El número de lechones destetados por hembra/año (LDHA) es uno de los indicadores más completos y determinantes para evaluar la productividad de una maternidad porcina moderna. Este parámetro sintetiza todo el desempeño reproductivo de la hembra, desde la fertilidad y prolificidad hasta la eficiencia en la lactancia y la supervivencia de los lechones, y, por ello, es considerado uno de los principales reflejos de la gestión técnica y económica del sistema (Pierozan et al., 2020). Mejoras relativamente pequeñas en este indicador, como 0,5–1 lechón destetado por hembra/año, pueden representar cientos o miles de kilos adicionales de carne producida en sistemas comerciales, con un impacto directo en la rentabilidad anual.

El LDHA está influenciado por múltiples factores interrelacionados. La condición corporal de la hembra al momento del servicio y del parto es un punto crítico: desviaciones del rango ideal (13–15 unidades de caliper) reducen el número de nacidos vivos, aumentan la movilización de reservas durante la lactancia y comprometen la longevidad del plantel (Wientjes et al., 2013). Cuando la pérdida de condición corporal es excesiva, la ingesta voluntaria de alimento en lactancia disminuye, prolongando el intervalo destete-celo y afectando el tamaño de la camada en la gestación siguiente.
El desempeño reproductivo y el LDHA también pueden verse perjudicados por factores nutricionales específicos. La deficiencia energética o proteica en fases críticas, así como la presencia de micotoxinas en las dietas, especialmente zearalenona, DON, toxina T-2 y aflatoxinas, afecta la fertilidad, prolonga el intervalo destete-celo, reduce el tamaño de la camada y disminuye la vitalidad de los lechones, generando una caída acumulativa en el número de destetados por hembra/año (Almond & Mahan-Riggs, 2013). El estudio realizado en Argentina por Pereyra et al. (2010), por ejemplo, identificó que el 80% de los alimentos terminados destinados a cerdas presentaban aflatoxina B1 por encima del límite permitido (media de 228,2 µg/kg), fumonisina B1 estuvo presente en el 100% de las materias primas (50,3–1137,64 µg/kg) y de los alimentos terminados (99,8–512,4 µg/kg), mientras que todas las muestras de cachorras no gestantes contenían OTA en niveles bajos (0,259 ± 0,123 µg/kg), evidenciando una contaminación generalizada y la necesidad de monitoreo constante.
La longevidad del plantel es otro factor decisivo para el LDHA. Las hembras que alcanzan cinco o más partos productivos contribuyen de forma consistente con un mayor número total de destetados, mientras que los descartes prematuros por problemas locomotores, baja ingesta en lactancia o fallas reproductivas reducen el número de partos y, en consecuencia, el total de lechones destetados a lo largo de la vida. Esto incrementa el costo de reposición y disminuye la eficiencia biológica del sistema. Una nutrición eficiente, la evaluación objetiva de la condición corporal y la prevención de micotoxinas son esenciales para prolongar la productividad de las cerdas y sostener un LDHA elevado a lo largo del tiempo (Pierozan et al., 2020).
La mortalidad pre-destete también representa un componente fundamental del indicador. Reducciones en la mortalidad pre-destete tienen un impacto directo y significativo en la productividad del sistema; de acuerdo con los hallazgos del estudio de Muns (2013), mejoras en la supervivencia de los lechones durante las primeras 48 horas de vida, especialmente en lechones con mejor ingestión de calostro y manejo adecuado, pueden aumentar de manera importante el número de lechones destetados por hembra/año. El manejo adecuado en maternidad, incluyendo ingestión precoz de calostro, control térmico, prevención de aplastamientos y soporte nutricional para la hembra, es indispensable para garantizar la supervivencia y favorecer el desarrollo de la camada.
La suma de estos factores demuestra que el LDHA no depende de un único punto crítico, sino del conjunto de decisiones diarias que involucran nutrición, manejo, sanidad y bienestar. Es un indicador integrador, sensible y directamente asociado con la eficiencia económica de la producción.
Conclusión
El número de lechones destetados por hembra/año es uno de los indicadores más representativos de la eficiencia reproductiva, la longevidad de las hembras y la rentabilidad en la producción porcina moderna. Su optimización exige un enfoque integral que incluya nutrición funcional en todas las fases, condición corporal adecuada, prevención de micotoxinas y reducción continua de la mortalidad pre-destete. Invertir en estos pilares es esencial para maximizar la productividad vitalicia de las hembras y asegurar resultados económicos sólidos y sostenibles en las granjas.