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La saga de la inflamación: Avances nutricionales en la avicultura

Publicado: 5 de agosto de 2026
Fuente: Juan C. Rodríguez-Lecompte. Profesor Asociado, DVM, MSc, PhD. University of Prince Edward Island. Canadá
El resumen de la publicación "The inflammation saga: Breakthrough nutritional insights for poultry" (Rajesh Jha, Doug Korver, Woo Kyun Kim, Leon Marchal, Kirsty Gibbs, John Halley, Poultry Science, Volume 105, Issue 1, 2026, 106200, ISSN 0032-5791, https://doi.org/10.1016/j.psj.2025.106200) es científicamente valioso, está bien organizado y ofrece una visión completa de las implicaciones nutricionales y económicas de la salud intestinal en las aves de corral. La limitación principal es conceptual más que experimental. Específicamente, la revisión se beneficiaría de una distinción más clara entre la vigilancia inmune fisiológica, las respuestas homeostáticas adaptativas y la verdadera inflamación intestinal. A lo largo del manuscrito, las alteraciones en los biomarcadores moleculares, la composición microbiana, la función de la barrera epitelial y la actividad inmunitaria suelen interpretarse como evidencia de inflamación. Sin embargo, el conocimiento actual sugiere que estos procesos biológicos también pueden reflejar una regulación fisiológica normal o respuestas adaptativas de tipo homeostático, según el contexto. Incorporar esta distinción mejoraría sustancialmente la precisión conceptual de la revisión, preservando al mismo tiempo su relevancia práctica y traslacional.
La definición de inflamación presentada al principio del manuscrito es adecuada y coherente con la comprensión actual propuesta por Medzhitov (2008), que la define como una respuesta adaptativa a la homeostasis de los tejidos alterados. Sin embargo, esta definición no se mantiene de manera consistente a lo largo de las secciones posteriores. A medida que avanza la discusión, la interpretación se desplaza gradualmente hacia una definición basada en biomarcadores, en la que los cambios en la expresión de citocinas, las concentraciones de endotoxinas, las proteínas de unión estrecha, la composición microbiana u otros indicadores moleculares suelen considerarse sinónimos de inflamación. Estos parámetros son, sin duda, valiosos indicadores mecanicistas de la actividad biológica, pero no establecen, de forma independiente, que el intestino haya entrado en un estadoinflamatorio real. Su interpretación debe integrarse con evidencia de lesión tisular, pérdida de función, alteraciones estructurales y respuestas inflamatorias coordinadas. Mantener esta distinción a lo largo de la revisión fortalecería considerablemente su rigor biológico.
La saga de la inflamación: Avances nutricionales en la avicultura - Image 1
Imagen generada en Gemini IA, sugerida a partir del texto publicado por el autor de esta publicación (fuente engormix.com)
Un tema relacionado con la interpretación de la disbiosis. En varios casos, la disbiosis se presenta como un precursor casi inevitable de la inflamación intestinal. Sin embargo, la relación entre el desequilibrio microbiano y la inflamación es considerablemente más compleja. Dependiendo de su magnitud, duración y consecuencias biológicas, la disbiosis puede inducir una regulación inmunitaria adaptativa, alterar el metabolismo microbiano, modificar la fisiología epitelial, reducir la resiliencia del ecosistema, aumentar la susceptibilidad a enfermedades o, en circunstancias específicas, desencadenar respuestas inflamatorias. Por tanto, la inflamación debería considerarse una posible consecuencia de la disbiosis, en lugar de un resultado inevitable. Reconocer esta distinción reflejaría con mayor precisión los conceptos actuales sobre las interacciones huésped-microbiota y la ecología gastrointestinal.
