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V Congreso Mundial de Ganadería Tropical

Los sistemas silvopastoriles como alternativa para la producción animal sostenible en el contexto actual de la ganadería

Publicado el: 1/10/2018
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Resumen

Para el año 2050 se prevé un incremento de 60-100% en la demanda de productos de origen animal para la alimentación humana. El aumento en la producción de alimentos, para satisfacer tal exigencia, debe acontecer a la vez que se pretende eliminar el hambre y la pobreza, se usan eficientemente los recursos naturales y se procura conservar la biodiversidad, reducir las consecuencias del cambio climático y disminuir la degradación de los suelos. Además, esta demanda se debe suplir por los sistemas de producción animal de los países tropicales. Sin embargo, los sistemas de producción de rumiantes en estas regiones son de tipo extensivo, con forrajes nativos o introducidos de elevado contenido de fibra, bajo en proteína cruda, escaso consumo y digestibilidad y exigua concentración de energía metabolizable (EM). Ello determina la baja productividad animal la cual también está limitada por las condiciones climáticas adversas. Ello ha obligado a los productores a buscar sistemas que maximicen no solo la eficiencia productiva y económica sino también la biodiversidad y el equilibrio natural con el ambiente. En este contexto, los sistemas silvopastoriles (SSP) permiten reducir los impactos negativos de la agricultura en la conservación de la biodiversidad. Además, brindan una alta disponibilidad de biomasa comestible de excelente calidad nutricional que admite una producción de leche individual de 10 kg/vaca/día con buena calidad nutricional, así como obtener entre 3 000 y 16 000 kg de leche/ha/año. Para la producción de carne garantizan ganancias de peso entre 420 y 1000 g/animal/día; mientras que, la producción por hectárea está entre 500 y 1300 kg/año. Además, los SSP propician el aumento de la biota edáfica, que acelera la descomposición de las bostas lo que reduce el parasitismo gastrointestinal en los animales, y el incremento de la fauna asociada que regula las poblaciones de garrapatas e insectos vectores.

Palabras clave: sistemas silvopastoriles, ganado, leche, carne. 

Introducción

Para el año 2050 se prevé un incremento de 60-100% en la demanda de productos de origen animal para la alimentación humana (FAO, 2009; Chará et al., 2015). Ello se debe al crecimiento demográfico, para el cual se anuncia un aumento de 2 mil millones de personas, y el acrecentamiento de la clase media a nivel mundial que se pronostica aumentará, para igual fecha, aproximadamente en 3 mil millones de personas (Simmons, 2014). No obstante, el aumento previsto en la producción de alimentos debe suceder mientras se intenta eliminar el hambre y la pobreza, se usan de forma eficiente los recursos naturales, se trabaja por conservar la biodiversidad, se combaten las causas y se reducen las consecuencias del cambio climático, y se lucha contra el aumento de los gases de efecto invernadero, la degradación de los suelos y el avance de los desiertos (Montagnini et al., 2015). El incremento en la demanda de alimentos de origen animal se debe suplir, en gran medida, por los sistemas de producción animal de los países tropicales ya que, tienen las mejores condiciones para aumentar de forma significativa la producción de alimentos, a partir de su capacidad para generar biomasa (Chará et al., 2015).

Sin embargo, la ganadería tropical enfrenta serios cuestionamientos debido al modelo vigente de producción, caracterizado por grandes extensiones de gramíneas, baja o nula diversidad de especies, alto grado de transformación de los ecosistemas naturales, escasa integración con el sector agrícola, forestal y con otras especies pecuarias, baja eficiencia y rentabilidad, deterioro del medio ambiente y poca participación efectiva en la solución de las necesidades socioeconómicas de la población (Molina et al., 2009). 

Los forrajes con bajo contenido de proteína cruda, alta concentración de fibra detergente neutro, poca digestibilidad aparente y por tanto bajo tenor de energía metabolizable (Ku-Vera et al., 2013), constituyen la principal fuente de alimento para los rumiantes en el trópico (Devendra y Leng, 2011). 

