La lucha contra la Peste Porcina Africana (PPA) no es solo un desafío sanitario, sino una carrera de resistencia económica y técnica que ha marcado la historia de la porcicultura moderna. En un exhaustivo análisis del especialista Antonio Palomo Yagüe, publicado originalmente en el especial sobre PPA de Anaporc (
https://www.anaporc.com/), se desglosan las bases de un virus que, a pesar de no ser una zoonosis y ser seguro para el consumo humano, posee una capacidad de supervivencia y letalidad que pone en jaque a naciones enteras.
El virus. Instituto suizo de bioinformática.
El virus de la PPA es un gigante biológico: un arbovirus de doble cadena de ADN, único miembro de la familia Asfarviridae, que destaca por su resistencia ambiental extrema. Para entender la magnitud del riesgo, basta observar su persistencia: puede sobrevivir hasta mil días en carne congelada y más de un año en sangre almacenada a bajas temperaturas. Esta estabilidad lo convierte en un pasajero silencioso que viaja a través de fronteras no solo en animales vivos, sino en productos cárnicos, camiones e incluso en el calzado de personas que transitan entre países.
Desde el punto de vista práctico, el sector se enfrenta a un patógeno que ha evolucionado en tres ciclos diferenciados. El ciclo selvático, donde intervienen garrapatas del género Ornithodoros y reservorios naturales; el ciclo del jabalí, motor de la infección en Europa debido al contacto directo y al aumento de su densidad poblacional; y el ciclo doméstico, donde la intervención humana es el factor crítico de diseminación. La velocidad de contagio dentro de una granja puede ser lenta comparada con la fiebre aftosa, lo que a menudo genera una falsa sensación de seguridad mientras el virus se excreta silenciosamente antes de mostrar los primeros síntomas.
En el ámbito académico y de referencia, el debate se centra en la complejidad inmunológica del virus. Al no inducir anticuerpos neutralizantes, el desarrollo de una vacuna eficaz ha sido, hasta ahora, una meta inalcanzable. Mientras que en Asia se han utilizado vacunas con resultados controvertidos, en Europa su uso está prohibido, apostando todo a la bioseguridad y al sacrificio obligatorio. Las lesiones anatomopatológicas, como el bazo hipertrofiado y hemorragias masivas en ganglios, son señales inequívocas de un cuadro agudo que requiere una respuesta inmediata y coordinada.
Algunas de las lesiones producidas por la peste porcina africana
La erradicación exitosa en España entre 1985 y 1995, con un coste de 100 millones de euros, dejó una lección clara: el control depende de la vigilancia pasiva, la restricción estricta de movimientos y, sobre todo, la concienciación de todos los actores, desde ganaderos hasta cazadores. Ante la ausencia de un tratamiento, la bioseguridad no es una opción, sino la única línea de defensa real para mantener el estatus de país libre.