Forrajes en corrales de engorda

Publicado el: 19/8/2018
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Con el objetivo de incrementar la densidad energética de la dieta el ganado es alimentado con altas cantidades de concentrados (principalmente cereales) y pocas cantidades de forraje durante su fase de finalización. El forraje en cantidades moderadas en las raciones puede mejorar la mezcla de los ingredientes (ayuda a minimizar la separación de partículas finas), promueve el consumo de materia seca y con frecuencia aumenta las ganancias. Sin embargo, la energía de fibra normalmente cuesta más que la energía obtenida a partir de los granos (relación costo por unidad de energía) por lo que el mantener el nivel adecuado de fibra en una dieta de finalización es un factor importante para mantener un rendimiento óptimo, la salud animal, y el costo de producción.

El forraje en las raciones altas en energía representa uno de los principales mecanismos protectores de acidosis subaguda debido a la estimulación que hacen de la rumia por lo que el nivel de inclusión, así como las características físicas (presentación) y la de su pared celular (atributos de sus componentes fibrosos) deben ser cuidosamente consideradas al formular las dietas.

Adicionalmente debe tomarse en cuenta que debido a las condiciones de acidez ruminal, como resultado de la fermentación de los granos, la población y la actividad celulolítica es deprimida (efecto asociativo negativo) y aunque la magnitud de esta depresión está influenciada por varios factores, la cantidad de almidón en la dieta es el factor de mayor peso. Por ejemplo, Plata et al. (1994) observaron que la digestibilidad de la fibra detergente neutro se redujo alrededor de un 50% al incrementar de 20 a 60% de concentrado rico en almidón. Estos resultados indican que se obtiene el 50% o menos de la energía del forraje en raciones altas en grano, lo cual nunca se considera al formular las raciones. Debido a la disminución en la digestibilidad de cualquier forraje en condiciones de acidez, y de la baja participación de los forrajes en la dietas de finalización se recomienda utilizar los forrajes de menor calidad nutricional y de menor costo en los corrales de engorda tales como pajas y/o rastrojos, ya que éstos desempeñan más bien un papel de “ingrediente funcional” más que un insumo de aporte de nutrimentos (Mendoza, 1995).

Sin embargo, hay que considerar los riesgos que representa el incluir forrajes de baja calidad a las raciones de engorda ya que éstos, bajo ciertas condiciones, diluyen la densidad energética de la dieta y por factores asociativos pueden disminuir el consumo total de materia seca y por lo tanto, el consumo total diario de energía afectando las tasas de ganancia diaria. Entonces, la pregunta que surge es: ¿Qué cantidad de forraje es óptimo incluir en dietas de crecimiento-finalización?. El forraje es sin duda una de las principales herramientas con que cuenta el nutriólogo para disminuir el riesgo de presentación de la acidosis ruminal en el corral de engorda y aunque con el uso de ionóforos y otros antibióticos algunos investigadores han demostrado que es posible la finalización sin forraje esto generalmente no es recomendable en condiciones comerciales ya que el éxito de esta práctica estará supeditado a la eficiencia en todos los procesos incluidos en el sistema de alimentación del ganado, ya que un error mínimo puede traer consecuencias desastrosas, además, debe valorarse el riesgo contra el costo proporcional de cereales y forrajes incluidos en la dieta. Aunado a lo anterior, se ha demostrado que el comportamiento productivo del ganado bovino es mejor (mayores tasas de ganancia y eficiencia) al incluir niveles bajos de forraje en la ración comparado con aquellos que reciben raciones compuestas con 100% concentrado. Huffman et al. (1992) observaron incrementos en el consumo de ms y en la tasa de ganancia de 11.9 y 4.3%, respectivamente cuando compararon ganado alimentado con 100% de concentrado contra ganado alimentado con 90% de concentrado y 7.5% de forraje (una mezcla de alfalfa y ensilaje de maíz).

