El avance genético de las últimas décadas permitió incorporar al sistema productivo líneas hiperprolíficas capaces de incrementar significativamente la cantidad de lechones nacidos y destetados por madre por año. Sin embargo, este aumento en la productividad reproductiva también generó nuevos desafíos vinculados al peso de destete, la uniformidad de las camadas, la supervivencia neonatal y el desempeño posterior en recría y terminación.
En este contexto, la edad de destete adquiere un rol estratégico dentro del sistema productivo, surgiendo el interrogante acerca de cuál es la alternativa más eficiente: mantener esquemas tradicionales de destete a 21 días (4 salas de maternidad) o avanzar hacia sistemas de 28 días de lactancia (5 salas de maternidad).
El análisis de esta decisión no debe limitarse únicamente a la cantidad de partos por madre por año, sino que debe contemplar integralmente variables técnicas y económicas como:
· peso de destete
· consumo postdestete
· mortalidad
· uso de medicamentos
· desempeño sanitario
· conversión alimenticia
· kilos producidos por madre por año
· utilización de instalaciones
· mano de obra
En sistemas modernos, donde las cerdas presentan una mayor producción de lechones, pero muchas veces con menores pesos individuales al nacimiento, la extensión de la lactancia puede transformarse en una herramienta clave para mejorar la robustez y viabilidad de los animales al destete.
Sin embargo, esta estrategia también puede impactar sobre la eficiencia reproductiva global del plantel, reduciendo potencialmente la cantidad de camadas por madre por año y modificando el flujo productivo de la granja.
Por lo tanto, la elección entre destetar a 21 o 28 días debe analizarse considerando no solo el indicador reproductivo inmediato, sino principalmente el resultado biológico y económico final del sistema, evaluando cuál estrategia permite producir más kilos de carne de manera eficiente, sustentable y adaptada a las condiciones particulares de cada establecimiento.
Yendo al punto, hoy sabemos que las nuevas líneas genéticas hiperprolíficas no solo se caracterizan por un mayor número de lechones nacidos, sino también por modificaciones en la duración de la gestación, que pasó de valores históricos de 113–114 días a promedios más cercanos a 116–117 días.
Esto genera, en sistemas con destete semanal, lactancias efectivas promedio que rondan entre los 18 y 19 días, tomando como referencia que entre el 90% y el 95% de la cuota de servicios se concentre entre el lunes y el miércoles posteriores al destete realizado el jueves (tabla 1).
Tabla 1. Distribución normal cuota de monta
A su vez, estas líneas genéticas presentan lechones con mayor potencial de viabilidad y productividad, aunque acompañados de una disminución en el peso individual al nacimiento (tabla 2). Esta situación representa un desafío técnico importante, ya que está ampliamente demostrado que pesos al nacimiento inferiores a 1 kg incrementan significativamente el riesgo de mortalidad pre-destete y comprometen el desempeño posterior de los animales (tabla 3).
Tabla 2. Distribución peso al nacimiento promedio
Tabla 3. Punto crítico biológico
En este contexto, la reducción de los días efectivos de lactancia, sumada a una mayor proporción de lechones livianos, obliga a replantear estrategias de manejo orientadas a mejorar el peso y la madurez al destete. Es aquí donde el planteo de la quinta sala de maternidad comienza a ser una de las estrategias para mitigar un peso al destete bajo y mejorar el comportamiento productivo del lechón en sitio 2 y 3. (tabla 4)
Tabla 4. Comparación de performance productiva entre dos pesos al destete
Es importante aclara que este avance genético está siendo acompañada de numerosas estrategias de alimentación y de manejo para lograr mejorar los pesos al destete.
Entre ella aparecen una correcta atención al parto, con encierre controlado de lechones para asegurarnos el calostrado, entendiendo la importancia que tiene esto en la supervivencia de cada lechón y pudiendo definir que el parto termina cuando ha calostrado hasta el último lechón nacido.
Una vez logrado el calostrado correcto entre las 6 y 12hs del parto, la donación y recepción de lechones (“movimiento de camadas”) constituye una herramienta fundamental para mejorar la supervivencia pre-destete, uniformar lotes y optimizar el aprovechamiento de la capacidad mamaria de las cerdas.
Sin embargo, para que esta práctica sea eficiente, debe realizarse bajo criterios técnicos y sanitarios bien definidos.
Como se mencionó anteriormente, existen diferentes estrategias y herramientas nutricionales orientadas a mejorar el peso al destete, entre las que se destacan el uso de leche artificial, alimentos preiniciadores fase 0 (cero), fase 00 (doble cero), entre otros programas de alimentación temprana.
Estos paquetes tecnológicos han mostrado avances importantes en el desempeño de los lechones lactantes, permitiendo mejorar la supervivencia y alcanzar mayores pesos al destete.
Sin embargo, más allá de las mejoras nutricionales disponibles, el aumento de los días de lactancia continúa posicionándose como una de las estrategias de mayor impacto biológico y productivo para incrementar el peso y la madurez del lechón al destete, especialmente en sistemas que trabajan con genética hiperprolífica y elevados tamaños de camada.
Esto se debe a que una mayor permanencia en maternidad no solo incrementa el peso corporal, sino que también favorece al desarrollo digestivo, la maduración inmunológica, el consumo posterior de alimento y la adaptación al postdestete, reduciendo así la aparición de retrasados y mejorando el desempeño productivo durante las etapas posteriores del sistema.
A continuación, y a modo de resumen, en la tabla 5 se presenta una comparación técnica entre sistemas con destete a 21 días y sistemas con destete a 28 días, destacando las principales diferencias productivas, sanitarias y de desempeño asociadas a cada estrategia de lactancia.
Tabla 5. Comparaciones técnicas de una lactancia a 21 días y una de
Conclusiones
Por todo lo expuesto podemos concluir que cada opción tiene diferentes objetivos y que cuando se utiliza genética hiperprolífica, la decisión no debe centrarse exclusivamente en producir más lechones por madre por año, sino en determinar cuál estrategia permite transformar esa prolificidad en más kilos efectivamente vendidos con menor costo sanitario y mejor eficiencia global del sistema, contando ambas estrategias con ventajas y limitaciones, respondiendo a objetivos productivos diferentes.
En este sentido, variables como el peso al destete, la uniformidad de los lotes, la supervivencia postdestete, la eficiencia de conversión, los costos sanitarios y los días necesarios para alcanzar el peso de faena adquieren un rol central en el análisis.
Por lo tanto, la elección entre lactancias de 21 o 28 días debe evaluarse desde una visión integral del sistema, considerando no solo la productividad reproductiva inmediata, sino también el impacto biológico, sanitario y económico final sobre la eficiencia global de la granja.