Semillas de oleaginosas y sus subproductos

Publicado el: 10/8/2018
Autor/es: Anibal Fernandez Mayer

En general, son ricos en sustancias proteicas, vitaminas, y niveles variables de minerales, especialmente calcio y fosforo, y en el contenido de fibra. A medida que aumenta el nivel de fibra disminuye proporcionalmente el de proteína.

Las tortas de oleaginosas extraídas por métodos mecánicos son más ricas en fibra y aceites, y tienen una menor proporción de proteína que las harinas, provenientes de extracción por medio de solventes orgánicos (hexanos, xileno y tolueno, entre otros). Además, la proteína de las primeras tiene una menor degradabilidad ruminal.

Existen distintos métodos para extraer el aceite, prensado más temperatura (15-20’), solvente directo, y prensado más solvente.

Para inactivar los factores antinutricionales en alguna semilla de oleaginosas se requieren temperaturas moderadas y por tiempo breve. Cuando se exceden los límites de temperatura o el tiempo de exposición a altas temperatura se puede reducir la solubilidad, por ende, el valor biológico de la proteína. En esos casos, se forman enlaces entre la glucosa y algunos aminoácidos (AA) disminuyendo la disponibilidad en el ámbito intestinal de estos, al reducirse la hidrolisis de dichos enlaces en el tracto digestivo.

Los AA afectados son la lisina y, en menor grado, la arginina, la histidina y el triptófano. Una reacción similar ocurre entre el gosipol de la semilla de algodón y la lisina (Forrajes Journal, 1997). Afortunadamente, en la actualidad las industrias conocen esta situación obteniéndose en la mayoría de los casos subproductos de alta calidad.

En los últimos años se han realizado numerosos estudios utilizando en la alimentación de rumiantes grano de Soja “cruda” o sojilla (soja partida) sin ningún tratamiento, con excelentes resultados aun en proporciones que superaron el 20% de la dieta (medido en MS).

Subproductos de Algodón

Semilla de Algodón

La semilla de algodón (SA) tiene un buen contenido proteico (20 a 22%), y fibra –linterde alta digestibilidad (>95%), convirtiéndola en un adecuado suplemento para rumiantes, aun siendo su proteína con alta degradabilidad ruminal (}70%) (Tabla 1).

Tabla 1: Composición química de la semilla de algodón

Fuente: Lalman (1998)

Por otro lado, como producto de la extracción del aceite a través de solventes orgánicos se genera la harina de algodón, a la cual se pelletiza, y de esta forma se obtiene un producto con un contenido superior de proteína, menor nivel energético y de grasa que el anterior (Tabla 2).

Tabla 2: Características nutricionales de la harina de algodón (en %)

Sin embargo, tanto la semilla - entera - como la harina de algodón tiene el inconveniente de presentar una sustancia toxica, el gosipol (compuesto polifenolico contenido en los pigmentos amarillos de la semilla), que puede causar algunos problemas si se consume en altas proporciones, especialmente en cerdos, aves y terneros de corta edad (4 a 6 meses), cuando está presente en niveles superiores al 1%. Los niveles de gosipol que se pueden encontrar en semillas de algodón oscilan entre el 0.04 al 1.6%.

Un científico de la Universidad de Arizona, J. Schuh encontró que 3 de cada 4 terneros machos Holstein alimentados con raciones que contenían un 40% de semillas enteras de algodón con un 1.4% de gosipol, murieron repentinamente después de 50 a 64 días. Otros terneros que ingirieron raciones con solo un 20% de la misma semilla de algodón no mostraron ningún síntoma clínico de intoxicación (Forraje Journal, 1997).

En animales grandes, se considera que esta sustancia toxica –el gosipol- es desactivada en los distintos procesos de fermentación que ocurren en el rumen. Se han denunciados pocos casos de intoxicación en vacunos adultos cuando los niveles de la toxina no superan los valores máximos recomendados (< 24 g de gosipol libre/dia). Entre los parámetros químicos que se ven alterados en animales intoxicados por este compuesto se destaca un menor contenido de hemoglobina, fragilidad eritrocitaria, un menor contenido en proteínas totales del plasma, alta tasa respiratoria con temperatura ambiente elevada (Forraje Journal, 1997).

