Prevención de desordenes metabólicos en la etapa pre y pos parto en bovinos de leche

Publicado el: 20/3/2006
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El éxito del ciclo productivo de una vaca esta determinado por la calidad en el nivel nutricional del periodo pre y posparto, la recuperación de la función reproductiva posparto y la ausencia de alteraciones metabólicas y patológicas. Por lo cual es esencial minimizar los desórdenes nutricionales al parto y a las semanas posteriores, con el fin de alcanzar; el máximo nivel de producción y de ingestión de materia seca, buenos parámetros sanguíneos (ácidos grasos no esterificados [AGNE], cuerpos cetónicos)que permitan una alta producción de leche y excelente salud de la vaca en la primera semana posparto (Grummer, 1995). Los anteriores son buenos indicadores de la calidad de la lactación que inicia, esto quiere decir que una buena lactación requiere necesariamente de un buen programa de manejo y alimentación preparto, situación que muy pocas veces se lleva a cabo.

En el periodo de transición tienen lugar una serie de cambios importantes, por su naturaleza como por su magnitud, y que no son más que procesos de adaptación del sistema digestivo y del metabolismo a una nueva situación productiva. El fracaso en el proceso de adaptación resulta en una serie de alteraciones productivas y patológicas que se manifiestan como enfermedades metabólicas o transtornos pre y posparto, entre las que se incluyen están; la cetosis, el desplazamiento de abomaso, la retención de placenta, la mastitis, la reducción de la producción, los problemas reproductivos y longevidad de la vaca (Grummer, 1995,Goff y Horst, 1997).

Estos problemas ocurren por excesos o falta de acondicionamiento en el periodo seco. Las vacas gordas son más susceptibles a problemas metabólicos e infecciones y mayores problemas al parto. Además, presentan menor consumo de materia seca y problemas de cetosis y son susceptibles a desplazamiento del abomaso. En el caso de las vacas flacas estas producen menos leche y sólidos totales por tener una insuficiente reserva de energía y proteína, no entran en celo y no se preñan hasta que se recupere el peso corporal.

Los rendimientos de las vacas en este periodo se ven afectados por varios procesos como lo son: la adaptación del sistema digestivo, la adaptación de las bacterias del rumen a una dieta más alta en energía como la que se utilizará al principio de la lactación, el balance de nutrientes fundamentalmente energéticos, proteicos y del calcio, un sistema inmune y fuerte durante el período del parto, por lo tanto una buena lactación requiere necesariamente un buen programa de manejo y alimentación pre y posparto.

En el presente artículo se pretende abordar cada uno de estos puntos para lo cual se consideran: los cambios fisiológicos que ocurren en el pre y posparto, las consecuencias de su alteración y establecer recomendaciones que permitan prevenir estos trastornos en esta etapa, que ayuden a mejorar la capacidad de la vaca para responder positivamente durante este periodo crítico.

Manejo y Alimentación Pre y Posparto

Un eficiente programa de alimentación en el período seco, debe empezar con que las vacas tengan una condición corporal de +3 a -4 y mantenerla durante todo el período seco (Campabadal y Navarro 1998). Cuando es mayor a 4, son más comunes los trastornos metabólicos, que afectarán la producción de leche y los rendimientos reproductivos, (Grummer 1998). Cuando es menor a la adecuada, reponerla durante el período seco, es poco eficiente, porque la eficiencia de utilización de la energía metabolizable para la ganancia de peso de la vaca en ese período es menor (60%), que al final de la lactación (75%), (Campabadal y Navarro 1997). En el cuadro 1 se aprecia la condición corporal de las vacas en diferentes estadio fisiológico. Por lo tanto, las vacas deben alcanzar la condición corporal óptima al final de la lactación. Para hacer más eficiente el manejo de las vacas es necesario hacer dos etapas de alimentación, (Allen M.S. 1997); (Campabadal y Navarro 1997).

1.-  Periodo seco temprano
Comprende desde el momento del secado hasta los 40 días de este periodo y es esencial una condición corporal de 3.5 y mantenerla. Cuando la condición corporal es óptima, el pastoreo y sales minerales a libre acceso son suficientes, (Campabadal y Navarro 1998). Cuando es menor a la adecuada, las vacas deberán recibir una suplementación extra de alimento balanceado, de no hacerse, la producción de leche será menor en la próxima lactancia, debido a la no adecuada cantidad de reservas corporales, (Domecq et al 1997). Cuando las vacas presentan una sobre condición (mayor a 4), es mejor dejarlas como están y no tratar de que pierdan peso, pues esto sería más perjudicial para la próxima lactación (Weiss y Eastridge 1998).



2.-  Período de Transición
Comprende 21 días antes del parto y entre 21 a 30 días posparto son los más críticos en un programa de alimentación de ganado de leche. Existen dietas especiales para los últimos 21 días del período seco y otra para los primeros 21 a 30 días posparto. Para poder desarrollar e implementar un manejo nutricional en el período de transición, es necesario entender los cambios metabólicos que ocurren durante este tiempo, que ya han sido analizados.

El NRC-2001 difiere de ediciones previas en que da recomendaciones para niveles de minerales y vitaminas en dietas de vacas en transición que difieren de las recomendaciones estrictas para mantenimiento y gestación. El cuadro 2 muestra una comparación de estas recomendaciones con respecto al NRC-1989.



