Conservación de los suelos ganaderos: un tema pertinente en tiempos de sequía

Publicado el: 15/6/2015
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Para la mayoría de ganaderos la parte más valiosa de su patrimonio es el ganado. Otros productores consideran más esenciales aún, la cobertura vegetal y las aguas de la finca. Sin embargo, se puede argumentar que el suelo de la propiedad es un patrimonio más importante, aunque subvalorado. Esto se debe a varias razones:

  • El suelo soporta todo el sistema productivo al sostener el crecimiento de la vegetación y la producción de forrajes para los animales.
  • El suelo contiene el mayor depósito de agua de los agropaisajes tropicales.
  • La formación, evolución y desarrollo de los suelos son el resultado de procesos mucho más antiguos y prolongados (milenios) que aquellos que dieron origen a la vegetación natural de los bosques o sabanas o a los pastos y forrajes ganaderos.
  • El suelo es en sí mismo un ecosistema complejo moldeado por procesos geológicos, físicos, químicos y biológicos.
  • Los animales y la vegetación pueden ser reemplazados con tiempo y esfuerzo, pero es mucho más difícil reemplazar los suelos perdidos o restaurar la fertilidad en los suelos degradados. Esto aplica también para los recursos hídricos.

Suelo, agua y vegetación son tres componentes del patrimonio natural del productor que están íntimamente relacionados. De esta forma, la suerte de cada uno de ellos determina la suerte de los otros. Solo los ganaderos que logren asimilar e interiorizar esta realidad podrán preparar adecuadamente sus fincas para el cambio climático que nos expone a condiciones cada vez más extremas e impredecibles de sequía, lluvia, heladas en los altiplanos y altas temperaturas durante el verano.

 

Figura 1. Paisaje de la Cordillera Occidental entre Concordia y Betulia, Antioquia. La deforestación unida al sobrepastoreo en pendientes fuertes y el monocultivo de café sin sombrío han acelerado la formación de cárcavas, remociones en masa, surcos y la erosión laminar en estas montañas. Foto: Z. Calle, CIPAV

 

 

Ante la intensa sequía que viven hoy las regiones Caribe y Andina, la preocupación por el suelo parece secundaria frente a la lucha diaria de los productores para garantizar el suministro de agua y forrajes para el ganado. Pero la realidad es que del manejo que hagamos en este momento de los suelos ganaderos dependerá en gran medida la erosión que van a sufrir las fincas cuando regresen las lluvias. El sobrepastoreo y el movimiento excesivo de los animales que no encuentran sombra ni alimento en los potreros, están dejando como consecuencia grandes extensiones de suelo desnudo en las fincas ganaderas del norte y centro del país. Esto significa que la próxima temporada de lluvias encontrará miles de hectáreas descubiertas, donde las aguas de escorrentía arrastrarán la fertilidad de los suelos hacia las cuencas hidrográficas sedimentando los ríos y ciénagas, es decir, preparando el escenario para las próximas inundaciones. Por otra parte, en subregiones como el litoral Caribe, la península de la Guajira y el valle del río Cesar, el viento seco que acompaña al verano genera altos niveles de erosión eólica.

 

Figura 2. En las tierras planas y suavemente onduladas como esta finca ganadera de La Jagua del Pilar, Guajira, la erosión se evidencia en las raíces descubiertas de los árboles. Foto: Z. Calle, CIPAV

 

Bienes y servicios ambientales de los suelos

Los suelos son mucho más que la base productiva de la agricultura, la ganadería y la producción forestal. Además de esto son el soporte de la biodiversidad, regulan el ciclo hidrológico, intervienen en el reciclaje de todos los nutrientes, filtran enormes volúmenes de sustancias contaminantes y son un importante sumidero de gases de efecto de invernadero (principalmente dióxido de carbono, metano y dióxido de nitrógeno).

