En el panorama actual de la avicultura, la presión por sustituir los antibióticos promotores de crecimiento (APC) por alternativas biológicas es una prioridad global. Sin embargo, la transición no es tan sencilla como cambiar un insumo por otro a mitad de la crianza.
Un estudio realizado por investigadores de la Universidad Nacional Agraria La Molina en Perú —Jim Waldir Álvarez Jijón, Carlos Vílchez-Perales, Josselyn Milagros Serrano García, Alejandrina Sotelo-Mendez y Otto Zea-Mendoza— y publicado en Ciencia y Tecnología Agropecuaria (
https://doi.org/10.21930/rcta.vol24_num2_art:3115) evaluó qué sucede cuando se realiza un reemplazo progresivo de bacitracina metileno disalicilato (BMD) por el probiótico
Enterococcus faecium en broilers Cobb 500 de 1 a 21 días de edad.
Los investigadores pusieron a prueba cuatro esquemas en 200 pollos BB machos: un grupo mantuvo la bacitracina de forma continua (1-21 días), otro usó el antibiótico hasta el día 14 para pasar al probiótico, un tercero hizo la transición en el día 7, y un cuarto grupo recibió únicamente el probiótico Enterococcus faecium desde el primer día. La premisa de retirar el antibiótico gradualmente buscaba equilibrar la economía del lote con la salud intestinal, pero los resultados fisiológicos revelaron un panorama mucho más complejo.
A nivel productivo, cambiar el antibiótico por el probiótico en el día 14 generó un golpe en el desempeño. Las aves que sufrieron el cambio a los 14 días registraron un peso vivo final (943,53 g) y una ganancia de peso (42,96 g/día) significativamente menores en comparación con las que recibieron antibiótico durante todo el periodo (992,65 g y 45,29 g/día, respectivamente). Esto demuestra que desestabilizar la microbiota intestinal en etapas intermedias interrumpe el equilibrio bacteriano de las aves. Sorprendentemente, no existieron diferencias estadísticas en el peso final ni en la conversión alimenticia entre el tratamiento exclusivo con antibiótico y el uso exclusivo con probiótico desde el día uno.
Al examinar la histomorfometría intestinal y la estructura ósea a los 21 días, la investigación halló contrastes reveladores. Los pollos alimentados únicamente con Enterococcus faecium desarrollaron una mayor altura de vellosidad (970,74 µm) y mayor área de vellosidad en el yeyuno que los demás tratamientos. Además, este mismo grupo exclusivo con probiótico alcanzó una resistencia a la fractura del tibiotarso muy superior (3,28 kgf vs. 2,10 kgf del antibiótico). Este fortalecimiento esquelético no se debió a un mayor contenido de ceniza o minerales en el hueso, sino a una probable mejora en la matriz orgánica de colágeno, favorecida por una absorción más eficiente de aminoácidos a nivel intestinal. Por su parte, la bacitracina demostró su propio mecanismo al mantener profundidad de criptas más cortas, lo que se traduce en un menor gasto energético de renovación celular para el ave.
En conclusión, el ensayo demuestra que la inclusión exclusiva de probióticos desde el inicio de la crianza permite mantener rendimientos productivos competitivos, potenciando la integridad de la mucosa intestinal y fortaleciendo la estructura del hueso. Sin embargo, el "reemplazo a mitad de camino" interrumpe la maduración microbiana y castiga los parámetros de peso.
Para citar este artículo: Álvarez Jijón, J. W., Vílchez-Perales, C., Serrano García, J. M., Sotelo-Mendez, A., & Zea-Mendoza, O. (2023). Reemplazo progresivo de bacitracina metileno disalicilato por Enterococcus faecium sobre parámetros productivos y morfometrías intestinal y ósea en pollos de engorde. Ciencia y Tecnología Agropecuaria, 24(2), e3115. https://doi.org/10.21930/rcta.vol24_num2_art:3115