Sin embargo, el tipo de forraje y sus combinaciones pueden tener diferente efecto en el comportamiento productivo. En un experimento se compararon dos combinaciones de forrajes (alfalfa: olote de maíz y alfalfa: pasto bromo) en dos niveles de inclusión (0 y 7.5%). Parte de los resultados se resumen en el Cuadro 8.1. En el cual se observa que a un mismo nivel de inclusión el ganado que consumió la combinación alfalfa: olote de maíz, tuvo un mejor desempe- ño productivo comparado con aquellos que solo consumieron concentrado, mientras que el grupo que consumió la combinación alfalfa: pasto bromo, tuvo una respuesta contraria ya que mostraron un menor desempeño productivo que los animales que consumieron solo concentrado. Estos resultados indican que el aspecto funcional del forraje no es el mismo en todos los tipos de forraje y que pueden existir efectos asociativos entre las combinaciones cuando se incluyen en dietas altas en energía ya que algunas combinaciones pueden promover una ambiente ruminal más saludable optimizando la fermentación y absorción de nutrimentos.

La misma tendencia de mejora cuando se incluyen forrajes en niveles bajos en dietas de finalización ha sido informada en experimentos realizados con corderos (Cuadro 8.2) ya que, comparado con los corderos que consumieron solo una dieta a base de concentrados, el incluir 10% de forraje con un tamaño de partícula mediana incrementó 18.9% el consumo y 22.3% la tasa de ganancia diaria mejorando en 4.3% la conversión alimenticia. Esto indica que, además del nivel de inclusión, el tamaño de partícula también desempeña un papel importante en las características funcionales de los forrajes incluidos en las dietas altas en energía.

Aún existen muchas interrogantes respecto a la optimización en el uso de los forrajes en las raciones altas en grano; dentro de ellas, el potencial de su capacidad amortiguadora, el efecto de las combinaciones de forrajes, la optimización de los procesos físicos y químicos, entre otros, los cuales representan una ventana de oportunidad para seguir realizando investigaciones sobre el tópico.

 

Recomendaciones prácticas del uso de forrajes en dietas de finalización

Los forrajes comprenden del 6 hasta el 50% en las dietas de crecimiento finalización (materia seca). Es común que se indique que 8% es el mínimo de forraje que debe incluirse en la dieta de finalización, puesto que cantidades menores pueden resultar en trastornos digestivos que afectan la productividad del ganado. Lo anterior es parcialmente cierto si consideramos que la cantidad de fibra detergente neutro (fdn) varía de acuerdo al tipo y madurez del forraje.

De esta manera, existen fuentes de forraje como es el heno de alfalfa el cual su contenido de fibra detergente neutra varía desde un 39% (floración temprana) hasta el 60% (alfalfa madura). Sin embargo, se puede indicar que a madurez similar, los henos de leguminosas (50% fdn) contienen menos fdn que los henos de gramíneas (65% fdn) y que éstas a su vez contienen menos que las pajas (85% fdn). Lo anterior es una característica importante ya que estudios recientes han determinado una correlación importante entre la cantidad de fdn del alimento con el consumo y comportamiento esperado en ganado consumiendo dietas de crecimiento-finalización. Esta relación existente entre el contenido de fdn en la ración con el consumo de la materia seca y de energía se muestra en la Figura 1, donde se observa una respuesta al aumentar el consumo de materia seca (ms, kg/d) cuando la ración contiene 4% de fdn, mismo que persiste hasta que la dieta alcanza un 12% de fdn (consumo máximo de ms); a partir de ahí, el consumo empieza a declinar como consecuencia de la limitación física dado por el retardo del pasaje de la partícula fibrosa resultando en llenado ruminal. Por otra parte, el aumento de consumo de energía (en, Mcal/d) se comporta similar al consumo de ms sólo hasta que la dieta alcanza un 8% de fdn, a partir de ahí, la dilución de la densidad energética dada por una inclusión mayor de forraje disminuye el potencial de consumo de la energía, mismo que se agrava cuando el consumo de MS es limitado por llenado ruminal que se traduce cuando la ración sobrepasa el 12% de fdn (Zinn y Plascencia, 1996; Zinn y Ware, 2007).

