Antes de evaluar el bienestar de los pollos, la granja debe demostrar que cumple una larga lista de prerrequisitos.
Cuando una empresa decide certificar una granja bajo el protocolo Welfair® LATAM, es habitual que toda la atención se centre en la auditoría.
- ¿Cómo puntuarán los animales?
- ¿Habrá suficientes indicadores de bienestar?
- ¿Se alcanzará la puntuación necesaria para obtener el sello?
Sin embargo, existe una realidad que muchas explotaciones descubren demasiado tarde: la auditoría comienza mucho antes de que el auditor llegue a la granja.
Antes de evaluar el bienestar de los pollos, la explotación debe demostrar que dispone de un sistema de gestión capaz de garantizar unas condiciones mínimas de producción. Esos requisitos previos reciben el nombre de prerrequisitos, y constituyen la base sobre la que posteriormente se aplicará el protocolo Welfair®.
En otras palabras, una granja puede presentar animales en buen estado, pero si no cumple estos requisitos básicos, la certificación puede verse comprometida.
Los animales son el centro, pero no el único criterio
Una de las fortalezas del protocolo Welfair® es que evalúa directamente a los animales mediante indicadores basados en el propio individuo.
Sin embargo, el bienestar no depende únicamente del estado de los pollos el día de la auditoría.
También depende de que exista una organización capaz de mantener esas condiciones de forma continuada.
Por eso, antes de valorar lesiones, comportamiento o estado sanitario, el auditor revisará aspectos relacionados con la formación del personal, el manejo, la bioseguridad, las instalaciones, la documentación y los procedimientos internos.
La formación es el primer requisito
Uno de los primeros aspectos que se evalúan es la capacitación del personal.
Las personas responsables del manejo deben demostrar que poseen formación suficiente en bienestar animal, identificación de animales enfermos y manejo adecuado de las aves.
El documento establece, como referencia general, una formación mínima de 16 horas, salvo determinadas titulaciones o trabajadores con experiencia acreditada. También se exige que el personal encargado de administrar medicamentos o realizar sacrificios de emergencia esté específicamente capacitado y que existan registros que lo demuestren.
La lógica es sencilla: unas buenas instalaciones no compensan un manejo inadecuado.
La inspección diaria no es opcional
Otro bloque importante hace referencia a la vigilancia continua del lote.
Los pollos deben inspeccionarse al menos una vez al día, pudiendo detectarse rápidamente animales enfermos, lesionados o con problemas de bienestar.
La explotación también debe disponer de iluminación suficiente para realizar estas inspecciones en cualquier momento y garantizar que cualquier ave que requiera sacrificio humanitario sea atendida sin demora.
En bienestar animal, detectar un problema unas horas antes puede marcar una diferencia importante.
La densidad importa, pero no es el único indicador
Uno de los requisitos más conocidos es la densidad de alojamiento.
El checklist establece como referencia una densidad máxima de 39 kg de peso vivo por metro cuadrado de superficie utilizable.
En determinadas circunstancias puede permitirse llegar hasta 42 kg/m², pero únicamente cuando la explotación cumple requisitos adicionales relacionados con mortalidad, controles oficiales y aplicación de buenas prácticas.
Esto demuestra que la certificación no evalúa únicamente cuántos animales hay en la nave, sino cómo afecta esa densidad al bienestar real del lote.
El ambiente también se audita
Una nave limpia puede ocultar problemas ambientales importantes. Por eso el protocolo presta especial atención a parámetros como:
El documento establece referencias concretas para algunos de estos parámetros, como una concentración máxima aproximada de 20 ppm de amoníaco y 2.500 ppm de CO₂, además de indicadores prácticos que permiten al auditor valorar la calidad ambiental durante la visita.
No se trata únicamente de cumplir un número.
Se trata de garantizar un ambiente compatible con la salud respiratoria y el bienestar de las aves.
La iluminación también forma parte del bienestar
La luz influye sobre el comportamiento, el descanso y el desarrollo de los pollos.
Por ello, el checklist exige que la intensidad luminosa permita inspeccionar correctamente a las aves y que los programas de iluminación respeten periodos adecuados de oscuridad.
Entre otros aspectos, se contempla que exista un periodo mínimo continuo de oscuridad durante el ciclo productivo, evitando la iluminación permanente salvo situaciones justificadas.
¿Estás preparando la transición a sistemas libres de jaula?
Cumplir los requisitos de una certificación no consiste únicamente en conocer la normativa. La diferencia suele estar en cómo se planifica cada decisión dentro de la granja para evitar errores que después son difíciles y costosos de corregir.
Agua, pienso y registros
Puede parecer obvio. Sin embargo, durante muchas auditorías las no conformidades aparecen precisamente en estos apartados.
Porque en certificación existe una máxima muy conocida: Lo que no está registrado, no puede demostrarse.
Mucho más que instalaciones
El checklist también exige disponer de:
🗹 programa sanitario actualizado;
🗹 utilización exclusiva de medicamentos autorizados y prescritos por veterinarios;
🗹 gestión segura del material punzante;
🗹 protocolos de emergencia;
🗹 planes de contingencia frente a enfermedades o desastres naturales;
🗹 procedimientos de sacrificio de emergencia alineados con las recomendaciones de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA).
Incluso prácticas como el recorte de pico solo pueden realizarse bajo condiciones muy concretas y después de haber agotado otras medidas preventivas frente al picaje y el canibalismo.
La certificación empieza meses antes
Muchas explotaciones preparan la auditoría unas semanas antes de la visita.
Las que obtienen mejores resultados suelen hacerlo durante todo el año.
La diferencia no está únicamente en los animales.
Está en la cultura de trabajo.
Cuando la formación está actualizada, los registros se mantienen al día, los protocolos se revisan periódicamente y el bienestar forma parte del manejo diario, la auditoría deja de ser un examen para convertirse en una confirmación del trabajo realizado.
Ese es, precisamente, el objetivo de los prerrequisitos.
No complicar la certificación.
Sino garantizar que el bienestar animal no dependa únicamente del día en que llega el auditor.
Precisamente sobre ese enfoque práctico trata el próximo webinar gratuito de Sara Osorio, donde abordará cómo planificar una transición a sistemas libres de jaula desde la perspectiva del bienestar animal, el manejo y la producción. Si este es un proyecto que tienes sobre la mesa o forma parte de la estrategia de tu empresa, merece la pena reservar una plaza.