Manteniendo a raya los problemas de patas

Publicado el: 5/11/2014
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Las cojeras son problemas multifactoriales y difíciles de abordar, debido a que los factores de riesgo para su presentación son múltiples. Entre éstos se mencionan el ambiente, manejo y construcciones, factores de origen nutricional-metabólico, genéticos, comportamiento, efecto del número ordinal del parto, etc. Estas afecciones afectan todos los aspectos del bienestar animal, ya que, dificultan el acceso al alimento y al agua, mantienen una constante incomodidad, y el dolor causado es de larga duración, impidiendo que el animal exprese su comportamiento normal.

Entre los factores de riesgo de origen nutricional se ha mencionado que altos niveles de energía y bajos de fibra en la ración causan acidosis ruminal, produciendo laminitis y la subsecuente aparición de cojeras debido a úlceras plantares y abscesos de la línea blanca. Asimismo, niveles altos de proteínas en la ración jugarían un papel en el desarrollo de las cojeras. Otras causas de tipo nutricional son producidas por deficiencias de minerales, tales como el zinc y el cobre, los cuales, junto a la metionina, son responsables de la queratinización de los tejidos.

Entre los factores de manejo, el confinamiento de las vacas por largos períodos de tiempo aumenta la presentación de problemas podales. El despalme periódico es probablemente la medida más importante para prevenir la aparición de laminitis y afecciones secundarias de las pezuñas. En zonas donde se realiza pastoreo durante todo el año, las laminitis en vacas de lechería están asociadas al largo, la calidad y el diseño de los caminos.

 

Abordaje profesional

Diversos autores han cuantificado las pérdidas económicas producidas por las cojeras, las cuales varían de acuerdo a la patología y al valor de la atención veterinaria y del litro de leche en cada país; sin embargo, todos coinciden en que disminuyen considerablemente la eficiencia del productor lechero. Las mermas se relacionan con la eliminación temprana de animales, disminución del consumo voluntario de alimento, disminución de la producción de leche, alteración de los indicadores reproductivos, deterioro de la condición corporal y aumento de los costos por tratamientos.

En Chile, el doctor José Borkert es uno de los pocos veterinarios dedicados a tiempo completo a esta especialidad, habiéndose iniciado en su estudio en el año 2002 cuando aún era un estudiante de pregrado de la Universidad Austral de Chile. Posteriormente continuó su profundización en el tema de la mano del destacado académico e investigador Néstor Tadich, con quien en los años 2004-2005 desarrolló un proyecto destinado a establecer la prevalencia de cojeras en los planteles de la X región, actual región de Los Ríos (provincias de Valdivia, Osorno y Llanquihue); además de otras investigaciones que determinaron la incidencia de problemas podales de acuerdo a la estación, así como su clasificación por origen (infeccioso / no infeccioso) e incidencia en producción de leche y fertilidad.

Borkert, sin duda es uno de los especialistas que más sabe del tema en nuestro país, y con el respaldo de la UACH hoy se encuentra abocado a generar estudios que permitan abordar de mejor manera esta problemática al interior de los planteles. “Mi compromiso con la Universidad Austral, y particularmente con el doctor Tadich, es desarrollar un trabajo en terreno al más alto nivel profesional, consistente en la recolección de información técnica de primera calidad para generar en conjunto publicaciones científicas basadas en datos nacionales fidedignos”, señala.

 

Lectura adecuada

De acuerdo a estudios, el 90% de las lesiones que causan cojera ocurren en los miembros posteriores. Entre las lesiones más comúnmente descritas se encuentran las laminitis, úlcera plantar, enfermedad de la línea blanca, dermatitis digital, foot-rot, hiperplasia interdigital, dermatitis interdigital y doble suela.

Según Borkert, un abordaje serio del problema supera largamente el despalme correctivo de las vacas. Antes de “meter las vacas al brete”, es fundamental “una identificación rigurosa de la prevalencia e incidencia de cojeras, lo que implica no sólo determinar cuántas vacas cojas existen en el rebaño, sino también la especificación del grado de cojera que presenta cada animal, de acuerdo a una escala que va del 1 al 5 denominada score de locomoción (ver recuadro). Es el punto de partida que nos dirá dónde estamos y qué debemos hacer”.

