Los sistemas silvopastoriles en la producción de carne bovina

Publicado el:
Autor/es:
825 1 Estadísticas
Compartir:

Introducción 

La alimentación de los animales mediante los recursos forrajeros que aportan los árboles y arbustos, pudiera decirse que es tan antigua como su propia existencia. Sin embargo, los sistemas de explotación ganadera y de alimentación de la masa vacuna en el país hasta finales de la década de los 80, estaban sustentados en tecnologías que se fundamentaban en el uso de alimentos concentrados que, muchos de ellos, tenían que ser importados.

En la ceba específicamente, los sistemas que más pesaban en la producción nacional consistían en cebaderos de mayor o menor magnitud donde, en condiciones de semiestabulación o estabulación total, alimentaban los animales a base de dietas en las cuales la melaza, la urea, las harinas proteicas y las sales minerales jugaban el papel fundamental, quedando los pastos y los forrajes en un segundo plano. En lo que respecta al pastoreo, los sistemas mas generalizados fueron definidos por Valdés y Senra (1999), los cuales se han popularizado en los últimos años ante la imposibilidad del uso de insumos (cuadro 1).



Situación actual de la producción nacional de carne bovina.

A partir de la década de los 80 (PNAN, 1994), y hasta 1990 Cuba produjo, de forma bastante estable, aproximadamente 15 Kg. de carne de res anuales por habitante, lo que no era muy diferente al nivel de producción del trópico americano que mantuvo niveles de 16 Kg. per cápita anualmente, según datos aportados por la FAO (1990).

Considerando el crecimiento demográfico actual de nuestra población, que ha mantenido en los últimos 15 años un índice anual del 1 % aproximadamente, urge recuperar y superar esos niveles de producción alcanzados, los cuales bajaron, hasta 1993, a 6,2 Kg. per cápita anuales y se mantiene en 6,5 aproximadamente en los últimos años (Anon, 1998).

Debemos aspirar a alcanzar en el más breve plazo posible, pero con un trabajo lo suficientemente serio que garantice la permanencia estable del logro y su desarrollo en el curso del tiempo, la producción suficiente de carne bovina que permita, al menos, un consumo aproximado de 9 a 10 Kg. anuales por habitante, además de suplir las demandas de la gastronomía, las instituciones asistenciales de salud y educación y en un alto grado las del turismo.

Con esto podríamos contribuir, de una forma importante, a alcanzar los requerimientos mínimos de proteína animal de la población que debe consumir, según la Norma Racional de Consumo, no menos de 55 Kg. de carne y sus derivados por habitante anualmente; lo que no se pudo lograr, incluso en la década de los 80.

 

Bosquejo general de los sistemas empleados para producir carne de res en pastoreo

La descripción o nominación de los diferentes sistemas utilizados para la producción de carne es bastante variable en dependencia del autor que trate el tema. Se expone a continuación una clasificación que más bien responde al propósito de describir, breve y sencillamente, las formas más generalizadas que se han utilizado en el país para producir carne bovina en pastoreo.

A) Sistemas de crecimiento-ceba basados en pastos sin suplementación energético-proteica.

Están fundamentados en la explotación de pastizales sin ningún tipo de suplementación y se pueden describir de la siguiente forma:

  1. Sistemas extensivos.

Nuestro país dispone de áreas de pastoreo limitadas; por ello se impone hacer un uso de la tierra lo más intensivo posible. La crianza extensiva se realiza solamente en zonas de montaña o escabrosas, boscosas o con otras limitaciones, es decir, áreas marginales de difícil transformación.

Se destina a animales cría y ceba, de razas o cruces de marcada rusticidad, con las que se pueden esperar bajos niveles de producción y productividad.

  1. Sistemas basados en gramíneas fertilizadas con conservación de forraje excedente en el período lluvioso.

Basados en el uso de gramíneas cultivadas, tales como el pasto estrella, la pangola, las guineas, andropogon y brachiarias, donde se segrega parte del área de pastoreo en la lluvia para la fabricación de ensilajes y/o heno. Se pueden esperar de ellos ganancias de PV de alrededor de 500 g/animal/día en dependencia de la carga utilizada, pero con un uso alto de insumos tales como fertilizantes, maquinarias e implementos y combustible.

