Un llamado desde la agroecología para defender la vida
Publicado:14 de junio de 2026
Fuente:Camilo Gutierrez Bermudez
Escribo estas palabras como agroecólogo, como profesional y como una persona que ama profundamente la tierra. No lo hago por política ni por ideologías. Lo hago porque me preocupa lo que está pasando en nuestro mundo y porque siento que ya no podemos seguir callando. Vivimos tiempos difíciles. Vemos guerras que destruyen vidas, comunidades afectadas por inundaciones, sequías, incendios y otros fenómenos cada vez más frecuentes. Al mismo tiempo, seguimos perdiendo bosques, contaminando el agua, deteriorando los suelos y agotando recursos que son indispensables para la vida. Lo que ocurre a nuestro alrededor no es casualidad. Durante muchos años hemos tomado de la naturaleza más de lo que puede recuperar. Hoy las consecuencias son evidentes: suelos empobrecidos, fuentes de agua amenazadas, ecosistemas debilitados y especies que desaparecen poco a poco. Por eso creo que los agroecólogos del mundo debemos unirnos. Tenemos conocimientos, experiencia y propuestas que pueden ayudar a buscar soluciones reales. Sabemos que es posible producir alimentos sin seguir dañando los recursos naturales. Sabemos que cuidar el suelo, proteger el agua, conservar los bosques y trabajar de acuerdo con los procesos de la naturaleza forma parte de la respuesta que el planeta necesita. Es momento de levantar nuestra voz. No para buscar culpables, sino para aportar soluciones. No para dividir, sino para sumar esfuerzos. Necesitamos impulsar un gran encuentro mundial de agroecólogos donde podamos compartir experiencias, construir propuestas concretas y presentarlas a quienes toman las decisiones más importantes a nivel global. La tecnología puede aportar mucho y la inteligencia artificial también. Pero ninguna herramienta resolverá los problemas si no existe una verdadera voluntad de cambiar. De poco servirán los avances más modernos si continuamos deteriorando los recursos que sostienen la vida. También debemos reflexionar sobre los sistemas de producción que alimentan a millones de personas, pero que muchas veces generan contaminación y degradación ambiental. No se trata de dejar de producir alimentos, sino de encontrar formas más responsables y sostenibles de hacerlo. Las alternativas existen y debemos promoverlas con decisión. Me preocupa el mundo que heredarán las futuras generaciones. Con frecuencia parece que el dinero y los bienes materiales tienen más importancia que la conservación de la vida y de los recursos naturales. Sin embargo, todavía podemos cambiar el rumbo. Podemos recuperar suelos, proteger el agua, restaurar bosques y fortalecer sistemas productivos que trabajen en equilibrio con la naturaleza. Mi llamado es sencillo: unámonos. Compartamos conocimientos, dejemos a un lado nuestras diferencias y trabajemos por un objetivo común. La agroecología no tiene todas las respuestas, pero sí principios y experiencias que pueden contribuir a construir un planeta más sano y más seguro para quienes vendrán después de nosotros.El momento de actuar es ahora.