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Calidad Microbiológica: Una mirada de contexto

Publicado el: 14/4/2021
Autor/es: Laura Serrano Galvis. Microbióloga Industrial. Msc en Química Ambiental. Directora de Proyectos en Functional Corp.

Revisar los costos de producir proteína para consumo humano incluye reconocer la importancia de los microorganismos y su capacidad de adaptación, pensando en su impacto en la salud humana.

Mucho se ha hablado de la necesidad de dar un paso definitivo en la industria pecuaria con miras a prescindir de los antibióticos como promotores de crecimiento en la producción animal.  Múltiples empresas que se han dedicado a la generación de planes para minimizar el uso de estos compuestos, pero pocas las que han logrado ponerlas en práctica con éxito, incluyendo en este factor la competitividad y un aumento en los costos de producción que, a la final, no es claro quien debe pagar.  Algunos países son mas exigentes que otros y existe una que otra regulación asociada al tema que permite avanzar, a pasos muy cortos, hacia este difícil pero necesario escenario.

Paradójicamente, el estudio de la resistencia a los antibióticos no es una línea de investigación nueva pero sí una realidad cada vez mas cercana. Los mecanismos de resistencia se identificaron en la naturaleza casi al mismo tiempo que la aparición de las moléculas con efecto antibiótico, y responden a una necesidad de adaptación y una presión selectiva en las poblaciones bacterianas sobre las cuales se describe el efecto; sin embargo, se cree que este no es un fenómeno de ocurrencia natural, sino una situación de selección ocasionada por el actuar del hombre (Davies et al, 2010). 

En nuestro país existe la Resolución 1966 del 5 de septiembre de 1984, que establece que “No se aceptan como promotores de crecimiento ni mejoradores de desempeño sustancias antimicrobianas que se usen con fines terapéuticos en medicina humana”.  A la fecha, apenas empieza la regulación a ponerse al día en este tema, bajo las directrices del Instituto Colombiano Agropecuario ICA, con la intervención del Instituto Nacional de Vigilancia de medicamentos y alimentos – INVIMA – y el Instituto Nacional de Salud desde el punto de vista de inocuidad de los alimentos de origen animal. 

El gran marco bajo el cual se impulsa la tendencia del uso responsable de los antibióticos y la eliminación de dosis subterapéuticas en la alimentación animal, es la evidente resistencia desarrollada por los microorganismos patógenos, que ya es una realidad en el control de enfermedades en medicina humana y animal.  El Plan Nacional de la Resistencia a los antibióticos 2019-2021 – PRAN- de España, señala que “La causa de muerte por la aparición y propagación de las infecciones causadas por bacterias que son resistentes al tratamiento con antibióticos constituye una de las amenazas más graves a las que se enfrenta la salud pública y supone uno de los retos más importantes para la medicina moderna. El aumento de la resistencia a los antibióticos se debe a diversos factores, pero el uso inapropiado e indiscriminado de estos medicamentos es uno de los que más contribuyen a la aparición de este fenómeno, que causa un gran impacto clínico, epidemiológico y microbiológico”.  El objetivo, que cada vez tiene más repercusiones a nivel mundial se centra en “preservar de manera sostenible el arsenal terapéutico existente” (PRAN 2019-2021).

Sin embargo, a veces no es muy clara la convergencia entre la medicina veterinaria y la medicina humana, si limitamos el contacto simplemente al consumo de alimentos de origen animal. La situación real es un poco más profunda y comprende tanto la salud del animal y las prácticas productivas, como la salud humana y el equilibrio medio ambiental que incluye los recursos naturales; este concepto se conoce hoy en día como “ONE HEALTH” y pretende tener una visión más holística del problema, considerando que todos estos frentes están involucrados en la generación y diseminación de los mecanismos genéticos de resistencia a los antibióticos. (Hernando-Amado et al, 2020).

El grupo bacteriano en que se ha identificado un mayor número de genes y mecanismos adaptativos de resistencia a antibióticos son las bacterias Gram negativas, que son habitantes normales del tracto gastrointestinal de humanos y animales,  pueden causar infecciones severas e intoxicaciones alimentarias masivas y en ellas se han descrito procesos biológicos altamente eficientes para compartir estos genes de resistencia con bacterias patógenas y comensales de su misma especie o de una especie diferente, incluyendo las bacterias Gram positivas (Mukerji et al, 2017).  En este grupo bacteriano se encuentran las Enterobacterias como Escherichia coli, Salmonella spp., Shigella spp., Proteus spp., Enterobacter spp., Citrobacter spp. Yersinia pestis, Pseudomonas aeruginosa, Klebsiella pneumoniae y Campylobacter spp., entre otros. Todas especies causantes de serios problemas sanitarios y de inocuidad para humanos y animales.