El consumo de materia seca de novillas y vacas durante el último mes de gestación se predice por las siguientes ecuaciones:

Novillas : MS (% de PV) = 1,71 – 0,69 e 0,35t
Vacas : MS (% de PV) = 1,97 – 0,75 e 0,16t
t = días en gestación – 280

Durante las tres últimas semanas antes de parto, la MS de novillas y vacas es de alrededor de un 1,6 y un 1,7% del PV, respectivamente. Las recomendaciones de proteína para vacas adultas secas son similares a las del NRC-1989 (12% sobre MS). Para novillas en fase de transición, el NRC-1989 no proporciona recomendaciones, mientras que el NRC-2001 establece unas necesidades comprendidas entre un 13,5 y un 15% de PB. Las ecuaciones para calcular las necesidades absolutas de PM para mantenimiento y gestación se encuentran en el apartado previo de vacas lactantes. Las necesidades de proteína para el crecimiento de la ubre no están incluidas por no disponerse de datos suficientes. Sin embargo, se estima que es necesario un suplemento de 130 g/d de PB para el crecimiento de la ubre durante el último mes del período seco, o su equivalente de un incremento de un 1% en la PB de la dieta. El NRC-2001 recomienda unos valores mínimos de 33 y 21% de FND y FAD respectivamente, en dietas de vacas secas. El máximo recomendado de CNF en la dieta de transición es de un 42% sobre MS.

La Adaptación del Sistema Digestivo
Los cambios de raciones existentes entre el secado y el inicio de la nueva lactación son cuantitativos y cualitativamente importantes. Existen dos procesos que deben considerarse:

La flora ruminal:
La flora microbiana presente en el rumen de una vaca seca es celulolítica, durante la transición o al inicio de la lactación, se incorporan en las raciones cantidades importantes de granos (almidón). Las papilas ruminales deben adaptarse a estos niveles altos de concentrado en la dieta posparto. Conforme se produce una mayor cantidad de ácidos grasos volátiles se alargan las papilas ruminales, pasando de un tamaño menor de 0.5 cm en dietas con base en forrajes a mayor de 1.2 cm en dietas con concentrados.

Esta adaptación produce un cambio en la población de los microorganismos del rumen, donde predominan los de tipo celulolítico a aminolítico, en donde el desarrollo de bacterias que utilizan el lactato lo convierten en propionato. Cuando esto sucede de forma brusca, las bacterias amilolíticas ruminales se desarrollan rápidamente (en 3-5 días) y producen grandes cantidades de ácido propiónico y láctico, (Dirksen et Al, 1995). En un rumen adaptado, las bacterias utilizadoras de ácido láctico lo metabolizan a otros compuestos menos ácidos. Sin embargo, el desarrollo de éste tipo de bacterias es lento (necesita entre 3 y 4 semanas), por lo que se produce un periodo de riesgo de acumulación de ácido láctico, cuya consecuencia es la combinación del rápido desarrollo de las bacterias productoras de ácido láctico y el lento desarrollo de las bacterias utilizadoras del ácido láctico, (Dirksen et Al 1995). Cuando el pH del rumen decrece más allá de 5.5 se empieza a presentar la acidosis ruminal sub-aguda y se afecta la salud y producción de la vaca.

Adaptación de la pared ruminal a la absorción de ácidos grasos volátiles (AGV)
Los AGV, que en condiciones normales se absorben con relativa facilidad a través de la pared ruminal, no pueden absorberse a la velocidad adecuada debido a la reducción del tamaño de las papilas ruminales durante el periodo seco (la superficie de absorción de las papilas ruminales se reduce hasta 50% en el secado, (Dirksen et Al 1995) El desarrollo de las papilas ruminales depende fundamentalmente de la presencia de ácido propiónico, producto de la fermentación de los almidones. Este proceso requiere un periodo de adaptación de 3-4 semanas, (Dirksen et al. 1995). La disminución en la absorción de AGV provoca la acumulación excesiva de ácido propiónico y láctico en el rumen, favoreciendo el desarrollo de acidosis.

Consecuencias de la falta de adaptación
La combinación de la producción masiva de ácido láctico, la adaptación lenta de las poblaciones microbianas que utilizan el ácido láctico, y la reducida capacidad de absorción de la pared ruminal, resulta en un elevado riesgo de acidosis y favorece el desarrollo de desplazamientos de abomaso (ya que la presencia de cantidades elevadas de AGV en el abomaso afecta negativamente la capacidad de contracción del mismo). También reduce la digestibilidad de la ración y la ingestión de materia seca. Es precisamente la disminución de la ingestión de materia seca lo que puede causar el efecto más negativo sobre la lactación que se inicia.

Estrategias de prevención
Las raciones de posparto deben tener concentraciones elevadas de proteína y energía, buena parte de la energía debe proceder de almidón fermentable, para adaptar la flora ruminal a este tipo de raciones, se debe incorporar granos. La cantidad de carbohidratos no fibrosos deben acercarse al 35% de la ración, concentraciones bastante similares a las recomendadas para animales en lactación, ya que estimularán el desarrollo de las poblaciones de bacterias que utilizan el ácido láctico y permitirá que el propiónico producido estimule el desarrollo de las papilas ruminales, (Dirksen et al. 1995). Esta adaptación reducirá el riesgo de acidosis y el desplazamiento del abomaso. Cabe recordar que este tipo de adaptación requiere la administración de esta ración desde 3 semanas antes del parto.

El Balance Negativo de Nutrientes

El balance energético
Para implementar un manejo nutricional en el período de transición, es necesario entender los cambios metabólicos que ocurren durante éste, conforme se acerca la fecha del parto, la concentración de progesterona en la sangre decrece; mientras que la de estrógenos se incrementa y se mantiene en niveles circulantes altos, que se consideran como el primer factor que disminuye el consumo de materia seca alrededor del parto.

