¿Hemos olvidado el pasado o estamos ignorando la ciencia?
Hace más de una década, la avicultura peruana enfrentó un desafío crítico; la aparición del virus de la Laringotraqueítis Infecciosa (LTI), afectando inicialmente a pollos de carne y extendiéndose a ponedoras comerciales. Fue una etapa oscura que exigió un esfuerzo titánico de profesionales y productores para recuperar el control. Hoy, parece que la memoria colectiva es frágil. Estamos ante el riesgo inminente de cometer un error histórico al querer introducir vacunas vivas bajo argumentos que carecen de sustento técnico y que responden más a la incapacidad que a la realidad epidemiológica del país.
¿Por qué NO a las vacunas vivas?
La ciencia es clara y contundente. Los países que optaron por el "camino fácil" de las vacunas vivas hoy pagan un precio muy alto: conviven eternamente con la enfermedad por ser un virus ya sea vacunal o de campo que se perpetua en el ave.
El uso de vacunas vivas (CEO/TCO) conlleva riesgos biológicos inaceptables para una industria que busca la erradicación y la exportación:
• Latencia Viral: El virus vacunal se aloja en el ganglio trigémino de por vida y se reactiva bajo estrés, convirtiendo a las aves vacunadas en eternos focos infecciosos.
• Recombinación y Mutación: Está científicamente demostrado que las cepas vacunales vivas tienen una alta capacidad de recombinarse entre sí o con virus de campo. Esto genera nuevas variantes más patógenas y difíciles de diagnosticar.
• La trampa de la "Coinfección": Introducir virus vivos al ambiente facilita la coinfección, perpetuando el ciclo de pérdidas económicas.
La estrategia actual del Perú (Vacunas Recombinantes + Vacunas Inactivadas) funciona. Esto no es una opinión; es un hecho validado. Investigaciones de alto nivel, como las realizadas por el Dr. Palomino en la Universidad de Georgia (UGA) y publicada en Avian Pathol. 14:1–12. 2019., demuestran que el uso estratégico de vectores recombinantes junto con vacunas inactivados confiere una protección sólida sin "sembrar" el virus en el campo.
Durante años se ha construido una narrativa peligrosa: "Si la vacuna nacional falla, no sirve; si la vacuna importada falla, necesitamos vacunas vivas". Esta asimetría en el juicio es una falacia técnica.
Cuando los programas con vacunas importadas han colapsado y los brotes se salen de control, la falta de explicación técnica deriva en la excusa de que "la única opción es la vacuna viva". Esto es falso. Ceder ante esta presión es condenar a la industria avícola peruana a la dependencia perpetua de fármacos y a la aparición de brotes cíclicos incontrolables. Detrás de estas "soluciones mágicas" existen intereses que no priorizan el estatus sanitario nacional.
El Perú no es un laboratorio controlado. Nuestras condiciones de crianza, la densidad poblacional en zonas como la costa y los sistemas de comercialización de aves vivas hacen que el uso de vacunas vivas sea gasolina para un incendio.
Introducir cepas vivas en nuestro ecosistema actual:
1. Destruiría la industria del Pollo de Carne: Al aumentar la carga viral ambiental, los costos de producción se dispararían por la mortalidad y la morbilidad crónica.
2. Amenaza de Influenza Aviar: Un sistema respiratorio comprometido por virus vacunales de LTI que se perpetúan (reacciones post-vacunales) deja la puerta abierta a coinfecciones devastadoras. Nos haría significativamente más proclives y vulnerables a la Influenza Aviar, creando una tormenta perfecta sanitaria.
Finalmente, el control de la Laringotraqueítis en el Perú ha sido un éxito de la estrategia sin virus vivo. Cambiar el rumbo ahora no es una "nueva herramienta", es un retroceso de 20 años en la sanidad avícola.
No sacrifiquemos la estabilidad de la industria ni el estatus sanitario del país por urgencias mal gestionadas. La ciencia, la historia y la experiencia local nos dictan el camino que es el mantener la prohibición de vacunas vivas y reforzar la bioseguridad junto con la inmunización recombinante e inactivada.
La viabilidad económica del sector está en juego. Es imperativo que la autoridad sanitaria mantenga su postura basada en evidencia científica y no en urgencias coyunturales. Asimismo, se requiere el compromiso lúcido de los líderes de la industria para rechazar medidas que, lejos de solucionar, hipotecan el estatus sanitario del país, perjudicando gravemente la inversión y la seguridad alimentaria nacional.