Con sumo cuidado

Publicado el: 31/7/2017
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Resumen

La oferta de materia seca de las pasturas es cada vez más incierta, las tasas de elongación de los pastos aumentan con la temperatura, pero su fotosíntesis puede alterarse con fenómenos de intenso calor como los actuales. ¿Cómo asegurar el consumo de la materia seca de las vacas lecheras frente a la variabilidad climática?

La variabilidad climática presente en los últimos años hace repensar a productores y técnicos sobre las estrategias a seguir para mantener la sostenibilidad de los sistemas ganaderos, hoy no sólo son recursos como el agua los que nos afectan; sino que el entorno ambiental, social y económico viene mostrando grandes cambios que afectan negativamente el desarrollo de la ganadería regional y, por supuesto, su rentabilidad.

Los impactos del cambio climático en América Latina son múltiples y heterogéneos y existe gran vulnerabilidad por parte de nuestros sistemas productivos como se evidencia en el incremento de la ocurrencia de eventos que como los fenómenos del niño y la niña golpean toda la región (Cepal, 2010). Estas condiciones han afectado la distribución de las zonas agroecológicas, la dinámica de los hábitats, la estructura y biomasa de los ecosistemas, la persistencia de arvenses (malezas) y han realizado cambios en los patrones de incidencias de plagas y enfermedades, lo cual podría traer impactos negativos en la agricultura y la producción de alimentos para el hombre y los animales (Mabrouk A., 2011).

Según un grupo de expertos reunidos en el panel de Montpellier (2013), ven como una de las alternativas en el desarrollo de modelos ganaderos puede ser que se establezca el concepto de intensificación sostenible y proponen tres caminos: (1) intensificación ecológica basándose en modelos de agricultura ecológica que incluya no sólo conceptos establecidos como la rotación de potreros o los silvopastoriles; sino las inter siembras de especies de mayor adaptación a cada zona, el manejo integrado de plagas y enfermedades y la conservación de recursos fundamentales como el agua y el suelo; (2) intensificación genética, que incluye incrementar el rendimiento productivo por medio de plantas mejoradas, el mejoramiento genético de los hatos y el valor nutritivo de los alimentos; además de mejorar la resistencia de los individuos a la presencia de enfermedades o a lograr una mayor adaptación a las variaciones climáticas; (3) intensificación socioeconómica se toma como la creación de ambientes propicios para el desarrollo de las actividades agropecuarias como el desarrollo de nuevos mercados con valor agregado, la construcción del tejido social y el desarrollo del capital humano en las regiones, muy conducente a los nuevos horizontes que debe construir el país.

 

 

Pasturas para mejorar el consumo de materia seca y la producción de leche

Nuestro trópico nos invita a producir pasturas durante los 365 días del año y, es por ello, que estudios en Nueva Zelanda y el sur del continente concluyen en que hay una relación directa entre el mayor consumo de pastura y su eficiencia económica (Hodgson, 1990; Bargo 2010); sin embargo, la oferta de materia seca de las pasturas es cada vez más incierta, las tasas de elongación de los pastos aumentan con la temperatura, pero su fotosíntesis puede alterarse con fenómenos de intenso calor como los actuales. Cuando los valores de radiación superan los requeridos por la planta, ésta hace un cierre estomático y no crece, a pesar de que tenga agua y nutrientes.

 

 

Pastos de desarrollo erecto como algunas especies de Guinea (Panicum máximum) o estoloniferos como la estrella (Cynodon plestostachyus), en zonas tropicales, muestran una marcada estacionalidad en características de rendimiento en kilogramos por metro cuadrado (kg/m2) en las épocas de sequía (disminución que puede ser del 30 a 40 % de su potencial en lluvias) y elevación de los valores de fibra detergente neutra (FDN) con valores superiores al 65 %. Esto deprime la calidad nutricional del alimento y su digestibilidad y afecta el consumo voluntario del forraje. Fenómenos similares se observan en zonas frías como en el caso del pasto kikuyo (Pennisetum clandestinum), que en presencia de deficiencia hídrica desarrolla una marcada senescencia y muerte de hojas, presentándose una pérdida de la calidad nutricional, lo que ocasiona que las vacas que pastorean estas pasturas depriman su consumo voluntario y, por consiguiente, disminuyan la producción láctea entre 2 a 3 litros por vaca día. «Un aumento de 5 puntos porcentuales en el valor de la FDN en el forraje, puede disminuir hasta en 1 a 1.5 litros la leche en una vaca». Si esto es así, la inversión en sistemas adecuados de riego para las praderas sería justificada financieramente en períodos de 4 a 5 años; pero hoy esta solución se complica cuando el agua no está alcanzando ni siquiera para cubrir las necesidades de los seres humanos y tendrá mayores regulaciones hacia el futuro.

