Recuperar laderas andinas y colinas tropicales degradadas

Publicado el: 6/7/2015
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Hasta hace pocos años, el Cambio Climático era una posibilidad aterradora, pero una posibilidad al fin y al cabo. Hoy en día estamos conviviendo con él, no ya como una hipótesis sino como una realidad cotidiana. Otra vez, el Fenómeno de El Niño (2012- 2013) nos recuerda la necesidad de avanzar rápidamente en la adaptación de la ganadería colombiana al Cambio Climático. Hoy en día, la rehabilitación ecológica de las tierras degradadas es más importante y más urgente que nunca. Por esta razón, dedicamos este artículo al manejo de las laderas andinas y colinas tropicales degradadas, con el fin de plantear una estrategia basada en experiencias reales, que permita recuperar los servicios ambientales y al mismo tiempo incrementar la productividad ganadera.

En cientos de miles de hectáreas de tierra en las laderas andinas colombianas, la degradación de los suelos limita seriamente la productividad de la ganadería. La historia se repite en las tres cordilleras, las serranías de la región Caribe, la Orinoquia y en buena parte de las colinas del trópico bajo: durante los períodos de baja oferta de alimento para el ganado (sequía en todas las regiones salvo la Amazonia), los potreros, que suelen ser extensos y con cercas de mala calidad, son sometidos a sobre pastoreo; el pisoteo repetido en terrenos con escasa vegetación deteriora la estructura física del suelo; las plantas palatables y nutritivas desaparecen rápidamente en los suelos compactados y son reemplazadas por plantas de baja digestibilidad y escasa calidad nutricional para el ganado.

Una reacción de muchos productores a la degradación de sus potreros de ladera, es la quema de estos terrenos con el objeto de favorecer el rebrote de follajes tiernos para el ganado. Sin embargo, este beneficio de muy corto plazo, tiene un costo elevado para el ganadero y su finca: la degradación cada vez mayor del suelo por erosión. A lo anterior se agrega que los manantiales, reservorios de aguas lluvias y márgenes de ríos y quebradas no están protegidos del ganado ni del fuego, de tal forma, que año tras año, se deteriora la calidad del agua y se reduce la oferta hídrica en las fincas.

El fenómeno es similar en grandes extensiones de América Latina y el Caribe. Las laderas con pastoreo de ganado están atrapadas en un círculo vicioso de degradación, en el cual las quemas que buscan restablecer la calidad de los forrajes para el ganado solo logran agravar los problemas que causan la baja oferta alimenticia. En épocas de sequía extrema como las que se presentan durante el Fenómeno de El Niño (cada vez más frecuente), los efectos son dramáticos: elevada mortalidad de ganado, decenas de miles de hectáreas quemadas y tierras que pierden tanto valor que son abandonadas.

¿Es posible recuperar laderas degradadas sin dejar de producir ganado?

Existen alternativas para recuperar las laderas degradadas por la sobrecarga animal.

Una de ellas, la descompactación directa del suelo con maquinaria agrícola, es poco viable por su alto costo y porque puede causar una erosión aún mayor del terreno. En zonas pendientes se descarta la mecanización y solo es posible hacer un subsolado con bueyes, que al ser escasos y costosos, se destinan con mayor prioridad para la agricultura.

Otra posibilidad está en los árboles y arbustos, particularmente aquellos que son capaces de regenerar y establecerse por sus propios medios en los potreros, sin los costos asociados a la siembra directa. Las raíces de los árboles ayudan a descompactar el terreno, con lo cual mejoran la aireación y la infiltración.

Por otra parte, favorecen la actividad biológica mediante exudados de las raíces. La hojarasca y las ramas que se desprenden de los árboles protegen el terreno de la erosión, aportan materia orgánica, contribuyen a reactivar la vida en el suelo y mejoran su capacidad de almacenar agua. Todos estos cambios benefician a la tierra. Pero también hay beneficios para el sistema ganadero: la sombra de los árboles mejora las condiciones de bienestar para los animales, y las hojas y frutos proporcionan recursos alimenticios complementarios. Al contrario de lo que se piensa, muchas gramíneas mejoran su calidad nutricional en la semi-penumbra, con menores contenidos de fibra, más proteína y una mayor proporción de hojas suculentas.

La mayor parte de las laderas andinas y colinas tropicales bajas tuvieron bosques nativos densos y variados. Casi todos los ganaderos y trabajadores de campo saben que el bosque tiende a crecer nuevamente en las praderas. De hecho, las labores de mantenimiento de los potreros, tales como la limpieza manual y la aplicación de los herbicidas y el fuego, están orientadas en gran medida a detener el proceso de avance del bosque, es decir, a frenar la sucesión ecológica. Sin embargo, es importante conocer y entender este proceso natural para manejarlo en forma inteligente, en vez de eliminar indiscriminadamente toda la vegetación leñosa que regenera en los potreros.

