado: 30 de junio de 2026
Fuente: Espartaco Sandoval / Investigador Jubilado, INIA Venezuela.
El problema parasitario es ampliamente reconocido como una importante limitante de las explotaciones con rumiantes en diferentes escenarios agroecológicos (Smith, 2024; Sandoval et al., 2008). Es bien conocido que su presencia y acción, pueden afectar la salud, las tasas de crecimiento y reproducción en sus hospederos, pudiendo inclusive llegar a tener efectos letales (Gómez-Gutiérrez et al., 2010). Es entendido como un problema multifactorial, donde aspectos como: parásito, hospedero, clima, área agroecológica y sistema de manejo estructuran la complejidad del mismo.
La teoría de la evolución plantea que los procesos adaptativos representan un mecanismo biológico por el cual los organismos, afectados por el medio ambiente donde se desempeñan, desarrollan modificaciones morfológicas, fisiológicas, conductuales y moleculares que ofrecen la posibilidad de hacerlos más competentes para su supervivencia y reproducción. De esta última depende que esas adaptaciones favorables se transmitan de generación en generación, manteniéndose en la población (Arias, 2022).
Darwin argumentaba que la selección natural es la fuerza que da forma a las modificaciones orgánicas con el transcurso del tiempo. En este sentido e inspirado en la lectura del ensayo sobre principios de las poblaciones de Thomas Malthus (1798), él plantea tres principios como determinantes de la selección natural:
  1. Los hijos se parecen a sus padres (herencia).
  2. Tendencia a pequeños cambios, especialmente cambios físicos (variabilidad/gradualismo).
  3. Gran fertilidad en proporción al apoyo de los padres. Refiriéndose al crecimiento geométrico de las poblaciones y a la disponibilidad de recursos (poblaciones/competencia).   
Se conoce como adaptación, el proceso por medio del cual un individuo, bajo la presión de factores abióticos y bióticos presentes en un determinado ambiente, se vale de la presencia de pequeñas variaciones o caracteres heredables, bien de tipo estructural o físico externo (variabilidad), que le permiten sobrevivir, prosperar y reproducirse en ese ambiente. Posteriormente, esos caracteres adaptativos, debido a las ventajas que implican su funcionalidad y eficacia biológica, comenzarán a extenderse y fijarse en la población (herencia), por medio de la selección natural, que actúa sobre los fenotipos individuales, pero sus efectos son poblacionales (Soler, 2002).
Los parásitos gastrointestinales de rumiantes, junto a sus hospedadores han cumplido durante un gran periodo de tiempo una evolución conjunta, donde los primeros luego de un periodo de vida libre como elementos saprofitos que se desenvolvían entre los pastos, establecen posteriormente, producto del contacto sistemático con los potenciales hospederos, un proceso de asociación, donde estos lograron adaptarse al ciclo de alimentación de los rumiantes, una vez que eran ingeridos junto al alimento. Los posibles procesos, que en este caso, condujeron a la aparición del parasitismo contemplan la ingestión del pre-parásito por su hospedero o bien la invasión activa por parte de esos pre-parásitos. Mientras mayor era el contacto entre estos, los parásitos lograban burlar los mecanismos defensivos del futuro huésped, mediante adaptaciones genotípicas y fenotípicas, aumentando así las probabilidades de asociación, creándose inicialmente una dependencia de tipo nutricional.  En la actualidad se conoce que el parásito depende metabólicamente y evolutivamente del hospedero, estableciéndose un intercambio macromolecular que modifica el equilibrio homeostático y la respuesta inmune del hospedero (Rodríguez et al. 2009).     
Esa relación, desde el punto de vista ecológico ocurría dentro de un esquema de convivencia, pero una vez que ocurre la domesticación de los rumiantes, la intervención del hombre y los cambios de comportamiento forzados por el manejo a que fueron sujetos esos rebaños, provocaron la alteración de los equilibrios naturalmente establecidos, rompiéndose de esta manera las barreras de inocuidad relativa y se convirtieron en una importante y generalizada limitante sanitaria en las explotaciones ganaderas ( Fiel, 2013).
La adaptación es un proceso dinámico y continuo.  De esta manera, los complejos procesos adaptativos observados en este caso pueden interpretarse como el resultado de las inevitables relaciones ecológicas entre ellos. Basados en pequeños cambios genéticos acumulativos, que conducen a la eliminación de los peor adaptados para la sobrevivencia dentro de los procesos de selección natural (Bynum, 2018). Esos pequeños cambios fueron demostrados por Pearson et al. (1902), al establecer las bases de la biometría, donde, usando técnicas estadísticas, señalaban que algunas características variaban dentro del patrón conocido como distribución normal, ofreciendo así la oportunidad de seleccionar atributos ventajosos. En este sentido, Darwin señalaba que la selección natural es la fuerza que da forma a las modificaciones orgánicas en el transcurrir del tiempo, dando sustentación a la teoría del gradualismo. Hay una interacción constante entre el organismo y el medio, pequeños cambios en el medio significan pequeños cambios en las condiciones de vida de dichos organismos. La aparición de cierta característica resulta en una solución a un problema concreto (Lewontin, 2021).