  1. Sistemas basados en leguminosas y gramíneas.

Tales sistemas se sustentan en el uso de los pastos como alimento fundamental y, por lo regular, único recurso alimentario y son los que actualmente ofrecen las mejores perspectivas enmarcados dentro de los sistemas silvopastoriles sostenibles, los cuales estudiaremos con más detalles en otros acápites.

B. Sistemas de ceba en pastoreo suplementados con miel-urea.

Basados en la tecnología de producción de carne propuesta por Delgado et al (1979, 1980), que se fundamenta en el uso de pastos y forrajes suplementados con elevados niveles de urea en la miel (hasta 12 %). Con ellos se pueden lograr ganancias superiores a 600 g/animal/día, con un ahorro de miel a través de la autorregulación del consumo por efecto de la alta concentración de urea y un mayor aprovechamiento del pasto; sin embargo, su limitación fundamental actual es la falta de insumos indispensables como las harinas proteicas (pescado, soya, girasol, etc.), la urea, la miel y las premezclas minerales.

 

Potencialidad de los pastos tropicales para la producción de carne

El potencial de producción de carne de los pastos tropicales depende, como principales factores, del suelo y la especie de pasto utilizada, su manejo, las condiciones de explotación imperantes y el tipo de animal utilizado. Este potencial no sólo debe medirse como la ganancia de peso vivo individual o por área, sino debe buscarse un equilibrio productivo, visto de forma integral, que garantice un nivel de producción económicamente ventajoso.

El cuadro 2 muestra una revisión que resume la información existente en relación con el potencial de los pastos tropicales para la producción de carne.



Producción de carne bovina en un contexto silvopastoril

Lo que se ha analizado hasta aquí, deja claro la magnitud del problema a resolver de forma definitiva y en el tiempo más breve posible. También queda claro que las leguminosas, explotadas y manejadas salvando las dificultades que hasta ahora han impedido su uso generalizado en nuestra ganadería, están a nuestro alcance como una alternativa que puede contribuir a la solución que se busca.

Su introducción en un contexto silvopastoril, las potencia para jugar el papel fundamental en un sistema auto sostenible y ecológicamente equilibrado.

 

Fundamentos y propósitos

Los sistemas silvopastoriles, que actualmente constituyen logros científicos de la EEPF “Indio Hatuey”, se fundamentan en los resultados de las investigaciones que, desde la década de1980, fueron solucionando diferentes problemas tales como: la potenciación productiva de pastizales naturales con la introducción de leguminosas herbáceas y volubles, la determinación de elementos esenciales del manejo como la carga y los métodos adecuados de pastoreo, para lograr la máxima estabilidad de los sistemas (Valdés et al, 1980; Chao et al, 1982 y Valdés et al 1984). De esta forma se establece el banco de proteína, con manejo diferenciado de las leguminosas para propiciar su persistencia, con especies herbáceas y volubles en asociaciones múltiples con el pasto natural que posteriormente es perfeccionado y potenciado al introducir al sistema la arbustiva Leucaena leucocephala y gramíneas cultivadas que son capaces por sí solas de producir altos niveles de ganancia de PV, siempre que se les fertilice con 100 Kg. de N/ha/año o más (Hernández et al, 1886, Hernández et al 1987, Hernández et al, 1988, Simón et al, 1990 y Hernández et al 1992).

Con la introducción de la leucaena y las gramíneas cultivadas en la comunidad de especies con amplia diversidad, se logran objetivos tan importantes como: incrementar a niveles nunca antes alcanzados los rendimientos de biomasa comestible por el ganando, alcanzar y superar niveles de ganancia de peso vivo de 500 g/animal/día y mantener la estabilidad de la composición botánica, abriendo posibilidades a la multiasociación de leguminosas y gramíneas, en un contexto silvopastoril, como un sistema superior y potenciado para la producción tanto de carne como de leche (Hernández et al, 1995).