 

TABLA 1. REQUERIMIENTO DE MATERIA SECA PARA VACAS LECHERAS (NRC 2001).

 

Para disminuir el requerimiento de agua en sus praderas se deben recordar conceptos como la conservación de la materia orgánica en el suelo, desarrollar barreras corta vientos, No pastorear demasiado bajo porque estos pastoreos exponen el suelo al calor y aumentan el requerimiento hídrico, proteger las fuentes de agua y desarrollar sistemas silvopastoriles.

Si no se logra desarrollar ninguna de estas alternativas, los animales se verán enfrentados a una menor oferta forrajera y a un incremento de los niveles de fibra, con lo que las vacas disminuyen la producción láctea o manifestarán problemas energéticos, ya sea bajando su condición corporal, presentando enfermedades metabólicas como la cetosis o desarrollando problemas relacionados con el funcionamiento ovárico, en especial, en vacas que se encuentren en los primeros tercios de lactancia.

No hay duda que la vaca alta productora requiere grandes cantidades de alimento y energía, y que entre más energía incorpore al sistema el producto final leche o carne será mayor; esto es medido con base a la materia seca consumida, la cual dependerá de factores como el tipo de pasturas, su oferta por metro cuadrado, la calidad y contenido de humedad, el sistema de alimentación, la estructura de grupos, las relaciones hoja tallo de la pastura, la contaminación de la pastura por presencia de heces u orina, el calor, la presencia de plagas y enfermedades, condiciones fisiológicas de los animales, etc.

Muchos estudios de consumo ingestivo de alimentos son realizados en condiciones controladas; pero son pocas las experiencias en nuestros países en sistemas pastoriles (Aristizábal, 2004), los aumentos de carga calórica en las vacas (combinación de temperatura y movimiento del aire, humedad relativa y radiación), afectan los animales en su temperatura corporal y en el ritmo respiratorio y pueden incidir de manera negativa sobre el bienestar animal y disminuir el consumo de materia seca y la producción de leche (Schütz et al., 2010).

Para evitar estos problemas se debe estudiar el comportamiento de los animales en su finca y los tiempos que utilizan los animales en cada una de las actividades, para estimar el verdadero consumo de materia seca que logra obtener el animal durante el día.

En un estudio de comportamiento ingestivo en dos hatos del Valle del Cauca, Colombia (ver figura 1), se estableció que las vacas utilizaban un 35 % de su tiempo diario en pastorear, 31 % en rumiar, 23 % estaban descansando, 9 % se encontraban en los procesos de ordeño y sólo un 2 % dedicaban a beber agua fresca. Las vacas con mayor cruzamientos jersey emplearon 36 % de su tiempo al pastoreo, las gyr un 31 % y las holstein un 33 % y los consumos de forraje se movieron entre 8.5 y 10.5 kg de materia seca por vaca día (Solarte C., De los Ríos O., 2014).

 

FIGURA 1. COMPORTAMIENTO DE VACAS PASTOREANDO EN DOS HATOS DEL VALLE DEL CAUCA, COLOMBIA.

 

FIGURA 2. USO DE ALIMENTOS SUPLEMENTARIOS

 

En zonas de trópico alto, las mediciones de campo apuntan a que los consumos de forrajes en pastos como el kikuyo o mezclas con pastos como el raigrás, las vacas consumen entre 11 a 13 kg de materia seca. Un estudio de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, en pasturas de kikuyo mezclados con Lotus, reportan consumos de 13.3 kg/vaca/día (Morales A., 2013) y trabajos de Correa (2011), en Antioquía sobre pasto el kikuyo, reportan valores de 10.49 kg de materia seca por vaca día.

Si queremos que nuestras vacas consuman los requerimientos de materia seca establecidos por las entidades investigadoras como el NRC, debemos estar controlándolo. Una vaca lechera de 600 kg de peso vivo, que produzca 20 litros de leche, deberá consumir unos 16.5 a 17 kg de materia seca por día (ver tabla 1), una proteína bruta superior a 2800 gramos y una energía de 24.5 mega calorías de energía neta lactancia. Esto representaría que la ración de esa vaca en promedio deberá contener 16 a 17 % de proteína bruta y 1.45 Mcal ENLact. Entre la mezcla de pastura y alimento suplementario, esto es posible lograrse si se posee una buena pastura, un consumo de 11 a 12 kg de pasto seco y una suplementación de 4 a 5 kg de alimento de buena calidad.

