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De la ternera a la novilla: el reto de llegar al primer parto.

Publicado: 21 de septiembre de 2026
Fuente: Ing. Agr. Zoo Danny Steven Calderón


¿Estamos criando novillas para que crezcan o para que se conviertan en vacas productivas?

El período después de los seis meses suele recibir menos atención de la que merece. Sin embargo, durante esta etapa se define buena parte del futuro reproductivo, productivo y económico de nuestros reemplazos.

Cuando una ternera supera los seis meses de edad, muchas veces pensamos que la etapa más difícil de la crianza ya quedó atrás. Sin embargo, desde el punto de vista productivo, comienza una fase determinante: lograr que esa futura novilla mantenga un crecimiento adecuado y llegue a su primer parto entre los 22 y 24 meses, con el desarrollo necesario para expresar su potencial productivo.

Este objetivo es aplicable a muchos sistemas de producción de leche, aunque el camino para alcanzarlo debe adaptarse a la realidad de cada finca: genética, clima, disponibilidad de forraje, sistema de alimentación y manejo.

Medir para poder manejar.

Después de los seis meses, el crecimiento de las novillas debe monitorearse mediante variables sencillas pero fundamentales: peso, estatura, condición corporal y ganancia diaria de peso.
Si no medimos, difícilmente podremos saber si una novilla está creciendo de acuerdo con su potencial o si simplemente estamos acumulando meses y costos sin acercarnos al objetivo reproductivo.

La meta no debe ser tener una novilla grande. Debemos buscar un crecimiento equilibrado, con un adecuado desarrollo músculo-esquelético y corporal, evitando tanto las restricciones nutricionales como los excesos.

La pubertad no significa que está lista para inseminarse.

Uno de los conceptos que considero más importantes es diferenciar entre alcanzar la pubertad y estar preparada para la reproducción.
Una novilla puede presentar su primer celo a una edad relativamente temprana, pero eso no significa que automáticamente deba inseminarse. La decisión debe considerar su peso, estatura, condición corporal y desarrollo general.

En términos prácticos, buscamos que la novilla alcance los objetivos de crecimiento necesarios alrededor de los 12–13 meses para iniciar su etapa reproductiva y tener la posibilidad de lograr un primer parto entre los 22 y 24 meses.

Nutrición: crecer sí, pero crecer bien.

Aquí la nutrición juega un papel fundamental. Durante los primeros meses necesitamos promover un crecimiento eficiente, pero también debemos prestar especial atención al período previo a la pubertad. Entre aproximadamente los 3 y 9 meses existe una etapa importante para el desarrollo de la glándula mamaria.

Una alimentación excesivamente energética durante este período puede favorecer una mayor deposición de grasa y afectar el desarrollo del tejido secretor de la ubre. Por eso, más crecimiento no necesariamente significa mejor crecimiento.

Para nuestras condiciones en Costa Rica, y de igual manera en muchos sistemas tropicales y subtropicales, esto representa un desafío adicional. Trabajamos con diferentes sistemas de pastoreo, suplementación y estabulación, mientras que la calidad y disponibilidad de los forrajes pueden cambiar considerablemente entre regiones y épocas del año.

Por esta razón, el programa de alimentación de una ternera o novilla no debería basarse únicamente en una dieta estándar. Debemos conocer la calidad de los forrajes disponibles, las características de los animales y sus requerimientos, para ajustar la suplementación de acuerdo con cada etapa de crecimiento.

Cada finca debe conocer sus propias metas.

Un concepto especialmente útil es establecer las metas de crecimiento tomando como referencia el tamaño adulto del propio hato.
Por ejemplo, si nuestras vacas adultas tienen un peso promedio de 650 kg, podemos utilizar ese valor para establecer objetivos de peso en las diferentes etapas de crecimiento. Si el hato tiene animales adultos de menor o mayor tamaño, las metas también deben cambiar.

Esto es particularmente importante en países como Costa Rica, donde encontramos desde hatos especializados de razas grandes hasta sistemas con Jersey y diferentes tipos de cruces.
No podemos pretender que todas las novillas tengan exactamente el mismo peso a determinada edad.

La genética define el tamaño; la nutrición y el manejo determinan cuánto de ese potencial somos capaces de expresar.

El objetivo final es producir eficientemente.

Lograr el primer parto entre los 22 y 24 meses no debe convertirse en una carrera por inseminar animales cada vez más jóvenes.
El verdadero objetivo es desarrollar novillas sanas, bien estructuradas y capaces de entrar al hato productivo en las mejores condiciones posibles.

Cada mes adicional que una novilla permanece improductiva representa alimentación, mano de obra, instalaciones y capital invertido que todavía no genera retorno. Por eso, mejorar la edad al primer parto puede tener un impacto importante sobre la eficiencia económica de una finca.

Desde la perspectiva de la nutrición animal, el mensaje es sencillo:

No debemos alimentar terneras y novillas únicamente para que crezcan; debemos alimentarlas para que se conviertan en vacas productivas, saludables y rentables.

En Costa Rica, como en otros países productores de leche, tenemos condiciones y sistemas de producción muy diversos. El reto está en utilizar la información disponible, medir nuestros animales y construir programas de nutrición y manejo adaptados a la realidad de cada finca.

Porque una futura vaca rentable comienza mucho antes de su primer parto.

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Autores:
Ing. Agr. Zoo Danny Steven Calderón
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