La Convención de las Naciones Unidas sobre la Lucha contra la Desertización (UNCCD), de la cual Colombia es signataria, define la degradación de las tierras como la incapacidad para sostener adecuadamente las funciones ecológicas y económicas originales como resultado de diferentes procesos antrópicos y naturales. La degradación de los suelos es el deterioro de las propiedades físicas, químicas y/o biológicas, que impide o limita el desarrollo de los cultivos y los pastos. La desertificación es la degradación de las tierras en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas como resultado de las variaciones climáticas y de las actividades humanas.

 

Figura 3. Cárcava remontante en Chaparral, Tolima. La degradación severa de estos terrenos no solo afecta el paisaje local sino que exporta enormes volúmenes de sedimentos a la cuenca del río Magdalena. Foto: Mauricio Carvajal, CIPAV

 

Según el IDEAM los procesos de degradación con mayor incidencia en Colombia se asocian a la erosión hídrica superficial, que hace trece años ya afectaba un 79% del territorio nacional (90’392.661 hectáreas). Aunque no se han publicado cifras recientes, la situación es peor en la actualidad. Las regiones más secas del país son las más afectadas por la degradación de tierras: el  Caribe con 42% del área muy afectada (48.580 km²); la Orinoquia con 32% (37.013 km²) y la región andina con 24% (27.760 km²) según las cifras del IDEAM de hace 10 años.  Para el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Territorial las cuencas que presentan las mayores tasas de erosión, con pérdidas de suelo mayores a 25 toneladas por hectárea por año, son la alta y baja Guajira, valle del río Cesar, norte de la Sierra Nevada de Santa Marta, río Catatumbo, alto y bajo Patía, río Micay, medio Cauca, río Sogamoso, alto Meta, alto y medio Magdalena. 

 

Figura 4. Erosión laminar, surcos y pequeñas cárcavas causadas por el tránsito permanente del ganado en un mismo camino. Foto: Z. Calle, CIPAV

 

La ganadería moderna y sostenible debe respetar la integridad de los suelos y contribuir a que éstos sean más resilientes a los efectos adversos del cambio climático. De hecho, la conservación decidida de nuestros suelos es la principal medida que debemos adoptar como sociedad para prevenir la erosión, los deslizamientos, la pérdida de vidas humanas en derrumbes, las emisiones de gases de efecto invernadero, la inseguridad alimentaria y la pobreza.

Po esta razón, la ganadería colombiana debe adoptar los principios de la agricultura de conservación: respetar la zonificación agrológica, en especial los terrenos pendientes y la vegetación protectora de las microcuencas; mantener una cobertura permanente del suelo; hacer el mínimo movimiento posible del suelo en las labores de adecuación de tierras y asociar las gramíneas con leguminosas herbáceas, arbustivas y arbóreas.

 

Figura 5. Potrero afectado por erosión laminar, con pequeños parches de suelo desnudo. Con frecuencia, las personas que están muy familiarizadas con un determinado agropaisaje no reconocen en él las señales de erosión. Foto: Z. Calle, CIPAV

 

Manejo del suelo ganadero para reducir la erosión

Planificar el uso de la tierra en la finca

El punto de partida debe ser una planificación de la finca orientada a concentrar la ganadería en las tierras más aptas para esta actividad y destinar los terrenos más pendientes a bancos mixtos de forrajes con árboles y otras actividades forestales, agroforestales o de conservación. Se debe evitar el pastoreo en las laderas y cerca de las quebradas, ríos, ciénagas y otros cuerpos de agua.

 

Figura 6. Potrero afectado por erosión laminar y grietas profundas en proceso de restauración ecológica en EL Centro de Investigación El Nus, San Roque, Antioquia (convenio CORPOICA-CIPAV 2014). En este sitio se lleva a cabo un proceso de manejo de la regeneración natural acompañado de una siembra de enriquecimiento para recuperar un bosque y así restablecer la estabilidad del suelo. Foto: Z. Calle, CIPAV. 

