Claves ocultas tras la cama húmeda en avicultura, los enemigos invisibles en el galpón
Publicado:27 de julio de 2026
Fuente:Dr. Fausto Solís, the Wenger Group
Las aves modernas son verdaderas atletas del rendimiento. Su mejora genética las ha llevado a niveles de eficiencia insospechados, pero también las ha vuelto sumamente sensibles a cualquier desequilibrio nutricional o de manejo. Una de las consecuencias más complejas y costosas de esta sensibilidad es la acumulación de humedad en las deyecciones y la cama.
En un análisis integral del Referente Dr. Fausto Solís, especialista de The Wenger Group (Wet Manure/Litter in Poultry Houses: Approaches to Ameliorate the Issue), se aborda este dilema que va mucho más allá de un simple problema estético o de mal olor: la humedad en la cama destruye la conversión alimenticia, deteriora la piel de las aves y compromete directamente la rentabilidad del lote.
La tasa de acumulación de estiércol es masiva: un granja típica de 100.000 ponedoras genera entre 1.500 y 2.000 toneladas de estiércol al año, mientras que 1.000 pollos de engorde pueden producir hasta 1.370 libras durante un solo ciclo de cría. Con un contenido inicial de humedad cercano al 75%, el manejo adecuado de estas deyecciones es crucial. Cuando la cama se humedece excesivamente, se convierte en un caldo de cultivo perfecto para moscas y bacterias, además de acelerar las emisiones de amoníaco por la pérdida de nitrógeno. Esto se traduce en problemas respiratorios para la bandada, dermatitis en las almohadillas plantares, ampollas en la pechuga y un aumento significativo en la tasa de descartes en la planta de procesamiento.
Aunque las causas infecciosas —como brotes de E. coli, Clostridium, Coccidia o la acción de micotoxinas nefrotóxicas como la ocratoxina— son las sospechosas habituales, el verdadero desafío a menudo radica en la formulación del alimento. Por cada incremento del 1% de proteína en la dieta, las aves aumentan su consumo de agua en un 3%, lo que incrementa de inmediato la excreción hídrica. La harina de soya es un factor crítico en este balance: debido a sus azúcares fermentables y su alto contenido de potasio, superar el 34% de inclusión en la ración estimula la polidipsia y la poliuria, superando por mucho el efecto de fuentes proteicas animales como las harinas de pescado o carne.
Asimismo, los minerales juegan un rol determinante. El desbalance electrolítico (Na, K y Cl) por encima de 250 mEq/kg eleva la humedad de las deyecciones. A esto se suma el "efecto oculto" de las fitasas comerciales: al incrementar la digestibilidad del sodio en el yeyuno e íleon, si este aporte no se descuenta correctamente en la matriz de formulación (donde una fitasa puede aportar hasta un 0.02% de sodio no contabilizado), se genera una sobrecarga salina involuntaria que altera el consumo de agua. Por otro lado, la deficiencia momentánea de calcio también induce diarreas severas en cuestión de tres días, un dato vital para diagnosticar caídas repentinas en la calidad de la cáscara en ponedoras.