Recuerdo, aquí y ahora que, en los pasados meses de diciembre y de enero, en varias de mis intervenciones públicas, se me preguntó si realmente pensaba que el brote de PPA surgido en Cataluña (circunscrito entonces a los jabalíes, como sigue siendo así, afortunadamente, el caso al día de hoy) y teniendo en cuenta la regionalización de España, el mismo iba a tener significativas repercusiones económicas, a medio plazo, para este importantísimo sector pecuario.
Tengamos en cuenta que el sector del porcino de capa blanca español, el año pasado, año 2025, fue el primer productor de la Unión Europea y el tercero del Mundo, con un valor de sus exportaciones que se acercó a los 8.800 millones de euros y generando cerca de 420.000 empleos totales.
Mi respuesta de entonces, y ésta sigue siendo la misma hoy, es que, tal y como también ha reconocido recientemente la propia Asociación Nacional de Industrias de la Carne (ANICE), las repercusiones, por razones básicamente sanitarias (pero también comerciales, como puede ser el caso de México) iban a ser realmente. muy importantes en el conjunto de la cadena ganadero – cárnica española.
Por una parte, vía el consumo interior (que, a pesar de ciertos vaticinios optimistas), sigue la tendencia de los últimos años, con un ligero descenso continuado del mismo, que se puede situar, a finales de este año 2026, alrededor de los 46 Kg/cápita, equivalentes kilos canal.
Pero, por otra y, sobre todo, vía exportaciones, salvo que se produjera una rápida erradicación real, a corto plazo de la PPA en Cataluña. Ello, desgraciadamente, no se ha producido (tenemos afectados, actualmente, en la zona restringida II, 13 municipios, con 68 focos notificados (3 primarios y 65 secundarios), con 384 casos/jabalíes positivos),
Las anunciadas consecuencias directas de la presencia de la PPA en Cataluña ya son muy evidentes para el sector porcino de capa blanca español.
En efecto, en el primer semestre del presente año 2026 nuestras exportaciones porcinas estimo se han reducido globalmente, en volumen, más de un 4 por 100 y en facturación la reducción ha sido del orden del 22 por 100, en comparación con el mismo semestre del año pasado (ha bajado, como era de esperar, el precio unitario).
Ello puede suponer estimo (insisto, estimo), en una primera aproximación, alrededor de no menos de los 600 millones de euros (téngase en cuenta que Japón nos ha comprado, en este primer semestre 2026, unos 310 millones menos que en el primer semestre del 2025 y a ellos hay que unir también, en el periodo considerado, el descenso de un 26 por 100 de las compras de carne porcina de China (que ya ha alcanzado una producción interior estimada en 60 millones de toneladas anuales) y la paralización de las ventas a México.
Pero, a mí, me preocupan realmente, en este momento, los resultados de este segundo semestre, porque hay una evidente menor demanda de algunos mercados asiáticos (¡atención a esta cuestión!); a ello hay que sumar el creciente peso del comercio intracomunitario. La consecuencia es clara: el sector se está viendo obligado, sí o sí, a un importante replanteo comercial, obviamente no exento de riesgos,
Finalmente, el reto es triple, también para el despiece: a quién se vende (a qué mercado); cuánto se vende en cada caso y cuál es el valor de cada venta. Se trata, nada más y nada menos, que de un reajuste geográfico y dinerario.
En definitiva y aquí quería llegar, este segundo semestre está siendo significativamente más complicado que el primero y no quiero escribir, en este momento, del próximo año 2027; tiempo habrá.