Además, los cambios fisiológicos detectados en rumiantes adultos indican que la posible intoxicación por efecto del gosipol está asociada con muy altos consumos y durante mucho tiempo de semilla de algodón, tanto entera como en forma de harina, que tengan altos niveles y en estado libre de este compuesto (Harris,1992).

Normalmente, esta enfermedad no presenta síntomas externos claros produciéndose la muerte repentina de algunos animales expuestos al consumo de este suplemento. En la necropsia se observa falla cardiaca congestiva y signos de moderada a severa neumonía, con líquido edematoso sanguinolento en pulmón (Forraje Journal, 1997).

El límite de consumo es generalmente de hasta 4 kg/animal/dia, dependiendo del resto de la dieta. Por encima de esta cantidad puede aparecer una disminución en el consumo.

Varios trabajos realizados con vacas lecheras de alta producción que han consumido altas cantidades de harina de semilla de algodón o de semilla de algodón entera, encontraron un aumento de la temperatura corporal provocado por el gosipol, especialmente durante la temporada estival. Sin embargo, no se afectaron en forma significativa el consumo de MS ni la producción de leche (Harris, 1992).

La aceptación de este suplemento por parte de los animales no es buena, por ello, se sugiere realizar un periodo de acostumbramiento (alrededor de una semana) o mezclar la SA con otro forraje, por ejemplo, con silaje.

Ciertamente, el alto aporte energético que realiza la grasa contenida en la semilla está disponible en duodeno, la cual podría contribuir a un mejor aprovechamiento energético a nivel de glándula mamaria y con esto, a una mayor síntesis de proteína láctea. Sin embargo, en numerosos trabajos con vacas lecheras de alta producción consumiendo SA en distintas proporciones junto con otros alimentos, no han encontrado incrementos en la cantidad de proteína sintetizada, por el contrario, suele disminuir. Si en cambio, se pueden obtener aumentos significativos en la producción de leche y de grasa butirosa (Rearte, 1992).

En investigaciones recientes, se ha encontrado que la suplementación con niacina (vitamina B) a vacas en lactancia que consumieron SA, han reducido los efectos negativos sobre la síntesis de proteína láctea, ya que la niacina promueve la síntesis de caseína mamaria.

Hasta el momento, se desconoce los mecanismos precisos que provoca este comportamiento y, a pesar de que los microorganismos ruminales pueden sintetizar a la niacina, se ha encontrado una respuesta positiva a la suplementación adicional con esta vitamina. Para explicar este fenómeno existen dos teorías:

a) Por un lado, los microorganismos ruminales utilizan el triptófano para la síntesis de niacina, y se ha observado que las vacas de alta producción presentan menores niveles de triptófano en sangre disponibles para la síntesis de proteína en leche, por lo tanto el agregado de niacina contribuiría a reducir esa demanda.

b) La otra teoría postula que las vacas que recibieron la suplementación con niacina presentaron niveles de glucosa e insulina en sangre más altos que el resto, lo que estaría indicando un uso más eficiente de la energía.

De todas formas, la SA reúne tres atributos esenciales para la nutrición animal, representado por su alto contenido energético y proteico y, además, fibra de alta calidad, hacen de este suplemento un producto muy apetecido por la mayoría de los tambos alta producción de los EE.UU, aunque su nivel en lisina (96 gr/kg de PB) y meteonina (38 gr/kg PB) son relativamente bajos (Tabla 3).

También, en producción de carne ha sido usada con muy buenos resultados por numerosos autores. Un ejemplo es el trabajo realizado por Pires et al (1997), quienes evaluaron el efecto de distintos niveles de semilla de algodón (SA) respecto al grano de maíz + urea –control-. La proporción de SA vario entre 0 al 1% del peso vivo, con animales de raza cebú (319}26 kg pv) y en pasturas tropicales (dicantio –Dichantium aristatum-) durante los meses de junio a setiembre de 1997. Las dietas se formularon para aportar 11 Mcal EM y 0.52 kg de PB/cab./ dia. Este estudio concluyo que el valor alimenticio de la SA utilizada en suplementación al 1% pv fue similar al del maíz-urea cuando se la reemplaza sobre la base de su contenido energético.