1- Potrero arborizado mediante el manejo de la regeneración natural del chagualo Myrsine guianensis durante siete años. Reserva Natural Los Chagualos, La Marina, Tuluá, Valle del Cauca. 2- Hacienda Las Cañas, Jamundí (Valle del Cauca). Se destaca la buena condición corporal del ganado después de cuatro meses de verano a pesar de la ausencia casi total de gramíneas en los potreros, gracias a la suplementación de caña y veranera.

3- Los potreros con abundante regeneración de árboles y arbustos conservan follaje verde a pesar de la intensa sequía.

Sucesión vegetal

Cuando un hábitat es perturbado, por ejemplo un bosque afectado por un incendio, la flora y la fauna del sitio se recuperan gradualmente. Al poco tiempo se establecen en el sitio las especies pioneras, adaptadas a las condiciones de los hábitats alterados. Los yarumos (Cecropia spp.) son árboles pioneros típicos porque pueden crecer rápidamente en las áreas perturbadas. Si no ocurren nuevas perturbaciones en el sitio, las especies pioneras son reemplazadas poco a poco por especies de más larga vida hasta que se forma un bosque similar, aunque no idéntico, al que había antes de la perturbación.

Podemos afirmar que las praderas ganaderas son bosques en potencia, cuyo avance detenemos permanentemente mediante el machete, la guadaña, el herbicida o el fuego. El manejo orientado a conservar el potrero libre de plantas leñosas es lo que impide que esta potencialidad se exprese. Durante el último siglo y medio de ganadería hemos creado un gusto inconveniente por los potreros limpios, que en términos ecológicos son una “sucesión detenida”. Pero los nuevos vientos que soplan en la ganadería, y la valoración de los servicios ambientales que prestan los árboles en estos agroecosistemas, nos obligan a revaluar las prácticas nocivas que frenan la sucesión y a adoptar un método práctico para aprovechar este proceso natural.

4- Manejo de la regeneración de árboles en potreros. La densidad de árboles se controla mediante entresacas y se hacen podas de formación para aumentar la entrada de luz. 5- Cada potrero de las lomas tiene un bebedero alimentado por un manantial protegido

Manejo de la sucesión en potreros de ladera

Es posible restablecer la productividad ganadera en las laderas degradadas mediante el manejo del proceso natural de sucesión ecológica. La hacienda Las Cañas, situada en el corregimiento de Guachinte (Jamundí, Valle del Cauca), tiene una experiencia de más de 30 años en el manejo de la sucesión vegetal en potreros de la vertiente oriental de la Cordillera Occidental. Los propietarios de dos generaciones han entendido que la gran mayoría de los arbustos y árboles nativos que regeneran espontáneamente en estos terrenos, no solo no interfieren con la producción de los pastos, sino que proporcionan beneficios al sistema ganadero. Desde 1974, en esta empresa se ha aplicado un método de manejo de la regeneración de estas especies, que ha permitido la arborización gradual de los potreros con una variedad importante de árboles y arbustos nativos. Los pastos de origen americano como las gramas (Paspalum notatum, Paspalum spp.) y muchas leguminosas herbáceas (géneros Desmodium, Centrosema, Dioclea y Stylosanthes, entre otras), se adaptan bien a este tipo de sistema silvopastoril extensivo, que tiene beneficios adicionales tales como el suministro de madera, la presencia de fauna silvestre y la provisión de alimento complementario para el ganado. En los potreros se conservan especies tales como los mortiños o nigüitos (varios árboles de la familia Melastomataceae), moquito (Hernriettela hipidula); arrayanes (Myrcianthes spp., Eugenia spp.), guayabo (Psidium guajaba), espadero o chagualo (Myrsine guianensis), gaque o copey (Clusia multiflora) y tumbamaco (Shefflera morototoni). En otras regiones la palma real o corozo de puerco (Attalea butyracea, ver artículo en Carta Ganadera 107) regenera en los potreros, donde juega un papel muy importante.

6- Laderas con regeneración de árboles nativos, enriquecidas con plantas de veranera para ramoneo directo del ganado. Los árboles y arbustos han permitido que los potreros conserven follaje verde durante el verano. 7- Banco de corte de veranera Cratylia argentea en ladera sin riego, 90 días de descanso. Se observa una abundante producción de biomasa y hojarasca que ayudan a la conservación del suelo.

El manejo de los potreros consiste en un raleo de los árboles que regeneran en forma espontánea, con el fin de mantener una densidad que no afecte la producción de las gramíneas. Adicionalmente, se eliminan en forma selectiva las especies agresivas y de bajo valor para el sistema ganadero, tales como las ciperáceas y los helechos.