 

Preparación de potreros

Los ganaderos progresistas, que entienden la necesidad de producir leche y carne conservando los recursos naturales, deben aplicar los principios de la labranza de conservación: el suelo no se remueve; la descompactación se lleva a cabo con implementos apropiados como el arado de cincel o los subsoladores; se trabaja sobre curvas de nivel y se emplean siempre coberturas vivas o muertas sobre el terreno. Es necesario abandonar las prácticas destructivas de preparación de los potreros que involucran el uso del fuego, el arado de disco, la rastra pesada y la eliminación de árboles y arbustos nativos. 

 

Figura 7. Siembra de botón de oro en curvas de nivel en el Centro de Investigación El Nus (San José del Nus, San Roque, Antioquia; convenio CORPOICA-CIPAV 2014). Las barreras de arbustos y árboles en curvas de nivel ayudarán a aumentar la productividad de este potrero y al mismo tiempo protegerán el suelo. Foto: Z. Calle CIPAV

 

Manejo de la finca ganadera

Los impactos negativos más fuertes sobre el suelo y la vegetación en las fincas ganaderas se observan en los sitios de mayor movimiento de los animales: los caminos, corrales, y el acceso a bebederos y saladeros. En las fincas de montaña se forman surcos profundos y en las tierras planas los senderos se compactan cada vez más. En todos los casos, el agua que no se infiltra en estos sitios genera escorrentía que erosiona las tierras aledañas. En las fincas lecheras muchos ganaderos han optado por cubrir con cemento o ladrillo los caminos del ganado, pero esto genera nuevos problemas porque además reducir el área de producción de forrajes, aumenta los la cojera de las vacas lecheras durante los periodos lluviosos. Los productores deben hacer un esfuerzo para rotar los comederos y saladeros y cercar los senderos erosionados con el fin de permitir su recuperación. Por otra parte, los sitios donde hay altas concentraciones de estiércol y orina del ganado son ideales para la siembra de árboles y palmas nativos.

El uso de cintas eléctricas no solo ayuda a tener animales mansos, sino que también facilita hacer una rotación periódica de los sitios donde el ganado erosiona el suelo y permite reducir el tamaño de las áreas destinadas a caminos, puertas, broches y pasos erosionados.

 

Figura 8. Los árboles gigantes del bosque seco tropical encierran la clave para la adaptación al cambio climático en el valle del río Cesar (finca Rancho J, Valledupar). Foto: Z. Calle, CIPAV.

 

Cargas animales adecuadas

Cada ganadero debe conocer cuánto forraje tiene disponible en un potrero determinado para calcular la carga adecuada en cada rotación (ver Carta FEDEGAN 134, Aforo de Forrajes, páginas 62-66).  En ningún ecosistema se debe permitir que el ganado permanezca indefinidamente en un mismo potrero; todas las praderas necesitan subdivisiones para favorecer la recuperación de los forrajes y proteger los suelos. El ganado debe moverse en franjas con períodos prolongados de descanso que garanticen la recuperación de las leguminosas rastreras. En los sistemas silvopastoriles intensivos, la rotación del ganado debe permitir la recuperación adecuada del estrato arbustivo de leucaena o botón de oro.

No existe peor maleza que el suelo desnudo

El sobrepastoreo, la aplicación exagerada de herbicidas y la limpieza mecánica excesiva dejan áreas desnudas o calvas en los potreros, que se erosionan fácilmente. Un potrero bien manejado debe tener una cobertura total del suelo, es decir, no deben tener parches de suelo desnudo. Por esta razón, el control químico o mecánico de malezas debe ser acompañado de la siembra inmediata de las áreas desnudas. Todas las plantas conocidas peyorativamente como malezas, incluso las más tóxicas y espinosas, ayudan a conservar el suelo. En otras palabras, las prácticas de limpieza deben ser respetuosas del suelo.