Durante las 2-3 últimas semanas de gestación se produce un aumento de las necesidades energéticas debido al desarrollo fetal y a las necesidades de síntesis de calostro. En el momento del parto, sí el consumo de materia seca no es el óptimo, el inicio de la síntesis de leche y el rápido aumento en la producción de leche, incrementa la demanda de glucosa para la síntesis de lactosa. Pero la energía que se produce en la leche es mayor que la energía que se consume en el alimento, por lo que ocurre un balance negativo de energía por un determinado período de tiempo. Debido a que la mayoría de carbohidratos dietéticos son fermentados en el rumen, muy poca glucosa es absorbida directamente del tracto digestivo, como consecuencia la vaca va a depende de la gluconeogénesis (síntesis de glucosa) a partir del propionato en el hígado para satisfacer los requerimientos de glucosa. El bajo consumo de materia seca al inicio del período posparto, también limita la cantidad de propionato para la síntesis de glucosa, estas dos circunstancias son, con frecuencia, responsables del desarrollo de un balance energético negativo que inicia unas semanas antes del parto.

El déficit energético baja los niveles de glucosa e insulina en la sangre que estimulan la movilización de grasa, provocando un aumento en los ácidos grasos no esterificados (AGNE) en la sangre que son utilizados por el hígado. Estos se utilizan como fuente de energía (oxidación), pero cuando la movilización de los AGNE es excesiva, se saturan las vías de metabolización y exportación de lípidos, y se generan vías hepáticas alternativas, entre ellas la formación y exportación de cuerpos cetónicos, y la formación y almacenamiento hepático de triglicéridos, (Grummer, 1995).

Esta situación desarrollada en el preparto, disminuye la capacidad de adaptación del hígado para el periodo posparto, lo que predispone al desarrollo del síndrome cetosis-hígado graso. Existen una serie de condicionantes que favorecen la movilización de grasa, entre ellas la estrogénica propia del peri-parto, el estrés causado por el manejo inadecuado o el exceso de calor (que libera cortisol y catecolaminas endógenas) y la hipocalcemia (que se asocia a una disminución de la ingestión de materia seca y el consecuente déficit energético), (Grumer, 1995).

El balance energético negativo empieza a producirse en las semanas previas al parto, y la saturación hepática generada es una causa importante. La concentración de AGNE en sangre se duplica entre los 17 días antes del parto y 2 días después del parto, el contenido de triglicéridos en el hígado se triplica el día del parto respecto a 28 días preparto. Aunque parte de esta movilización se debe al estado endocrino del animal, la reducción en la ingestión de materia seca es el factor más importante, (Grummer et al. 1995)

Consecuencias del balance energético negativo
En el inicio de la lactación el balance energético negativo es el resultado de una alta relación entre la hormona del crecimiento y la insulina en la sangre, que promueve la movilización de ácidos grasos de cadena larga del tejido adiposo (Drackley, 1998). Arista (1998) establece que una vaca adulta productora de 30kg de leche por día, requiere 2300g de glucosa, donde 1500 g son para producir lactosa. Una vaca lechera no absorbe mas de 600 g por día de glucosa, por lo que la mayor parte de esta debe ser sintetizada en el hígado. Por lo que, la vaca debe depender de otras fuentes que suplan moléculas de carbono para la síntesis de glucosa, como son los aminoácidos de la dieta o de la degradación del tejido corporal y los carbonos del glicerol, provenientes de la movilización de los ácidos grasos que circulan en la sangre que están en forma de ácidos grasos no esterificados, de la grasa del tejido corporal que representa la principal fuente de energía.

Al existir una cantidad insuficiente de carbohidratos en el hígado durante los primeros días posparto y la demanda energética es alta, se produce una oxidación incompleta de los ácidos grasos de cadena larga, incrementándose la producción de cuerpos cetónicos, que resultan en la enfermedad metabólica denominada cetosis. Esto nos demuestra que el suministro adecuado de glucosa para la síntesis de leche es considerado como el mayor reto metabólico para las vacas recién paridas. También es importante tener presente que el contenido de lactosa de la leche permanece constante (50 g/litro); así la cantidad de lactosa disponible determina la cantidad de leche producida.

Cuando la movilización de grasa es excesiva, la aparición de cetosis e hígado graso es inevitable. Esta movilización preparto es responsable del engrasamiento del hígado, que en casos de balance energético negativo preparto, para el día del mismo ya está saturado y predispone a cetosis y el síndrome del hígado graso, que ocasiona una disminución de la producción, con la aparición de problemas patológicos pre y posparto, con disminución de la eficacia reproductiva y de la capacidad inmunitaria del animal (Goff y Horst, 1997). Grummer (1995) sugirió que la mayor parte de los cambios metabólicos relacionados con el peri-parto suceden antes del día 1 posparto, y que sus consecuencias patológicas o productivas ya han aparecido o están predeterminadas a suceder. Esta observación pone de relieve la importancia crítica del manejo y la alimentación del animal en el periodo preparto.