La digestión de estos forrajes en el rumen genera productos finales absorbibles, principalmente ácidos grasos volátiles y aminoácidos microbianos, que están normalmente desbalanceados tanto en la tasa proteína: energía como en la proporción entre sustratos glucogénicos y cetogénicos. Como consecuencia, su consumo por los rumiantes está asociado con una distintiva pérdida de energía a la vez que incrementa la producción de calor metabólico y la generación de gas metano (CH4), el cual contribuye significativamente al calentamiento global (Migwi et al., 2013). 

El incremento de calor metabólico, que se asocia con dietas basales altas en fibra, resulta en animales que experimentan un estrés por calor que exacerba la disminución en el consumo de alimento y la baja productividad. Además, esto sucede en condiciones tropicales que se caracterizan por altas temperaturas ambientales e intensa radiación solar (Leng, 1990), una situación con gran probabilidad de empeorar con el cambio climático. 

A pesar de que América Latina y el Caribe ostentan una población bovina con 359 millones de cabezas, el promedio anual de la carga (0,59 animales/ha) y la productividad por hectárea (89,7 kg de leche y 19,9 kg de carne) permanecen bajos (Murgueitio et al., 2011). La elevada tasa de deforestación en los países tropicales tiene efectos locales como la pérdida de la productividad y la degradación de los suelos, y a escala regional afecta la capacidad de regulación hídrica y propicia la contaminación de los ríos. En el ámbito global el mayor impacto es la pérdida de la biodiversidad al reducirse o desaparecer los ecosistemas de bosques del neotrópico caracterizados por su alta riqueza de especies de la flora y la fauna. También, el cambio de uso de la tierra hacia pasturas contribuye con emisiones de gases de efecto invernadero (CO2, CH4 y N2O) a la atmósfera (Murgueitio e Ibrahim, 2009). En este contexto, los SSP que combinan los árboles con los pastos juegan un papel crucial en la reducción de los impactos negativos de la agricultura en la conservación de la biodiversidad (Schroth et al., 2004) ya que retienen una parte substancial de las especies presentes en los remanentes de vegetación original dentro del paisaje dominado por la actividad humana (Bhagwat et al., 2008). 

La conversión de las granjas ganaderas convencionales en SSP permite recuperar la diversidad biológica y mantener la integridad de varios procesos ecológicos que son esenciales para el funcionamiento de las áreas que se usan para la ganadería, lo cual trae consigo no solo beneficios ambientales, sino también el incremento de la productividad y los retornos financieros para los granjeros (Murgueitio et al., 2008). El objetivo del trabajo es reseñar los principales resultados obtenidos en América Latina y el Caribe con el uso de los sistemas silvopastoriles para la producción de leche y carne, y el mejoramiento de la salud animal.  

 

Efecto de los SSP en la producción y la calidad de la biomasa 

Los SSP más utilizados en Cuba son los bancos de proteína, las asociaciones de árboles con gramíneas en toda el área de pastoreo y las cercas vivas (Sánchez et al., 2011). El uso de leguminosas arbóreas y herbáceas en el sistema de banco de proteína está limitado en un 2030% del área de pastoreo, por lo que los beneficios que estas plantas realizan están solo circunscritos a la superficie que ocupan; mientras que en las asociaciones se beneficia toda la pradera (Simón, 2012). 