Ya desde 1974, el científico colombiano Silvio Yepes, basado en sus estudios realizados en Indio Hatuey, Cuba, se adelantaba y describía las bondades para la ganadería cubana de lo que él llamaba “...una vegetación clímax de los bosques semicaducifolios que botan la hoja en el primer trimestre de invierno y los renuevan en el segundo trimestre (marzo, abril y mayo), cuando aumenta el calor y la duración del día aunque las lluvias no han llegado. Las plantas herbáceas mientras tanto se han secado. Los campesinos dicen que el ganado se muere en el potrero y se salva en la manigua comiendo bejucos, leguminosas volubles y arbustos con sus vainas de invierno y en general, un centenar de especies de ramoneo como lo hemos comprobado en una encuesta realizada con 500 guardabosques del INDAF...”

A partir de estos estudios y con el conocimiento y descripción de 42 “ramones”, que son aquellas especies que, teniendo el tronco leñoso, aportan una biomasa comestible que es ramoneada por los animales en pastoreo, este autor propuso la introducción de arbustos en los sistemas ganaderos y planteó que un ecosistema de sabana con arbustos es más propio y productivo que una pradera limpia de tipo no tropical (Hernández y Simón, 1994).

Los propósitos y objetivos que se persiguen con la introducción de los sistemas silvopastoriles a la ceba de toros son, entre otros:

  • Lograr ganancias entre 500 y 600 g/animal/día como mínimo y producciones de alrededor de 800 Kg. de carne en pie por hectárea anualmente con carga de 2 animales en esta unidad de área.

  • Alcanzar estos resultados con una apreciable rentabilidad, lograda en función del manejo y explotación racional de los pastos con un mínimo de gastos en insumos.

  • Lograr la autosostenibilidad del sistema, propiciando la máxima recirculación de nutrientes y la protección y mantenimiento del medio ambiente.

Entre los diversos tipos que conforman los sistemas silvopastoriles, los bancos de proteína y las asociaciones múltiples de leguminosas y gramíneas han sido los que han aportado resultados más importantes en Cuba, tanta para producir carne como leche y se perfilan en la actualidad como sistemas que se pueden generalizar integrado al conjunto de propósitos productivos de la ganadería vacuna del país. No obstante, otros como las cercas vivas, por ejemplo, se abren paso con la ventaja de que son conocidas por su uso tradicional por el campesino cubano y que hoy se rescatan, después de largos años de no ser valoradas en su real importancia y pueden constituir una solución importantísima en los cercados de las unidades ganaderas a las que, además de proveer de cercas perdurables y más económicas, pueden aportar también alimentos de gran valor nutritivo para el ganando.

Actualmente la Leucaena leucocephala es la arbustiva más usada y la que más datos ha aportado en el país para valorar justamente las bondades del silvopastoreo, pero no es la única; otras especies como la Albizia lebbeck, Erythrina berteroana, Erythrina poeppigiana, Gliricidia sepium, Bauhinia purpurea, etc., se presentan como elementos importantes de diversificación de la comunidad vegetal en los sistemas silvopastoriles para la ceba de toros.

¿Qué tipo de sistema se debe emplear y cuáles deben ser las especies que conformen la comunidad vegetal que caracterice el silvopastoreo?. No hay una receta única y deben tomarse las decisiones en función de factores que las condicionen, tales como: disponibilidad de recursos para la preparación de tierra y la siembra, las características del área donde se plantee su fomento, así como que las especies que se escojan se adapten plenamente a las condiciones edafoclimáticas de la localidad.

No obstante, se ha demostrado la superioridad de las asociaciones que se manifiesta en una mayor ganancia diaria de peso vivo, mayor disponibilidad de alimentos, un incremento notable del nivel de proteína en la gramínea asociada, mejor balance de nutrientes en el pastizal y mejor composición botánica. Tales evidencias se muestran en los cuadros 3, 4, 5 y 6, con los resultados informados por Castillo et al (1998) e Iglesias (2003).






El uso de los bancos de proteína

La ceba de machos mediante el uso de los bancos de proteína es un método que ha sido muy estudiado en el país por lo que, actualmente, se pueden utilizar diferentes alternativas para la producción de carne bovina:

  • Bancos de proteína con pastos naturales.
  • Bancos de proteína con pastos cultivados.
  • Bancos de proteína con una sola leguminosa asociada a la gramínea.
  • Bancos de proteína de asociaciones múltiples de leguminosas arbustivas y rastreras con las gramíneas. 

