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FARVET

La revolución mucosal las vacunas intranasales representan el futuro la oportunidad perdida en el Perú

Publicado: 21 de septiembre de 2026
Fuente: Manolo Fernandez D. MV, MSC, PhD h.c.
El avance global de las tecnologías de vacunación atraviesa un cambio de paradigma crucial. Durante la fase más crítica de la pandemia de COVID-19, las vacunas tradicionales de inyección intramuscular —basadas en ARN mensajero o vectores virales inactivados— se desarrollaron para reducir las hospitalizaciones y la mortalidad a nivel global. Sin embargo, su principal limitación radicó en su incapacidad para inducir una inmunidad mucosal robusta en las vías respiratorias superiores, lo que permitió que los virus continuaran replicándose en la nariz y garganta, facilitando la transmisión persistente y las reinfecciones por nuevas variantes. En este escenario, las vacunas de administración intranasal han emergido como la vanguardia científica mundial más ambiciosa, diseñadas no solo para prevenir la enfermedad sistémica en el cuerpo, sino para erigir un verdadero escudo inmunológico en la mismísima puerta de entrada del patógeno.
La razón científica detrás de este avance es contundente; debido a que mientras las vacunas parenterales tradicionales estimulan la producción de inmunoglobulina G (IgG) en el torrente sanguíneo para proteger los órganos internos, las formulaciones intranasales estimulan directamente la producción de la inmunoglobulina A secretora (IgA) en la mucosa nasofaríngea, sumada a una potente activación de linfocitos T de memoria residentes en los tejidos pulmonares. Esta respuesta local directa ofrece tres ventajas estratégicas revolucionarias. En primer lugar, logra la neutralización primaria del virus, bloqueando su replicación antes de que invada el endotelio pulmonar. En segundo lugar, genera una reducción drástica de la transmisión poblacional al mitigar la carga viral expulsada en cada exhalación. Por último, ofrece la ventaja logística de erradicar por completo los pinchazos y simplificar las campañas masivas sin necesidad de complejas cadenas de frío extremo.
Una muestra fehaciente del enorme interés internacional en esta tecnología es la reciente publicación de agosto de 2026 en la prestigiosa revista científica Vaccines (MDPI, Vol. 14, N.º 8), titulada "Novel Intranasal Influenza-Vectored Vaccine Corfluvec Provides Protection Against Influenza and COVID-19, Mitigating SARS-CoV-2-Induced Lung Vascular Damage". Desarrollada por científicos del Instituto de Investigación de la Gripe Smorodintsev del Ministerio de Salud de Rusia —entre ellos Marina Stukova, Anna-Polina Shurygina y Dmitriy Lioznov—, esta investigación presentó a Corfluvec, una vacuna bivalente basada en un vector atenuado del virus de la influenza A que expresa la proteína N del SARS-CoV-2. En sus ensayos preclínicos con primates y con el modelo de hámster sirio (Mesocricetus auratus), el fármaco demostró una protección del 100 %, anulando el daño vascular pulmonar y reduciendo drásticamente la eliminación viral en la vía aérea superior.
Lo que resulta ciertamente impactante al explorar esta carrera científica es que el Perú no solo estuvo al tanto de este desarrollo, sino que pudo haber sido uno de los líderes mundiales de esta tecnología. Años antes de las publicaciones europeas o asiáticas, durante los momentos más difíciles de 2020 y 2021, el laboratorio peruano FARVET, bajo la dirección de Manolo Fernández desarrolló con éxito un candidato a vacuna intranasal contra el COVID-19 basado en un vector recombinante del virus de la Enfermedad de Newcastle (rNDV) que expresaba la proteína del SARS-CoV-2.
El trabajo preclínico peruano realizado en hámsteres arrojó resultados verdaderamente sobresalientes: inmunidad completa, altísimos títulos de anticuerpos neutralizantes superiores a 1/640 y una protección total de los pulmones frente al ataque viral. Tal fue el rigor científico del proyecto que los hallazgos de FARVET superaron las revisiones por pares más exigentes del planeta y fueron publicados en la afamada revista Scientific Reports, perteneciente al prestigioso grupo Nature ("Intranasal vaccination of hamsters with a Newcastle disease virus vector expressing the S1 subunit protects animals against SARS-CoV-2 disease"). Además, el desarrollo peruano ofrecía una fórmula liofilizada capaz de conservarse entre 4 y 8 °C, lo que solucionaba los colosales problemas de logística y almacenamiento térmico que afectaban a los países en desarrollo.
Lamentablemente, el proyecto peruano colisionó de frente contra una muralla de resistencia gubernamental, apatía institucional y trabas burocráticas. A pesar de los contundentes resultados preclínicos, el Gobierno de Perú se resistió a respaldar decididamente el proyecto para su salto hacia los ensayos clínicos en humanos (Fase I). El Instituto Nacional de Salud (INS) y la DIGEMID carecían de normativas agilizadas para vacunas de uso humano desarrolladas localmente, atrapando al laboratorio en un laberinto de requisitos impredecibles. A esto se sumó la falta de inversión estatal en infraestructura de bioseguridad BSL-3 de nivel industrial para la fabricación bajo estándares internacionales GMP, dejando a los investigadores sin las herramientas que cualquier otro país desarrollado hubiese facilitado de inmediato.
Frente al desinterés del aparato estatal, que prefirió orientar sus esfuerzos y recursos económicos exclusivamente a la compra masiva de dosis importadas de multinacionales extranjeras, el proyecto nacional fue progresivamente arrinconado. En enero de 2021, abrumado por el acoso político, las trabas regulatorias y la falta de garantías científicas para avanzar en el país, el laboratorio FARVET anunció su retiro de los ensayos en humanos en suelo peruano, migrando su tecnología a alianzas estratégicas internacionales en el extranjero.
La historia de la vacuna nasal peruana y su contraste con los grandes hitos publicados en Nature y Vaccines deja una lección profunda y agridulce: el talento y la capacidad científica en el Perú demostraron estar a la altura de la vanguardia médica global, pero la falta de visión política y el freno gubernamental sofocaron lo que pudo haber sido el mayor logro biotecnológico en la historia del país y una solución soberana frente a las crisis sanitarias del mundo.
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Autores:
Manolo Fernandez Diaz
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Investigadores del Laboratorio de Biotecnología Molecular y Genómica
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