Problemas de salud y producción del vacuno criollo frente al cambio climático

Publicado el: 13/6/2015
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Las variaciones del clima siempre han existido en nuestro planeta como consecuencia de los diversos fenómenos naturales. Sin embargo, en las últimas décadas se han producido muchas más alteraciones climáticas, como por ejemplo: el aumento o la disminución brusca de las temperaturas promedio por estación, los deshielos en los nevados y los polos, las grandes inundaciones y sequías, la mayor frecuencia de ciclones y huracanes, entre otros eventos inusuales. Durante el último siglo, la temperatura promedio en todo el mundo ha aumentado 0,74°C, llegando incluso a subir hasta 1°C en Europa, lo que supone un calentamiento extraordinariamente rápido para los tiempos de la tierra. Los científicos ya han declarado que la década de los ‘90 fue la más calurosa de los últimos mil años y la situación es cada vez peor, pues entre 1995 y 2006, el planeta ha tenido once de los doce años más calurosos en los registros instrumentales de la temperatura global en superficie desde 1850.

 

 

Por eso, hace algunos años empezó a llamarse calentamiento global al aumento de la temperatura en la superficie del planeta, pero como este término no explicaba los demás fenómenos que se daban en el suelo, la atmósfera y las aguas, ahora los científicos hablan de cambio climático para referirse a estas anomalías en la tierra. Hablando ya en términos científicos, cambio climático se refiere a cualquier alteración del clima producida durante el transcurso del tiempo, ya sea debido a la variabilidad natural o a la actividad humana, según la definición utilizada por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).

 

 

Sin embargo, para la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, esta expresión alude a un cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana, que altera la composición de la atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad climática natural observada durante períodos de tiempo comparables. Sutiles diferencias que, no obstante, hay que tomar en cuenta.

 

 

El dióxido de carbono (CO2), vapor de agua, metano (CH4), óxido nitroso (N2O) y ozono (O3) son gases que se encuentran naturalmente en la atmósfera de la tierra, y sirven para atrapar una parte de la energía solar. Estos permiten mantener cálida la superficie y por lo tanto, hacen posible la vida en el planeta. Por ello, a estos compuestos se les conoce como ‘gases de efecto invernadero’ (GEI). Pero desde que empezó la revolución industrial, a mediados del siglo XVIII, las fábricas, los medios de transporte y los demás inventos del hombre han funcionado por lo general, quemando combustibles fósiles, como carbón, petróleo o gasolina que, al igual que otras actividades económicas como la agricultura y la ganadería, también producen este tipo de compuestos, que no son fácilmente procesados por la naturaleza, lo que genera el calentamiento de la tierra.

 

 

En este contexto, se plantean algunos problemas de salud en general, y en la salud animal en particular, por lo tanto es de esperarse que muchos agentes infecciosos (sólo por mencionar uno), tenderán a cambiar en su comportamiento; es probable que se incrementen algunos factores de virulencia y patogenicidad. Otros casos tienen que ver con la proliferación de agentes vectores, como son los artrópodos, los que tendrán una mayor probabilidad de desplazarse a zonas donde hasta el momento no lo estaban haciendo y generando las infecciones que estos elementos trasmiten, como es la anplasmosis bovina que ya se empieza a ver en zonas altas que sobrepasan los 3 000 msnm.

 

 

Por otro lado, el efecto climático sobre el desarrollo de plantas es determinante, de manera que unos desarrollarán más y otros tenderán a desaparecer. Esto interesa porque es la base de la producción pecuaria; y la producción pecuaria está ligada íntimamente a la alimentación del hombre.

 

 

Si llevamos a situaciones más extremas, es necesario pensar en fenómenos mucho más serios como las sequías que generan escasez de pastos, o las inundaciones que al final tienen el mismo efecto, sino son causa de pérdidas directas en explotaciones pecuarias.