Por ello, las asociaciones de árboles con pastos mejorados son los más extendidos en el país, y representan una alternativa promisoria para la producción animal en el trópico, pues contribuyen a mejorar la calidad biológica del suelo, incrementar el valor nutritivo del pasto y aumentar la producción de leche y carne. Las especies de árboles más utilizados en estos sistemas son Leucaena leucocephala, Gliricidia sepium (Jacq.) Kunth, Albizia lebbeck (L.) Benth. (Milera et al. 2014), conjuntamente con Bauhinia purpurea L.; mientras que los pastos más abundantes por su capacidad para asociarse con estos son Megathyrsus maximus (Jacq.) B. K. Simon& S. W. L. Jacobs y Cynodon nlemfuensis Vanderyst, aunque también se pueden encontrar otras especies como Cenchrus ciliaris L. y Cenchrus purpureus (Schumach.) Morrone CT-115. Estos sistemas en función del tipo y la fertilidad del suelo, la especie de pasto, así como de la especie y densidad de los árboles y también del manejo del sistema y el potencial productivo de los animales pueden admitir cargas en el rango de 1,0 a 1,7 UGM/ha, con períodos óptimos de reposo para el pasto de 25-40 días en el período lluvioso (PLL) y de 50-70 días en el período poco lluvioso (PPLL) (Simón, 2012). Sin embargo, en los SSP con asociación de pastos mejorados, leguminosas herbáceas y arbóreas con alta densidad (15 000 plantas/ha), la disponibilidad puede alcanzar valores de hasta 4 y 7 t de MS/ha/rotación para el PPLL y el PLL, respectivamente, lo que posibilita elevar la carga animal incluso a 2,5 UGM/ha con una oferta de 25-30 kg de MS/animal/día de biomasa comestible con excelente calidad nutricional (Hernández et al., 2011). Una ventaja de los SSP con respecto a los monocultivos de gramíneas es que permiten minimizar el desbalance en la producción de alimentos que caracteriza a los sistemas sin árboles (Sánchez et al., 2011). Un ejemplo de ello lo constituye el estudio realizado por Swaby et al. (2013), quienes encontraron en un SSP integrado por la multiasociación de M.maximus Tobiatá-Mombaza y las arbóreas L. leucocephala, Bauhinia variegata y A. lebbeck una disponibilidad total de biomasa de 25,3 t de MS/ha/año de la cual el 38% se produjo en el PPLL. Ello indica la producción sostenible de biomasa del sistema aún cuando estuvo sometido a severas y prolongadas sequías y a elevadas temperaturas. 

Además, garantizan una elevada producción de biomasa de buena calidad nutricional durante todo el año (López et al., 2012). En este sentido, Sánchez (2007) desarrolló una investigación donde evaluó, en condiciones comerciales de producción, un SSP constituido por una asociación de gramíneas mejoradas (M. maximus cv. Likoni y C. nlemfuensis cv. Jamaicano) con L. leucocephala cv. Cunningham (5556 plantas/ha). La carga promedio fue de 1,5 animales/ha y el tiempo de reposo del pasto de 30 y 58 días para el PLL y el PPLL, respectivamente. En estas condiciones, obtuvo 28,8 t MS/ha/año de pasto y 4,6 t MS/ha/año de follaje de leucaena, lo que implicó un rendimiento total de 33,4 t MS/ha/año de biomasa comestible. El contenido de proteína cruda (PC) fue 9,7% para el pasto y 25,2% en la leucaena; mientras que, la degradabilidad in situ de la MS (DIVMS) a las 48 h fue de 57,7 y 60,8%, respectivamente. 

En SSP con vacas de mediano potencial, el pasto representa el 90 y el 85% de la dieta y el follaje de la arbórea el 10 y el 15% en el PLL y el PPLL, respectivamente. En estas condiciones la ración de los animales tiene un contenido de PC de 11-13% y de 12-14% para cada período, respectivamente; mientras que, la DIVMS es superior a 60% en ambos períodos. Ello se debe al incremento en la calidad del pasto en asociación con la leguminosa arbórea y al aporte de follaje que hace esta última a la dieta de los animales (López et al. 2014a y b). 

Además, se ha comprobado que los SSP con L. leucocephala, M. maximus y C. nlemfuensis, en suelos de mediana fertilidad permiten un consumo de PC entre 20 y 35% por encima de las necesidades de los animales; mientras que, la energía es deficitaria entre 3 y 10% para vacas de mediano potencial en lactación (Sánchez et al. 2008) con la situación más extrema fundamentalmente en el PPLL. Por ello, es importante usar, en esta época del año, complementos como la caña de azúcar y/o la pulpa de cítrico que contribuyan a mejorar el balance de energía de la dieta en pastoreo (López et al., 2014a). En este sentido, cuando se evaluó la sustitución de caña de azúcar (usada como complemento al 20% de la ración) por pulpa de cítrico en tres niveles: 0 (Control), 50 (PC10) y 100% (PC20) en dietas basadas en M. maximum y L. leucocephala mediante la producción de gas in vitro y los patrones de la fermentación ruminal, se obtuvo que la sustitución, tanto parcial como total, de caña por pulpa de cítrico incrementó la producción de gas acumulada a las 24, 48 y 96 h de la incubación, así como la tasa fraccional de producción de gas (c), la DIVMS, la DMO, la EM y la producción de AGCC (López et al., 2014a).  