Los mecanismos mediante los cuales las bacterias se hacen resistentes están ampliamente descritos en la literatura científica; dichos mecanismos pueden ser intrínsecos, es decir, se expresan de manera natural en la especie bacteriana de acuerdo a la exposición al agente antibiótico pero no son adquiridos por contacto con otras especies resistentes; acá se encuentran estrategias como el cambio en la permeabilidad de la membrana celular y las bombas de expulsión (efflux bomb).  La resistencia adquirida se relaciona con todos los mecanismos mediante los cuales las bacterias incorporan nuevo material genético: transformación, transposición y conjugación: dicha información se trasmite luego a las generaciones posteriores.

La presión selectiva que se ejerce sobre las bacterias con el uso de concentraciones incluso mínimas de los antibióticos hace que las nuevas generaciones bacterianas sean multirresistentes, hipermutables y altamente susceptibles a incorporar material genético exógeno (Reygaert,W. 2018). Es por esto que, sin importar el ambiente en que tenga contacto con las moléculas de control microbiológico, ya sea en el campo pecuario de producción de proteína animal, en el campo de la salud humana o en el medio ambiente (residuos que terminan en el agua o el suelo), el efecto se manifiesta de manera global para todos los seres vivos y se hacen aun mas significativo en ambientes en que las condiciones de limpieza y desinfección son deficientes que aumentan la recurrencia al uso de sustancias con función antibiótica para el control biológico. 

En los países de la Unión Europea se ha establecido un programa de vigilancia de consumo de antibióticos en que los países miembros reportan los productos y las dosis utilizadas en salud humana, y en el campo pecuario se reportan también por parte de los laboratorios, los almacenes, los establecimientos comerciales y las asociaciones el consumo de antibiótico por cada especie animal (Informe Jiacra-España, 2018). Esta información ha permitido tener un diagnóstico real del uso de los antibióticos para tomar medidas mancomunadas y avanzar en el uso responsable de estas moléculas.  En España, por ejemplo, se han realizado pactos en diferentes sectores de la producción pecuaria en torno a ciertas moléculas de uso rutinario, tal es el caso del “Acuerdo para la Reducción Voluntaria del Consumo de Colistina “que se realizó entre cerca del 70% de los productores de carne de cerdo y se logró una reducción del 82% en el consumo de este antibiótico.   En el Informe Jiacra-España 2018 se hizo una revisión detallada de aislamientos de bacterias resistentes tanto en clínica humana como veterinaria con los consumos reportados de las diferentes familias de antibióticos; las correlaciones estadísticas obtenidas evidencian una influencia directa positiva entre el consumo de los agentes antibióticos en salud humana con la aparición de cepas resistentes aisladas en ambientes clínicos; una relación positiva entre el consumo de antibióticos en el ámbito pecuario y la aparición de cepas resistentes y multirresistentes y una relación significativa positiva también entre el consumo de antibióticos en ambientes pecuarios y la aparición de cepas resistentes en ambientes hospitalarios de salud humana.  El informe infiere de manera muy interesante que “la reducción en el consumo de antibióticos tendría su mayor repercusión en la reducción de resistencias del mismo conjunto poblacional, personas o animal, pero también, aunque en menor medida, la reducción del uso de antibióticos en medicina veterinaria tendrá efectos beneficiosos sobre el porcentaje de resistencias en bacterias aisladas de personas”.

Es importante que este tipo de estrategias implementadas en países desarrollados se tomen en cuenta en nuestro país para diseñar políticas más robustas y monitoreos más exhaustivos en el consumo de antibióticos en la industria avícola, porcícola, ganadera y acuícola pues existen reportes de Enfermedades de Transmisión por Alimentos – ETAs – en las que se han identificado cepas multiresistentes asociadas a la producción de proteína animal (Arenas et al, 2017).  Los esfuerzos deben ser conjuntos, entre los diferentes gremios, si queremos realmente contribuir a frenar el avance de la aparición de cepas multirresistentes y empezar a tomar medidas contundentes asociadas al uso de dosis subterapeuticas de antibióticos de importancia en salud humana en la alimentación animal.

Referencias bibliográficas

 
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