 

Figura 9. En este cultivo de fríjol la maleza conocida como corazón herido se maneja para mantener una cobertura permanente del suelo. Los tallos del botón de oro que se cosecha como forraje se depositan en los surcos cubren el suelo y le aportan materia orgánica. Foto: Z. Calle, CIPAV.

 

Recuperación de suelos compactados

La compactación es una de las principales manifestaciones de la degradación en los suelos ganaderos y tiene un fuerte impacto sobre la productividad de la ganadería porque limita o impide la infiltración del agua, dificulta el crecimiento de las raíces y puede atrofiar el desarrollo de las plantas. La compactación afecta la fertilidad del suelo al reducir la actividad biológica, que se concentra en 10 cm más superficiales. El reto de la ganadería sostenible consiste en renovar las praderas sin cambiar la cobertura. Corpoica ha desarrollado una excelente propuesta de renovación de praderas para los altiplanos que emplea equipos apropiados para la labranza de conservación (renovador de praderas) y combina las enmiendas y la entre-siembra de pastos con leguminosas como tréboles o carretones. En las fincas ganaderas donde la compactación afecta capas más profundas, es necesario recurrir a un cincelado de mayor profundidad.

 

Figura 10. Renovación de praderas en Saboyá, Boyacá. Foto: Walter Galindo, CIPAV.

 

Fertilización de los potreros

Cada ganadero debe conocer las propiedades químicas, físicas y ojalá también las biológicas de sus suelos. En varias regiones de Colombia los productores están haciendo fertilizaciones excesivas que acidifican el suelo, deterioran la calidad del agua y disparan las poblaciones de insectos plaga tales como los chupadores de los pastos. Varias investigaciones han mostrado que la fertilización nitrogenada reduce el espesor de la pared celular de las gramíneas y las hace más susceptibles a insectos chupadores como el chinche Collaria scenica y el lorito verde que afectan al pasto kikuyo. Por otra parte, el nitrógeno se volatiliza muy rápido; cerca de 30% de esta pérdida ocurre en el momento de la aplicación. Una fertilización órgano-mineral ofrece un mejor balance de nutrientes para las gramíneas que la fertilización nitrogenada convencional. Así, los argumentos ambientales y financieros coinciden en señalar que la fertilización de la finca ganadera debe obedecer a un plan racional y debe estar basada en análisis de los suelos y los costos de la finca.

 

Figura 11. Sistema silvopastoril de tilo, aliso y kikuyo. Reserva Natural la Nube, San Francisco, Cundinamarca. Foto: Walter Galindo, CIPAV

 

Reciclaje de nutrientes en el sistema.

Este punto está íntimamente relacionado con el anterior. Los productores ganaderos deben entender y valorar el papel de los organismos del suelo en conservar la fertilidad y la capacidad productiva del mismo. Al mantener una combinación adecuada de plantas forrajeras y especies leñosas en los potreros es posible aumentar la producción de biomasa e incorporar más materia orgánica al suelo. Una mayor densidad de raíces en el potrero significa mayor actividad de los organismos del suelo, un reciclaje más eficiente de los nutrientes, menor dependencia hacia fertilizantes externos y mayor retención de humedad en el suelo durante los períodos secos. Los productores lecheros apoyados por Corpoica en Saboyá, Boyacá, entendieron estas interrelaciones cuando incorporaron una alta densidad de alisos en sus potreros de kikuyo. El nitrógeno fijado por los alisos y la hojarasca del árbol estimulan a la macrofauna del suelo. A su vez, la macrofauna recicla los nutrientes adecuadamente, gracias a lo cual ya no es necesario fertilizar los potreros.

 

Figura 12. Los sistemas ganaderos con gramíneas como el pasto jesuita gigante y el kikuyo, arbustos como el botón de oro y árboles fijadores de nitrógeno como el aliso, producen abundante biomasa de alta calidad, tienen un adecuado control biológico natural de las plagas y mantienen el suelo cubierto a lo largo del año. Finca Cien Años, Rionegro, Antioquia. Foto: Z. Calle, CIPAV.