De manera similar, el manuscrito suele implicar una secuencia directa que vincula la disfunción de la barrera con la inflamación y la pérdida posterior de rendimiento. Aunque esta progresión se observa comúnmente en modelos experimentales de enfermedades, también pueden producirse alteraciones de la integridad de la barrera epitelial durante la adaptación fisiológica, la renovación epitelial, ajustes nutricionales o metabólicos, o la remodelación transitoria del tejido, sin cumplir los criterios patológicos de inflamación. Por lo tanto, los cambios en la función de la barrera deben interpretarse en su contexto biológico, en lugar de considerarse evidencia independiente de la enfermedad inflamatoria.
Esta interpretación contextual también se aplica al uso de biomarcadores moleculares. A lo largo de la revisión, variables como las concentraciones de endotoxinas, los perfiles de citocinas, la expresión de proteínas de unión estrecha y otros marcadores inflamatorios se emplean con frecuencia como definiciones sustitutas de la inflamación intestinal. Aunque estos biomarcadores proporcionan información mecánica esencial, cuantifican la actividad biológica en lugar de definir el estado biológico en sí. Enfatizar esta distinción mejoraría la interpretación de los hallazgos experimentales y reduciría el riesgo de sobreestimar las respuestas inflamatorias al basarse únicamente en observaciones moleculares.
Desde una perspectiva fisiológica, el manuscrito también tiende a presentar la activación inmunitaria como un coste energético que compromete el rendimiento del crecimiento. Aunque las respuestas inflamatorias excesivas o patológicas sin duda imponen demandas metabólicas considerables, el intestino sano invierte continuamente energía en la renovación epitelial, la producción de moco, la síntesis de péptidos antimicrobianos, la producción de IgA secretoria, la vigilancia inmune, la regulación vascular y el mantenimiento de la integridad de la barrera. Estas actividades constitutivas representan componentes esenciales de la homeostasis gastrointestinal más que los costes inflamatorios. Distinguir los requerimientos fisiológicos normales para el mantenimiento del ecosistema gastrointestinal de los costos energéticos adicionales asociados a respuestas inflamatorias auténticas proporcionaría una perspectiva biológica más equilibrada.
Otro aspecto conceptual que merece mayor atención es el desenlace biológico de la inflamación. La discusión se centra en el inicio inflamatorio, las pérdidas de rendimiento, los antibióticos promotores del crecimiento y las alternativas nutricionales, aunque apenas se consideran los procesos que culminan la respuesta inflamatoria. La biología contemporánea de la inflamación reconoce la resolución, la reparación de tejidos, la remodelación estructural y la restauración funcional como fases integrales de lainflamación. Incluir estos procesos proporcionaría un marco biológico más completo y reforzaría la idea de que el objetivo de la inflamación va más allá de controlar los estímulos dañinos para restaurar la función gastrointestinal normal.
Por último, la discusión sobre los promotores del crecimiento antibiótico (AGP) se beneficiaría de una interpretación más matizada. El manuscrito atribuye con frecuencia sus beneficios a la reducción de la inflamación. Sin embargo, los AGP pueden mejorar el rendimiento animal mediante múltiples mecanismos complementarios, que incluyen la reducción de la carga de patógenos, la estabilización de la ecología microbiana, la mejora de la función de la barrera epitelial, la disminución de los estímulos inflamatorios, la alteración del metabolismo microbiano y la modulación de las vías de señalización inmune. En consecuencia, sus efectos beneficiosos pueden derivarse tanto de la preservación de la homeostasis gastrointestinal como de la atenuación directa de las respuestas inflamatorias. Reconocer esta interpretación más amplia reflejaría mejor la naturaleza multifactorial de la actividad del AGP y alinearía la discusión con los conceptos contemporáneos sobre la función del ecosistema intestinal.
En general, estas sugerencias no cuestionan el mérito científico del resumen del simposio. Más bien, pretenden reforzar su marco conceptual distinguiendo la regulación fisiológica de la inflamación patológica y enfatizando la importancia del contexto biológico al interpretar la activación inmune, las alteraciones microbianas, las respuestas epiteliales y los biomarcadores moleculares. Tales refinamientos aumentarían aún más el rigor científico y el impacto a largo plazo de esta revisión, que, por lo demás, sería valiosa. 

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