Valor energético de alimentos y dietas

El método del NRC (2001) para obtener los valores ENL de los alimentos incluye:
La Estimación de la energía digestible de un ingrediente a partir de su composición química, calcula un factor de corrección basado en la MS y en el contenido de TDN de la dieta a nivel de mantenimiento (TDN1x), convertir los valores de energía digestible corregida a energía metabolizable (EM) y finalmente a ENL. Esta aproximación es sustancialmente diferente de las ediciones previas en las que la energía de alimentos y dietas se calculaba directamente a partir de datos descomposición química. Además, este método de cálculo implica que el valor energético de los alimentos no es constante. . En el cuadro 3 se describen las necesidades nutritivas de las vacas en los diferentes estados pre y posparto



Estrategias de suplementación
La ingestión de energía depende de la ingestión de materia seca y de su densidad energética. Algunos autores difieren en él calculo del desequilibrio energético en vacas preparto, esto se puede resolver usando raciones con mayor densidad. Weiss y Eastridge (1998) dicen que mantener la condición corporal y tener una ganancia de (250 g/día) para vacas normales (condición corporal de 3.5 puntos)no afecta a las vacas durante el peri-parto. Las vacas flacas deberán consumir 2.5 a 3 Mcal/día de energía neta adicionales para obtener una mayor ganancia de peso (450 a 650 g/día).

Dietas altas en carbohidratos fermentables reducen el pH ruminal, el consumo de materia seca y predisponen a la vaca a problemas de acidosis y laminitis (Allen M. S. 997). Caso contrario raciones muy altas en fibra neutro detergente limitan el consumo de materia seca (Martens, 1995). Las raciones para vacas recién paridas (0 a 3 semanas) deben contener entre 28 y 30% de FND y 21% de FAD en base seca (Hutjens, 1995), mientras que para el inicio de lactancia un 25% de FND y 19% de FAD. Los carbohidratos no estructurales deberán formar 38% de las dietas para las vacas recién paridas y n 40% para la otra etapa. El contenido de energía neta de lactación para las vacas recién paridas debe ser de 1.67 Mcal/kg; mientras que para las vacas aproximándose al pico de lactación el requerimiento varía de 1.72 a 1.74 Mcal/kg (Davidson 1997)

Es importante considerar que el valor energético del pasto Kikuyo varía de 1.25 a 1.30 Mcal/kg de energía neta de lactación; mientras que en un pasto Estrella los valores varían de 1.2 a 1.25 Mcal/kg, (Campabadal 1999). Cuando la vaca presenta la condición corporal óptima, el pastoreo y sales minerales a libre acceso son suficientes (Campabadal, 1999). Las raciones deben formularse con la energía e ingredientes necesarios para limitar la pérdida de condición corporal preparto. En el cuadro 4 se describen los efectos de algunos ingredientes y aditivos usados en la prevención del balance energético negativo usados en las raciones de vacas en el periodo peri parto.

El Balance Proteico

Las necesidades de proteína para la gestación son relativamente poco importantes hasta los 2 últimos meses, cuando las necesidades crecen. Debido al crecimiento del feto y en las semanas previas al parto, en la síntesis de calostro. Este aumento en las necesidades se agrava por la disminución de la ingestión de materia seca en las semanas previas al parto.

Consecuencias
Los efectos del balance proteico negativo se muestran en el posparto, ya que el déficit generado durante el preparto se suple con la movilización de reservas corporales. Bach et al. (2000) demostraron que cuando las raciones se formulan según las recomendaciones del NRC(1989), la movilización de proteína se inicia unas semanas previas al parto. La capacidad de movilizar proteína es mucho más limitada que la disponibilidad de energía, y pueden agotarse antes o al inicio de la lactación. Una vez agotadas las reservas, la falta de proteína limita la producción de leche, ( Moorby et al. 1996) y la síntesis de inmunoglobulinas, por lo cual la competencia inmunitaria se ve comprometida. El resultado es una mayor predisposición a la aparición de problemas posparto (retenciones placentarias, cetósis) y producciones bajas.

Cuadro 4 Ingredientes y aditivos usados en la prevención del balance energético negativo en la ración de vacas pre y pos parto


Freddy Delgado Z (2002)

Cada vez se demuestra que las raciones ricas en proteína, formuladas para una mayor producción lechera, se correlacionan negativamente con los parámetros reproductivos, (Moorby et al. 1996). Martínez. et al (1999), la principal relación de un exceso de proteína bruta con la concentración de progesterona sería a través de una exacerbación del balance energético negativo en vacas al comienzo de la lactación, por el gasto de precursores de la glucosa y el consumo energético extra que supone transformar el amoniaco en urea (este hecho sólo se relaciona con la proteína degradable). Esto ocasionaría reducción del balance energético y de la glucemia, lo que sería captado por la hipofisis como una señal negativa para la liberación de LH.

Estudios recientes han sugerido que el uso de aminoácidos protegidos, especialmente lisina y metionina aumentan la producción de leche y el porcentaje de proteína en la leche (Wu et al. 1997). Davidson et al (1997) establecen que la respuesta de estos aminoácidos, así como de cualquier proteína de alta calidad depende del nivel de consumo de materia seca y del potencial que tenga la dieta para una máxima síntesis de proteína ruminal.

Estrategias de prevención
En relación con el consumo de proteína, cuando este es menor al óptimo causa una disminución en el consumo de alimento y cuando es mayor puede producir problemas metabólicos y aumenta el costo de alimentación. El consumo recomendado por el N.R.C varía de 900 a 1200 gramos por día según el peso de la vaca.