Se puede indicar así, que el rango o ventana de la inclusión se encuentra como un mínimo de 6 y un máximo de 9% de fdn proveniente del forraje en la dieta. Considerando lo anterior si se utiliza heno de alfalfa de excelente calidad (40% de fdn) se requiere al menos un 15% de inclusión a la dieta para alcanzar el mínimo de 6% de fdn, mientras que con heno de Sudán (58% de fdn) con incluir 10% es suficiente para llenar el requerimiento mínimo. Adicionalmente, la elección de forraje que será incluido en la dieta estará de acuerdo al costo, calidad nutritiva, y al nivel de inclusión programado en la dieta (se debe de recordar que los forrajes contienen diferentes concentraciones de fdn). Cuando la cantidad de inclusión de fdn de forraje en la dieta es menor al 12%, las características nutritivas no son importantes, y los factores a tomar en cuenta son aceptabilidad, contenido de fdn y costo de inclusión. Por otro lado, a niveles mayores de forraje en la dieta, el papel primordial lo comprende su valor nutritivo. La desaparición de la fibra del rumen depende de la reducción del tamaño de la partícula. La actividad celulolítica se deprime cuando el pH ruminal cae por debajo de 6.4 y la rumia es mínima con las dietas altas en concentrados por lo que es importante que los forrajes estén suficientemente procesados para prevenir la acumulación ruminal y en consecuencia la disminución del consumo. Cuando el nivel de forraje es 20% o menos, las leguminosas tales como la alfalfa puede ser molida o picada para ser pasadas a un diámetro mínimo de 5 cm, cuando son gramíneas o pajas el diámetro recomendado es de 2.5 cm. Un proceso novedoso que se ha probado recientemente es el macerado de pajas que consiste en pasar la paja a través de un juego de rodillos que giran entre sí a distintas velocidades lo que promueve una separación o machacamiento de la fibra. Esto aumenta la superficie de exposición de la fibra con cambios mínimos en la densidad de la misma lo que se refleja en aumentos tanto en tasa de digestión como de la tasa de pasaje, traduciéndose en una mejora energética de la paja la cual resulta similar a la contenida en forrajes de mejor calidad como el heno de Sudán (Plascencia et al., 2007; Serrano-Ponce et al., 2011).

En términos generales se recomienda formular para la ración inicial entre 18 y 22% de fdn, la de transición de 14 a 16% de fdn con la incorporación de ionóforo, y la de finalización reducir entre 8 y 10% de fdn, incluyendo bicarbonato de sodio.

Parte del Libro "Alimentación de ganado bovino con dietas altas en grano" ISBN: 978-607-28-1031-0

 
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Egresado de la Licenciatura en Medicina Vet. y Zootecnia de la Univ Aut Metropolitana- Xochimilco. Obtuvo la Maestría en Nutrición Animal en el Centro de Ganadería del Colegio de Postgraduados y el Doctorado en Nutrición de Rumiantes en la Univ. de Nebraska. Realizó estudios posdoctorales en la Univ. de Nuevo México en el área de Nutrición de Fauna Silvestre. Ha publicado numerosos artículos científicos, además de dictar diversas conferencias nac. e internacionales. Pertenece al Sist. Nac. de Investigadores Nivel iii, es miembro de la Academia Mexicana de Ciencias y de la Academia Mexicana Vet
Egresado de la Licenciatura en Producción Animal de la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, obtuvo Maestría y Doctorado en Ciencias en Nutrición de Rumiantes en el Programa de Ganadería del Colegio de Postgraduados, realizó estudios posdoctorales en la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco en el área de nutrición de rumiantes. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel I. Profesor Investigador Tiempo Completo de la Licenciatura de Medicina Veterinaria y Zootecnia del Centro Universitario uaem Amecameca de la Universidad Autónoma del Estado de México
 
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