 

SCORE DE LOCOMOCIÓN

Ayuda a identificar a vacas con cojeras (claudicación), así como aquellas que están con lesiones en las pezuñas en desarrollo (cojera subclínica). Se basa en la observación de la vaca de pie y al caminar, con especial énfasis en la postura de la espalda o dorso. Se debe realizar de manera individual, sobre superficies planas, con tracción adecuada y sin obstáculos.

 

 

 

El especialista agrega que “muchos productores asumen que tener vacas cojas está dentro de lo normal en cualquier lechería, mientras que otros se comienzan a preocupar cuando ya es demasiado tarde y queda poco por hacer”.

La incidencia de las cojeras en el rebaño puede variar con la edad y la raza de las vacas, el terreno, condiciones climáticas y el manejo del predio. Además otros factores como la estación del año, la etapa de la lactancia, y la conformación de la pezuña contribuyen a su incidencia. La presentación es más alta en invierno, cuando las vacas se encuentran estabuladas; sin embargo, el período de verano también es de importancia. Factores que se encuentran asociados a este período son los caminos, el personal a cargo de los animales, y las grandes distancias que tienen que caminar los animales.

 

 

La vaca ingresa al brete. Al meter la cabeza en la tijera queda entrampada automáticamente. Una vez entrampada se procede a cerrar la puerta trasera.

 

La vaca ya tiene colocada la cincha hidráulica que le dará la sujeción al momento del volteo. La articulación del brete se produce gracias a una central hidráulica incorporada en la camioneta.

 

“Tener en cuenta la gran variedad de factores que inciden en la presentación de problemas podales resulta clave para su correcto abordaje y control”, afirma Borkert. “En sistemas estabulados, un tema crucial es el período de adaptación a superficies duras. Por ejemplo, vacas de primer parto, que tienen una pezuña más blanda, deben ser acostumbradas a superficies de concreto a lo menos un mes antes del parto”.

Por otra parte, agrega, “el despalme debe ser diferente dependiendo si el sistema es confinado o pastoril. Una vaca que está parada gran parte del tiempo sobre suelos de concreto necesita mayor superficie de apoyo a nivel plantar que palmar, dado que a mayor superficie menor presión sobre los miembros, lo que aminora el estrés biomecánico de las articulaciones”.

Sin embargo, a través del trabajo en terreno desarrollado para su tesis de magíster, el doctor Borkert ha constatado que en Chile la incidencia de cojeras se explica mayoritariamente por causas “no infecciosas”, información que lo lleva a concluir que una proporción importante de los problemas podales en nuestro país tienen su origen en factores nutricionales. “Los cambios a nivel ruminal generan acidosis (clínica o subclínica), que habitualmente se traduce en problemas serios a nivel de patas; vinculación que lamentablemente resulta muy difícil determinar”.

 

La vaca comienza a ser levantada para voltearla.

 

La vaca está completamente suspendida, descansando sobre la pared derecha del brete, la que está recubierta por una espuma de alta densidad forrada en una carpa lavable. Han transcurrido 30 segundos desde su ingreso.

 

Cojeras bajo control

Una vez determinada la prevalencia e incidencia de cojeras en el rebaño y la aplicación del score de locomoción, el paso siguiente es “apagar los incendios”, explica Borkert. “Esto significa tomar a las vacas clínicamente cojas (grado 4 y 5), y mejorar su bienestar animal para tratar de mantenerlas en el sistema”.

El diseño, planificación e implementación de una metodología enfocada en la prevención, sin duda es el paso más importante. “El objetivo es no volver a vivir incendios, y consiste en abordar metódica y sistemáticamente aquellas vacas que presentan grados de cojera subclínica (2 y 3), a través del recorte de pezuñas con sobrecrecimiento, tirabuzón, etc., dándoles la forma y conformación adecuada de acuerdo a las características de la superficie. La frecuencia del despalme estará determinada por diversos factores, como tamaño del rebaño, sistema productivo, superficie, locomoción diaria de los animales, entre otros”.