Si bien la SA tiene un nivel energético superior al del grano de maíz, aportado por el contenido de grasa (aceite) que aquel tiene. Esa energía no es igualmente aprovechable por los microorganismos ruminales.

Mientras la SA tiene cerca del 50% de la energía contenida en la grasa que es pasante al rumen, de ahí su utilidad para las vacas lecheras, la del maíz está contenida en el almidón que es aprovechada en más de un 70% a nivel del rumen.

Aunque en la actualidad, está siendo muy discutido el grado de aprovechamiento de esa energía contenida en la grasa. Además, según la bibliografía el consumo de grasas por parte de los rumiantes, sin causar trastorno al animal, estaría limitado a no más del 6-7% del consumo total de MS. En función del contenido de grasa de la semilla de algodón (20-23%) y considerando, que los ingredientes normales de la dieta de vacas lecheras contienen entre 3-5% de grasas, el consumo de semilla entera no debiera superar los 3.5 a 4 kg de MS/dia (Forraje Journal, 1997).

Además, por ser una semilla muy higroscópica –susceptible a absorber agua del ambiente-, los hongos pueden desarrollar con cierta facilidad y con ellos, el desarrollo de toxinas como la “aflatoxina”. Cuando la semilla se torna de una coloración beige claro a marrón oscuro, estaría indicando la presencia de estos hongos patógenos. Esta toxina producida por hongos del genero Aspergillius flavus y A. paraciticus suelen pasar a través de los alveolos lácteos a la leche. Esto es motivo para que en los Países desarrollados controlen, celosamente, que la SA que es usada en nutrición animal no contengan a estos patógenos. De ahí, que el contenido máximo de humedad no debiera superar el 11%. Cuando las condiciones climáticas son desfavorables –exceso de lluvias- aumentan los riesgos de desarrollo fúngico. Por ello, el lugar de almacenaje debiera garantizar un ambiente seco, con piso de material.

Existen una serie de mecanismos para eliminar o evitar el desarrollo de hongos, entre ellos, la momificación es uno de los métodos más usados en los Países altamente tecnificados. Este tratamiento no solo actuaría como preventivo sino también diluyendo la toxicidad de alimentos contaminados.

En trabajos realizados en la EEA INTA Rafaela encontraron que el uso de SA tratadas con sales de amonio suelen modificar algunos parámetros de calidad de la leche, como por ejemplo:

  • Menores concentraciones de proteína verdadera, especialmente caseína.
  • Mayores concentraciones de nitrógeno no proteico.
  • Mayor concentración de grasa butirosa. Modificándose la composición química de la misma, aumentando los ácidos grasos de cadena larga y disminuyendo los de cadena corta.

Elizalde et al, (1993) evaluaron la composición química de la grasa subcutánea de novillos que consumieron 2 kg de SA/dia, y observaron un mayor contenido de grasas saturadas en estos depósitos respecto a otros animales sin este suplemento. El triglicérido que más incremento fue el ácido esteárico (Carbono 18:0) junto con otras fracciones de fosfolípidos.

Recientemente, Pires et al (1997) estudiaron el efecto del tratamiento con calor (149oC durante 30´) en la SA entera con vacas lecheras. La dieta estuvo conformada por silaje de maíz (55%) y urea (1.54%). El tostado incremento la cantidad de proteína indegradable en rumen, la relación acetato: propionato, el pH, y la proteína en la leche. Sin embargo, el tostado redujo la digestibilidad ruminal de la materia orgánica, la de la FDN y la biohidrogenacion de los ácidos grasos insaturados en rumen. Cuando se combinó el tostado con el molido mejoraron todos los parámetros citados.

En la Tabla 3 se presenta el perfil de aminoácidos (AA) que de la leche de vaca y de las bacterias ruminales. Además, de los AA que predominan en una serie de suplementos (subproductos o residuos de agroindustria).

Tabla 3: Perfil de AA (%) requerido para vacas lecheras de alta producción, por las bacterias ruminales y los aportados por distintos suplementos.


 
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