 

Impacto en la producción y la calidad de la leche 

Las investigaciones realizadas en Cuba durante más de 25 años, en SSP con predominio de pastos mejorados, sobre suelos de mediana fertilidad, cargas entre 1,1 y 1,7 UGM/ha y con vacas de mediano potencial de genotipos Holstein x Cebú, han confirmado que estos sistemas tienen potencial para alcanzar una producción de leche entre 7,0 y 10,0 kg/vaca/día con una adecuada calidad nutricional, lo cual permite obtener una producción por hectárea de 28003500 kg/año (López, 2003; Sánchez, 2007). Además, según López et al. (2015), en el PLL las asociaciones de pastos mejorados con L. leucocephala, permiten una elevada oferta de pasto (≥50 kg/vaca/día) de buena calidad nutricional, de tal forma que la suplementación de vacas Holstein x Cebú, en buen estado de condición corporal (3,0-3,5), con 1,3-1,5 kg de MS de concentrado, que representa el 10% de la dieta, no contribuye a incrementar la producción (10,0 kg/vaca/día) ni a mejorar la composición de la leche (4,1% de grasa, 3,2% de proteína, 4,6% de lactosa, 8,6% de sólidos no grasos y 12,8% de sólidos totales). Por el contrario, en los SSP durante el PPLL hay un incremento en la calidad de la gramínea y un mayor aporte de follaje de la leguminosa arbórea a la ración para compensar la disminución en la disponibilidad y oferta del pasto. Como consecuencia, se ha evidenciado un exceso de PC en la dieta de las vacas, mientras que la energía ha sido deficitaria (López, 2003).

Cuando el contenido de PC de la dieta es elevado y/o el aporte es superior a los requerimientos nutricionales de las vacas lecheras, preferentemente al inicio de la lactancia, se produce una estimulación a la producción de leche, aun cuando la EM de la dieta no sea suficiente, ya que esta se garantiza a expensas de las reservas corporales, con la consiguiente pérdida paulatina de la condición corporal (CC) de las vacas (López et al., 2015). 

Por ello, es importante usar complementos que mejoren el balance de energía de la dieta en pastoreo. En este sentido, al evaluar el efecto de la complementación de la dieta (con tres proporciones de caña: pulpa de cítrico, 60: 40, 50: 50 y 40: 60) durante el PPLL en la producción de leche de vacas Mambí de Cuba, manejadas en un SSP y suplementadas con residuo de la destilería del maíz, se encontró que la producción de leche incrementó linealmente (8,8; 10,2 y 11,8 kg/animal/d) con el aumento de la proporción de pulpa de cítrico en la dieta de los animales (López et al., 2012). A su vez, se logró una mayor CC de las vacas, en el momento del pico de producción de leche, con las dietas de mayor inclusión de pulpa de cítrico. 

Debido a esto, uno de los aspectos a tener en consideración con el manejo de las hembras lecheras en estos sistemas es la CC, pues se ha observado que las vacas manejadas en sistemas con asociación de M. maximus y C. nlemfuensis con L. leucocephala, cuando paren con una CC entre 3,0 y 3,5 (en la escala de 0-5), manifiestan una producción de leche superior entre un 20 y 25% con respecto a las que paren con una CC inferior a 2,5 o superior a 3,5 (López et al., 2012); mientras que, la eficiencia reproductiva, medida a través del intervalo parto-gestación y el número de servicios por gestación, es superior en las vacas con CC entre 3,0 y 4,0 en el momento del parto al compararse con vacas que tienen una CC fuera de este rango (López, 2003).