En todos los casos es imprescindible tener siempre en cuenta el por ciento de área ocupada por el banco y el manejo, que son factores que actúan estrechamente interrelacionados.

El manejo de los bancos de proteína se caracteriza por su sencillez, que admite que un montero experimentado y cuidadoso pueda realizarlo eficientemente. El área de las leguminosas debe ser rotada de forma tal que se garanticen períodos de reposo no menores de cinco semanas, que pueden alargarse en función de propiciar un rebrote fuerte y abundante de las leguminosas.

Se le puede dar un manejo igual que a la gramínea cuando se ofrece en libre acceso (Ruiz et al, 1996) o un manejo diferenciado, controlando el acceso mediante una cerca que separe el banco del resto del área.

El libre acceso a los animales es recomendable en los casos en que el banco de proteína complementa un pastizal de pasto natural, que se puede explotar en un solo cuartón mediante el pastoreo continuo abriendo las puertas de los cuartones de leguminosas que tengan un rebrote óptimo y cerrándolos cuando los animales lo hayan consumido convenientemente.

Cuando el banco de proteína complementa un pastizal de gramíneas cultivadas, fertilizadas o no, es recomendable el manejo diferido que consiste en dar acceso al mismo, sólo en el tiempo de menor disponibilidad de pasto (noviembre a junio). Esto facilita dar un tiempo de alrededor de cuatro meses de descanso al banco para que todas las leguminosas, pero en particular las herbáceas y volubles, se recuperen y persistan en el tiempo. En esta forma de manejar el sistema va implícito el uso de una carga variable, subiéndola en la época del pico de producción de la gramínea (Hernández et al, 1992).

Cuando el banco de proteína complementa a pastizales de gramíneas cultivadas, la proporción que deben guardar en la pradera puede ser de 50:50 o 70:30 gramíneas/banco de proteína, pero si en el área de gramíneas predominan los pastos naturales, se obtienen mejores resultados con el 30 % ocupada por las leguminosas.

Si el área de gramíneas no se fertiliza la carga global no debe sobrepasar a 2 animales/ha; con niveles de 100 Kg. de N/ha/año o más se puede incrementar a 3.

En un trabajo a escala de investigación-producción (Hernández, Hernández, Hernández, Carballo, Carnet, Mendoza, Mendoza y Rodríguez, 1992), con animales Cebú en crecimiento-ceba sobre 62 hectáreas de un suelo de mediana a baja fertilidad y en una región con bajos promedios anuales de precipitación (alrededor de 800 Mm.), se manejaron dos sistemas: 

  • Andropogon gayanus como pasto introducido en pastoreo rotacional + banco de proteína de Leucaena y glicina.
  • Sistema tradicional de pastoreo continuo sobre pastos naturales.

La carga global aproximada fue de 1.7-2 animales/ha. El banco de proteína del sistema con Andropogon se rotó en cuatro cuartones con 6 días de estancia, permitiendo la entrada de los animales solamente en la sequía y en días alternos; el de pasto natural se manejó en tres cuartones con acceso diario de los animales en lluvia y sequía y tiempo de estancia entre 12 y 16 días. El uso del Banco de Proteína permitió alcanzar un peso al sacrificio de 448 Kg. a los 29 meses de edad y ganancias acumuladas promedio de 487 g/animal/día. Este sistema superó en un 64 % la producción de carne en pie del sistema tradicional, que produjo toros con un peso al sacrificio de 460 Kg., pero a una edad superior a los 5 años.

En el cuadro 7 se muestran algunos de los resultados que demuestran las posibilidades reales de los bancos de proteína para producir carne de res en pastoreo.



Castillo et al (citados por Ruiz y Febles, 1998) diseñaron sistemas de producción de carne bovina donde la preceba se realiza en áreas con leguminosas rastreras asociadas a pastos naturales (hasta 240 Kg. de PV) y la ceba final (hasta mas de 400 Kg.) en asociaciones de pastos cultivados con Leucaena. Los datos de estas investigaciones se presentan en el Cuadro 8.