Se practica una poda de formación de los árboles que tienen maderas valiosas, con el fin de promover la formación de un solo fuste grueso, y evitar que las ramas se abran demasiado.

En resumen los elementos esenciales para la recuperación y el buen manejo de las laderas ganaderas son:

1. Abolir el uso del fuego en los montes, rastrojos y pastos:

Además de ser nocivo para el suelo, la flora y la fauna, en épocas de sequía el fuego pone en riesgo las viviendas y la infraestructura.

2. Proteger los nacimientos de agua:

Todos los nacimientos deben ser cercados para evitar la entrada del ganado y promover la recuperación de la vegetación protectora.

3. Cercar las laderas pendientes y las cárcavas incipientes:

Estos sectores, que ofrecen poco alimento para el ganado y son particularmente susceptibles a la erosión, deben ser cercados para evitar la entrada del ganado en forma definitiva. Es muy importante evitar el pastoreo en terrenos con erosión en surcos o en pequeñas cárcavas, con el fin de evitar deslizamientos, o la pérdida de grandes volúmenes de suelo por erosión.

4. Subdividir las áreas con cerca eléctrica fija.

Es muy importante permitir que los potreros de ladera tengan períodos de descanso de 60 a 90 días con el fin de estimular el crecimiento de las leguminosas nativas, las arvenses comestibles y los frutos de los árboles. En algunos sectores se pueden sembrar plantas forrajeras como la veranera (Cratylia argentea).

5. Combinar bajas cargas y elevada respuesta animal:

El complemento ideal para este tipo de manejo son los animales con buena respuesta individual: ¡menos bocas pero mejores vacas!

Por lo tanto, la selección de los animales es fundamental. Es importante que no sean muy pesados para evitar la erosión del terreno. Los cruces de criollos y cebuínos se adaptan bien a este tipo de manejo y tienen una capacidad natural para aprovechar los forrajes complementarios de las especies leñosas nativas.

Para reducir la presión sobre las lomas es indispensable seleccionar y vender los animales de baja producción, viejos o con problemas reproductivos, antes de que empiecen las épocas de sequía.

6. Reservar agua para los períodos de sequía.

La cosecha de agua en pequeños jagüeyes y reservorios es fundamental para evitar que el ganado tenga que desplazarse grandes distancias en busca de agua.

7. Almacenar y conducir el agua.

Las inversiones en obras complementarias como tanques de reserva ligados a acueductos para abrevadero de ganado permiten reducir las cargas de parásitos internos de los terneros y llevar agua fresca.

8. Cultivos forrajeros de reserva.

Los bancos forrajeros mixtos en áreas cercanas a los corrales y establos son necesarios como reserva de alimentos verdes. Más allá de los conocidos pastos de corte, que tienen abundante biomasa pero de pobre calidad en la época seca, una combinación de áreas con caña de azúcar forrajera (30%) rica en energía soluble y arbustos forrajeros (70%) ricos en proteína, vitaminas y minerales puede ser determinante para atravesar la sequía sin pérdidas mayores y sin caídas en reproducción.

  • La estrategia exitosa de la Hacienda

Las Cañas consiste en tener 5 hectáreas de caña y 2 ha de veranera (Craytilia argentea) para corte, que permiten suplementar cerca de 130 bovinos de todas las edades y 30 equinos en las áreas de silvopastoreo. Así mismo, en la Hacienda Guachicono, situada en el valle del Patía, donde la sequía es fuertísima, un banco de matarratón (Gliricidia sepium) de 3,5 ha para corte y acarreo y 5 ha de caña de azúcar con riego, complementan los potreros con abundante guácimo y permiten mantener en buen estado más de 100 vacas lactantes con sus crías.

9. Almacenar comida para los períodos secos.

En las zonas menos pendientes y más bajas de las fincas, se deben establecer bancos forrajeros mixtos de corte y acarreo con especies como caña forrajera, botón de oro y cratylia, o sistemas silvopastoriles intensivos.

8- Traslado de forrajes mezcla de caña de azúcar y veranera para los animales en las colinas. 9- Suplementación con forrajes de corte en el potrero.

El guácimo, recurso estratégico para enfrentar El Niño

Aunque en todas las regiones ganaderas existen árboles y arbustos que son consumidos por el ganado y que ofrecen servicios adicionales al productor, es importante llamar de nuevo la atención de los ganaderos sobre el uso del guácimo Guazuma ulmifolia Lam., árbol de amplia distribución en los agroecosistemas ganaderos secos y subhúmedos, que para muchos productores podría ser una estrategia de alimentación para la sequía del primer semestre de 2013.

El guácimo (Carta Fedegán 121) es originario de América tropical y crece desde los 27° N en México hasta los 28° S en el noreste de Argentina. Es un árbol mediano, caducifolio, que puede alcanzar los 25 m de altura y 80 cm de diámetro. Los frutos, nutritivos para el ganado, son cápsulas ovoides de 3 a 4 cm de largo, con 30 a 50 semillas de 1 mm, duras, redondeadas y de color pardo.