En este contexto, el ganado criollo y especialmente el vacuno, tendría ventajas comparativas frente a otras razas o variedades de ganado que sirven para la producción de alimento que debe paliar el hambre en la tierra. El ganado vacuno criollo es aquel que llegó con los españoles durante la conquista de América, en la primera mitad del año 1500; y en todo este tiempo ha sido capaz de adaptarse a las condiciones ambientales especialmente de la zona andina, donde países como Perú, deben ser los que más influencia han tenido. Se trata de ganado vacuno que está bien adaptado a las condiciones de altura, donde se sabe que la incidencia de mal de altura no sobrepasa el 2%, y que es capaz de sobrevivir a situaciones extremas de carencia de pasturas, a altos niveles de parasitismo neumogastrointestinal, y que en algunas zonas todavía se mantiene en condiciones de pureza y por tanto de consanguinidad; mientras que en otras latitudes de América han servido de base en la formación de razas autóctonas, como sucede en los países caribeños.

 

 

Al revisar la historia de América, recordemos que los bovinos criollos forman parte de nuestra herencia social y patrimonio de la ganadería de las Américas. Es relativamente poco lo que se sabe con certeza acerca de los ancestros de los bovinos criollos. El bovino criollo americano desciende directamente de los animales que llegaron en el segundo viaje de Colón en 1493. Estos animales, así como posteriores envíos, llegaron a la isla denominada La Española, hoy asiento de la República Dominicana y Haití. Según Rouse (1977) descendían directamente del Bos primigenius, domesticado probablemente en la zona pirenaica a partir del paleolítico. Sevilla era la ciudad que tenía la exclusividad para organizar los embarques oficiales a América. Hay autores que afirman que también salieron barcos para América desde Galicia en el norte de España. Sin embargo, no se conoce con seguridad si todo el ganado provenía de las regiones cercanas a Sevilla o si algunos embarques se hicieron en las Islas Canarias, ruta y escala habitual en los viajes a América.

 

 

Rouse (1977) indica que las razas españolas actuales que podrían ser descendientes de los mismos planteles de los cuales provienen los criollos, son la Retinta, la Berrenda, la Cacereña y la Andaluza negra. Se dice que el ganado criollo de raza Caracú de Brasil tiene orígenes similares a las razas modernas Minhota, Barrosa, Arouquesa y Mirandesa de Portugal. Todas ellas son razas del norte y la Minhota es idéntica a la Gallega. Las similitudes entre las razas de Brasil y de Hispanoamérica pueden explicarse por la proximidad geográfica de sus orígenes. Los españoles desembarcaron en el Caribe con los primeros bovinos y desde allí se inició su dispersión, con tal éxito que antes de 40 años, en 1524, ya se informa sobre la existencia de bovinos en todos los países de América del Sur. Ingresaron por Santa Marta, Colombia, en primer término. Una subcorriente entró a Venezuela.

 

 

Hacia el sur, Lima constituyó el foco principal de dispersión. Desde allí atravesaron Bolivia, Paraguay y Chile hasta alcanzar la República Argentina y Uruguay. Otra corriente llegó desde el Brasil, y el propio Río de la Plata se convirtió en un foco importante de dispersión. Desde 1524, América comenzó a poblar su territorio de bovinos y a introducirlos en sus sistemas ecológicos. Es mucho lo que se ha escrito sobre el origen del ganado de Colombia. Hoy en día, no se sabe con certeza si proviene de la España Peninsular o de la España Insular (Islas Canarias). Hay relatos, que alrededor de la mitad del siglo XVI y bajo el gobierno de su fundador, llegaron a Cartagena quinientos bovinos desde La Española (hoy República Dominicana).

 

 

El Virreinato del Río de la Plata recibe los primeros vacunos en 1549, cuando Juan Núñez de Prado introduce desde Potosí vacas y ovejas directamente al Tucumán. En 1551, atravesando la cordillera desde la costa chilena llega Francisco de Aguirre con su hacienda. En 1555, Juan de Salazar desembarca al sur de Brasil y avanza hasta Asunción donde el grupo se divide en dos expediciones: uno de ellos integrado por los legendarios hermanos brasileños Pedro y Scipión Goes que arrean siete vacas y un toro (las célebres siete vacas de Gaete), cuya progenie inicia la población de vacunos en la pampa argentina.