Darwin, con visión futurista totalmente vigente, escribió: “La selección natural continúa siendo una fuerza relevante en la actualidad”. Vivimos con sus consecuencias, como el desarrollo de organismos resistentes”. En el caso del control parasitario, uno de los mayores problemas que confrontan los programas de profilaxis sanitaria actualmente, es la aparición y extensión del fenómeno conocido como resistencia a los antiparasitarios.  Se define como la habilidad de una población de parásitos, para tolerar dosis de tóxicos que serían letales para la mayoría de individuos de una población normal (susceptible) de la misma especie (Anziani, 2013). En este proceso la presión ejercida por los tratamientos quimioterapéuticos, actúa como un eliminador selectivo de la población susceptible en una población genéticamente heterogénea, favoreciendo el desarrollo e incremento de individuos con características genéticas a la resistencia a los antiparasitarios, que son transmitidas a la próxima generación, siendo esa herabilidad la característica más importante de este fenómeno (Rufino-Moya et al. 2025). Esta condición es favorecida por las elevadas tasas de evolución en la sucesión de nucleótidos y el gran tamaño de la población parasitaria, lo que le da un nivel excepcionalmente alto de diversidad genética (Rose et al., 2020). Las principales causas de aparición de resistencia antihelmíntica son la alta frecuencia de desparasitaciones, el uso indiscriminado de antihelmínticos, la sub o sobredosificación y la falta de rotación de productos e introducción de animales con resistencia (Hoste et al. 2011; Lara, 2003).
Los cambios genéticos que conducen a la resistencia antihelmíntica implican una serie de modificaciones bioquímico-moleculares, donde destacan la disminución en la captación o la expulsión activa del antihelmíntico por cambios estructurales y/o funcionales de las células, alteración del sistema enzimático necesario para la acción farmacológica de la droga, alteración de los receptores celulares por disminución en el número o en su afinidad y variaciones en diferentes procesos celulares que compensan o contrarrestan el efecto inducido por un fármaco  (Claerebout y Lanusse, 2025). Podemos afirmar que estamos frente a un proceso de selección artificial, basado en los mismos mecanismos de la natural, pero empleando mucho menor tiempo. Si recurrimos al concepto de especiación, definido como el mecanismo por el que las variedades más exitosas van desplazando a los organismos menos adaptados, para dominar en último término un determinado nicho. Bajo esa premisa, podemos considerar que la conducta humana está provocando un fenómeno de especiación artificial de nefastas consecuencias, extrapolable a otros campos como el de los antibióticos de resultados impredecibles.
Si empleamos la caracterización en rumiantes propuesta por Morales et al. (2001), en relación a la competencia entre poblaciones, quienes considerando la respuesta individual ante el reto parasitario, clasifican los animales como resistentes, resilientes y susceptibles, podemos sugerir que el papel de los parásitos como indicadores sensibles de las interacciones tróficas en los ecosistemas y a su vez como importantes agentes causales de enfermedad (Bautista-Hernandez et al. 2015), pueden actuar como significativos agentes reguladores de las poblaciones, al afectar principalmente a los animales del último grupo, quienes pueden considerarse como menos adaptados.
Dawkins (2002) opina que más que centrarse en el organismo individual, deberíamos ver a los seres vivos como “máquinas de supervivencia” programadas con el fin de preservar las moléculas conocidas como genes. Bajo este punto de vista podríamos pensar que el proceso de adaptación desarrollado por los parásitos gastrointestinales de los rumiantes, se corresponde a un proceso de adaptación darwiniana controlada por genes, que provocaron esas variaciones, ya que como hemos mencionado anteriormente, la selección natural no puede producir adaptaciones a menos que haya diferencias hereditarias entre las que seleccionar. Sin lugar a dudas, la selección favorece a los genes que cooperan unos con otros en la vital lucha por la consecución de recursos para la supervivencia y asegurar su permanencia a través de la reproducción. Situación que coincide con la definición de parásito que los señala como organismos que viven en o sobre otro organismo, obteniendo de este parte o la totalidad de los nutrientes necesarios para su subsistencia (Bautista-Hernández et al. 2015).
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