El guácimo es característico de áreas abiertas en terrenos planos y colinas bajas. Su presencia es común en ambientes ganaderos de baja altitud donde es diseminado activamente por el ganado y la fauna silvestre. En la región Caribe tolera tanto las altas temperaturas y períodos secos prolongados (tres meses o más) como las inundaciones propias del Caribe húmedo. Está adaptado a las condiciones de muy baja precipitación del alto Magdalena y el río Patía. Además de su adaptabilidad en climas variados, persiste en un amplio rango de suelos con pH mayor a 5,5.

El guácimo viene siendo investigado con intensidad por el Colegio de Postgraduados en el Campus Veracruz, México, en la región tropical, donde predominan los pequeños productores ganaderos del sistema de doble propósito. En Colombia, finalizó hace poco una investigación de CIPAV, ASODOBLE y la Universidad de Sucre en tres agroecosistemas del Caribe seco, donde se evaluaron sistemas forrajeros de alta densidad de guácimo (más de 15 mil arbustos por hectárea) con pasto guinea Tanzania (Panicum máximum cv. Tanzania), con y sin leucaena. El tratamiento control, de solo pastos naturalizados colosuana o kikuyina (Bothriochloa pertusa) y puntero (Hyparrhenia rufa), fue el único que no logró incrementos de peso en los animales.

El sistema silvopastoril intensivo de leucaena con guácimo y pasto Tanzania tuvo la mayor producción total de carne (485,08 kg ha-1 año-1). Esta ganancia de peso puede atribuirse a la mayor oferta de biomasa forrajera y proteína (111,2 kg más proteína cruda que en el pasto naturalizado) y a la mejor calidad de las gramíneas de los sistemas. Es posible también que exista un efecto de control de parásitos internos gracias a los taninos presentes en el guácimo.

El análisis financiero de la inversión en el establecimiento de los sistemas, proyectado a 10 años, señala que la tasa interna de retorno TIR genera una rentabilidad de 19% en el SSPi de leucaena con guácimo y Tanzania; 17% para SSPi de leucaena y Tanzania; 13% en los pastos mejorados recién establecido (Tanzania sin árboles) y que los pastos naturalizados no son rentables.

10- Banco forrajero mixto de corte y acarreo con abundante regeneración de árboles nativos. Reserva Natural El Ciprés, El Dovio, Valle del Cauca. 11- Sistema silvopastoril intensivo con guácimo Guazuma ulmifolia para ramoneo. Finca Casanare, Sucre.

12- Silvopastoreo con guácimo. Terneras de raza Criollo Lechero Mexicano. Colegio de Postgraduados, Campus Veracruz, México. Investigación de la Dra. Silvia López.

Comentario final

El cambio climático llegó para quedarse.

Nunca antes en la historia de la climatología del continente se había registrado que a un fenómeno de El Niño (2008- 2009) le siguiese inmediatamente un fenómeno de La Niña (2010-2012) y luego otro El Niño (2012-2013) sin un periodo de receso, que antes era de 7 a 10 años en promedio. Nuevamente estamos sufriendo un fenómeno climático caracterizado por las elevadas temperaturas, la reducción drástica de la precipitación y los vientos desecantes. La aterradora ola de incendios de los últimos cuatro meses en el suroccidente de Colombia demuestra la improvisación de las autoridades y de la sociedad para prevenir y manejar esta situación, que agrava aún más, la situación de las cuencas hidrográficas que abastecen los acueductos urbanos y rurales.

Los ganaderos deben reaccionar con rapidez, contundencia y constancia porque El Niño se prolongará durante el primer semestre de 2013 y seguiremos soportando los fenómenos extremos asociados al cambio climático. Es urgente la arborización de los potreros con árboles y arbustos forrajeros y de usos múltiples adaptados a cada situación. El ejemplo de la Hacienda Las Cañas demuestra que es posible cambiar de la mano de la naturaleza para recuperar las tierras degradadas y producir en medio de las crisis de la sequía.

Lecturas Recomendadas

Álvarez, R.E.; Cardona, J.F.; Anzola, H.; Restrepo, J.R., Alarcón, G., y Amado, L.B. 2012. Alternativas para enfrentar una sequía prolongada en la Ganadería Colombiana (2012 - 2013). Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, Fedegán, CORPOICA, CIPAV. Cuarta Edición, agosto 2012. Bogotá D.C. Colombia.

Calle, Z. Murgueitio, E, 2011. El guácimo, uno de los árboles más adaptables a los sistemas silvopastoriles del trópico americano. CARTA Fedegán No. 121. Ed. Noviembre – diciembre 2011. p. 88-94.

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