Las vacas en la sabana de Bogotá logran producciones de 20 a 22 litros, en especial cuando las cargas animales son de 2 a 3 animales por hectá- rea y los animales lograr seleccionar buena proporción de su alimento.

 

UN CONSEJO

Para disminuir el requerimiento de agua en sus praderas se deben recordar conceptos como la conservación de la materia orgánica en el suelo, desarrollar barreras corta vientos, No pastorear demasiado bajo porque estos pastoreos exponen el suelo al calor y aumentan el requerimiento hídrico, proteger las fuentes de agua y desarrollar sistemas silvopastoriles. Si no se logra desarrollar ninguna de estas alternativas, los animales se verán enfrentados a una menor oferta forrajera y a un incremento de los niveles de fibra, con lo que las vacas disminuyen la producción láctea o manifestarán problemas energéticos, ya sea bajando su condición corporal, presentando enfermedades metabólicas como la cetosis o desarrollando problemas relacionados con el funcionamiento ovárico, en especial, en vacas que se encuentren en los primeros tercios de lactancia.

 

Uso de alimentos suplementarios

Para los casos donde quiero mantener la producción de mis vacas en veranos fuertes y escasez de pasturas, o deseo aumentar la productividad de la finca con una mayor carga animal (3.5 a 5 animales por Ha), requiero de suplementación forrajera alternativa. En nuestro medio son variadas las opciones, sin embargo, antes de conocer qué tipo de alimento debo usar, tengo que analizar los siguientes aspectos: (1) conocer los contenidos nutricionales de nuevo alimento, (2) ver la estabilidad en su oferta durante el año, (3) establecer el costo relativo del kg de materia seca o de nutrientes contenido en ellas y (4) estudiar posibles factores antinutricionales, niveles de contaminación bacteriana o presencia de micotoxinas

 

 

Para Savón (2009), al utilizar algún residuo en la alimentación animal hay que tener en cuenta (ver figura 2), su composición nutricional, la digestibilidad, la ausencia de patógenos y el tiempo de almacenamiento (conservación).

Para que este ejercicio sea efectivo, es ideal la asesoría de un nutricionista, zootecnista o un profesional idóneo y con experiencia en estos temas; éste -apoyado en programas especializados- le ayudará a balancear la ración requerida, por medio de establecer las mejores relaciones de beneficio/costo para cada alternativa.

Entre las alternativas más conocidas que tenemos se encuentran los ensilajes de maíz (con grano y sin grano) y sorgo, ensilados de caña de azúcar, mezclas de ensilados, subproductos agroindustriales derivados de la cerveza, el maíz, la palma o el trigo, subproductos de frutas como cáscaras de naranja, maracuyá o mango, subproductos de plazas de mercados, subproductos de la industria de la caña de azúcar, henos y henolajes de pastos y forrajes, residuos de cosecha como tamos de trigo, cebada, centeno o arroz, etc.

Si se quieren usar estos productos, primero hay que cerciorarse del manejo de los mismos, teniendo en cuenta la importancia de realizar las siguientes acciones:

  1. Presupueste el alimento y flujo de caja requerido.
  2. Diseñe de los comederos a utilizar.
  3. Establezca los depósitos y protección de los alimentos.
  4. Organice la logística y la Infraestructura para ensilados o conservados, si se van a realizar en el sitio (Henríquez, 2010.
  5. Estructurar la ración según beneficio/costo de acuerdo al requerimiento productivo de los animales y según sus fases productivas.

El uso de forrajes suplementarios se justifica cuando los valores de consumo de materia seca se encuentran en un 75 a 80% del potencial forrajero basado en pasturas, es decir, en zonas cálidas cuando el consumo de materia seca es inferior a 7 u 8 kg por vaca día, o cuando bajamos de 9 a 10 kg de materia en zonas de tró- pico alto, es decir, cuando la oferta forrajera no alcanza los 45-50 kg de material verde por vaca. La otra alternativa es cuando la carga animal supera los 4 a 5 animales por hectárea, puesto que esta suplementación ayudará a darle sostenibilidad al sistema y a incrementar los niveles de productividad por hectárea.

 
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