En los sistemas silvopastoriles intensivos (SSPi) con gramíneas, leguminosas herbáceas y arbóreas con alta densidad (15 000 plantas/ha), donde existe gran diversidad de la dieta ofrecida y consumida, así como un mayor componente de leguminosas que de gramíneas, se produce una mejora de tal magnitud en la calidad nutritiva de la dieta que se puede ampliar la carga a 2,5 UGM/ha y reducir la oferta de forraje a solo 25-30 kg de MS/vaca/día (Hernández et al. 2011). De esta forma, se puede incrementar la producción de leche por hectárea de 3000 a 6000 kg/año sin peligro de afectar la producción individual (10 kg/vaca/día). Sin embargo, los SSPi con varios estratos de vegetación pueden aún manifestar una mayor productividad. Un ejemplo de ello es la Reserva Natural “El Hatico” que se localiza en el Valle del Cauca en Colombia. Se encuentra a 1000 msnm, la temperatura promedio anual de la región es de 24 °C y la precipitación de 800 mm en forma bimodal. La vegetación se puede apreciar en cinco estratos identificables: 1) pastos naturales (Paspalum notatum) y mejorados (Cynodon plestostachys, M. maximus y Cynodon dactylon); 2) L. leucocephala en alta densidad (10 000 a 15 000 plantas/ha); 3) árboles de porte mediano (Prosopis juli?ora, Sennas pectabilis, Guazuma ulmifolia y Guarea guidonia) a una densidad de 30-50 plantas/ha; 4) un dosel de árboles grandes (Ceiba pentandra, Samanea saman y Enterolobium cyclocarpum) en baja densidad; y 5) un estrato cumbre formado por palmas (Syagrus zancona, Attaleabutyracea y Roystonea regia) y árboles maderables (Swietenia macrophylla, Cedrela odorata y Zanthoxylum rhoifolium). 

En este sistema se utilizan vacas de la raza Lucerna con una carga de 4,3 animales/ha, y se obtiene una producción de leche de 16 000 kg/ha/año (Molina et al., 2009). Por último, debido a que en los SSP el ganado accede a una mejor dieta la cual puede digerir de manera más eficiente, las emisiones de metano por animal se pueden reducir hasta en un 20% (Havlik et al., 2014); mientras que, la disminución en la emisión de este gas, por cada kilogramo de leche producido, pudiera ser hasta de un 50% (Chará et al., 2015). 

 

Producción de carne bovina en SSP 

La ceba vacuna en SSP con L. leucocephala y pastos naturales y/o mejorados, principalmente con los genotipos Cebú y mestizos Cebú, permiten ganancias promedio individuales entre 420 y 780 g/animal/día con cargas en el rango de 1,1 a 5,5 animales/ha (Cardona y Suárez, 1996; Hernández, 2000; Castillo et al., 2002 e Iglesias, 2003). Según Iglesias et al. (2006), los estudios realizados en Cuba con SSP para la producción de carne con animales mestizos Cebú permiten lograr ganancias acumuladas entre 492 y 623 kg/animal/día, con un peso final al sacrificio de 357 a 414 kg/animal y una edad en el rango de 24 a 28 meses sin necesidad de usar alimentos suplementarios. Iraola (2013), al evaluar los indicadores productivos de bovinos mestizos Cebú en un sistema en base a pastos mejorados (C. nlemfuensis, Pennisetum purpureum vc. Cuba CT-115 y Brachiaria hibrido cv. Mulato) con leucaena en el 50% del área encontró una ganancia diaria acumulada de 718 g/animal/día, lo que representó un incremento de más del 65% con respecto a la ganancia que se obtenía en esa misma área en un sistema de pastos degradados. 

Además, la edad y el peso al sacrificio fueron de 24 meses y 416 kg/animal, respectivamente; mientras que, la producción por hectárea fue de 749 kg, la cual está en el rango de 500 a 800 kg/animal planteado por Iglesias et al. (2011) que se logra con estos sistemas en Cuba y que los hace viables económicamente. Sin embargo, en un estudio realizado por Díaz (2008) en un SSP con predominio de C. nlemfuensis en asociación con L. leucocephala y acceso a banco de biomasa de P. purpureum vc. Cuba CT-115 con un genotipo especializado en la producción de carne (Charoláis de Cuba) se obtuvo una ganancia media diaria acumulada superior a los 800 g/animal/día con un peso al sacrificio de 445 kg a los 22 meses de edad y un rendimiento en canal de 57,2%. En varios estudios se ha demostrado que los animales que pastan en los SSPi tienen mayor consumo de MS, PC, calcio y grasa que los que pastan en un monocultivo de gramíneas (Solorio et al., 2011). 

