Detectar lo invisible: Protocolo para blindar la salud metabólica en el posparto
Publicado:2 de enero de 2026
Fuente:Oswaldo Rosendo
En el manejo de la vaca de alta producción, el periodo de transición es el escenario donde se gana o se pierde la rentabilidad de toda la lactancia. El gran desafío es que muchos de los problemas no muestran síntomas evidentes hasta que el daño ya está hecho. Sobre esta problemática profundiza el investigador Oswaldo Rosendo en su trabajo "Métodos para la cuantificación de algunos desórdenes metabólicos subclínicos en vacas lecheras", disponible en ResearchGate (https://www.researchgate.net/publication/387099454_Metodos_para_la_cuantificacion_de_algunos_desordenes_metabolicos_subclinicos_en_vacas_lecheras_Lipidosis_hepatica_cetosis_y_acidosis_ruminal), donde analiza las herramientas de diagnóstico para identificar a tiempo la cetosis y la acidosis ruminal.
Para el profesional que busca precisión, Rosendo destaca una distinción fundamental entre las pruebas comerciales disponibles. No se trata de elegir una al azar, sino de entender su sensibilidad y especificidad. Por ejemplo, herramientas como Ketostix (que mide orina) y Ketotest (que mide leche) presentan una sensibilidad superior al 75%, lo que las hace ideales para programas de vigilancia preventiva donde no queremos que se nos escape ningún caso sospechoso. En cambio, pruebas como Ketocheck, aunque tienen una sensibilidad menor, ofrecen una especificidad del 99%. Esto significa que son la herramienta definitiva para confirmar un diagnóstico antes de decidir un tratamiento clínico costoso, evitando así falsos positivos.
La aplicación práctica en el campo que propone Rosendo rompe con la idea de evaluar animales de forma aislada. La propuesta es un protocolo de monitoreo grupal: se debe muestrear semanalmente a un grupo de al menos 20 vacas, distribuidas estratégicamente según sus días posparto (desde los 5 hasta los 54 días). La lógica es epidemiológica: si en ese grupo de 20 vacas se encuentran al menos dos animales positivos, se debe considerar que todo el lote está bajo el riesgo de cetosis subclínica, lo que obliga a revisar de inmediato la dieta y el manejo del grupo.
Por otro lado, el autor pone la lupa sobre la acidosis ruminal, advirtiendo que la frontera entre un rumen sano y uno patológico es sumamente delgada. En cuadros de acidosis aguda, el pH ruminal cae por debajo de 4,8 durante más de un día completo. Este fenómeno, desencadenado por el consumo excesivo de carbohidratos de fermentación rápida, genera una acumulación de ácidos grasos volátiles y ácido láctico que no solo frena la producción, sino que altera toda la fisiología del animal. Identificar estos desajustes de forma subclínica permite al productor ajustar la ración antes de que la caída en el tanque de leche sea irreversible.
¿Cree que el costo de implementar un monitoreo semanal de 20 vacas se justifica frente a las pérdidas ocultas que genera la cetosis subclínica en su región?