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U.S. Soybean Export Council (USSEC)

¿Precio o costo? Nuevos criterios para seleccionar harina de soya en la formulación de alimentos balanceados

Publicado: 10 de agosto de 2026
Fuente: Por Thomas D'Alfonso, Ph.D. Worldwide Animal Nutrition Focus Area Director. U.S. Soybean Export Council (USSEC)
Introducción
La formulación de alimentos balanceados ha evolucionado de manera importante en las últimas décadas. A medida que los sistemas de producción animal se vuelven más eficientes y la presión por optimizar costos aumenta, también cambian los criterios para seleccionar las materias primas que integran una dieta.
Durante muchos años, el precio por tonelada y el contenido de proteína cruda fueron los principales parámetros para comparar ingredientes proteicos. Ambos siguen siendo relevantes, pero hoy resultan insuficientes para estimar el valor real que una materia prima aporta al desempeño animal y a la rentabilidad de la operación.
Desde la perspectiva de USSEC, evaluar una fuente de proteína requiere incorporar otros atributos que inciden directamente en la eficiencia de la formulación y en el aprovechamiento de los nutrientes: la digestibilidad de los aminoácidos, la uniformidad de la composición nutricional, la calidad del ingrediente y su comportamiento durante el proceso productivo.
La harina de soya derivada de U.S. Soy ha sido ampliamente estudiada por universidades y centros de investigación por su perfil nutricional, su digestibilidad y la estabilidad de su composición. Constituye un ejemplo de cómo la formulación moderna avanza hacia criterios basados en el valor nutricional efectivo, y no únicamente en el costo inicial de adquisición. 
Cuando el precio deja de contar toda la historia
En cualquier planta de alimentos balanceados, el costo de las materias primas es uno de los componentes más importantes de la estructura de producción. Es comprensible que las decisiones de compra comiencen con una comparación de precios entre proveedores u orígenes. Sin embargo, precio y costo no son conceptos equivalentes.
El precio corresponde al valor pagado por una tonelada de ingrediente. El costo refleja el impacto que ese ingrediente tiene sobre la formulación, el desempeño de los animales y la rentabilidad del sistema productivo.
Una materia prima con un menor precio inicial puede presentar mayor variabilidad en su composición nutricional, digestibilidad inferior o menor disponibilidad de aminoácidos. En estos casos, el nutricionista suele incorporar márgenes de seguridad adicionales para asegurar que los requerimientos nutricionales se cubran de manera consistente. El ahorro aparente de un menor precio de compra puede así verse compensado por una formulación menos eficiente o por un mayor costo de producción por kilogramo de carne, leche, huevo o pescado producido.
Por esta razón, cada vez más empresas complementan el análisis económico tradicional con indicadores de desempeño productivo, eficiencia alimenticia y utilización real de los nutrientes, valorando el ingrediente no solo por lo que cuesta adquirirlo, sino por la contribución que realiza al resultado final del sistema de producción.
Más allá de la proteína cruda 
Durante décadas, el contenido de proteína cruda ha sido uno de los principales criterios para evaluar ingredientes destinados a la alimentación animal. Los avances en nutrición han demostrado, sin embargo, que este indicador representa solo una aproximación al valor proteico de una materia prima.
La metodología para determinar proteína cruda estima el contenido total de nitrógeno del ingrediente y, a partir de ese resultado, calcula un valor equivalente de proteína. Sigue siendo un procedimiento ampliamente aceptado para caracterizar materias primas, pero no permite conocer cuántos aminoácidos estarán realmente disponibles para el animal después del proceso digestivo. En consecuencia, dos ingredientes con valores similares de proteína cruda pueden ofrecer perfiles nutricionales distintos y generar respuestas productivas diferentes.
La formulación moderna se orienta hoy hacia el concepto de aminoácidos digestibles, un enfoque que permite estimar con mayor precisión la cantidad de nutrientes que el animal podrá absorber y utilizar para crecimiento, producción de leche, deposición de tejido muscular o mantenimiento de funciones fisiológicas. La lisina, la metionina y la treonina continúan siendo los aminoácidos de mayor importancia en las dietas para monogástricos, pero además de su concentración resulta indispensable considerar su digestibilidad, ya que es esta la que determina el aporte nutricional efectivo del ingrediente.
Diversos estudios realizados en la Universidad de Illinois han mostrado que la harina de soya derivada de U.S. Soy presenta elevados coeficientes de digestibilidad estandarizada para proteína y aminoácidos esenciales, lo que facilita la formulación precisa de dietas y reduce la necesidad de incorporar márgenes adicionales de seguridad. 
Uniformidad nutricional: una herramienta para formular con mayor precisión 
Además de la digestibilidad, la uniformidad de la composición nutricional de las materias primas es un aspecto que ha cobrado relevancia en la formulación moderna. Aunque recibe menos atención que el contenido de proteína o el perfil de aminoácidos, tiene un impacto directo sobre la precisión con la que un nutricionista puede formular una dieta. 
Cuando un ingrediente presenta variabilidad importante entre lotes, el formulador debe incorporar márgenes de seguridad para minimizar el riesgo de que algún nutriente quede por debajo de los requerimientos del animal. Esta práctica reduce la incertidumbre, pero también puede incrementar el costo de la dieta y disminuir la eficiencia en el uso de nutrientes. Una materia prima con composición más uniforme, en cambio, permite formular con mayor confianza y aprovechar mejor la información disponible sobre su valor nutricional, lo que se traduce en dietas más consistentes y en una utilización más eficiente de cada ingrediente.
