El destete en la industria porcina moderna es, probablemente, uno de los eventos más drásticos en la vida del animal. Mientras que en condiciones naturales los cerdos se destetan de forma gradual entre las 12 y 18 semanas de vida, las prácticas comerciales actuales exigen realizar esta transición de manera abrupta entre las 2 y 4 semanas de edad. Este cambio repentino no solo implica separar al lechón de la madre y mezclarlo con camadas extrañas, sino también obligarlo a cambiar una dieta líquida y altamente digestible (la leche materna) por raciones sólidas basadas en granos.
Un reciente artículo de revisión elaborado por Benoit St-Pierre, Jorge Yair Perez Palencia y Ryan S. Samuel, investigadores del Departamento de Ciencia Animal de la Universidad Estatal de Dakota del Sur y publicado en la revista
Microorganisms (
https://doi.org/10.3390/microorganisms11071753), analiza a fondo cómo este quiebre afecta la ecología microbiana del tracto digestivo de los lechones. La inmadurez de su sistema digestivo e inmunológico convierte a esta ventana de tiempo en un periodo crítico de alta susceptibilidad a la disbiosis y al desarrollo de diarreas.
El impacto biológico de la transición: cuando el intestino retrocede
El destete temprano no solo desestabiliza el comportamiento del animal, sino que altera directamente la arquitectura de su intestino. Se ha reportado que los lechones destetados a los 21 o 28 días sufren una reducción de hasta el 35% en la altura de las vellosidades intestinales y una menor producción de células en las criptas, un daño morfológico que puede tardar hasta 14 días en recuperarse. A nivel enzimático, el panorama es igualmente complejo. Mientras que la producción de enzimas digestivas como proteasas y amilasas aumenta de forma natural después de las 4 semanas, la actividad de la lactasa cae drásticamente tras el destete, reduciendo la capacidad de digerir carbohidratos simples de origen lácteo. Además, la barrera física se debilita: la expresión de proteínas de unión estrecha (como ocludina y claudina-1) disminuye, permitiendo que toxinas y patógenos atraviesen el epitelio intestinal y desencadenen procesos inflamatorios locales mediados por citoquinas proinflamatorias como IL-1b, IL-6 y TNF-α.
De la leche al grano: el gran cambio en el ecosistema microbiano
Desde la perspectiva de la ecología microbiana, los microorganismos del intestino no funcionan de manera aislada, sino que dependen de relaciones de "alimentación cruzada" (cross-feeding). En un ecosistema anaeróbico como el tracto digestivo, la degradación de macromoléculas complejas requiere de la acción sucesiva y coordinada de múltiples especies especialistas.
Durante la fase de lactancia, el microbioma del lechón está dominado por bacterias capaces de aprovechar los oligosacáridos de la leche, destacando miembros del género Bacteroides. Sin embargo, al retirar la leche e introducir dietas sólidas basadas en plantas, las fuentes de energía cambian de glucanos animales a complejos polisacáridos vegetales de difícil digestión.
Este cambio drástico barre con las poblaciones adaptadas a la leche e inicia una serie de "olas de sucesión microbiana". Bacterias de la familia Prevotellaceae, capaces de degradar polisacáridos vegetales, comienzan a ganar terreno, acompañadas por especialistas en metabolizar almidones y azúcares simples como las familias Lachnospiraceae, Ruminococcaceae y Lactobacillaceae. No obstante, hasta que estas intrincadas redes metabólicas se estabilizan, el ecosistema del lechón es sumamente frágil, lo que abre una ventana de oportunidad para que patógenos oportunistas aprovechen la inflamación y provoquen cuadros de diarrea severos.
El punto de debate: ¿es posible "sembrar" la madurez antes de tiempo?
La gran discusión científica gira en torno a cómo acelerar la transición hacia un microbioma maduro para acortar las fases de inestabilidad y reducir las pérdidas productivas. Tradicionalmente, se ha intentado modular el microbioma mediante el uso de aditivos genéricos, pero la investigación liderada por St-Pierre propone una perspectiva diferente: identificar y promover las especies clave de la etapa de terminación en las fases iniciales del post-destete.
En estudios recientes, el equipo de investigación identificó siete Unidades Taxonómicas Operativas (OTUs) que representan casi el 43% de la comunidad bacteriana en cerdos de engorde sanos y estables (Tabla 1). Curiosamente, estas mismas bacterias ya están presentes en los lechones de destete, pero en proporciones extremadamente bajas (menores al 1%). Es más, cinco de estas siete variantes corresponden a bacterias que aún no han sido cultivadas ni caracterizadas formalmente en laboratorios, aunque sus secuencias genéticas coinciden con muestras tomadas en granjas de diversas partes del mundo.
La propuesta científica plantea que, si logramos descifrar las necesidades nutricionales exactas de estas bacterias clave de la madurez y diseñamos estrategias de alimentación de precisión que estimulen su proliferación temprana en el post-destete, podríamos acortar las olas de sucesión microbiana. Esto aumentaría la resistencia y resiliencia del tracto digestivo de los lechones frente a los desafíos sanitarios, disminuyendo de forma natural la dependencia de los tratamientos antibióticos.
Citation: St-Pierre, B.; Perez Palencia, J.Y.; Samuel, R.S. Impact of Early Weaning on Development of the Swine Gut Microbiome. Microorganisms 2023, 11, 1753. https://doi.org/10.3390/microorganisms11071753
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