Existen varios cambios importantes en la forma de expresar las necesidades proteicas de las vacas en el NRC (2001). En la figura No.1 se aprecian cuatro fracciones proteicas principales. La proteína metabolizable (PM) se define como la proteína verdadera digerida en el intestino a aminoácidos y posteriormente absorbida. Las necesidades proteicas de los animales se expresan en unidades de PM. Las principales fuentes de PM son la proteína indegradable del alimento en el rumen (PIR), la proteína bruta microbiana (PBM) y fuentes de proteína endógena. La producción de PBM se estima en 130 g/kg de TDN corregido (TDNc), siempre y cuando el suministro de PDR exceda de 1,18 x PBM kg/d. Esto asegura que hay suficiente aporte de PDR en la dieta para la síntesis de proteína microbiana. Cuando el aporte de PDR es inferior, la producción de PBM disminuye hasta 0,85 x PDR. El verdadero contenido en proteína microbiana se establece en 80% y su digestibilidad intestinal en 80% igualmente; por tanto, el aporte de PM de la proteína microbiana es 64% del total de PBM sintetizado.

En el NRC (2001), la PDR y la PIR se consideran variables en función de las constantes kd y kp. Las ecuaciones para predecir los valores de PDR y PIR son:

PDR = Fracción A + Fracción B [kd/(kd + kp)]
PIR = Fracción B [kp/(kd + kp)] + Fracción C

Las fracciones A, B y C se expresan como % PB. kd = velocidad de degradación de la fracción B en el rumen, %/hora. kp = velocidad de paso del alimento en el rumen, %/hora, la velocidad de paso de un alimento en el rumen depende la materia seca ingerida

Moderar o evitar la disminución de la ingestión de materia seca que ocurre durante los días previos al parto. Grummer (1995) calculó el balance proteico de vacas cuya ingestión de alimentos era distinta en la cual se demostró que el balance proteico negativo puede controlarse casi en su totalidad si se mantiene la ingestión de materia seca en el preparto. Las estrategias para mantener la ingestión se exponen más adelante

La velocidad de paso de un alimento en el rumen depende de la materia seca ingerida moderar o evitar la disminución de la ingestión de materia seca que ocurre durante los días previos al parto. Grummer (1995) calculó el balance proteico de vacas cuya ingestión de alimentos era distinta en la cual se demostró que el balance proteico negativo puede controlarse casi en su totalidad si se mantiene la ingestión de materia seca en el preparto. Las estrategias para mantener la ingestión se exponen más adelante.



La Ingestión de Materia Seca
Durante el periodo preparto se produce una disminución importante de la ingestión de materia seca. Esta disminución se inicia 3 semanas preparto, y se hace muy aparente en la semana previa a él, en la cual la ingestión puede reducirse hasta 30%, el control de la ingestión de materia seca depende parcialmente del estado fisiológico del animal, probablemente debido a los cambios hormonales que ocurren el peri-parto. Los detalles de los procesos involucrados no se conocen con detalle, lo que dificulta el desarrollo de estrategias que permitan optimizar la ingestión. Sin embargo, una buena parte de la disminución de la ingestión de materia seca depende de factores externos, siendo susceptibles de manipulación. Entre estos factores están el confort, la apeticibilidad, disponibilidad y acceso al alimento, el estrés por calor, la hipocalcemia y incidencia de patologías.

Consecuencias productivas
Las consecuencias de la disminución de ingestión de materia seca son muy negativas, ya que esta disminución genera un déficit de todos los nutrientes. El resultado es un incremento de las patologías, bien por el desequilibrio nutritivo producido, o por la alteración de la función inmunitaria, debido a dichos desequilibrios. Además, se reduce el potencial productivo de los animales posparto.
El impacto económico por la reducción en la ingestión de materia seca preparto es muy importante, y debe ocupar, sin lugar a dudas, el primer lugar de nuestras prioridades para este grupo de animales. Los animales que comen más durante las 4 semanas preparto, mantienen una mayor ingestión, producción de leche y mejor calidad de ésta posparto.

Cuadro 5 Aditivos adicionados a los alimentos y su efecto en el consumo de M S en el pre y posparto


Freddy Delgado Z (2002)

Estrategias de prevención
Existen pocas posibilidades de manipulación para la reducción en la ingestión de materia seca ya que son poco conocidas y probablemente intrínsecas al estado fisiológico del animal. En el cuadro 5 se resumen una serie de investigaciones en las cuales se utilizan varios aditivos en la ración de vacas en el periodo pre y posparto. Campabadal, (1999), recomienda consumos de materia seca de 1.8 a 2.0% del peso corporal, equivalentes a 9 o 10 kg de materia seca para vacas Holstein y 7.5 a 9 kg para vacas Jersey.

Según las recomendaciones del NRC (2001), la ecuación es aplicable durante todos los estados de lactación y para vacas de cualquier edad.

MS (kg/d) = (0,372 x LCG 4% + 0,0968 x PV 0,75) x (1 – e (-0,192 x (SL + 3,67)))

LCG 4% = leche corregida 4% grasa
PV = peso vivo (kg)
e = 2,71828
SL = semana de lactación

El término (1 – e (-0,192 x (SL + 3,67))) corrige la disminución de MS al principio de la lactación. Es muy sensible a la SL, especialmente durante las diez primeras semanas). Las diferencias en MS entre la primera y la segunda o lactaciones posteriores son tenidas en cuenta a través del PV y de la LCG 4%. Una diferencia de 100 kg en PV supone un cambio de la MS de 1,5 kg/día. Es importante introducir valores precisos de la LCG 4%, PV y SL del grupo de vacas que está siendo valorado

Evitar la disminución en la ingestión de materia seca durante el preparto debe ser una tarea constante, ya que si se mantiene la ingestión se resuelven la mayor parte de los problemas parto y posparto. Se debe evitar el exceso de condición corporal, ya que a mayor condición corporal preparto, menor es la capacidad de ingestión de materia seca.