En Colombia, una investigación sobre producción y calidad de la carne en SSPi de L.leucocephala con pasto estrella (C. plectostachyus) y árboles maderables (Albizia guachapele, Azadirachta indica y Tectona grandis) en una zona de bosque seco tropical, utilizando densidades de 500 árboles y más de 30 000 arbustos por hectárea y manejando una carga de 3,5 UGM/ha con animales de genotipos Doble Propósito se obtuvo una ganancia de 832 y 882 g/animal/día para el Cebú y el Brahman x Guzerát, respectivamente. El rendimiento por área estuvo entre 1025 y 1098 kg/animal/ha (Corral et al., 2012). El incremento en la eficiencia productiva de los animales en SSPi con respecto a sistemas de pasturas degradadas (350 g/animal/día) o pastos mejorados (600 g/animal/día), así como de la capacidad de carga (0,75 y 1,1-2,6 UGM/ha, respectivamente) permiten aumentar la productividad del área de menos de 100 a más de 1000 kg/ha para el primer caso, y de 450 hasta 1350 kg/ha para el segundo (Solorio et al., 2011). De esta forma, a nivel de finca o de región se necesita menos tierra para lograr el mismo volumen de producción; ello permite liberar las áreas estratégicas para la protección de la biodiversidad, el suelo o el agua sin peligro de afectar la eficiencia económica de las fincas agropecuarias (Chará et al., 2015).

A su vez, permite la intensificación de la ganadería en sistemas que además de ser productivamente eficientes no atentan contra los recursos naturales sobre los que se sustenta la propia producción (Mahecha et al., 2012) y la estabilidad de los ecosistemas naturales. En SSPi con riego en Michoacán, México al utilizar animales cruzados de Charoláis con Cebú se alcanzaron ganancias diarias de hasta 1,1 kg/animal/día; no obstante, la producción de carne por área tuvo un comportamiento similar al de los SSPi sin riego y animales de genotipo Cebú con valores entre 827 y 1341 kg/ha/año (Solorio et al., 2011). Varias investigaciones han indicado que la carne de bovinos engordados con dietas a base de forrajes verdes, es beneficiosa por la mayor concentración de ácidos grasos mono y poliinsaturados (Corral et al., 2012). 

Los resultados demuestran que los animales cebados en SSPi tienen un mayor contenido de vitamina E y un perfil de ácidos grasos de mayor calidad en comparación con el de animales cebados a corral con cereales y soya ya que, se encontró un mayor contenido de ácidos grasos poliinsuturados (esteárico, oleico, linoleico y linolénico) de importancia para la salud humana; mientras que, en los animales cebados a corral prácticamente sus concentraciones han sido insignificantes. Igualmente, se destaca el menor contenido de ácido mirístico, en los animales de los SSPi, el cual ha sido asociado con problemas cardiovasculares en el humano (Corral et al., 2012; Chará et al., 2015). Por último, debido a la mejora en la calidad del forraje ofrecido, los animales emiten menos metano. Así, por cada kilogramo de carne producido, los novillos en los SSPi emiten 33% menos metano que los novillos en monocultivo de pastos (Chará et al., 2015). 

 

Influencia de los SSP en la biota edáfica y el parasitismo gastrointestinal 

La producción forrajera, que constituye la base de la ganadería, depende del reciclaje de la materia orgánica, en particular del estiércol. En los SSP al existir un incremento en la producción y la calidad de la biomasa disponible es posible aumentar la carga animal (López, 2015); ello asociado a mejores prácticas de rotación y renovación de praderas permite incrementar la cantidad de estiércol depositado en el suelo (Murgueitio y Giraldo, 2009). En este sentido, las bostas proveen condiciones microclimáticas (humedad, temperatura) favorables para el desarrollo de gran cantidad de parásitos internos (endoparásitos) del ganado (Murgueitio y Giraldo, 2009).

