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Micotoxicosis en la producción bovina: su profilaxis

Publicado el: 13/8/2021
Autor/es: Ignacio J. Gamietea, Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Estación Experimental Agropecuaria San Pedro. Agencia de Extensión Rural San Pedro; Argentina.
En esta oportunidad compartimos una breve revisión sobre las Micotoxicosis en la producción bovina en la región (San Pedro. Buenos Aires, Argentina), analizando algunos aspectos a tener en cuenta para minimizar sus efectos perjudiciales en la producción y salud animal. 
El término micotoxicosis hace referencia a un amplio grupo de intoxicaciones causadas por el consumo de alimentos contaminados con micotoxinas, metabolitos secundarios tóxicos producidos por cepas toxigénicas de algunas especies de hongos, y que determinan distintos cuadros clínicos y patológicos tanto en los animales como en el hombre. Los hongos son organismos vivos eucariotas y heterótrofos por lo cual son incapaces de elaborar su propia materia orgánica y necesitan para su desarrollo de un sustrato a partir del cual obtenerla. Esto en gran parte condiciona los lugares de crecimiento de los mismos.

El desarrollo de hongos tanto en las materias primas como en los alimentos ocasiona, sobre éstos, diferentes efectos como la modificación de sus características organolépticas, el deterioro y reducción de sus propiedades nutritivas y lo que nos ocupa, la contaminación con metabolitos secundarios tóxicos, “las micotoxinas”. Los hongos suelen tener requisitos muy precisos de humedad y temperatura, para un crecimiento óptimo, y cuando se logran, pueden multiplicarse muy rápidamente y producir grandes cantidades de toxina en cuestión de horas (Radostits y col., 2007).

En estudios experimentales, se vio que la mayoría de los hongos del campo crecen en rangos de temperatura de entre 10 y 40 °C, en una zona de pH de entre 4 a 8, y con actividades acuosas (aw) superiores a 0,7. Esto implica que, aproximadamente, los hongos pueden crecer sobre sustratos que contengan más de un 13% de humedad (Godoy, 2006). Por lo cual el valor de humedad de un alimento nos orienta sobre la posibilidad de crecimiento y proliferación de los hongos. En general, alimentos con valores inferiores al 13% de humedad, van a tener un crecimiento y proliferación muy bajos, en cambio por encima de este valor el crecimiento se facilita. La mayoría de los hongos son aerobios, necesitan oxígeno para vivir y su carencia condiciona su crecimiento, mientras que su ausencia puede producir la muerte de los mismos (César, 2002).
Tabla I-1. Micotoxinas más comunes y fuentes de las mismas
Micotoxicosis en la producción bovina: su profilaxis - Image 1
En los bovinos los problemas potenciales derivados del consumo de alimentos contaminados con micotoxinas, suelen abarcar desde la reducción de la productividad hasta ocasionalmente la muerte de los animales. Si bien los trastornos clínicos pueden presentarse esporádicamente, son más frecuentes las intoxicaciones subclínicas en las cuales las micotoxinas o sus metabolitos afectan los parámetros productivos, ocasionan inmunosupresión y/o persisten en la carne o en otros productos derivados, como la leche, por lo cual deben ser considerados como un riesgo para la Salud Pública (Ramirez y col., 2014).

Actualmente en Argentina predominan los sistemas de producción ganaderos de base pastoril y extensivos, no obstante, se aprecia cada vez con más fuerza el surgimiento de sistemas mucho más intensivos, donde el alimento es llevado al animal en lugar de que este vaya a cosechar directamente al campo. En este contexto, la producción y conservación de forrajes de calidad y la suplementación con concentrados energéticos y proteicos, adquieren un papel preponderante y estratégico para el logro de una ganadería intensificada y sostenible. Esta intensificación de los sistemas productivos y uso de alimentos conservados trajo aparejado un aumento, significativo, en la prevalencia de las micotoxicosis, tanto en animales en pastoreo como en confinamiento. Dicho aumento de la prevalencia, hace que resulte cada vez más común que el productor o el profesional asesor deban evaluar y resolver sobre la utilización o no de alimentos con niveles variables de micotoxinas en la producción bovina. En virtud de esto último, a continuación, se realiza una breve revisión sobre la temática para por último presentar un caso real de alimentos contaminados, con el objetivo de mostrar una metodología de evaluación, con la finalidad última de aportar herramientas que permitan, en lo posible, minimizar el impacto negativo que las micotoxicosis suelen tener sobre la actividad ganadera bovina. 
Tabla I-2. Principales micotoxicosis que afectan al ganado bovino en Argentina
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Micotoxicosis en la producción bovina: su profilaxis - Image 2
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*LNS: Lesiones no significativas.
**Esta enfermedad no es técnicamente una micotoxicosis porque las toxinas son producidas por el tubérculo después de haber sido infectado por los hongos Fusarium spp. estimula los tejidos del huésped para formar ipomeamarona y 4-hidroxi-mioporona; este último luego se convierte en 4-ipomeanol, 1-ipomeanol, y 1,4-ipomeadiol. Las lesiones mecánicas, los tratamientos químicos y las infecciones parasitarias pueden también inducir la producción de furanos 3-sustituidos por las batatas. Adaptado de Riet-Correa y col., 2013.
El trabajo del Vet. Gamietea culmina señalando que debido al efecto inmunosupresor provocado por varias de las micotoxinas a las que se encuentran expuestos los animales se recomienda, evitar todo tipo de situaciones de estrés que puedan agravar tal situación, como también extremar las medidas de prevención de enfermedades. Al respecto se destacan las parasitosis por ser los terneros la categoría más susceptible, en especial durante su recría y siendo el invierno el momento del año, de mayor incidencia de las misma. Para lo que se recomienda evaluar la carga parasitaria en los animales, mediante el recuento de huevos por gramo de materia fecal (HPG) y de ser necesario desparasitar los mismos preferentemente con alguna droga que no se conozca resistencia y luego continuar monitoreando la evolución de la carga parasitaria en los animales, mediante la realización de HPG cada 25 o 30 días de ser necesario.
A modo de cierre volver a enfatizar que los resultados de laboratorio, deberían, para su mejor interpretación complementarse con lo observado a campo sobre los animales y el alimento a ofrecer o consumido por estos.

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