 

 

Según los historiadores, el ganado existente en la Banda Oriental (República del Uruguay) proviene de las introducciones hechas por los Jesuitas en sus Misiones del Alto Uruguay, en los años 1620 y siguientes, y de otras dos introducciones hechas en 1611 y 1617 por el Gobernador Hernandarias (Fernando Arias de Saavedra). Informes indican que la primera introducción de ganado data de 1534 en la población de Brasil, Sâo Vicente, por orden del donatario de esa colonia (capitanía hereditaria) Martín Alfonso de Sousa y enviados por su mujer D. Ana Pimentel. Se considera que fueron tres las principales vías de introducción: Sâo Vicente (Sâo Paulo), Pernambuco y Bahía (1550). Otros estudiosos, dicen que los bovinos de Sâo Vicente (Brasil) derivarían de las Islas de Cabo Verde, posesiones portuguesas en el Océano Atlántico, al oeste de Senegal, África.

Muchas generaciones después, los portugueses (brasileños) hicieron reiteradas incursiones a los países vecinos (sin fronteras definitivas por la falta de precisión del Tratado de Tordesillas), y logran llevar para Sâo Paulo grandes cantidades de ganado y cueros. Así, se cierra el ciclo completo del ganado criollo en América del Sur, que un siglo antes, saliendo de Brasil, mezclándose con sangre peruana, atravesó Paraguay, Argentina y Uruguay; y completando su marcha secular civilizadora se encontró con sus hermanos de origen al regresar al altiplano central de Brasil.

 

 

El ganado criollo fue el origen de la expansión civilizadora en América Latina, bajo la influencia de los jesuitas. Los jesuitas en el nuevo mundo tenían gran preocupación por la ganadería, como fuente de riqueza colectiva para mantener a los primeros pobladores y a los indios cerca de las misiones. Se sostiene que los jesuitas del este de Colombia dispensaban los mayores cuidados a la raza criolla San Martinero, que lleva el nombre de la misión jesuita de la zona. Para definir el ganado criollo en las Américas, a continuación se describen sus características morfológicas y de comportamiento (Primo, 1992).

Según Primo (1992), la distribución del ganado vacuno criollo en América no ha sido cuantificada y Perú y Ecuador tienen las poblaciones más grandes aún no censadas, a la que se suma Bolivia con una importante población que aún permanece en manos de ganaderos a pequeña escala; especialmente cumpliendo un rol social que pocas veces ha sido tomado en cuenta, proveniente del ingreso avasallador del ganado especializado en producción de leche o carne, generalmente proveniente de las zonas anglosajonas del mundo y de origen hindú, que en las diferentes razas ha ido reemplazando al ganado criollo en zonas inapropiadas para la explotación de ganado vacuno; pero aún así el ganado criollo se ha ido adaptando. La justificación para que esto ocurra es lo que viene moviendo al mundo en términos de costo/beneficio.

Conforme han ido distribuyéndose tanto en América y el Perú, estos animales han ido ganando terreno especialmente en las zonas estrictamente rurales, y en áreas poco aptas para la agricultura, actividad esta última que siempre ha sido más atractiva para los españoles, especialmente en zonas aledañas a las ciudades de reciente fundación y en los terrenos aledaños a los valles de la costa. Consecuentemente, los bovinos fueron ganado de altura hasta convertirse en individuos normales de altitudes cercanas a los 3 000 msnm. Como quiera que es la zona donde escasea el alimento, han desarrollado habilidades que otras razas de vacunos no lo harían, y han entrado en la utilización de elementos fibrosos como el kikuyo, el ramoneo de especies arbustivas y arbóreas, el consumo de pencas de tuna superando las espinas, para lo cual desarrollan largas caminatas que otras razas o variedades no serían capaces de hacerlo eficientemente.