Las raciones con una concentración energética mayor resultan en un aumento en la ingestión, cuando este aumento en energía se realiza a través de la utilización de granos, el efecto es más claro. Se evitará el uso de grasas para incrementar la concentración energética de la ración, ya que tienen tendencia a reducir la ingestión de alimentos (Palmquist, 1998). Debe vigilarse con especial atención el uso de sales aniónicas, ya que con frecuencia su uso se asocia con la reducción de la ingestión de alimentos.

El balance del calcio

La transición del estado no lactante a la lactación es tan rápida que con frecuencia, y a pesar de las medidas de precaución que se puedan tomar, los mecanismos de regulación del calcio son incapaces de mantener los niveles sanguíneos adecuados, en la figura 2 se observa la influencia de la hipocalcemia en el momento del parto. Esta transición supone un incremento importante en las necesidades de calcio, la cantidad excretada en el calostro es 3 veces mayor a la leche, y entre 8 y 10 veces la cantidad de calcio circulante en la sangre de una vaca de 600 kg. La cantidad disponible para el animal, depende como en los otros nutrientes, de la ingestión de materia seca y la concentración de calcio en la ración. Aún en las condiciones óptimas, los aportes de calcio de los primeros días de lactación son insuficientes para cubrir las necesidades, y la movilización de calcio de las reservas corporales es imprescindible.

El proceso de movilización de calcio depende de la interacción entre hormonas (calcitonina y parathormona) y la vitamina D. El tiempo necesario entre la detección del déficit de calcio y su movilización es de 7 a 10 días. La reacción lenta de este sistema de regulación de la homeostasis del calcio es responsable del desarrollo de la hipocalcemia clínica o subclínica. Una reducción en el nivel de calcio en el plasma cercano al parto, disminuye linealmente la contracción del abomaso. Con un nivel de 5 mg/dl de calcio la motilidad del abomaso se reduce en 70% y la fuerza de contracciones en 50% (Goff et al 1997). La fiebre de leche también está asociada a problemas de partos distósicos, prolapsos uterinos, retención de placenta, mastitis y un número alto de días abiertos( Goff et al 1997).



Como consecuencia de estos cambios, todas las vacas pasan por un periodo de hipocalcemia durante o alrededor del parto, y hasta 50% arrastran la hipocalcemia durante los 10 primeros días posparto. La consecuencia genérica de la hipocalcemia es la pérdida de tono muscular. Esta pérdida se refleja en la relajación muscular, en el músculo esquelético (resulta en el síndrome de la vaca caída), en la matriz (contribuye a la incidencia de retenciones placentarias), en el pezón (contribuye a la incidencia de mastitis) y en la musculatura del tracto digestivo (contribuye a una mayor incidencia de desplazamientos de abomaso). Otra consecuencia grave es la reducción de la ingestión de materia seca (Horst et al, 1997) que, como se ha visto es causa de múltiples problemas. Además, la hipocalcemia resulta en una liberación de cortisol al torrente circulatorio que resulta en una inmunosupresión que puede tener consecuencias graves durante este periodo tan crítico, (Horst et al.1997). La consecuencia final de estas alteraciones metabólicas es que se reduce la productividad y se incrementa el riesgo de padecer enfermedades metabólicas propias del peri-parto.

Prevención de la Hipocalcemia
La prevención parece ser el método más deseable para reducir las pérdidas económicas asociadas con la fiebre de la leche. Dada la importancia del metabolismo del Ca en la etiología de esta enfermedad, se han propuesto diversos mecanismos para su prevención: reducir los niveles de Ca y P en raciones de vacas secas, administrar vitamina D o sus metabolitos en momentos específicos del preparto. En ambos casos de lo que se trata es de activar los mecanismos de movilización del calcio óseo en un período (2-3 semanas antes del parto), en el que las necesidades de Ca son bajas. Para ello es necesario activar con antelación los mecanismos de movilización (hormonal) e implantar un entorno favorable a dicha movilización (buscar una ligera acidificación sistémica).

La utilización de sales aniónicas en dietas para vacas secas se basa en el carácter ácido de estas sustancias, que provoca una acidificación digestiva y metabólica, creándose unas condiciones óptimas para la circulación del Ca en el organismo, mejora la asimilación del Ca a través del transporte pasivo (a nivel del rumen y del intestino porque a pH ácido aumenta la solubilización del Ca). El transporte activo (la parathormona (PTH) que controla la absorción intestinal de Ca es activada por la acidosis y los niveles de HPO en plasma aumentan), aumenta la movilización de Ca óseo debido a que en condiciones ácidas aumenta la actividad de los osteoclastos (células encargadas de la destrucción del tejido óseo), o bien indirectamente a un aumento de la excreción de Ca vía orina, aumenta la proporción de Ca plasmático en forma iónica (Ca2+), que es el único metabólicamente activo.

Goff y Horst (1997) justifican la necesidad de generar una ligera acidosis metabólica para favorecer la movilización del calcio. Dicha acidificación puede conseguirse a través de la modificación del equilibrio aniónico-catiónico (BAC). El BAC se define como la relación entre los miliequivalentes de cationes y aniones de la ración. Los iones que mayor impacto tiene en el BAC son el sodio, el potasio, el azufre y el cloro, aunque el calcio, el magnesio y el fósforo también intervienen en menor medida.