 

 

El uso de las asociaciones

A pesar de que es común ver en cualquier pradera un grupo numeroso de leguminosas asociadas con las gramíneas, no ha sido fácil encontrar métodos adecuados que permitan el establecimiento y la persistencia estable de estos sistemas en explotaciones ganaderas basadas en el pastoreo.

Por otro lado, las comunidades de especies que crecen espontáneamente no tienen la productividad ni la cantidad de leguminosas que se necesitan para que puedan provocar un cambio verdaderamente importante en la producción de los animales que la consumen.

Aunque se ha logrado asociar diferentes especies rastreras y volubles con pastos naturales y mejorados, después de comenzada su explotación con los animales se van desapareciendo con mayor o menor rapidez y al final, el único o fundamental componente de las praderas son las gramíneas.

Hay factores que determinan este comportamiento y que pueden conducir al fracaso de estos sistemas si no son bien conocidos y manejados por el hombre. Entre ellos podemos nombrar los siguientes:

  • Dificultades con la compatibilidad de las tasas de crecimiento, dado fundamentalmente por las diferencias que originan los senderos fotosintéticos C4 y C3 que tienen las gramíneas tropicales y las leguminosas respectivamente.
  • Competencia por el espacio y los nutrientes.
  • Diferentes respuestas ante el efecto de los animales que lo pastorean.

Hoy en día, existe mucha más claridad en el procedimiento a seguir para lograr el éxito que se espera de estos sistemas y aunque todavía queda mucho por hacer para optimizar su uso y explotación, ya estamos en condiciones de extenderlos a la producción.

La clave del éxito está en lograr establecer una asociación de leguminosas y gramíneas de diferente comportamiento estacional y hábitos de crecimiento rastreros, volubles y arbustivos; que conformen una comunidad vegetal que se caracterice por una amplia diversidad de especies, semejante a un bosquecillo ralo, que proyecte sobre la superficie una sombra difusa.

De esta forma, se crea un pastizal potenciado que es capaz de producir entre 4000 y 7000 Kg. de MS/ha/rotación con una alta calidad nutritiva (15 % de PB o más y 8 MJ de EM/Kg. de MS) sin la aplicación de insumos como los fertilizantes y el regadío y que propicia la obtención de una alta producción de los animales que lo pastorean, sin consumir concentrados.

Este sistema propicia, a través de la fijación del nitrógeno atmosférico, la extracción desde los horizontes más profundos del suelo de otros minerales por las raíces de los árboles y la deposición en la superficie de una rica hojarasca y las excretas de los animales, su auto nutrición que garantiza la sostenibilidad del mismo.

Por otro lado, el ambiente boscoso que se crea posibilita la retención de humedad, potencia la actividad biológica del suelo a través de biota edáfica y crea un hábitat que estimula la concurrencia de otras especies de la fauna, con lo que se favorece el mantenimiento de un adecuado equilibrio ecológico y la protección del medio ambiente.

El equilibrio leguminosa/gramínea es favorecido, al parecer, por la sombra difusa que proyectan las arbustivas que contribuye con el desarrollo de las leguminosas rastreras y volubles y amortigua la agresividad de las gramíneas, retardando también su proceso natural de maduración. Los tallos leñosos de los árboles o arbustos sirven de tutores a las leguminosas volubles que trepan por ellos hasta el estrato aéreo donde producen una biomasa abundante que, al no ser alcanzada por los animales, escapa y se mantiene realizando la fotosíntesis y enviando reservas que son aprovechadas para garantizar el rebrote de las partes pastoreadas. En este estrato se produce una importante cantidad de semilla que cae al suelo conformando un reservorio que puede, al transcurrir el tiempo, garantizar la persistencia y estabilidad del sistema.