 

 

 

Todo esto hace abrigar la esperanza de contar por un tiempo más con el vacuno criollo, como fuente productora de proteínas de origen animal, dado que en el tiempo ha desarrollado cualidades que la hacen una especie única en su género capaz de superar los embates que el cambio climático prevé ocurrirá en el mediano plazo. No se ha investigado como es debido, pero la anatomía y fisiología del rumen deben ser más eficientes en mantener al animal, toda vez que es capaz de sobrevivir a situaciones extremas de carencia de alimentos, producto de la selección natural del individuo, donde los componentes como los microorganismos del rumen deben ser más eficientes en la degradación de elementos de escasa digestibilidad; esto sí es una ventaja significativa. Algo que queda como demostración palpable de la capacidad del vacuno criollo es la ganancia de peso que alcanza en los centros de engorde intensivo, donde ingresan con un peso de 350 kg y terminan con más de 450 kg de peso vivo en 90 días, clara demostración que el ganado vacuno criollo sólo requiere de atención para manifestar su potencial, pese a un alto grado de consanguinidad.

 

 

Los bovinos criollos han sido sujetos a evaluaciones para determinar sus potencialidades en diferentes características. Algunas de ellas, incluyen los niveles de producción de leche por lactancia, los mismos que varían entre 1500kg a 2400kg (Abreu et al., 1978; Tewolde et al., 1988; Salgado, 1989; Martínez, 1992; Mariante, 1993; McDowell, 1993). En cada uno de estos trabajos, el sistema de producción bajo los cuales se evaluaron los criollos fue lechería especializada bajo pastoreo en los trópicos. Con frecuencia, los criollos se han ordeñado con apoyo del ternero, pero este no fue el caso en las evaluaciones que se hicieron. Asimismo, la eficiencia reproductiva medida por porcentaje de preñez en dos inseminaciones o por medio de intervalo entre partos, una característica considerada como asociada, señala valores que oscilan alrededor de 75% y 450 días, respectivamente (Tewolde, 2005).

El vacuno criollo debe haber desarrollado capacidades de soportar mejor los embates que el ambiente le ofrece; por decir lo menos es muy resistente a las parasitosis, especialmente del grupo de los neumogastrointestinales, que con facilidad no logran doblegar a un bovino criollo adulto, y es posible que pase buena parte de su vida sin dosificación antiparasitaria. Lo concerniente a enfermedades infecciosas es una interrogante, puesto que no se conocen enfermedades infecciosas a los cuales el vacuno criollo sea resistente, por lo que esto ya tendría que ser motivo de preocupación de las universidades. Las enfermedades metabólicas y las producidas por agentes ambientales no son reportadas. Lo que queda claro es que la selección natural ha llevado a animales de pelaje oscuro o pigmentado, lo que lo hace resistente a las radiaciones solares que causan daño en animales de genética refinada. Si vemos una población, no hay muchos animales de piel blanca y esto es ventaja frente al cambio climático.

La resistencia al mal de altura, que la padecen los vacunos de razas especializadas, es una realidad en el vacuno criollo. De suerte, hay razones para creer que en 500 años de permanencia en la altura soportando la inclemencia del tiempo, esta especie debe haber desarrollado mecanismos de adaptación a la altura y que esto ya haya sido incorporado a su genoma; estaríamos ante una especie que tiene el gen de resistencia al mal de altura. El reto para los investigadores nacionales es la determinación de este gen antes que un extranjero lo haga, como ha sucedido en otras situaciones.

Lo que sucede es que cada vez tomamos menos en cuenta la preservación de razas autóctonas (que no es el caso de América en el origen), tema que va ganando terreno en países desarrollados donde han tomado conciencia de lo que significa el rol social que puede jugar una determinada actividad, como la ganadería bovina en la zona de los andes y especialmente en zonas de gran depresión económica. Se destaca que el ganado criollo es de baja producción y productividad, en lo que puede haber algo de razón, pero que en la realidad son animales que han pasado por circunstancias adversas que no han permitido el desarrollo hacia niveles significativos de producción y productividad; cuando la reproducción ha seguido un esquema nada establecido y librado a la selección natural, y sin embargo todavía pueden engendrar animales por lo menos con alto nivel de supervivencia, donde el tema de la consanguinidad es probable que haya hecho estragos en el componente genético.