Goff (1997) propuso tres posibles fórmulas para el cálculo del BAC:
Considera los minerales que intervienen en el BAC con sus respectivos coeficientes de absorción según el NRC (1989):

a) BAC (mEq/kg) = [(0.38 Ca + 0.3 Mg + Na + K) – (Cl + 0.6 S + 0.5 P)]
Utiliza todos los minerales que intervienen, pero con coeficientes de absorción distintos, y probablemente más cercanos a la realidad:

b) BAC (mEq/kg) = [(0.15 Ca + 0.15 Mg + Na + K) – (Cl + 0.2 S + 0.3 P)]
Utiliza únicamente los minerales más importantes:

c) BAC (mEq/kg) = [(Na + K) – (Cl + S)]

En condiciones normales, el BAC es ligeramente positivo, pero en las raciones preparto se recomienda que dicho nivel se encuentre entre –50 y –100 mEq/kg utilizando la ecuación c). Para reducir el valor hasta un nivel ligeramente negativo deben utilizarse sales ricas en aniones que intervengan en la ecuación, entre las que el cloruro o sulfato amónico son las más frecuentes.

En las raciones que utilizan sales aniónicas, el nivel de Cl no debe superar el 0,8% (MS). Las recomendaciones para formular raciones de preparto apuntan a utilizar forrajes con niveles bajos de Na y K, y aportar 0,4% de Mg, formular el azufre entre el 0,35 y 0,4 %, y mantener los niveles de K y Na tan bajos como sea posible, preferentemente inferior a 1,2 y 0,15%. El fósforo debe mantenerse entre 0,35 y 0,4%. Si estos niveles están correctamente ajustados y el BAC es neutro o ligeramente negativo, entonces deben elevarse los niveles de calcio hasta el 1 ó 1,2% de la ración.

El resultado de la inclusión de estas sales en la ración es una ligera acidificación sistémica. Se ha sugerido que es esta acidificación la cual permite mejorar la absorción y la movilización ósea de calcio. Esta movilización parece estar mediada por la acción de la parathormona (Horst et al 1997). Uno de los principales inconvenientes del uso de sales aniónicas en el preparto es la posible disminución de ingestión causada por su baja palatabilidad (Horst et al 1997). Para reducir al máximo el riesgo de afectar a la ingestión de materia seca, debe formularse raciones con un BAC bajo (selección de ingredientes con niveles bajos de K y Na). En las raciones que utilizan sales aniónicas, el nivel de Cl no debe superar el 0,8% (MS).

En la práctica para prevenir este problema de fiebre de leche, es necesario tratar de formular una ración con niveles menores de 2% de potasio, limitar el consumo de sodio, pues ambos minerales son los mayores responsables del problema (Goff et al, 1997). Cuando el consumo de potasio es alto, es importante conocer la relación K/(Ca+Mg). Relaciones sobre 2 pueden causar una hipomagnesemia. Por esta razón, en vacas en pastoreo es necesario limitar cualquier producto alto en potasio como el banano y la melaza. Además, se pueden utilizar sales aniónicas, el consumo de calcio debe ser entre 150 a 200 g/día (Weiss 1997).

En relación con los requerimientos de vitaminas y minerales, Weiss (1997) recomienda concentrar las vitaminas y los minerales trazas en 20% y los macrominerales en 10% a fin de contrarrestar la reducción en el consumo de materia seca posparto

La Inmunosupresión

Cualquier deficiencia crónica de energía, proteína, vitaminas y minerales puede causar una inmunosupresión. En el período preparto, la concentración de Vitamina A y E en la sangre disminuye 38 y 47% respectivamente, por la mayor demanda para la transferencia de esas vitaminas al calostro y el mayor consumo de los tejidos asociado al estrés metabólico del parto. Weiss (1997) recomienda aumentar los requerimientos de vit0aminas y minerales trazas en 15%, para ayudar con la disminución en el consumo de materia seca.

El pre y posparto son estresantes para la vaca, de forma natural, las defensas de la vaca empiezan a disminuir 2 ó 3 semanas antes del parto, alcanzando un nivel mínimo 1 o 2 semanas posparto. Las razones de la inmunosupresión son:

A ) Durante la gestación, la progesterona es la hormona predominante. Unos 30 días antes del parto, el cortisol fetal estimula a la placenta para iniciar la secreción de estrógenos. Los estrógenos juegan un papel fundamental en el desarrollo de la glándula mamaria, la síntesis de calostro y la preparación al parto. Los niveles de estrógenos durante el parto son entre 10 y 100 veces superiores a los niveles de estrógenos normales del celo, y a estas concentraciones alteran la función inmunitaria. Además, entre 24 y 48 horas previas al parto, los niveles de prostaglandinas aumentan provocando la luteolisis, lo que resulta en la disminución de progesterona y el dominio definitivo de los estrógenos. Estos cambios en los perfiles hormonales que desencadenan el parto, provocan estrés y ayuda a que se libere cantidades importantes de cortisol, estos a su vez junto con los estrógenos desencadenan el parto, siendo estos los que inciden directamente en la inmunosupresión, que hasta cierto punto es inevitable.

B) La calostrogénesis. Los mecanismos desencadentes del parto, fundamentalmente el dominio estrogénico, favorecen la producción y transferencia de inmunoglobulinas a la glándula mamaria para la formación del calostro, en detrimento de las defensas celulares del propio animal.

C) El balance de nutrientes negativo generado por la disminución de la ingestión de alimentos, contribuye a disminuir la capacidad de reacción del sistema inmunitario. Además, el estrés por calor suele reducir la ingestión de alimentos y agravar la situación. La disminución de la ingestión de materia seca genera déficits de energía, proteína, vitaminas y minerales que resultan en inmunosupresión e incidencia elevada de problemas metabólicos. En consecuencia, es necesario ajustar la ración para reducir al máximo los factores nutritivos que pueden suponer un estrés adicional a los muchos causados por el parto.