 

Un microclima benigno

Durante el mes de julio la temperatura ambiental en los potreros sin sombra del valle del río Cesar ha superado varias veces los 44°C y la temperatura de los suelos sin vegetación alcanza los 55°C. Debemos recordar que el suelo es un ecosistema vivo; las altas temperaturas eliminan las posibilidades de vida en él. Sin embargo, la temperatura en los sistemas silvopastoriles intensivos y en los fragmentos de bosque seco se mantiene por debajo de 34°C. Los diez grados de diferencia entre ambos sistemas ganaderos significan mucho para el bienestar del ganado y la actividad biológica del suelo. Por esta razón nos arriesgamos a afirmar que la ganadería en el Caribe seco colombiano, amenazada por el avance del desierto y la sequía asociada al cambio climático y el fenómeno del Niño, solo será viable en sistemas sombreados, con arbustos y árboles en muy alta densidad.

 

Figura 13. Las barreras vivas densas como este cerco de cactus en San Juan del Cesar, Guajira, protegen a los potreros contra la erosión eólica e hídrica, además de ofrecer hábitat y recursos para la fauna silvestre. Foto: Z. Calle, CIPAV.

 

Conservar el “agua verde” del sistema ganadero

La ganadería y la agricultura del futuro tendrán que depender cada vez menos del “agua azul” (aguas superficiales y subterráneas) y más del “agua verde”, es decir, aquella que se ha infiltrado en forma natural y que se encuentra en el suelo. El manejo integrado del agua y el suelo se centra en mejorar la fertilidad (incrementar la materia orgánica), aumentar la infiltración, hacer más lenta la escorrentía, captar y almacenar las aguas lluvias y reducir la evapotranspiración de las plantas. Los ganaderos tendrán que esforzarse cada vez más para almacenar y retener una parte significativa del agua que llueve sobre sus fincas, en vez de depender del agua de los ríos, acuíferos y represas.

 

Conclusiones

El suelo es el gran patrimonio no reconocido de los ganaderos y aunque ha sufrido pésimos manejos y se encuentra severamente afectado, es la principal herramienta que tienen los productores para enfrentar las manifestaciones extremas del cambio climático.

 

Lecturas recomendadas

Barron, J. 2014. El suelo como un recurso hídrico. Reflexiones sobre la gestión de los suelos de las zonas productivas que satisfacen los retos del desarrollo. Stockholm Environment Institute/SEI. Editado por Global Water Institute - GWI. 9p.

Botero, R. 2009. Estrategias para el establecimiento de pasturas mejoradas en las sabanas bien drenada de América Tropical. Escuela de Agricultura de la Región Tropical Húmeda, Universidad EARTH. Costa Rica. Documento no publicado. 56 p.

INSTITUTO DE HIDROLOGÍA, METEOROLOGÍA Y ESTUDIOS AMBIENTALES - IDEAM, 1998. El Medio Ambiente en Colombia. Editor: Pablo Leyva. Bogotá, Colombia, 495 p.

Murgueitio, E; Chará, D; Solarte, A; Uribe, F; Zapata, C; Rivera, JE. 2013a. Agroforestería Pecuaria y Sistemas Silvopastoriles Intensivos (SSPi) para la adaptación ganadera al cambio climático con sostenibilidad. Revista Colombiana de Ciencias Pecuarias RCCP, Vol. 26 (2013). Universidad de Antioquia, Colombia.

Uribe, F., Zuluaga, A.F., Valencia, L., Murgueitio, E., Ochoa, L. 2011. Buenas prácticas ganaderas. Manual 3. Proyecto Ganadería Colombiana Sostenible. GEF, Banco Mundial, Fedegán, CIPAV, Fondo Acción, TNC. Bogotá, 82 p.

 
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