El manejo debe ser flexible, variando la intensificación de la explotación en los momentos en que la producción de biomasa total, y en particular de la producida por la gramínea, aumente o disminuya. Así, en los momentos picos de la producción de MS se debe incrementar el nivel de explotación reduciendo el ciclo de rotación, que debe ser máximo cuando la producción de MS baja a los niveles inferiores. De esta forma, la carga variará estacionalmente sin necesidad de sacar los animales del pastoreo. La magnitud del ciclo de rotación lo debe definir la recuperación del pasto después del pastoreo, lo que variará en función del grado de defoliación que no deberá ser mayor del 50 % de aprovechamiento, evitando el pastoreo a fondo de las leguminosas volubles. La carga global de la unidad donde se implante el sistema no debe exceder de 2 UGM/ha hasta tanto no obtengamos resultados que sugieran otra cosa.

Con una carga global de 3 animales/ha en pastoreo rotacional de 6 cuartones, las asociaciones de Albizia lebbeck, Leucaena leucocephala y Bauhinia purpurea, cada una con P. maximun cv. Likoni, han producido ganancias evidentemente superiores a las alcanzadas con la gramínea sola. El cuadro 9 muestra los resultados alcanzados.



Por su parte, Castillo, Ruiz, Crespo, Galindo, Chongo y Hernández (1998) al comparar un sistema de Banco de proteína sobre pastos naturales con la asociación de árboles en toda el área, comprobaron que las ganancias individuales y por ha en la época de seca fueron mayores para el sistema asociado, demostrando el efecto positivo de la leucaena sobre los rendimientos de la ceba bovina. En esta investigación las ganancias en el periodo total fueron de 425, 539 y 605 g/animal/día para los sistemas de pasto natural solo, banco en el 30% y asociación respectivamente, con pesos finales de 312, 357 y 384 Kg., los cuales se pueden catalogar de satisfactorios para el genotipo animal estudiado (3/4 Cebú x 1/4 Holstein).

También Iglesias (2000) demostró las posibilidades de los sistemas asociados, donde logró pesos al sacrificio de mas de 400 Kg. en toros cebú comercial, pero a su vez concluyó que aunque los animales del tipo lechero no alcanzaron pesos al sacrificio similares que los del tipo Cebú, también pueden alcanzar niveles satisfactorios de comportamiento en pastoreo, lo que se cuestiona a veces por los mismos productores de carne a escala comercial. Las ganancias obtenidas durante la ceba fueron suficientes para lograr animales de segunda, con un peso superior que los 355 Kg. y sin pérdidas económicas para el sistema (cuadro 10).



Conclusiones

Los estudios realizados hasta la fecha demuestran que los sistemas silvopastoriles constituyen una alternativa de valor que podría desempeñar un importante papel dentro de las muchas cosas que estamos obligados a hacer para lograr la recuperación de la ganadería cubana y en particular, la producción de carne de res, uno de los renglones más importantes para cubrir las necesidades alimentarias de nuestro pueblo.

 

Bibliografía citada y otras recomendadas

Anon, 1998. Anuario Estadístico de Cuba 1996 (edición 1998). Oficina Nacional de Estadística. La Habana. Cuba.

Castillo, E.; Ruíz, T.; Crespo, G.; Galindo, Juana; Chongo, Berta & Hernández, J.L. 1998. Efecto de la suplementación con caña/urea en machos bovinos que pastan en áreas de pastos naturales asociados totalmente con leucaena. En: Memorias. III Taller Internacional Silvopastoril Los Arboles y Arbustos en la Ganadería. EEPF “Indio Hatuey”, FAO, DECAP, ACPA. Matanzas, Cuba. p. 232

Castillo, E.; Ruíz, T.E.; Febles, G.; Barrientos, A.; Ramírez, R.; Puentes, R.; Díaz, E. & Bernal, G. 1993. Rev. cubana de Cienc. Agric. 27:1:39

Castillo, E.; Ruíz, T. E.; Febles, G.; Ramírez, R.; Puentes, R.; Bernal, G. & Díaz L. E. 1992. Rev. cubana de Cienc. Agric. 23:3:255

Castillo, E.; Ruíz. T. E.; Puentes, R. & Lucas, E. 1989. Rev. cubana de Cienc. Agric. 23: 2:137

