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Efectos adversos de la industrialización de los sistemas de producción en el comportamiento animal

Publicado: 23 de febrero de 2026
Fuente: Daniel Mota Rojas 1, Ana C. Strappini 2, María Alonso Spilsbury 1, Marcelo Ghezzi 3, Fabio Napolitano 4, Patricia Mora Medina 5, Ismael Hernández Avalos 5, María Nelly Cajiao 6, Fabiola Torres 1, Jocelyn Gómez 1, Adriana Domínguez 1 y Agustín Orihuela 7.
Resumen

Detalles de los autores:
1 Departamento de Producción Agrícola y Animal. Universidad Autónoma Metropolitana. UAM. Ciudad de México. México; 2 Animal Health & Welfare, Wageningen Livestock Research, Wageningen University & Research, Wageningen, Países Bajos; 3 Etología y Bienestar Animal. Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, Argentina; 4 Scuola di Scienze Agrarie, Forestali, Alimentari ed Ambientali, Università degli Studi della Basilicata, Potenza, Italia; 5 Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán (FESC). Universidad Nacional Autónoma de México, Cuautitlán, México; 6 Especialización en Bienestar Animal y Etología, Fundación Universitaria Agraria de Colombia, Bogotá, Colombia; 7 Etología y Bienestar Animal. Facultad de Ciencias Agropecuarias, Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Cuernavaca, Morelos, México.

El estudio detallado en el capítulo 13 del libro "Bienestar Animal: Bases neurobiológicas del comportamiento, salud y productividad" (4ª Edición, 2024), liderado por Daniel Mota Rojas, Ana C. Strappini, María Alonso Spilsbury, Marcelo Ghezzi, Fabio Napolitano y otros destacados investigadores, analiza cómo los sistemas de producción intensiva impactan la salud mental y física de las especies. Publicado por BM Editores (ISBN: 978-607-99008-3-0), el texto expone que, si bien la industrialización garantiza el suministro alimentario y cubre necesidades básicas como nutrición y sanidad, también impone desafíos críticos mediante densidades poblacionales excesivas y ambientes empobrecidos que limitan el repertorio conductual natural.
Para el productor y el profesional de campo, la investigación subraya una aplicación práctica fundamental: el comportamiento es un indicador diagnóstico temprano más sensible que los parámetros productivos tradicionales. El desarrollo de estereotipias —como la mordedura de barrotes en cerdas, el balanceo en equinos o la succión de objetos en becerros— no debe verse como un "vicio" inevitable, sino como una señal de alerta de que el entorno no satisface las necesidades biológicas prioritarias. La implementación de medidas sencillas como el uso de camas de aserrín o arena, que aumentan el tiempo de descanso en bovinos, o el acceso a forrajes fibrosos para reducir la frustración oral en cerdos y caballos, impacta directamente en la reducción de estados afectivos negativos y mejora la inmunidad y longevidad del hato.
Desde una perspectiva académica, el punto de debate más interesante radica en la insuficiencia de las intervenciones físicas para mitigar problemas de comportamiento. El texto cuestiona prácticas como el despique o la caudectomía, argumentando que estas medidas actúan sobre el daño visible pero ignoran la raíz del problema: el estrés ambiental y la restricción de movimiento. La ciencia actual propone un cambio de paradigma hacia la integración del conocimiento etológico como eje estructural del diseño de instalaciones. El análisis sugiere que el futuro de la producción animal depende de nuestra capacidad para interpretar indicadores sutiles, como las microexpresiones faciales y los cambios posturales asociados al dolor, permitiendo una intervención preventiva antes de que se manifiesten pérdidas clínicas o económicas severas.
En el sector de la lechería especializada, la industrialización ha priorizado infraestructuras que faciliten el manejo sanitario y el flujo de ordeño, pero a menudo a costa de la etología del descanso. Los datos del estudio resaltan que una vaca de alta producción necesita descansar entre 10 y 14 horas al día para optimizar la rumia y la circulación sanguínea hacia la ubre. Sin embargo, en sistemas de estabulación total con cubículos mal diseñados o superficies de concreto, se observan alteraciones críticas: el animal reduce sus periodos de sueño y aumenta el tiempo de pie, lo que deriva en cojeras crónicas y un incremento en los niveles de cortisol. Para el productor, la aplicación práctica es clara: el confort de la superficie de descanso (uso de arena o materiales resilientes) no es un lujo, sino un factor que determina directamente la longevidad productiva y la tasa de descarte por problemas locomotores.
En cuanto a la ganadería de carne, el análisis se centra en el impacto de los sistemas de engorda intensiva (feedlots) y la transición desde el pastoreo. El confinamiento impone una restricción social y ambiental que puede desencadenar comportamientos anómalos, como el lamido excesivo de superficies o la manipulación oral de las estructuras del corral, síntomas de una dieta carente de fibra efectiva y de la imposibilidad de realizar el pastoreo natural. Los académicos y referentes técnicos subrayan un punto de debate esencial: la relación entre la jerarquía social y el espacio de comedero. La competencia por el alimento en grupos grandes no solo genera estrés agudo, sino que produce una brecha de crecimiento heterogénea dentro del lote, donde los animales subordinados ven comprometido su sistema inmune y su ganancia de peso, evidenciando que la densidad poblacional debe calcularse bajo criterios biológicos y no solo de capacidad física del recinto.
Finalmente, un aspecto transversal que afecta a ambos sistemas bovinos es el impacto de la mecanización y el manejo humano en la "distancia de fuga". El capítulo describe cómo el ruido excesivo de la maquinaria y los procedimientos de manejo aversivos en la manga o la sala de ordeño alteran la reactividad del ganado. La ciencia del bienestar animal demuestra que un entorno predecible y un manejo de bajo estrés reducen la liberación de catecolaminas, las cuales interfieren negativamente con la eyección de la leche en vacas y con la calidad de la canal en novillos (evitando el glucógeno muscular bajo y el pH elevado). Implementar protocolos de manejo basados en el comportamiento natural de la especie permite al profesional de campo maximizar la eficiencia operativa sin comprometer el estado afectivo del animal, logrando un equilibrio entre la alta tecnología industrial y la resiliencia biológica del bovino.
¿Es posible equilibrar los niveles de producción de leche y carne actuales si se reducen las densidades poblacionales para favorecer el repertorio conductual natural del bovino?
Temas relacionados:
Autores:
Marcelo Ghezzi
UNICEN
UNICEN
Daniel Mota
Universidad Autónoma Metropolitana - UAM (México)
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Ana Strappini
Wageningen University & Research
Wageningen University & Research
Marilú Alonso Spilsbury
Universidad Autónoma Metropolitana - UAM (México)
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María Nelly Cajiao
UNIAGRARIA - Fundación Universitaria Agraria de Colombia
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