Asimismo, el paso por el brete y la realización del despalme correctivo exige un registro riguroso de la información que arroja cada animal. “Actualmente, en muchos predios sólo se anota el número de la vaca y el nombre de la lesión, el que muchas veces carece de rigor científico, usándose términos como ‘machucón’ para una lesión que puede constituir una hemorragia de suela o sólo una pigmentación. Un buen diagnóstico y un registro adecuado de la información ayudan mucho a determinar la prevalencia y el impacto económico que tiene cada tipo de lesión en la rentabilidad global del plantel, y por supuesto las acciones a seguir para mitigar su presentación en el rebaño”.

Por tanto, enfatiza Borkert, “resulta clave capacitar al personal de la lechería, no sólo en la identificación de los diversos cuadros de cojera de acuerdo al score de locomoción, sino también en la identificación de las distintas afecciones podales”.

 

Borkert y el operario fijan las extremidades a la estructura del brete para abordar los cuatro miembros simultáneamente, agilizando la revisión podal.

 

Luego de fijar las extremidades, se procede a lavarlas con el dispensador de agua potable con que cuenta la camioneta, el cual entrega una presión constante que ha sido previamente regulada.

 

Se procede a realizar las correcciones en las extremidades con un esmeril angular de 4”1/2. La ubicación del enchufe hembra hidrobox (bajo el brazo que coloca la cincha de sujeción hidráulica) otorga máxima comodidad para trabajar.

 

Ya se le ha quitado la cincha de sujeción hidráulica al animal y se está procediendo a abrir la tijera para soltarlo. Borkert estima que con su equipo es posible realizar 4 procedimientos por hora aprox. (dependiendo de las lesiones), los cuales se efectúan preferentemente entre ordeñas (8am a 3pm).

 

El nuevo brete

Pensando en entregar el mejor servicio de control y corrección de afecciones podales, José Borkert diseñó un innovador brete que, según explica, tiene la gran ventaja de permitir un procedimiento no sólo eficaz, sino que además absolutamente inocuo y seguro para las vacas, respondiendo a los más altos estándares de bienestar animal a nivel mundial. “A través de mi trabajo en terreno me percaté que los bretes tradicionales presentan varios inconvenientes: Primero, es habitual que los animales rehúsen ingresar al brete, básicamente por un tema de exceso de luminosidad; segundo, la colocación de las cinchas implica una acción extremadamente dificultosa para el operario; y tercero, la seguridad y comodidad para el animal no están garantizadas”.

El brete de Borkert nace de la modificación de un brete de volteo, al que se le diseñaron nuevas tijera y cinchas buscando aumentar la automatización de su maniobra. El aparato está montado sobre una camioneta americana doble rueda que permite soportar el peso del equipo y la vaca al momento de trabajar.

El equipo se articula de manera perfecta con el vehículo, siendo desplazado por un cilindro hidráulico desde la carrocería a través de un comando manual, que a su vez maniobra un segundo cilindro hidráulico que acomoda las cinchas para la sujeción de la vaca. “La gran ventaja de este equipo respecto al tradicional, es que la vaca ingresa más fácilmente, gracias a la tijera atrapacabeza y lo cerrado de los laterales. A su vez, el animal descansa sobre una espuma de alta densidad, con apoyacabeza, quedando en una posición muy cómoda para el procedimiento”.

 

 

Otro aspecto importante de este equipo lo constituye su sistema de suspensión, que mantiene los cuatro miembros en sujeción al mismo tiempo permitiendo maximizar la revisión. Esta característica también contribuye a mejorar el bienestar del animal, dado que en los bretes tradicionales se trabaja sólo un miembro a la vez y la vaca lucha por incorporarse mientras es revisada, quedando en muchas oportunidades a maltraer.

El “brete móvil” de Borkert cuenta con dispensador de agua incorporado que incluye una solución desinfectante para lavar las patas y el equipo una vez terminada la labor, evitando que éste último se transforme en vector de enfermedades. “El equipo no se desmonta de la camioneta, por tanto es necesario contar con un lugar de estacionamiento a la salida de la sala de ordeña, de un corral o de una manga. Sólo se requiere un operario que conozca bien sus vacas y ayude a ingresarlas en el brete”.

 
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