Estudios publicados por la Universidad Politécnica de Madrid han mostrado que la harina de soya de origen estadounidense presenta menores coeficientes de variación en varios de sus componentes nutricionales respecto a otros orígenes comerciales. Para el nutricionista, esta información representa una ventaja práctica: facilita formulaciones más precisas y reduce la necesidad de sobreformular determinados nutrientes. 
El origen del ingrediente también influye 
Las materias primas suelen considerarse intercambiables porque comparten un mismo nombre comercial. Sin embargo, el origen de un ingrediente puede influir en su calidad, procesamiento y valor nutricional. Las condiciones de cultivo, el manejo poscosecha, el almacenamiento y el procesamiento industrial pueden modificar la composición química del grano y afectar la disponibilidad de nutrientes para los animales.
En el caso de la soya, el daño físico del grano y el contenido de humedad son variables que repercuten en la calidad final de la harina. Granos con menor daño físico conservan mejor la integridad de la proteína durante el procesamiento, favoreciendo una mayor disponibilidad de aminoácidos. Los programas de monitoreo de calidad impulsados por USSEC han documentado que U.S. Soy mantiene bajos niveles de humedad y daño total en las evaluaciones realizadas en los principales puntos de exportación, un resultado que respalda la disponibilidad de una materia prima con características consistentes para la formulación de alimentos balanceados.
Más que establecer comparaciones simplificadas entre países productores, el objetivo es reconocer el origen como una variable técnica adicional en el proceso de evaluación de materias primas. 
El aporte de los compuestos bioactivos 
La atención de la nutrición animal se centró durante muchos años en proteína, energía y aminoácidos. Investigaciones recientes han comenzado a explorar, además, el papel de compuestos bioactivos presentes de forma natural en algunos ingredientes vegetales. En la harina de soya se han identificado isoflavonas, polifenoles, péptidos bioactivos y ciertos lípidos funcionales, actualmente en estudio por su posible participación en la salud intestinal, la respuesta inmunitaria y el aprovechamiento de nutrientes.
Esta línea de investigación continúa en desarrollo y sus resultados son todavía preliminares, pero apunta a un cambio de fondo en la formulación moderna: las materias primas dejan de analizarse únicamente por los nutrientes que contienen, para evaluarse también por el conjunto de características que pueden contribuir al desempeño general del animal. 
Integrar nutrición y abastecimiento para generar mayor valor 
La decisión sobre qué ingrediente incorporar en una formulación rara vez depende de un solo profesional. En la práctica intervienen distintas áreas de la empresa: nutrición, compras, producción y dirección financiera. Cada una aporta una perspectiva diferente. Mientras compras busca optimizar el costo de adquisición, el nutricionista procura garantizar el suministro adecuado de nutrientes para alcanzar los objetivos productivos.
Cuando estas decisiones se toman de manera independiente, existe el riesgo de priorizar indicadores que no reflejan el impacto final sobre la rentabilidad de la operación. Por ello, cada vez más empresas promueven una colaboración estrecha entre ambas áreas para evaluar los ingredientes desde una perspectiva integral: no solo el precio por tonelada, sino también la digestibilidad, la uniformidad nutricional, la respuesta productiva de los animales y el costo por unidad de producto obtenido. Incorporar estos elementos al proceso de decisión permite construir estrategias de abastecimiento más alineadas con los objetivos técnicos y económicos de la empresa. 
Conclusiones
La formulación de alimentos balanceados continúa evolucionando conforme avanza el conocimiento sobre nutrición animal y se dispone de nuevas herramientas para evaluar las materias primas. El precio de un ingrediente sigue siendo un criterio relevante, pero ya no es el único elemento para determinar su valor dentro de una dieta. La digestibilidad de los nutrientes, la disponibilidad de aminoácidos, la uniformidad de la composición nutricional, la calidad del ingrediente y su origen forman parte de una evaluación más completa, que permite formular con mayor precisión y aprovechar de manera más eficiente los recursos disponibles.
Desde la perspectiva de USSEC, la harina de soya derivada de U.S. Soy es un ejemplo de cómo una materia prima puede evaluarse bajo estos criterios técnicos. La evidencia científica disponible respalda su perfil nutricional, su digestibilidad y la estabilidad de su composición, características que contribuyen a desarrollar dietas más precisas y a responder a las necesidades de una producción animal cada vez más eficiente.
Más que elegir un ingrediente por su precio, la formulación moderna invita a evaluar el valor que ese ingrediente aporta al sistema de producción. En última instancia, es esa capacidad para transformar nutrientes en resultados productivos la que determina el verdadero costo de una dieta. 

Lagos, L. V., & Stein, H. H. (2017). Chemical Composition and Amino Acid Digestibility of Soybean Meal Produced in the United States, Brazil, Argentina, India, or China. Journal of Animal Science, 95(4), 1626–1636.

Stein, H. H., et al. (2008). Nutritional Properties and Feeding Values of Soybeans and Their Coproducts. En Soybeans: Chemistry, Production, Processing, and Utilization. AOCS Press.

García-Rebollar, P., et al. (2016). Influence of the Origin of the Beans on the Chemical Composition and Nutritive Value of Commercial Soybean Meals. Animal Feed Science and Technology, 221, 245–261. 

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