Sin embargo, los SSP propician el incremento de la fauna benéfica del suelo (Sánchez et al., 2011) como lombrices, escarabajos estercoleros, hormigas, colémbolos, gusanos ciempiés y milpiés, entre otros organismos que degradan y entierran rápidamente el estiércol bovino y de esta forma contribuyen a la aireación y descompactación del suelo y al incremento de la fertilidad de las pasturas por la incorporación constante de nutrientes (Martínez y Lumaret, 2006). En estudios realizados por Soca (2005) se observó que la dinámica de descomposición de las bostas en el PPLL fue más rápida en el SSP con respecto al monocultivo de gramíneas mejoradas, con pérdidas de peso a las 48 h posteriores a la deposición de 35,0 vs 11,6%; mientras que, a los 10 días fue de 90,0 vs 45,0%. En el PLL la descomposición fue más rápida que en el PPLL en ambos sistemas con valores de 93 y 75%, respectivamente. No obstante, la desaparición de las excretas en el sistema sin árboles estuvo mayormente relacionada con su fragmentación y dispersión en el pastizal a causa de las lluvias y no con el enterramiento de la materia fecal. Los resultados indican que hay un incremento en la abundancia de escarabajos estercoleros en SSP en comparación con los sistemas de monocultivo de gramíneas y como consecuencia existe un aumento en la remoción de estiércol, suelo y semillas, así como una reducción en el número de larvas y moscas adultas (Giraldo et al., 2011).

Según Soca et al. (2011), ello ha determinado que la carga parasitaria de nematodos gastrointestinales, medida a través de su expresión en el conteo fecal huevos, sea significativamente inferior (0 hpg) en los terneros manejados en el SSP con respecto a la encontrada en los animales criados en sistemas con gramíneas mejoradas (≥ 500 hpg). En los SSP la abundante fauna asociada al sistema contribuye a regular eficientemente las poblaciones de insectos vectores y esto hace que se reduzca la incidencia de ectoparásitos y la transmisión de enfermedades (Murgueitio y Giraldo, 2009). El control de garrapatas en las fincas ganaderas convencionales se lleva a cabo con acaricidas químicos de amplio espectro, muchos de ellos tóxicos y contaminantes (Giraldo y Uribe, 2007). Sin embargo, la cobertura vegetal y el manejo adecuado de los SSP permiten la presencia de organismos depredadores como aves y hormigas y de microorganismos entomopatógenos como hongos, quienes participan conjuntamente en la regulación natural de las poblaciones de garrapatas (Murgueitio y Giraldo, 2009).

Además, los SSP producen abundante forraje de buena calidad durante todo el año con lo cual mejora el balance de nutrientes en los animales y por consiguiente la calidad de la respuesta inmune (López, 2015); a su vez, esto junto a un entorno más favorable les permite manifestar una mayor resiliencia. En esencia, lo que se trata de lograr, con las prácticas adecuadas, es el manejo integrado del parasitismo que implica usar razas con mayor resistencia genética a los parásitos, mejorar la respuesta inmune al optimizar la nutrición y el bienestar animal, aprovechar el efecto antiparasitario y/o inmuno modulador de metabolitos secundarios de las plantas, disminuir las poblaciones de parásitos mediante la apropiada rotación de los animales en los potreros y el control que ejerce la fauna acompañante, así como utilizar huéspedes alternativos resistentes (búfalos y ovinos).

 

 

Conclusiones

En la región tropical, los sistemas extensivos de producción ganadera tienen baja eficiencia productiva debido a la mala calidad de los forrajes y las condiciones climáticas adversas que además propician el desarrollo de enfermedades parasitarias. En este contexto, los SSP permiten mejorar la calidad y el balance de la dieta, así como contribuir a mejorar la eficiencia productiva de los animales y la calidad de la carne y la leche. Además, pueden ayudar a disminuir la incidencia de enfermedades parasitarias en los rebaños.

Referencias bibliográficas

 
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