Chao, Laura; Valdés, L. R. & Duquesne, P. 1982. Pastos y Forrajes. 5:2:223

García Trujillo, R. 1980. Pastos y Forrajes. 3:3:503

González, M.; 1996. Leguminosas forrajeras en sistemas de producción animal del N. Oriente de Venezuela. En: Leguminosas forrajeras arbóreas en la Agricultura Tropical. Tyrone Clavero Cepeda (edt ). Centro de Transferencia de Tecnologías en Pastos y Forrajes. La Universidad del Zulia. Venezuela. p. 115

Hernández, C. A.; Alfonso, A. & Duquesne, P. 1986. Pastos y Forrajes. 9:1:79

Hernández, C. A.; Alfonso, A. & Duquesne, P. 1987. Pastos y Forrajes 10:3:245

Hernández, C. A.; Alfonso, A. & Duquesne, P. 1988. Pastos y Forrajes 11:1:74

Hernández, D.; Carballo, Mirta & Reyes, F. 1998. Sistema Silvopastoril Multiasociado: una alternativa para la producción de leche y carne en Cuba. (monografía). EEPF “Indio Hatuey”. Matanzas. Cuba. 14 p.

Hernández D.; Carballo, Mirta; Reyes, F.; Sánchez, Saray; Mendoza, C. & Hernández, J. 1998. Informe Final de Etapa de Investigación: Influencia de los factores de manejo sobre la estabilidad y evolución de una asociación de gramíneas y leguminosas en pastoreo. EEPF “Indio Hatuey”. Matanzas, Cuba. 32 p.

Hernández, D.; Hernández, I.; Hernández, C. A.; Carballo, Mirta; Carnet, R.; Mendoza, R.; Mendoza, C. & Rodríguez, N. 1992. Pastos y Forrajes. 15:2:153

Hernández, I. & Simón, L. 1994. Razones para emplear plantas perennes leñosas en la Ganadería Vacuna. Monografía. Taller Internacional Sistemas Silvopastoriles en la Producción Ganadera. EEPF “Indio Hatuey”, Matanzas, Cuba. 44 p.

PNAN, 1994. Informe del Plan Nacional de Acción para la Nutrición. República de Cuba. 129 p

Simón, L.; Iglesias, J.; Hernández, C.A.; Hernández, I. & Duquesne, P. 1990. Pastos y Forrajes 13:2:179

UNAM, 1993. Agrotécnia, Ecología y Pastoreo de Rumiantes en los Trópicos. Curso de Postgrado. J.R. Cervantes, Ma. A. Ruíz, M. Guerrero, M. A. Galina (edts.). Facultad de Estudios Superiores Cuautlitlán, Universidad Autónoma de México. 134 p

Valdés, L. R.; Alfonso, A. & Duquesne, P. 1984. Pastos y Forrajes. 7:1:111

Valdés, L. R.; Alfonso, A. & Duquesne, P. 1980. Pastos y Forrajes. 3:2:287


10 de Febrero de 2018
He tenido ganancias superiores a 600 g /día en animales cruzados de criollos con cebú en un hato en el centro del dpto de la guajira colombiana. Nuestras leguminosas arbustivas son de excelente calidad ,igual las rastreras . predominan especies arbustivas conocidas como vainito,xaranganiro,aromo,leucaena,bleo,escovillas y muchas más que lrebrotan en invierno.
0
Responder
¿Desea opinar en esta discusión sobre: Los sistemas silvopastoriles en la producción de carne bovina?
Engormix se reserva el derecho de suprimir y/o modificar comentarios. Ver más detalles

No se publicarán comentarios que contengan:

  • Reiterados errores ortográficos y de escritura.
  • Anuncios publicitarios, direcciones de sitios Web y/o correos electrónicos.
  • Preguntas o respuestas que no tengan relación con el tema tratado en el foro.
Para opinar en esta discusión es necesario formar parte de la comunidad de Engormix
Publicar opinión
Servicios Profesionales
Umberto Francesa Umberto Francesa
Potsdam, New York, Estados Unidos de América
Luciano Garcia-trejo Luciano Garcia-trejo
West Hazleton, Pennyslvania, Estados Unidos de América
Alejandro R. Castillo Alejandro R. Castillo
Merced, California, Estados Unidos de América
Humberto Rivera Humberto Rivera
Norristown, Estados Unidos de América
 
   | 
Copyright © 1999-2018 Engormix - All Rights Reserved