El agotamiento del sistema inmunitario en el posparto
Los procesos metabólicos normales del organismo producen radicales libres tóxicos que son neutralizados por el sistema inmunitario. La producción excesiva de estos radicales causa el denominado “estrés oxidativo”. Inmediatamente después del parto, el sistema inmunitario debe reconocer la placenta como un tejido extraño al organismo e iniciar su reabsorción. La involución uterina, que en tres semanas debe haber recuperado su tamaño normal, genera una gran cantidad de radicales tóxicos que consumen la mayor parte de los agentes antioxidantes (principalmente selenio y vitamina E) del sistema inmunitario Este déficit es parcialmente responsable del incremento de las patologías peri-parto (retenciones placentarias, metritis, mastitis) y pone de manifiesto la estrecha relación entre los factores nutricionales y la inmunocompetencia, ( Mallard et al 1998).

Consecuencias
El resultado de la inmunosupresión es la incidencia de problemas presentados en vacas lecheras (60 y el 80%) en el periodo preparto o las primeras semanas posparto. La competencia inmunológica es la que más afecta al animal, todas las vacas sufren una pérdida de defensas frente agresiones físicas o infecciosas, dicha perdida de capacidad depende de factores genéticos propios de cada animal y de su entorno.

Estrategias de prevención
Algunos problemas son inevitables, otros son susceptibles a modificaciones a través de los programas de manejo y alimentación, entre ellos, el control de la ingestión de alimentos, el ajuste en la formulación de raciones en el preparto, el papel del balance proteico y del calcio. La suplementación con vitamina E y selenio en la función inmunitaria, parece cumplir funciones muy similares, la actividad de la vitamina E es crítica siempre y cuando los niveles de selenio alcancen como mínimo las 0,1 ppm. La deficiencia de estos micronutrientes se ha asociado con un aumento en la incidencia, duración y gravedad de las infecciones mamarias, y un aumento en la incidencia de las retenciones placentarias.

Weiss (1997) recomienda mantener los niveles adecuados de vitamina E, y la incorporación de vitamina E en el concentrado, la suplementación de 3000 UI/d intramuscular 10 y 5 días previos al parto. Es posible que otros minerales y vitaminas (betacarotenos, zinc, cobre) que actúan como antioxidantes contribuyan a evitar los excesos de radicales libres reactivos asociados al estrés del peri-parto. La evidencia mostrada sobre su importancia en relación con la optimización de la producción posparto y a la reducción de las patologías pre y pos parto justifican la necesidad de implementar lotes y programas específicos de alimentación que deben estar presentes en todas las explotaciones independientemente del costo económico y del trabajo que ello implique.

Conclusiones

La prevención de los desordenes metabólicos en el pre y posparto es de suma importancia en las explotaciones lecheras de la actualidad, por lo que la implementación de las medidas mencionadas con antelación vienen a solucionar dicho problema.

El periodo de preparto ocupa un lugar estratégico en el esquema productivo de las explotaciones lecheras de alta producción. La evidencia mostrada sobre su importancia con relación a la optimización de la producción posparto y a la reducción de las patologías peri-parto justifican la necesidad de implementar lotes y programas específicos de alimentación que deben estar presentes en todas las explotaciones independientemente del costo económico y del trabajo que ello implique. Las estrategias de manejo y alimentación deben considerar:

A.- Formular la ración específica para los animales en preparto para que cumpla todas las recomendaciones mencionadas.

B.- Utilizar ingredientes propios de la ración de lactación para acostumbrar a la vaca a su sabor y olor. Evitar el uso de alimentos de poca calidad, mal conservados o contaminados, especialmente con relación a los forrajes. Incorporar a la ración granos y evitar el uso de grasas.

C.- Usar sales aniónicas con precaución para evitar la reducción de la ingestión de materia seca, considerando el cumplimiento de las recomendaciones de otros minerales (Cl, P, S, Mg Ca, K, Na.)

D.- Prevenir los desequilibrios energéticos excesivos a través de la administración de propilenglicol en dosis únicas diarias durante el peri-parto.

E.- El uso de aditivos supone siempre si se manejan adecuadamente una mejora en la eficiencia de productividad. Su efectividad de empleo debe analizarse siempre ya que existen otros factores que influyen en la producción que pueden interferir o enmascarar su efectividad.

F.- El campo de los probióticos (enzimas y levaduras) presenta un futuro esperanzador en rumiantes y será sin duda algo que podrá ayudar en la alimentación del ganado lechero.

G.- El uso de amortiguadores de la acidez del rumen, da una esperanza en el alivio de dietas muy altas en concentrados balanceados.

H.- En la actualidad parece claro que el factor más limitante en este periodo, y cuyo control debe ser prioritario, es la ingestión de materia seca. Por último, el NRC ha incorporado nuevas recomendaciones para enero del 2001. Dichas recomendaciones incorporan, muchos de los recientes avances en alimentación de los animales en el preparto.

I.- En adición a los forrajes de alta calidad existen ciertos subproductos que pueden beneficiar a la vaca al inicio de la lactación y que pueden ser utilizados en la formulación de la dieta para mantener una cantidad suficiente de fibra neutro detergente, aumentar la utilización de la fibra y como resultado incrementar el consumo de energía. Estos subproductos son la cascarilla de soya y la cascarilla de algodón

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