La Chaya (Cnidoscolus Aconitifolium), un recurso forrajero no tradicional propio de la región tropical del país.

Publicado el: 31/5/2017
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INTRODUCCIÓN.

El uso de follajes de árboles y arbustos en la alimentación de rumiantes es una práctica conocida por los productores de América Central desde hace siglos, cuyo conocimiento empírico sobre las propiedades forrajeras de diferentes especies, es de gran valor (Benavides, 1994). Los países tropicales se caracterizan por poseer numerosas especies arbóreas adaptadas a condiciones climáticas adversas, las que muestran un rápido crecimiento y buena respuesta a la poda (Flores, 1993)

El valor nutricional del follaje de chaya ha reportado en análisis de laboratorio un alto contenido de vitamina C, precursores de vitamina A y de proteína cruda; la facilidad para su reproducción de forma asexual y el abundante follaje que produce durante todo el año, lo catalogan a nivel centroamericano como un producto con gran potencial para contribuir a mejorar la dieta de humanos y animales.

Desde la época de los Mayas, la chaya se ha cultivado y utilizado intensamente, debido a sus reconocidas propiedades medicinales contra la diabetes, el colesterol y el asma, así como por su valor gastronómico que la identifica como la “espinaca Maya” y por el excelente valor forrajero de su follaje para alimentar animales domésticos. La especie es robusta y sufre pocos daños ocasionados por insectos; es además resistente a lluvias fuertes y periodos de sequía. Se propaga por estacas maduras, pues las semillas que se producen son escasas e infértiles.

Para cubrir las necesidades nutricionales de los animales, en los últimos años se han venido utilizando satisfactoriamente varios recursos forrajeros no tradicionales como éste, que tienen el valor agregado de otorgarle sostenibilidad a los sistemas de producción mediante la captura eficiente de carbono y que su uso de ninguna manera contribuye a incrementar los problemas económicos, ecológicos y sociales que actualmente padece del país.

 

Rebrotes de esqueje de chaya con 35 días después de la siembra en la Granja El Manantial,Escuintla

 

DESCRIPCIÓN DE LA PLANTA.

Es un arbusto semidomesticado perteneciente a la familia Euforbiacea, nativo de México y Centroamérica, crece entre 3 y 5 metros de altura, es de rápida recuperación después de practicarle podas parciales o totales, produce abundante cantidad de biomasa comestible de manera sostenible durante muchos años, se adapta bien a climas tropicales húmedos y secos, con altitudes de cero a 1500 msnm, aunque a medida que aumenta este parámetro tiende a disminuir el volumen de producción de biomasa.

La planta es de hermosa apariencia, de copa esférica y de follaje muy denso que brilla intensamente bajo la luz del sol. Sus hojas son grandes, alternas y del tamaño de una mano adulta extendida, presentan cinco lóbulos muy prominentes y caen en épocas de mucha sequía. Todas las partes de la planta poseen una savia blanca, espesa y muy pegajosa; sus flores son monoicas, de color blanco y se encuentran en inflorescencias racimosas. Algunas especies y variedades presentan el inconveniente de que las hojas y tallos tiernos están recubiertos de pequeñas vellosidades que causan alergias e irritaciones en la piel de la mayoría de las personas.

 

Inflorescencia de chaya

 

Morfología de las hojas

 

Método de reproducción asexual

 

Evaluaciones efectuadas por la Universidad Del Valle reportan producciones de hasta 16 toneladas métricas de hojas y peciolos en densidades de 8,889 plantas por hectárea, con una mayor concentración de principios nutriitivos en los foliolos con respecto a peciolos y tallos. Para su reproducción se recomienda utilizar estacas no menores de 75 centímetros de largo y de mayor diámetro, las cuales deben colocarse bajo la sombra tres días después del corte, para que cicatricen las heridas y se evite el ingreso de bacterias y hongos a la médula.

En Costa Rica se han efectuado evaluaciones de laboratorio al follaje, las cuales reportan datos de 42,4 por ciento de proteína cruda en hojas apicales y 27,1 por ciento en tallos tiernos (Araya, 1990); por otra parte, en el departamento de El Petén se encontraron valores de 29,9 y 27,12 por ciento en hojas apicales y basales, respectivamente (Hernández y Benavides, 1994).

En el país se han identificado cuatro procedencias que difieren en la morfología de la hoja, las cuales se describen a continuación: I. La Estrella que es la más difundida en el país, tiene flores pero no frutos, sin vellosidades urticantes y sus lóbulos no traslapan; II. La Picuda que no presenta vellos urticantes, tiene flores y frutos, lóbulos delgados que no se traslapan; III. La Traslapada que tiene vellos urticantes en el peciolo y borde la hoja, presenta flores pero no frutos, sus lóbulos son anchos y se traslapan; IV. La Redonda presenta vellosidades urticantes en el peciolo y borde de la hoja, lóbulos anchos y redondeados pero sin traslaparse, no posee flores ni frutos (Molina A., 2003).

 

I. Procedencia Estrella. II. Procedencia Picuda.

 

III. Procedencia Traslapada. IV. Procedencia Redonda

 

Las hojas se han utilizado satisfactoriamente en la alimentación de crustáceos y peces durante las primeras etapas de crecimiento, aunque no como parte de investigaciones formales; también se ha incluido dentro de la dieta de caprinos en sustitución de otros componentes tradicionales. En humanos es consumida como refresco denominado “chayada”, utilizando tres hojas grandes previamente remojadas durante 24 horas, licuadas en un litro de agua con el jugo de un limón y azúcar al gusto.

 

Chayada

 

Aspecto brilloso de las hojas de chaya

 

CONCLUSIONES.

La chaya constituye un recurso nativo ampliamente distribuido en el país, que evidencia ser una especie arbórea potencialmente útil para ser incluida dentro de la alimentación humana y los sistemas agroforestales, con el fin de brindar sostenibilidad a los mismos. Al evaluar la especie agronómicamente en las dos épocas del año, se demostró que los resultados en cuanto a producción de biomasa y valor nutricional mostraron mejores resultados cuando se usó mayor densidad, altura y frecuencia de corte.

En vista de que durante las primeras etapas su crecimiento es lento, se puede sembrar asociado con cultivos agrícolas de granos básicos durante los primeros dos años. Esta especie también posee alto grado de persistencia a pesar de que se le apliquen prácticas intensas de manejo, reportando como valor agregado la captura de carbono y la leña que se produce después del proceso de poda.

 

BIBLIOGRAFÍA.

BENAVIDES, J. 1994. Investigación en árboles y arbustos forrajeros en América Central: La investigación en árboles forrajeros, C.R. CATIE. v.1, p. 3-30.

FLORES, O. 1993. Caracterización y evaluación de follajes arbóreos para la alimentación de rumiantes en el departamento de Chiquimula. Universidad de San Carlos de Guatemala, Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia. 34 p.

GUTIÉRREZ, M. et al. 1999. Caracterización de especies arbóreas y arbustivas con potencial para la alimentación de bovinos en los municipios de Ixcán, El Quiché y Fray Bartolomé de las Casas, Alta Verapaz. CONCYT.

MOLINA, A. 2003. Evaluación de cuatro selecciones de chaya (Cnidoscolus aconitifolius) y dos niveles de defoliación en cuatro regiones de Guatemala, y aceptabilidad de sus hojas y cogollos en humanos. CONCYT.

ROCHE, L. 1996. Evaluación del follaje de shatate (Cnidoscolus aconitifolius) como suplemento en raciones para cabritos en crecimiento. Universidad de San Carlos de Guatemala, Centro Universitario de Oriente. 49 p.

 
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