La alimentación del bovino lechero y de carne ha alcanzado niveles de atención altísimos en ganado de explotación intensiva; y la alimentación a base de forrajes cultivados con una mezcla de gramíneas y leguminosas en explotación extensiva. De toda esta tecnología, nada de esto ha llegado al ganado criollo en términos poblacionales; sigue siendo el ganado que se mantiene en zonas marginales, y en épocas de lluvia migra hacia las zonas altas y muchas veces por encima de los 4 000 msnm, donde tiene que consumir pastos con niveles de lignina mucho más altos que los animales mantenidos en pastoreo racional, lo que lleva a pensar que el bovino criollo posee una flora y fauna ruminal mucho más eficiente que el bovino común de raza, lo cual ya le otorga una ventaja frente a los animales que se mantienen en pasturas cultivadas o pasturas nativas de buena calidad.

 

 

Se puede apreciar las ventajas de tener animales criollos puros y en los que algo de investigación se pueda realizar, en la mira de la obtención de mejores niveles de producción y productividad por la vía de la mejora genética buscando animales aptos para la producción entre animales criollos, ya que los investigadores de hoy quieren ir por la vía más fácil para realizar cruzamientos, con lo cual estamos condenando a la desaparición del ganado criollo. De otro lado, se tiene que pensar en darles las mejores condiciones de vida a fin de que se pueda obtener rendimientos acordes a lo que debe ser un animal de las condiciones como las que se describe.

Los aspectos relacionados a la eficiencia reproductiva se tienen que estudiar. Determinar los procesos fisiológicos que llevan a un comportamiento estacional en los partos tiene que merecer la atención del veterinario; lo concerniente a la caracterización probablemente sea uno de los problemas a ser tomados muy en cuenta. No debe olvidarse que muchos criadores de forma circunstancial han introducido animales de razas conocidas y en el tiempo se han venido perdiendo. ( ) El efecto climático sobre el desarrollo de plantas es determinante, de manera que algunos animales desarrollarán más y otros tenderán a desaparecer. Esto interesa porque es la base de la producción pecuaria.

La caracterización se puede realizar por pruebas moleculares que involucran la determinación del ADN en los animales, a fin de estar seguros de que se trata de animales criollos; y en esto probablemente el pariente más cercano sea el toro de lidia que por su origen y manejo ha perdurado en el tiempo como tal, con los cruces y encastes que se conoce, pero que en el fondo son del mismo tronco que los animales que se embarcaron en Sevilla y otras zonas de España en los albores de la conquista española. Esto, en la idea de establecer núcleos ganaderos que permitan mantener hatos de ganado criollo como germoplasma, y donde se pueda realizar trabajos de investigación en la determinación de factores favorables a su explotación racional a nivel país.

 

 

Muchos países, especialmente los caribeños, han optado por llevar a razas muy establecidas, y otros han ido al cruce con ganado cebuino, con lo que han obtenido razas y rendimientos superiores al ganado criollo; pero estamos en lo mismo, que en el ganado criollo no se ha introducido mejora alguna, con lo que el ganado criollo va al tratamiento despectivo de ganado improductivo, ganado “chusco” o como se llame, cuando lo único que hemos logrado es perpetuar un sistema extractivo de ganado para carne, sin haber tomado en cuenta las potencialidades que ofrece un ganado adaptado y no aclimatado a circunstancias adversas.

Como este tipo de situaciones difícilmente va a ser tomado en cuenta por el ganadero privado: por la mentalidad y porque dentro de su esquema económico no le es favorable, tiene que ser labor del estado a través del gobierno el preocuparse por estas posibilidades de desarrollo ganadero, lo cual no necesariamente debiera ser por manejo directo, sino que puede ser manejado por las universidades u otras instituciones estatales que puedan comprometerse al trabajo con estos animales, tratando de establecer núcleos de crianza debidamente caracterizados a fin de impedir el ingreso de razas especializadas y que puedan llevar a errores.

De esto hay algunos ejemplos que debieran ser alentados desde el estado. Además, los estados deberían buscar alternativas inteligentes de trabajo en este aspecto, vía ventajas tributarias u otras que permitan un buen desarrollo del ganado criollo.

 
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